Exposición de Eugenio Forcano en la Real Academia de Bellas Artes de Madrid.

Sin futuro, Barrio de Santa Caterina, Barcelona, 1964
Sin futuro, Barrio de Santa Caterina, Barcelona, 1964

 

El trabajo de un observador incansable, casi obsesivo, como fue Eugeni Forcano se puede ver hasta el 31 de agosto en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. ATRAPAR LA VIDA. EUGENI FORCANO. FOTOGRAFÍAS 1960-1974”, es la muestra de 150 fotografías que congelan la crónica de nuestros pueblos y ciudades.

Pata que quiere tocar pierna, Banyoles, Girona, 1966

“Día de mercado”, “Gente gitana”, “Vida en la calle”, Eugeni Forcano archiva en su cámara la vida que pasa, la cotidiana, la de las charlas en los portales, la del griterío del mercado, las plazas, el barrio y las esquinas, ése es el alimento de su fascinación por el entorno y por narrar -con miles de fotografías- su Cataluña en desarrollo, el contraste entre las capitales que crecen y el mundo rural, los últimos años de la posguerra y del franquismo.

Ahora, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando recoge una buena muestra de la ingente obra del Premio Nacional de Fotografía 2012 en “Atrapar la vida. Eugeni Forcano. Fotografías 1960-1974”. La selección, de 150 fotografías, está realizada por el comisario Daniel Giralt-Miracle: “destaca el trabajo del que creo que él se siente más orgulloso porque por un lado es el que le permitió dedicarse a la fotografía y por el otro porque es el broche con el que decidió cerrar su vida profesional”.

 
Exaltación franquista, catedral, Barcelona, 1962
La exposición incluye la sección “Fotografía experimental”, con imágenes realizadas entre 1980 y 1995, cuando se propuso investigar las posibilidades de la fotografía en color, con influencias del surrealismo y la abstracción. Además, una selección de revistas, libros sobre su trabajo y el capítulo que le dedicó la serie documental “La voz de la imagen” completan el recorrido por el trabajo de uno de los cronistas más destacados de la España de los últimos años de la posguerra y del franquismo.
Por bulerías, Canet de Mar, Barcelona, 1963

Autodidacta, nacido en Barcelona en 1926 y criado en Canet de Mar, salió a curiosear el mundo y se cruzó en el camino con decenas de seres anónimos que cuajaron sus fotografías y que le brindaron un puesto en el semanario Destino, recomendado por Vergés y Nestor Luján.

Junto a su hermano abrió los Estudios Forcano, dedicados al retrato, ilustración, moda y publicidad. En 2005 fue premiado con la Medalla de Oro de Barcelona y protagonizó la gran exposición antológica “Eugeni Forcano. Fotografías, 1960-1996”. En 2012 recibió el Premio Nacional de Fotografía y la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya.

Oración en el desierto, Hogares Mundet, Barcelona, 1968

De sus fotografías, dijo Andrés Trapiello que “lo más importante es el latido de todo lo que aún vive” y es que a sus personajes “se les oye hablar”, como dijo Josep María Espinás y como recoge en sus textos la crítico de arte y comisaria Rosario Martínez Rochina.

 
Confidencias, catedral, Barcelona, 1966

 

Han pasado 13 años desde el comienzo de su andadura, y en todo este tiempo el Festival de videoarte PROYECTOR no ha hecho más que crecer y consolidar su posición como un evento imprescindible en esta disciplina. Desde sus inicios, la iniciativa ha tratado de dar visibilidad a una disciplina que siempre ha estado relegada a un segundo plano en los circuitos de exhibición habituales. Aunque la videocreación no es nueva, ya que surgió con entidad propia en los años 60 del siglo pasado, la forma de acercarse a conocerla y disfrutarla no siempre ha sido sencilla. En muchas ocasiones, abundaba el modelo expositivo en el que se incluían algunas piezas sueltas dentro de un recorrido principal, como si el vídeo fuese la aportación anecdótica al conjunto. No obstante, nuestra cotidianidad está invadida de imágenes en movimiento, y se produce la paradoja de que el videoarte, pese a ser un formato de expresión artística muy en sintonía con los hábitos de la sociedad actual, sigue siendo una disciplina minoritaria.

Fotograma de “Hel City”, de Gregorio Méndez Sáez, 2019

PROYECTOR nació en cierta medida para revertir esta situación, para poner en valor el vídeo como formato creativo y para ofrecer un espacio amplio e itinerante en el que albergar multitud de propuestas, venidas de dentro y fuera de nuestras fronteras. En este tiempo, la consolidación del festival lo ha llevado a viajar por el mundo, pero también, a ser un referente que cada que cada año despierta mayor interés. En la convocatoria abierta para recibir propuestas se llega casi al medio millar, y el centenar de obras seleccionadas por el jurado son una muestra representativa de distintos modos de entender la videocreación y el entorno, con piezas llegadas principalmente de Europa, Latinoamérica, el Sudeste de Asia y Oriente Medio.

A su vez, PROYECTOR quiere ser algo más que una muestra de vídeo, y ofrece una nutrida programación en la que se organizan charlas, talleres, clases magistrales, encuentros con artistas, visitas y conciertos. Una experiencia completa que tiene siempre como telón de fondo la imagen en movimiento.

El Instante Francisco Ruiz de Infante. El bosque que se mueve (errores de medida)

En esta evolución, hay que considerar también otra circunstancia: el vídeo es un formato creativo que tiene sus propios códigos, pero es también una de las disciplinas más abiertas a la hibridación artística y a la ampliación de usos. El vídeo puede, por tanto, ser la idea genuina de un autor que concibe un proyecto autónomo para ser realizado en este formato, pero puede ser también el resultado complementario de una intervención o el registro documental de una acción previa cuya pervivencia queda garantizada al ser recogida en vídeo. La versatilidad de la imagen en movimiento y el potencial que ha adquirido en los últimos años nos permite hoy hablar de numerosas ramas de arte que se centran en la fusión de lenguajes y en la incorporación de técnicas y metodologías venidas de otros sectores, y en muchas de ellas el vídeo sigue siendo una pieza clave. Así sucede con el arte tecnológico, el arte sonoro interactivo, la grabación de performances, la transformación de big data a imagen, la inteligencia artificial, y un largo etcétera. Precisamente por ello, PROYECTOR ofrece una visión panorámica de esta realidad, con un programa sumamente interesante que juega con la variedad y riqueza de propuestas.

Fotograma de “Herdança”, de Thiago Rocha Pitta, 2007

La edición de 2020 se desarrollará del 9 al 20 de septiembre. Como ya viene siendo habitual, el programa se despliega en varias sedes repartidas por la ciudad de Madrid, cada una de las cuales albergará una pequeña fracción de las actividades previstas. Este año el festival contará con la colaboración de la Casa Árabe, White Lab, Cruce, El Instante Fundación, ¡ésta es una PLAZA!, Extensión AVAM (Matadero Madrid), Institut Français de Madrid, Medialab Prado, Quinta del Sordo, Sala Alcalá 31, Sala El Águila, Secuencia de Inútiles y White Lab, además de la colaboración de la Colección INELCOM y la colección de videoarte de Teresa Sapey.

El festival es también la ocasión ideal para articular el tejido cultural, ya que implica a numerosos profesionales del sector, desde comisarios, a creadores, desde gestores de espacios a críticos y docentes. La programación de 2020 cuenta además con la colaboración del Festival FUSO y el Museo Reina Sofía, que ceden algunas de sus piezas para exhibición.

En definitiva, una cita que los amantes del arte contemporáneo no nos debemos perder y que promete muchas novedades en esta 13ª edición.