Exposición Josef Albers en Fundación Juan March Madrid

JOSEF ALBERS
La primera retrospectiva dedicada a Josef Albers (1888-1976) en España llega de la mano de la Fundación Juan March. No obstante, no pretende ser una retrospectiva al uso, que se limite a hacer una exposición ordenada cronológicamente de las obras del artista, sino que nace con la vocación de dejar hablar a las piezas por sí mismas, para que trascienda la coherencia intrínseca a una trayectoria artística irrefutable, cuyos principales pilares son la simplicidad, el minimalismo y, hasta cierto punto, la artesanía en la ejecución. 

Albers es conocido como pintor abstracto. Su inclinación por esta tendencia se dejaba entrever en sus inicios académicos y es reconocible la influencia de artistas como Matisse o Mondrian. Sin embargo, en la abstracción de sus obras puede apreciarse un claro sentido de búsqueda de equilibrio, corrección en la composición y precisión en la factura. Parece que, al igual que Juan Ramón Jiménez buscaba la poesía pura en la potencialidad misma de cada palabra absoluta, Albers explorase la capacidad del color total, la forma desnuda, pero expresiva, la geometría plana que genera volúmenes, la profundidad irreal proyectada por la limpieza del trazo y la superposición de estructuras.

Conviene hacer también hincapié en la trayectoria docente de Albers. Inició su carrera académica en Alemania, en la escuela de diseño Bauhaus y después se trasladó como profesor a Dessau. Con el levantamiento nazi en 1933 siguió esta labor en EE.UU., incorporándose a la facultad de Black Mountain College (Carolina del Norte) hasta 1949, año en que comenzó a dirigir el Departamento de Diseño de la Universidad de Yale hasta 1958. Estos traslados se hicieron sentir de una forma decisiva en su obra, claro ejemplo de arte de transición entre la tradición artística europea y la norteamericana, y tuvo gran influencia sobre artistas norteamericanos de la década de los 50, como Richard Serra o Eva Hesse, a través del movimiento Hard edge (‘borde duro’), término acuñado por el comisario y crítico de arte Jules Langsner en 1959 para identificar el movimiento pictórico seguido por los artistas de California y cuya principal característica es la abstracción de las obras con base geométrica y contornos y áreas de color muy nítidas y definidas.

Os recomendamos acercaros a esta exposición que recoge cerca de un centenar de obras nunca vistas en nuestro país, y conocer la figura de Josef Albers, que fue, además, un escritor y crítico de arte de reconocido prestigio.

DATOS DE INTERÉS:

Del 28 de marzo al 6 de julio de 2014. Fundación Juan March (Castelló, 77. Madrid).

Horario: L-S de 11 a 20 h. | D y festivos: de 11 a 14 h.

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.