Art Madrid'26 – ENTREVISTA CON: LA ESCULTORA PORTUGUESA CAROLINA SERRANO

Carolina Serrano en su estudio

Carolina Serrano (Portugal, 1994) vive y trabaja entre Colonia y Lisboa.

La obra e investigación de Serrano gira en torno a la dimensión temporal de la escultura. El pensamiento escultórico de la artista colapsa, de forma recurrente, con las nociones de luz y sombra; con las ideas de destrucción y apariencia; y con la dualidad entre interior y exterior y entre espacio lleno y vacío.

A Serrano le interesa el concepto de "lugar" restringido, inaccesible y, por tanto, desconocido, y la incertidumbre de su extensión. En los últimos años Carolina Serrano trabaja casi exclusivamente con parafina por sus posibilidades plásticas, como es el reflejo de la luz, pero sobre todo por las posibilidades teóricas y conceptuales que este material puede originar en el campo de la imaginación del observador. A Serrano también le interesa la idea de una potencial transmutación y transubstanciación espiritual del objeto escultórico.

Carolina Serrano

I made a promise in eternity, 2021

Parafina

221 x 61.5cm

¿Qué te inspira a la hora de crear?

Para mi trabajo trato de entender y pensar en lo que supone ser un ser humano, lo que es vivir en el mundo dentro de un cuerpo, y además trato de pensar sobre las nociones de tiempo y espacio y sus ideas opuestas.


¿En qué estás trabajando recientemente?

Recientemente he finalizado mi exposición individual en Alemania, donde vivo ahora. Para 2022 estoy preparando una exposición colectiva también en Alemania y una muestra individual en Lisboa.

Carolina Serrano

Os amantes, 2020

Parafina

150 x 130cm

Háblanos sobre tu proceso creativo

Sobre mi proceso creativo, normalmente acudo a mis cuadernos donde dibujo y escribo diversas ideas sobre imágenes mentales y esculturas que veo en mi mente.

Cuando tengo una exposición o proyecto en el que trabajar, voy a esos cuadernos y es cuando la escultura está preparada para, digamos, “estar viva” y la materializo. Algunas veces hago variaciones de esas esculturas en el estudio. Además mis sueños e ideas están siempre presentes durante todo mi proceso creativo.


Participas por primera vez en la feria, ¿qué esperas de Art Madrid?

Espero de Art Madrid'22 que mi obra pueda ser vista y apreciada. Que la gente pueda encontrar el espacio y el tiempo para observar mis obras, porque en una feria hay muchos stands y trabajos, así que creo que cada uno de los visitantes tiene que encontrar el momento para crear una relación con las obra que más les guste.


En tu obra exploras la dualidad entre el exterior y el interior, el espacio lleno y el vacío, e incluso la luz y la sombra. ¿De dónde viene este interés por explorar y confrontar los opuestos?

Los opuestos están completamente conectados con la noción de tiempo y sufrimiento, porque el tiempo es un concepto humano. Algunos, como San Agustín el filósofo medieval, creen que el mal del mundo proviene desde la división del deseo real a deseos en conflicto o contradictorios. Así que la dispersión del alma es una división. Los opuestos son gran parte de ser un ser humano.

Carolina Serrano

Gume, 2021

Parafina

48 x 16cm

El color negro en la historia del arte siempre se ha relacionado con alguna oscuridad divina, junto con la espiritualidad que desprenden tus obras y el interés por un "lugar" desconocido e inaccesible, ¿estamos ante una búsqueda de tu propio tipo de religiosidad?

Creo que el arte puede hacer que nos acerquemos y reconozcamos nuestros lugares más profundos. Por unos segundos, y digo segundos porque no los podemos contar, el tiempo es capaz de detenerse. Y normalmente esto sucede con sorpresa y con asombro o con lo inesperado. Sí, quizás podamos alcanzar ese lugar casi desconocido e inaccesible que tenemos dentro de nosotros. Puede que el arte tenga un tipo de espiritualidad y religiosidad.

La artista Carolina Serrano participa por primera vez en la feria con Galerie Alex Serra, junto a los artistas Katja Davar , Mário Macilau, René Tavares y Rui Sanches.




CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.