EVA LOOTZ, UNA EXPOSICIÓN EN TIERRAS MÁGICAS

Eva Lootz en el CGAC contemplando una de sus obras junto a Román Rodríguez (haciendo una foto con su móvil) - FOTO: Xunta

 

 

Eva Lootz (Viena, 1940) es una artista plástica austriaca  residente en España desde 1967. Su principal preocupación es la relación entre la materia y el lenguaje desde diferentes puntos de vista. Los inicios de su carrera fueron definidos por la utilización de materiales efímeros como planchas de algodón o tierra y sus trabajos con líquidos aglutinantes como la cera o la cola sintética. Con esto se remonta a los orígenes de la devaluación de la materia con respecto a la idea. Este tema se extrapola paralelamente a la degradación de la mujer en muchas culturas.

 

 

Foto de la exposición

 

 

Las materias primas y su utilización orgánica explican el proceso de extracción y tratamiento de minerales, también el comportamiento cultural y la huella en el paisaje y el idioma. Una de sus virtudes es detectar huellas poco visibles. En 1994 recibió el premio Nacional de Artes Plásticas en España, tomando esa fecha de referencia su trabajo evolucionó hacia la incorporación de sonido en alguna de sus instalaciones. También la realización de videos le acerca al mundo audiovisual.

 

Un elemento clave de su trabajo es la importancia del dibujo y el peso de este en su trabajo, los cuadernos de artista entre otros. Uno de los primeros campos que experimentó en el nivel pictórico fue el color field, también conocido como campos de color. Más tarde tomó otro camino más centrado en el arte povera, el arte minimalista y la tierra.

 

 

Foto de la exposición

 

 

La exposición que se plantea en el Centro Gallego de Arte Contemporáneo no se resume como una antología pues sería una tarea titánica abarcar toda la obra de esta artista que sigue en activo. Pero lo que sí plantea su comisaria Alicia Murría es seleccionar una parte, que data desde los años 70 hasta la actualidad y mostrar un pequeño común denominador de toda su trayectoria. Estos objetos seleccionados, muestra cómo suprime el color y busca un carácter más espiritual desvirtuando la concepción de objeto que tenemos establecida. 

 

 

Eva Lootz. Xunta de Galicia 

 

 

El salto a la tridimensionalidad se produce de manera orgánica y natural, como toda la obra de Lootz, el componente clave es estimular los sentidos. La arquitectura y las instalaciones enmarcan toda esta idea artística que intenta transmitirnos. Su conocimiento sobre las antiguas culturas y la relación con los elementos hacen que el lenguaje de esta muestra se articule de una manera ligera y amena. El punto geográfico escogido nos brinda la oportunidad de ver a esta artista en una tierra mágica, como es Galicia.

 

 

 

Han pasado 13 años desde el comienzo de su andadura, y en todo este tiempo el Festival de videoarte PROYECTOR no ha hecho más que crecer y consolidar su posición como un evento imprescindible en esta disciplina. Desde sus inicios, la iniciativa ha tratado de dar visibilidad a una disciplina que siempre ha estado relegada a un segundo plano en los circuitos de exhibición habituales. Aunque la videocreación no es nueva, ya que surgió con entidad propia en los años 60 del siglo pasado, la forma de acercarse a conocerla y disfrutarla no siempre ha sido sencilla. En muchas ocasiones, abundaba el modelo expositivo en el que se incluían algunas piezas sueltas dentro de un recorrido principal, como si el vídeo fuese la aportación anecdótica al conjunto. No obstante, nuestra cotidianidad está invadida de imágenes en movimiento, y se produce la paradoja de que el videoarte, pese a ser un formato de expresión artística muy en sintonía con los hábitos de la sociedad actual, sigue siendo una disciplina minoritaria.

Fotograma de “Hel City”, de Gregorio Méndez Sáez, 2019

PROYECTOR nació en cierta medida para revertir esta situación, para poner en valor el vídeo como formato creativo y para ofrecer un espacio amplio e itinerante en el que albergar multitud de propuestas, venidas de dentro y fuera de nuestras fronteras. En este tiempo, la consolidación del festival lo ha llevado a viajar por el mundo, pero también, a ser un referente que cada que cada año despierta mayor interés. En la convocatoria abierta para recibir propuestas se llega casi al medio millar, y el centenar de obras seleccionadas por el jurado son una muestra representativa de distintos modos de entender la videocreación y el entorno, con piezas llegadas principalmente de Europa, Latinoamérica, el Sudeste de Asia y Oriente Medio.

A su vez, PROYECTOR quiere ser algo más que una muestra de vídeo, y ofrece una nutrida programación en la que se organizan charlas, talleres, clases magistrales, encuentros con artistas, visitas y conciertos. Una experiencia completa que tiene siempre como telón de fondo la imagen en movimiento.

El Instante Francisco Ruiz de Infante. El bosque que se mueve (errores de medida)

En esta evolución, hay que considerar también otra circunstancia: el vídeo es un formato creativo que tiene sus propios códigos, pero es también una de las disciplinas más abiertas a la hibridación artística y a la ampliación de usos. El vídeo puede, por tanto, ser la idea genuina de un autor que concibe un proyecto autónomo para ser realizado en este formato, pero puede ser también el resultado complementario de una intervención o el registro documental de una acción previa cuya pervivencia queda garantizada al ser recogida en vídeo. La versatilidad de la imagen en movimiento y el potencial que ha adquirido en los últimos años nos permite hoy hablar de numerosas ramas de arte que se centran en la fusión de lenguajes y en la incorporación de técnicas y metodologías venidas de otros sectores, y en muchas de ellas el vídeo sigue siendo una pieza clave. Así sucede con el arte tecnológico, el arte sonoro interactivo, la grabación de performances, la transformación de big data a imagen, la inteligencia artificial, y un largo etcétera. Precisamente por ello, PROYECTOR ofrece una visión panorámica de esta realidad, con un programa sumamente interesante que juega con la variedad y riqueza de propuestas.

Fotograma de “Herdança”, de Thiago Rocha Pitta, 2007

La edición de 2020 se desarrollará del 9 al 20 de septiembre. Como ya viene siendo habitual, el programa se despliega en varias sedes repartidas por la ciudad de Madrid, cada una de las cuales albergará una pequeña fracción de las actividades previstas. Este año el festival contará con la colaboración de la Casa Árabe, White Lab, Cruce, El Instante Fundación, ¡ésta es una PLAZA!, Extensión AVAM (Matadero Madrid), Institut Français de Madrid, Medialab Prado, Quinta del Sordo, Sala Alcalá 31, Sala El Águila, Secuencia de Inútiles y White Lab, además de la colaboración de la Colección INELCOM y la colección de videoarte de Teresa Sapey.

El festival es también la ocasión ideal para articular el tejido cultural, ya que implica a numerosos profesionales del sector, desde comisarios, a creadores, desde gestores de espacios a críticos y docentes. La programación de 2020 cuenta además con la colaboración del Festival FUSO y el Museo Reina Sofía, que ceden algunas de sus piezas para exhibición.

En definitiva, una cita que los amantes del arte contemporáneo no nos debemos perder y que promete muchas novedades en esta 13ª edición.