ESPACIOS ÍNTIMOS. REFLEXIONES PERSONALES

Dentro de la exposición online “Espacios íntimos. Reflexiones personales” conviven ocho artistas cuyas obras están conectadas por la búsqueda del espacio íntimo. Las imágenes de Xurxo Gómez-Chao, Alfonso Zubiaga, Carlos Regueira, Soledad Córdoba, Rocío Verdejo, Andy Sotiriou, Ely Sánchez y José Quintanilla capturan estampas serenos y solitarios, espacios vacíos, cuartos diáfanos con los que invitan a la reflexión personal. La selección de imágenes de esta exposición se articula en torno a dos esferas: la de los espacios interiores y la de los paisajes naturales.

El individuo se haya inmerso en una vorágine que lo sitúa cada día en una disyuntiva vital. Gran parte de nuestras decisiones son el fruto del devenir de las cosas, la imposición de unas pautas estandarizadas que nos imbuyen en rutinas de modernidad, en el curso de la sociedad de nuestro tiempo. No obstante, la necesidad de recuperar la esencia del ser humano se impone muchas veces a esta inercia. El retorno a la espiritualidad, al equilibrio interior, reclama su lugar.

Con la serie “La Salita” el fotógrafo Xurxo Gómez-Chao logra dotar de alma a paredes y a espacios en los que el único elemento destacado es una butaca. Crea de este modo ambientes oníricos dentro de esos paisajes de interior donde la ausencia de más elementos confiere un significado más intangible.

Xurxo Gómez-Chao

Hotel Earle. Red room, 2016

Fotografía sobre papel Ilford

100 x 80cm

Xurxo Gómez-Chao

Hotel Earle. Golden room, 2016

Fotografía sobre papel Ilford

75 x 60cm

Por su parte, los escenarios líricos de la serie “Limbo” de Soledad Córdoba parten de realidades experimentadas y ensoñadas. Sus imágenes crean poemas visuales, donde el silencio, la belleza, el dolor, el miedo o la incomunicación están presentes y unidas por un frágil hilo conductor. Rocío Verdejo, al igual que Soledad, introduce figuras humanas en sus composiciones para desentrañar esa maraña de sentimientos y emociones que supone la violencia de género. Su trabajo “Crashroom” es una metáfora visual que logra expresar ese “no existir por dentro”.

Rocío Verdejo

Crashroom, 2014

Impresión con tintas pigmentadas sobre papel Hahnemühle sobre dibond

70 x 50cm

Los entornos naturales ofrecen también multitud de posibilidades para transmitir esas sensaciones aunque no haya muros, ni paredes, ni fronteras, ni limitaciones. Encontramos así paisajes desnudos sin intervención que logran transmitir un profundo equilibrio como los de Andy Sotiriou, cuya serie “Snowscapes” captura campos nevados surcados por las líneas azarosas de la vegetación, o Alfonso Zubiaga, que interpreta la relación entre la tierra y el mar con imágenes de alto contraste y gran serenidad en su trabajo “Binario”. También así José Quintanilla recurre a estampas de terrenos labrados en las que emerge, de pronto, una construcción baldía, anónima y deslavada. Su proyecto “Mi casa, mi árbol” transmite una profunda nostalgia con fotografías de estética retro y tonalidades ocre-pastel.

Andy Sotiriou

Snowscape 29, 2014

Fotografía, pigmentos minerales sobre papel

60 x 60cm

Alfonso Zubiaga

Binario 1, 2017

Fotografía

55 x 74cm

José Quintanilla

Mi casa, mi árbol 15, 2015

Tintas pigmentadas sobre papel algodón Hahnemühle montado sobre cartón museo

21 x 31cm

Desde una perspectiva más onírica, Carlos Regueira ofrece una visión más dramática de parajes boscosos. Sus “Paisajes pervertidos” reflejan una belleza mórbida, quizá amenazadora, pero que al mismo tiempo revela serenidad formal y equilibrio. Son imágenes que surgen de entre la bruma de la memoria e interpelan al espectador. En una línea similar evoluciona la obra de Ely Sánchez. En su serie “Heridos” busca desvelar que todo lo que vemos es un artificio, una imagen traducida, verosímil pero no real. Por otro lado, en “Sueños geométricos” el artista se centra en la belleza del sueño lúcido para experimentar lo que en la vida real no es factible, logrando así liberar su identidad más íntima.

