Art Madrid'26 – Exposición Josef Albers en Fundación Juan March Madrid

JOSEF ALBERS
La primera retrospectiva dedicada a Josef Albers (1888-1976) en España llega de la mano de la Fundación Juan March. No obstante, no pretende ser una retrospectiva al uso, que se limite a hacer una exposición ordenada cronológicamente de las obras del artista, sino que nace con la vocación de dejar hablar a las piezas por sí mismas, para que trascienda la coherencia intrínseca a una trayectoria artística irrefutable, cuyos principales pilares son la simplicidad, el minimalismo y, hasta cierto punto, la artesanía en la ejecución. 

Albers es conocido como pintor abstracto. Su inclinación por esta tendencia se dejaba entrever en sus inicios académicos y es reconocible la influencia de artistas como Matisse o Mondrian. Sin embargo, en la abstracción de sus obras puede apreciarse un claro sentido de búsqueda de equilibrio, corrección en la composición y precisión en la factura. Parece que, al igual que Juan Ramón Jiménez buscaba la poesía pura en la potencialidad misma de cada palabra absoluta, Albers explorase la capacidad del color total, la forma desnuda, pero expresiva, la geometría plana que genera volúmenes, la profundidad irreal proyectada por la limpieza del trazo y la superposición de estructuras.

Conviene hacer también hincapié en la trayectoria docente de Albers. Inició su carrera académica en Alemania, en la escuela de diseño Bauhaus y después se trasladó como profesor a Dessau. Con el levantamiento nazi en 1933 siguió esta labor en EE.UU., incorporándose a la facultad de Black Mountain College (Carolina del Norte) hasta 1949, año en que comenzó a dirigir el Departamento de Diseño de la Universidad de Yale hasta 1958. Estos traslados se hicieron sentir de una forma decisiva en su obra, claro ejemplo de arte de transición entre la tradición artística europea y la norteamericana, y tuvo gran influencia sobre artistas norteamericanos de la década de los 50, como Richard Serra o Eva Hesse, a través del movimiento Hard edge (‘borde duro’), término acuñado por el comisario y crítico de arte Jules Langsner en 1959 para identificar el movimiento pictórico seguido por los artistas de California y cuya principal característica es la abstracción de las obras con base geométrica y contornos y áreas de color muy nítidas y definidas.

Os recomendamos acercaros a esta exposición que recoge cerca de un centenar de obras nunca vistas en nuestro país, y conocer la figura de Josef Albers, que fue, además, un escritor y crítico de arte de reconocido prestigio.

DATOS DE INTERÉS:

Del 28 de marzo al 6 de julio de 2014. Fundación Juan March (Castelló, 77. Madrid).

Horario: L-S de 11 a 20 h. | D y festivos: de 11 a 14 h.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.