Art Madrid'26 – El videoarte de Bill Viola inunda el Guggenheim

 

 

 

Avanzando cada día, 2002. "El diluvio"

 

 

Bill Viola (Nueva York, 1951) finalizó sus estudios en la Universidad de Siracusa en 1973. Es uno de los más destacados creadores contemporáneos de videoarte. Ha creado instalaciones, vídeos/películas, entornos sonoros, proyecciones de vídeo sobre paneles planos y obras para conciertos, óperas y espacios sagrados. Influenciado por la pintura clásica y por las culturas orientales y occidentales (budismo zen y misticismo cristiano), trabaja los temas más trascendentales de la existencia humana, como son el tiempo, la vida y la muerte y las emociones. A través de ellos intenta describir nuestra existencia en la tierra.

 

 

La habitación de Catalina, 2001

 

 

Su trayectoria artística se ha desarrollado en paralelo a los medios tecnológicos, y a los avances audiovisuales. A lo largo de su vida ha trabajado estrechamente con Kira Perov, su esposa y colaboradora. Entre sus primeras obras, se encuentran: “El estanque reflejante” (1977–79), que reflexiona sobre la llegada del hombre a la naturaleza, o “Cuatro Canciones”, que mediante narraciones musicales analiza las dinámicas psicológicas del individuo. En los 80, realiza producciones destinadas a la televisión y posteriormente crea instalaciones que llegarán a abarcar salas enteras envolviendo al espectador. Durante la década de los 90, incorpora en sus instalaciones elementos escultóricos, como por ejemplo la gigante pantalla giratoria de “Una historia que gira lentamente”, de 1992. En esta obra, la sala y todas las personas presentes en ella se convierten en una pantalla de proyección que cambia sin cesar y que engloba la imagen y sus reflejos, todo vinculado con la cadencia de la voz que recita y la pantalla que rota.

 

 

Rendición, 2001

 

 

Al llegar la pantalla plana de alta definición con el nuevo milenio, Viola experimenta con producciones en mediano y pequeño formato, que integra en su serie “Pasiones”, entre ellas podemos encontrar “La habitación de Catalina”, que muestra la intimidad de una mujer solitaria mientras realiza una serie de rituales cotidianos. Los trabajos de la última década siguen plasmando sus inquietudes existencialistas. Entre ellos se encuentra su último trabajo “Nacimiento invertido”, de 2014, en el que habla del nacimiento y la muerte a través de la oscuridad, la luz y los fluidos que simbolizan la esencia de la vida, (tierra, sangre, leche, agua y aire).

 

 

La ascensión de Tristán, 2005

 

 

Los videos de Bill Viola, con tiempos manipulados, normalmente ralentizados, acercan al espectador a la experiencia de salir de su acelerada realidad. El visitante podrá contemplar el videoarte más conmovedor en las salas del Guggenheim de Bilbao hasta el 9 de noviembre, además de tener la ocasión de participar en diferentes talleres y conferencias que se desarrollarán de manera paralela.

 

 

Nacimiento invertido, 2014

 

 


El círculo como dispositivo crítico y el marcador como catalizador contemporáneo


POSCA, marca japonesa de marcadores de pintura a base de agua, se ha consolidado desde los años 80 como un instrumento central en las prácticas artísticas contemporáneas vinculadas al arte urbano, la ilustración, el diseño gráfico y la experimentación interdisciplinar. Su fórmula opaca, cromáticamente intensa y de secado rápido, compatible con soportes tan diversos como el papel, la madera, el metal, el vidrio o el textil, ha favorecido una expansión técnica que trasciende el estudio tradicional y dialoga con el espacio público, el objeto y la instalación.



En este contexto, POSCA más allá de ser una herramienta de trabajo, opera como infraestructura material de la creación contemporánea; un dispositivo técnico que facilita la inmediatez del gesto sin renunciar a la densidad cromática ni a la precisión formal. Su versatilidad ha contribuido a democratizar el acceso a lenguajes tradicionalmente asociados a la pintura, posibilitando una circulación más horizontal entre prácticas profesionales y amateur.

