ENTREVISTA A FERNANDO GÓMEZ DE LA CUESTA, COMISARIO DE ‘ONE PROJECT’

Fernando Gómez de la Cuesta es crítico de arte en ABC Cultural, comisario independiente de exposiciones, investigador y docente. Licenciado en Historia del Arte por la UIB y en Derecho por la UB. Presidente territorial del IAC Baleares y Vocal de la ACCAIB. Forma parte del Ministerio de la Verdad de la publicación Sublime. Ha sido curador residente en el Casal Solleric de Palma con diferentes ciclos de exposiciones (2010-13), director del festival de fotografía PalmaPhoto (2013-15), comisario del proyecto de residencia de artistas CRIdA del Ajuntament de Palma (2011-12), del I Festival de Arte Contemporáneo de Saltillo (Coahuila, México, 2015) y de la Feria de Arte Contemporáneo MARTE de Castellón (2018).

Actualmente tiene en preparación proyectos expositivos para el CGAC de Santiago de Compostela, Cabildo de Lanzarote, Centro Párraga de Murcia y La Regenta de Las Palmas. Ha comisariado múltiples individuales y colectivas en espacios como, entre otros, TEA Tenerife, MUCA Roma de México, Centro Niemeyer de Avilés, Kunst Haus Wien, Fundació Pilar i Joan Miró de Mallorca, Instituto Cervantes de Praga, Es Baluard de Palma, Michael Horbach Stiftung de Colonia, Las Cigarreras de Alicante, Hilvaria Studios de Tilburg, Espai Rambleta de Valencia, MUU Helsinki o CEART Fuenlabrada, con la participación de artistas como Carlos Aires, Ana Laura Aláez, Irene de Andrés, Verónica R. Frías, Jorge García, Martín y Sicilia, Rosell Meseguer, Guillermo Mora, Santiago Morilla, PSJM, Avelino Sala, Amparo Sard, José Luís Serzo, Javier Vallhonrat o Simon Zabell, por citar algunos.

 

¿Cómo has recibido esta propuesta por parte de Art Madrid?

Con mucha ilusión. Para los profesionales que trabajamos desde bases periféricas, en mi caso desde un pueblo de Mallorca llamado Artà, nos resulta muy difícil acceder a las programaciones y a los proyectos que se desarrollan en la capital. Siempre es un placer (y una responsabilidad) tener la oportunidad de comisariar una propuesta en Madrid, mucho más si lo haces para una estructura de prestigio, tan consolidada y organizada, como es la feria internacional de arte contemporáneo Art Madrid.

 

¿Cómo te has planteado el comisariado?

Lo cierto es que desde que recibí la invitación de Alberto Cornejo y su equipo he gozado de absoluta libertad y un apoyo total para desarrollar la idea que tenía en mente. Comisariar una sección de una feria es un tipo de curaduría especial, nunca debes perder de vista dónde, cómo y para qué te estás cuidando de la selección y de los contenidos de una propuesta, y una feria de arte contemporáneo es un contexto que viene marcado por unos límites muy poderosos, uno de ellos es la nómina de galerías que aplican y los artistas que se presentan, otro, que todos tienen como primer objetivo la venta de obra. Partiendo de esas condiciones iniciales, tenía mucho interés en investigar sobre algo que tiene que ver con el mercado como institución legitimadora dentro de los desarrollos profesionales del mundo del arte actual, también sobre las modas, las tendencias, las corrientes y sobre esos artistas resistentes que deciden tomar caminos alejados de ellas. Quería plantear esa dicotomía que ya se daba entre los grandes salones oficiales y aquellos creadores que subvertían el estado de la cuestión desde su participación en los mismos o generando nuevos dispositivos alternativos como los salones independientes o des refusés.

 

¿Cuál crees que es el papel de One Project dentro de Art Madrid?

One Project es un proyecto que me precede y que tiene unas bases fundacionales y un desarrollo amplio en el tiempo. Tanto Carlos Delgado Mayordomo como Nerea Ubieto (los compañeros que han comisariado previamente este programa) han realizado una gran labor. One Project debe servir a la feria para introducir nuevos artistas y nuevas galerías, pero no de cualquier manera, debe cumplir esa función, sin duda, pero debe hacerlo estableciendo un foro de reflexión y de debate, un lugar en el que poner el prisma sobre algún aspecto concreto de la creación contemporánea para poder analizarlo con cierto calado. One Project es una sección que debe tener ese plus de investigación, de calma, de esfuerzo y de rigor, para tratar de dar otro tipo de profundidad y de visibilidad a la obra de los artistas y a los proyectos galerísticos en el seno de una feria de arte.

