Art Madrid'26 – ENTREVISTA CON ALBERT BONET

Albert Bonet

Ganador del Premio Internacional de Pintura en la categoría de Realismo en la última edición del FIABCN (Feria Internacional de Arte de Barcelona), la obra de Albert Bonet se caracteriza por una ácida crítica social inspirada en su entorno más cercano. A través de esta interpretación del mundo que le rodea, este joven artista muestra una madurez tanto conceptual como técnica, la cual interfiere en su trabajo jugando con temáticas POP y con un marcado estilo realista. Artísticamente se ha formado en la Barcelona Academy of Art. Ha sido seleccionado en el Concurso de Arte Joven ''Fresh Art'' de DKV, donde se le premió con una mención de honor en la Universidad Politécnica de Valencia (2015). Este prometedor artista tiene en su haber dos exposiciones individuales, la última el pasado mes de noviembre en la Galería Mutuo de Barcelona. Expone ahora por primera vez en Art Madrid de la mano de Inéditad Galería (Barcelona).


Entrevista:


Háblanos sobre tu proceso creativo

Mi proceso creativo empieza siempre con una idea, que se me puede ocurrir desde andando por la calle hasta en el baño de casa de mi colega haciendo mis necesidades, y luego esa idea la maduro durante unas semanitas, dándole forma, boceteando mucho, y luego quedo con modelos, que siempre es gente de mi entorno, mis colegas o gente que me rodea, les hago una sesión de fotos y luego esas fotos las edito hasta que hago un montaje fotográfico que se aproxime bastante a la idea que tenía inicialmente, llevándolo siempre a mi terreno, metiéndole crítica social, que tal y como está el patio da pa’ mucho la cosa. El último paso ya es pintar al óleo, darle forma, coger los óleos y encerrarte en casa hasta que salga la idea.

Albert Bonet

1984, 2022

Óleo sobre tela

162 x 130cm

¿En qué estás trabajando actualmente?

Ahora mismo estoy trabajando en la obra que tengo aquí detrás, que es una obra que voy a presentar en Art Madrid’22 con la galería Inéditad, y la verdad es que está siendo todo un reto porque tengo que entregarla a contra reloj y me he encerrado en casa a pintar unas siete u ocho horas diarias, hasta que la termine. Si no, no va a llegar a tiempo para el catálogo y tengo que hacer que llegue sí o sí. Aparte, este año viene cargado de unos cuantos festivales de arte urbano con graffitis enormes, unas cuantas exposiciones en un montón de sitios. Os iré informando. Hay varios encargos de cuadros, así que el año empieza muy bien, cargado de energía. Muchas ganas.


Participas por primera vez en la feria, ¿Qué esperas de Art Madrid?

Exponer en Art Madrid es para mí cumplir todo un sueño. Llevo mucho tiempo encerrado en casa machacándome mentalmente, pintando todo el día, y poder sacar mis obras de Barcelona para mí ya es cumplir un sueño enorme. Me llena de ilusión y de energía para seguir pintando y espero darle visibilidad a mis obras sobretodo fuera de Barcelona, y paso a paso, poder llegar a vivir de ello.

Albert Bonet

La Duquesa de Sants, 2021

Óleo sobre tela

81 x 59cm

¿Qué te inspira a la hora de crear?

A la hora de crear lo que más me inspira es mi entorno, todo mi entorno. Los sitios que frecuento, los objetos que utilizo cotidianamente en mi casa, mis amigos, las casas de mis amigos, la ciudad donde vivo, las ciudades que más frecuento, lo que me envuelve. Mi día a día es lo que más me inspira a la hora de crear.


Eres un artista multidisciplinar que se inició en el graffiti y el tatuaje, ¿que han aportado estas dos disciplinas a tu faceta de pintor?

Tanto el graffiti, el tatuaje como la pintura son facetas artísticas que se complementan entre ellas perfectamente, porque puedes aplicar conceptos de cada una de ellas a las otras. Al final todas tienen una magia individual que me llena muchísimo y no quiero dejar de hacer nunca jamás ninguna de ellas.


Albert Bonet participa por primera vez en Art Madrid con la galería Inéditad, junto a los artistas Jaime Sancorlo, Jordi Diaz Alàma, Lautaro Oliver, Núria Farré y Raúl Álvarez Jiménez.




CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.