Carlos Regueira

Malaysia, 2014

Fotografía

52 x 70cm

Ely Sánchez

Serie Heridos 1, 2014

Impresión digital

53 x 80cm

|354:150

Emprendemos un viaje que cruza nuestro país de punta a punta, que atraviesa la capital como paso obligado, como quien enhebra un hilo en la aguja y tensa sus extremos hacia las esquinas de nuestro territorio para ir a morir al mar. De la costa al centro neurálgico de este vasto espacio recorremos caminos de asfalto y tierra, senderos transformados en carreteras que atestiguan el paso del tiempo y el devenir de nuestra historia. Pasamos por poblados que fueron otrora cuna de los grandes acontecimientos de un relato común. Reconocemos los nombres de lugares que estudiamos como enclaves esenciales de nuestro legado. Otros despiertan más bien sorpresa y perplejidad, por curiosos, extraños y rimbombantes, pero ya desprovistos de un sentido genuino como población.

José Manuel Navia, La Alcarria de Cuenca, parada coche de línea en Olmedilla de Eliz, “Alma tierra”, 2019

Los parajes desolados de un éxodo rural progresivo e imparable resisten el olvido gracias a los carteles de carretera y a una taberna aislada que continúa abierta para saciar la sed del viajero. Los kilómetros y el tiempo se rinden a nuestro paso y en todo el recorrido constatamos una realidad amarga: la despoblación afecta hoy al 80% del territorio, mientras que las grandes ciudades atraen cada vez a más gente y concentran al 80% de toda la población. La imagen tiene ciertas similitudes con la metáfora de “la nada” de La Historia Interminable, donde el vacío iba engullendo el reino de Fantasía porque nos niños no leían ni dejaban volar su imaginación, que es la que alimenta los relatos de los cuentos. En la vida real, estos mismos relatos se pierden en los dominios del olvido, confinados en un pasado que semeja remoto y obsoleto, subyugado a las imposiciones del progreso y a la vida urbana.

José Manuel Navia, Angelines en Susín, Sobrepuerto (Huesca), “Alma tierra”, 2019

Sin embargo, conviene tener presente que el lugar en el que estamos hoy es deudor de nuestros pueblos. El devenir de los acontecimientos no se explica sin una historia compartida jalonada de hitos sucedidos a lo largo y ancho de nuestra tierra. Enfrentamos, además, un grave problema social que debe dar respuesta a la necesidad de reconquistar nuestros espacios, conservar nuestra cultura tradicional y aprovechar los recursos que nuestra tierra ofrece.

Con el deseo de poner en valor esta inmensa riqueza, desconocida y desamparada, Acción Cultural Española AC/E ha puesto en marcha el proyecto Alma Tierra. Este viaje fotográfico a través de la obra de José Manuel Navia nos ofrece una amplia panorámica de paisajes, situaciones y entornos donde siempre hay espacio para el sentimiento, la nostalgia y la esperanza de futuro.

José Manuel Navia, Belén, ganadera del valle del Corneja (Ávila), “Alma tierra”, 2019

“Estos pueblos murieron para que nosotros podamos vivir y de su desgracia proviene nuestra suerte. Los ricos se apañan de otro modo, los pobres siempre somos culpables”. Luis Mateo Díez, “El espíritu del páramo”, 1996.

El proyecto agrupa un total de 158 obras, reunidas en un libro con textos de Julio Llamazares, quien explica que la iniciativa es “una elegía, un alegato contra la marginación de unos españoles por parte del resto y una llamada a la reflexión”. Una exposición en la Diputación de Huesca recoge una selección de fotografías y nos regala algunas de las imágenes más poéticas de la España interior.