Esta dimensión expandida del medio encuentra un marco conceptual particularmente pertinente en The Rolling Collection, exposición itinerante comisariada por ADDA Gallery. El proyecto propone una investigación colectiva en torno al formato circular entendido no sólo como contenedor formal, sino como estructura simbólica y campo de tensión espacial.



Históricamente, el círculo ha operado como figura de totalidad, continuidad y retorno. En el contexto de The Rolling Collection, el formato circular se desplaza de su carga simbólica clásica hacia una dimensión experimental y se convierte en un soporte que cuestiona la frontalidad rectangular hegemónica en la tradición pictórica occidental. La ausencia de ángulos obliga a replantear la composición, el equilibrio y la direccionalidad del trazo.

Lejos de ser una mera restricción formal, esta condición genera una economía específica de decisiones plásticas. El borde curvo tensiona la relación entre centro y periferia, diluye jerarquías internas y promueve dinámicas visuales centrífugas y centrípetas. El resultado es un conjunto de obras que interroga los modos de construcción de la imagen.



Tras su recorrido en 2025 por Barcelona, Ibiza, París, Londres y Tokio, una selección de la muestra se presenta en Art Madrid, reforzando su vocación internacional y su capacidad de adaptación a distintos contextos culturales. La propuesta para Art Madrid’26 reúne a artistas cuyas trayectorias se sitúan en la intersección entre arte urbano, ilustración contemporánea y prácticas híbridas: Honet, Yu Maeda, Nicolas Villamizar, Fafi, Yoshi y Cachetejack.

Aunque sus lenguajes son heterogéneos, desde aproximaciones más gráficas y narrativas hasta exploraciones cromáticas de fuerte carga gestual, la curaduría establece un eje común. Una actitud libre, experimental y marcadamente colorista. En este sentido, el color actúa como estructura conceptual que articula las obras y las conecta con la materialidad específica de POSCA.



La intensidad cromática propia del marcador dialoga con la contundencia formal del círculo, generando superficies donde la saturación y el contraste adquieren protagonismo. La herramienta se integra así en el discurso expositivo, siendo un elemento coherente con las estéticas de los artistas participantes

Uno de los aspectos más importantes del proyecto es la incorporación activa del público. En el espacio expositivo, que ocupará la acción de POSCA durante Art Madrid’26, los visitantes podrán intervenir círculos dispuestos en la pared, utilizando marcadores POSCA, integrándose de esta manera simbólica a The Rolling Collection durante su paso por Madrid.



Esta estrategia introduce una dimensión relacional que desestabiliza la noción de obra cerrada. De esta manera la autoría se descentraliza y el espacio expositivo se transforma en superficie dinámica de acumulación de gestos. Desde una perspectiva teórica, podría leerse como una aproximación a prácticas participativas que, sin renunciar a la calidad formal del conjunto, abren el dispositivo artístico a la contingencia y a la multiplicidad de voces.

La elección de POSCA como herramienta para esta intervención colectiva no es casual. Su facilidad de uso, control del trazo y compatibilidad con múltiples superficies garantizan una experiencia accesible sin comprometer la potencia visual del resultado. El marcador funciona de esta forma, como mediador entre el ámbito profesional y la experimentación espontánea, borrando las jerarquías técnicas.



El propio título, The Rolling Collection, sugiere una colección en movimiento, no fijada a un único espacio ni a una configuración definitiva. El carácter itinerante, sumado a la incorporación de intervenciones locales, convierte la acción en un organismo en constante transformación. En este marco, POSCA se posiciona como catalizador material de una comunidad creativa transnacional. La marca, históricamente vinculada a escenas urbanas y prácticas emergentes, refuerza su identidad como aliada de procesos abiertos, experimentales y colaborativos.

POSCA x The Rolling Collection no debe leerse únicamente como una colaboración entre empresa y proyecto curatorial, es sobre todo, una convergencia estratégica entre herramienta, discurso y comunidad. La acción propone una reflexión sobre el formato, la circulación global del arte contemporáneo y la expansión de la autoría; POSCA aporta la infraestructura técnica que hace posible tanto la obra individual como la experiencia colectiva.