 

¿Cómo esperas que viva el público el formato empleado en esta idea de debate-conflicto?

El título de la propuesta, “Salvajes. La cage aux fauves”, ya nos pone sobre la pista. Nuestra idea, aparentemente contradictoria, es generar esa fricción partiendo de una peculiar simbiosis en la que hemos recurrido a artistas que transitan la senda de la creación por caminos autónomos, personales y, en ocasiones, en conflicto con lo habitual, con lo recurrente, con la tendencia, con la moda… Artistas que pintan y que esculpen con esfuerzo como una forma de resistencia y que lo hacen en una época epidérmica, superflua y vertiginosa, donde apenas nadie se para a nada. Artistas que crean desde la expresividad, la pulsión o la iconoclastia, desde una perspectiva pasional y vehemente, visceral, desacralizadora o irreverente. Esperamos que el público lo viva con el mismo interés y la misma intensidad con los que nosotros hemos construido este relato. Para ello hemos contado con Virginia Rivas, Roberto López, Julio Anaya Cabanding, Pichiavo, Santiago Palenzuela, Juan Carlos Batista, Andrés Planas, Alona Harpaz y Nicolàs Laìz Placeres, que vienen representados por DDR Art Gallery, Plastic Murs, Kaplan Projects, MA arte contemporáneo y la Agencia de Tránsitos Culturales.

 

¿Qué papel crees que juegan las ferias en el mercado del arte español y cómo encuadrarías a Art Madrid?

Esta y otras ferias cumplen una misión fundamental a la hora de activar el sector, creo en la feria como agente dinamizador y como nódulo de esa red de actividad que se despliega a lo largo del territorio nacional y creo en su importancia para la creación de nuevos coleccionistas. En mi opinión, el coleccionismo, la iniciativa privada en general, es una de las llaves que puede conseguir que un tejido como el nuestro se convierta en un sector económico profesional donde los agentes que lo componemos podamos vivir de nuestro trabajo, impidiendo que siga siendo este circo de juegos malabares donde los participantes nos desenvolvemos en una precariedad casi permanente. Para eso hace falta educación de base, mucha pedagogía y mucha intermediación, debemos hacer que crezca el afecto y la sensibilidad hacia la cultura en general y hacia el arte contemporáneo en particular. Art Madrid emprende esta misión de una forma valiente, con una evolución que se consolida edición tras edición. La permanencia y el crecimiento de sus programas complementarios, donde se encuadra One Project, así lo demuestra.

 

¿Y cuál crees que es el lugar del arte contemporáneo español dentro del paradigma artístico internacional?

Desgraciadamente muy lejos de donde la calidad de los agentes que lo componen debería situarlo. Padecemos un problema de base que afecta a las estructuras básicas y que actúa como un lastre que es muy difícil de superar. En muchos casos seguimos sin cobrar honorarios dignos por nuestro trabajo, sin que se respeten nuestros derechos elementales, nuestras creaciones y autoría, desde esa situación tan preliminar es difícil proyectar una carrera profesional internacional, además, el mercado y la inversión privada son muy restringidos. Lo institucional público que, como ocurre en otros contextos, debería ser nuestro apoyo fundamental, sigue marcado por la injerencia política, en España hay una excesiva dependencia de lo público en lo que se refiere, sobre todo, al arte contemporáneo y eso nos hace tener unos interlocutores de carácter político que desconocen completamente a qué nos dedicamos. Esa gente administra los espacios y los presupuestos que nosotros usamos desde la precariedad pero, en realidad, tienen unas motivaciones muy alejadas de las nuestras. La creación contemporánea se mueve en plazos e intereses muy diferentes a los del ritmo político, nosotros necesitamos planes a largo plazo y criterios profesionales para decidirlos y desarrollarlos, mientras que la clase dirigente, lo que desea, es controlar los contenidos de las instituciones culturales para que se conviertan en voceras de la ideología del partido en el poder, a la vez que nosotros, los bufones de palacio, les dotamos de “oferta cultural controlada”: nos ven como programadores necesarios (y necesitados) que pasamos por (casi) todos los aros por culpa de esa situación de penuria. Una situación impuesta por los gobernantes que consigue desunirnos como tejido, haciendo que aceptemos trabajos que no cumplen con una deontología que, en redes sociales y otros foros, todos defendemos (pero que no siempre aplicamos).

