Art Madrid'26 – La fundación Mapfre en Barcelona y el Museo Thyssen-Bornemisza en Madrid abren la temporada artística de este otoño con dos exposiciones dedicadas al pintor impresionista francés Pierre-Auguste Renoir

Bal du Moulin de la Galette, 1876. Musée d'Orsay, París | Exposición “Renoir entre Mujeres” - Fundación Mapfre

 

 

Desde el 17 de septiembre se puede disfrutar en Barcelona de la exposición presentada por la Fundación Mapfre “Renoir entre Mujeres. Del ideal moderno al ideal clásico. Colecciones de los Museos D’Orsay y de L’Orangerie”. A través de una selección de 40 obras, la propuesta de Paul Perrin, comisario de la exposición y conservador del museo d’Orsay, acerca al espectador las distintas interpretaciones que el pintor impresionista hizo de su principal tema de inspiración, la mujer.

 

Como pieza clave de esta exposición encontramos Bal du Moulin de la Galette, obra que regresa a Barcelona 100 años después de su exposición en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad condal en 1917. Otras de las piezas destacadas de la muestra incluyen: Mujer desnuda en un paisaje (1883), Maternidad (1885) y Las bañistas (1918-1919).

 

Las bañistas, 1918-1919. Musée d'Orsay, París | Exposición “Renoir entre Mujeres” - Fundación Mapfre

 

 

La exposición se completa con otras 30 obras de autores coetáneos donde podemos encontrar pinturas de artistas como Van Gogh, Cézanne, Degàs y Picasso, así como trabajos de pintores catalanes (Santiago Rusiñol, Ramón Casas, Carles Casagemas y Manuel Feliú de Lemus) que vivieron y trabajaron en París a finales del siglo XIX,  atraídos por la bohemia Montmartre.

“Renoir entre mujeres” podrá visitarse en la casa Garriga i Nogués de Barcelona hasta el 8 de enero de 2017.

 

El paseo, 1870. The J. Paul Getty Museum, Los Angeles | Exposición “Renoir: Intimidad” – Museo Thyssen-Bornemisza

 

 

Por su parte, el museo Thyssen-Bornemisza presenta este 18 de octubre la exposición “Renoir: Intimidad”, la mayor retrospectiva dedicada al pintor impresionista en nuestro país. Comisariada por Guillermo Solana, esta propuesta cuenta con préstamos de museos y colecciones como el Marmottan Monet de París, el Art Institute de Chicago, el Pushkin de Moscú, el Paul Getty de Los Ángeles, la National Gallery de Londres o el Metropolitan de Nueva York, y ofrecerá al visitante deleitarse con algunas de las obras más importantes de la carrera del artista, como Baños en el Sena (1869), El paseo (1870), Retrato de la mujer de Monet (1874), o Mujer con sombrilla en un jardín (1875).


En esta ocasión, Solana ha organizado las más de 70 obras que componen la exposición a través de un recorrido temático, agrupadas en cinco apartados (impresionismo, retratos, paisajes, escenas familiares y bañistas), donde el espectador podrá descubrir las sugerencias táctiles de volumen, materia y texturas del pintor para expresar su concepto de intimidad en diversos ámbitos.

 

 

La fuente, 1906. Foundation E.G Bührle Collection, Zurich | Exposición “Renoir: Intimidad” – Museo Thyssen-Bornemisza

 

Complementan la exposición un ciclo de cine con películas relacionadas a la obra del pintor y el curso monográfico ¿Ángeles del hogar? Lo femenino y las imágenes de la intimidad, de Renoir a las corrientes de vanguardia, dirigido por Patricia Mayayo, directora del departamento de Historia y Teoría del Arte de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid.

“Renoir: Intimidad” podrá visitarse en el Museo Thyssen-Bornemisza hasta el 22 de enero de 2017, y se exhibirá posteriormente en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, entre el 7 de febrero y el 15 de mayo de 2017.

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.