 

Sabemos que el sector cultural mantiene su precariedad casi inherente a pesar de que estamos viviendo un período de eclosión artística extraordinario. Los artistas se reinventan y se esfuerzan para seguir creando ¿Crees que también ha habido una evolución en la percepción del público a la hora de acercarse al arte contemporáneo? ¿Qué pueden hacer las ferias de arte en este acercamiento al público general?

Los procesos en la creación contemporánea siempre tienen que ver con la sociedad que los acoge y los cambios que ésta experimenta. El público (pero también los artistas) a la vez que tienen acceso a más medios e información, aparecen desbordados por ese mismo exceso. Todos tenemos un defecto de concentración, nos cuesta más aplicar atención, tiempo, esfuerzo, profundidad, sobre todo cuando nuestro rol es el de público. Como hemos comentado anteriormente sólo hay una solución, una respuesta que, de tanto decirla, la estamos volviendo inocua, vacía de contenido: necesitamos educación, establecer pedagogías e intermediaciones que generen una masa crítica y culta, que nos haga evolucionar hacia una población interesada por la creación actual.

 

La labor de un comisario es fundamentalmente la de generar discurso y contenido en torno a la creación para plantear cuestiones abiertas a la sociedad. Muchos artistas contemporáneos han reorientado sus líneas de trabajo hacia proyectos más reflexivos donde el discurso tiene una carga prioritaria en la obra. ¿Cómo se canaliza esta tensión entre la pulsión reflexiva de la creación contemporánea y la acuciante falta de tiempo y la sobreinformación que vive el individuo en la sociedad de nuestro tiempo?

Esa situación puede ser un estímulo, los artistas son intelectuales sensibles a todo aquello que les rodea. Sin embargo, en la mayoría de ocasiones, esta falta de tiempo, básicamente fruto de nuestra precariedad profesional, y esa sobreinformación, termina siendo más un problema que un medio o una motivación. Son muchas las carreras artísticas que quedan sepultadas bajo esta precariedad de la desmesura.

 

¿Cuál consideras que son las líneas comunes que están desarrollando los jóvenes artistas en proceso de crecimiento?

Lo cierto es que hay múltiples líneas de investigación diferenciadas, muchas de ellas muy estimulantes. Al hilo de las últimas preguntas de nuestra conversación, decirte que a mí me interesa, entre otros temas, esos artistas que se están refiriendo a su propio trabajo, al propio desempeño profesional del creador, a su situación económica, social y laboral, a la consideración que se tiene de ellos mismos y de su obra. Una autorreferencia que se está convirtiendo en una expresión muy certera, trágica, irónica, de la situación de la cultura en general y de las artes visuales en particular. Sobre ello estoy preparando un proyecto titulado “Los trabajos estériles” que se presentará el próximo año en La Regenta de Las Palmas de Gran Canaria con la participación de artistas como Verónica Ruth Frías, Cristina Garrido, Cyro García, Núria Güell, Nauzet Mayor, Adrián Martínez, Eugenio Merino, Rosell Meseguer, PSJM, Avelino Sala, Amparo Sard, Pelayo Varela y Marcelo Viquez.

 

La agenda cultural se recupera poco a poco tras el parón motivado por las circunstancias sanitarias y los amantes del arte están deseosos de disfrutar de la rica oferta cultural que los distintos espacios y museos repartidos por nuestra geografía tienen que ofrecer. Además, conviene recordar que estos centros han hecho un enorme esfuerzo por adaptarse a las exigencias que la nueva situación impone y se han volcado en generar abundante contenido accesible en línea para superar las limitaciones derivadas del confinamiento. Os traemos una selección de contenidos que se pueden visitarse tanto presencialmente como a través de la web. No hay excusa para no disfrutar nuevamente del arte contemporáneo.

Olafur Eliasson, “En la vida real (In real life)”, 2019

El museo Guggenheim de Bilbao continúa con su exposición dedicada a Olafur Eliasson y ofrece numerosos recursos para entender no solo la exposición, sino también la labor del centro en el proceso de montaje e instalación. La web permite ampliar contenidos con entrevistas al artista, la descarga de la audioguía y la visión de la comisaria Lucía Aguirre, que nos ofrece distintas píldoras de vídeo sobre las piezas de la exposición.

“Olafur Eliasson: en la vida real” reúne parte del trabajo de este artista desde 1990 a través de esculturas, fotografías, pinturas e instalaciones que juegan con reflejos y colores. Asimismo, la integración de elementos como musgo, agua, hielo, niebla… ponen a visitante en una situación que confunde los sentidos y tratan de desafiar la manera en que percibimos nuestro entorno y nos movemos en él.

Regina de Miguel, “Isla Decepción”, 2017

El Centro Botín en Santander acoge la exposición “Coleccionando procesos: 25 años de Itinerarios” en la que se reúne el trabajo de 25 de los 210 becarios que, hasta la fecha, han disfrutado de la Beca de artes plásticas de la Fundación Botín, iniciada en 1993. Con los trabajos Lara Almárcegui, Basma Alsharif, Leonor Antunes, Javier Arce, Erick Beltrán, David Bestué, Bleda y Rosa, Nuno Cera, Patricia Dauder, Patricia Esquivias, Karlos Gil, Carlos Irijalba, Adrià Julià, Juan López, Rogelio López Cuenca, Renata Lucas, Mateo Maté, Jorge Méndez Blake, Regina de Miguel, Leticia Ramos, Fernando Sánchez Castillo, Teresa Solar Abboud, Leonor Serrano Rivas, Jorge Yeregui, David Zink-Yi, la exposición es un buen ejemplo del arte contemporáneo más joven y actual aportado por artistas de perfiles muy diversos.

Clemente Bernad. Serie “Ante el umbral”, Madrid, 2020

El Museo Reina Sofía ha querido elaborar una crónica visual de lo que el confinamiento impuesto y los trágicos números de contagiados y fallecidos ha supuesto para la vida de muchos de nosotros: un relato de dolor, nostalgia e incertidumbre realizado por el fotógrafo Clemente Bernad. Esta muestra, comisariada por Jorge Moreno Andrés, lleva por título “Ante el umbral”, frase con la que se quiere expresar la extraña sensación que se produce al estar ante algo nuevo y desconocido, algo que no podemos controlar, ni evitar, y por lo que hemos de pasar todos. La alteración impuesta en nuestras vidas de forma imprevista tiene su reflejo en las calles, transformadas en lugares de soledad y abandono donde la vida se ha paralizado.

Mario Merz / S/T. Triplo Igloo, 1984 Colección MAXXI

En el IVAM la exposición “¿Cuál es nuestro hogar?” pone en relación obras de la colección IVAM y del centro MAXXI de Roma para proponer una reflexión en torno al espacio que habitamos visto desde una perspectiva personal y social. Se trata de indagar en el valor que estos espacios tienen como hogar o refugio, así como parte de una ciudad o comunidad.

La exposición, comisariada por José Miguel G. Cortés, quiere también ahondar en la sensación que tienen aquellas personas que se sienten extranjeras en cualquier lugar, porque no se identifican con los hábitos ni costumbres del entorno, no encajan en esos patrones sociales, y el hogar se convierte en el único espacio de cobijo que pueden amoldar a sus necesidades de identidad.

Martha Rosler, fotograma de “Backyard Economy I-II”, 1974 © Cortesía de Martha Rosler, 2020

Es Baluard Museu apuesta por la videocreación y la performance y acoge la exposición monográfica “Martha Rosler. ¿Cómo llegamos allí desde aquí?” dedicada a esta artista neoyorquina que fue pionera en el uso del vídeo como mecanismo de análisis social y político. Esta muestra recoge varios trabajos, desde el vídeo a la fotografía y diversas publicaciones, en las que se sintetizan sus principales líneas discursivas. Su preocupación por las políticas públicas y por la igualdad social de las mujeres la ha llevado a participar activamente en numerosos movimientos sociales en La Habana, Nueva York, México DC o Barcelona, y estas experiencias están presentes de un modo u otro en su obra.

Con el comisariado de Inma Prieto, se ha hecho una selección dentro de la abundante producción de esta artista, que presenta una de las carreras más coherentes dentro del arte contemporáneo de transición hacia el nuevo milenio.

Imagen de archivo, vía meiac.es/turbulence/archive/acceso.html

El MEIAC - Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo, alberga las obras del prestigioso archivo de arte internacional digital “Turbulence”, una plataforma dedicada al arte en red e híbrido. Ante el cierre inevitable de esta institución, el MEIAC se ha ofrecido a alojar todo este valioso contenido recopilado desde 1996. La carga del archivo también sirvió de oportunidad para restaurar numerosas piezas y hacer conversión de formatos para que los archivos que se habían quedado obsoletos, siguieran siendo legibles por los nuevos sistemas. Un inmenso trabajo de conservación y actualización que hoy se puede disfrutar en línea. El archivo se compone por cientos de obras digitales de todo el mundo que hoy se pueden visitar a distancia.