ESPECIAL FORMA Y COLOR EN ART MADRID

La abstracción es un estilo surgido en el siglo XIX que ha ido ganando fuerza de manera progresiva hasta alcanzar una gran presencia en el mundo del arte. La figuración sigue su propia evolución, pero no siempre logra ese mismo potencial expresivo. A medida que el arte abstracto se consolida, el juego de los creadores en la combinación de formas y colores se hace cada vez más complejo. El poder de la mancha, el valor comunicativo del vacío, la ausencia, los trazos o los contrastes sirven para recrear un universo de pensamientos y emociones más difíciles de plasmar a través de los elementos materiales y tangibles.

Muchas veces la abstracción se logra con la combinación de estas dos herramientas artísticas: la forma y el color, que usadas con intención y consciencia permiten construir un discurso completo. La historia del arte, no obstante, nos ha ofrecido ejemplos en los que ambos elementos pueden vivir por separado. Antes del Renacimiento la forma era la que prevalecía sobre el color, siendo éste un simple complemento. Los contornos, los volúmenes, adquirían una presencia propia, con una carga expresiva autónoma y autosuficiente en donde el color, más bien, no tenía cabida. Es a partir de esta época, cuando el color comienza a adquirir relevancia por sí mismo. Caravaggio, con sus claroscuros, le otorgará la importancia que se merece, las figuras ya no serán planas, destacarán los volúmenes y las texturas que se abren paso entre una rica y diversa paleta.

Caravaggio, "Giuditta e Oloferne", 1597

Aunque durante el Realismo, forma y color serán equiparables, con los impresionistas el color y la forma, ya no existirán, solo será real para el pintor la relación aire - luz. De este modo, la luz será el verdadero tema del cuadro. La calidad y la cantidad de ésta, no la línea o el color, será la que ofrecerá una u otra configuración visual del objeto. Sin embargo, el postimpresionismo, supone entre otras cosas, una recuperación de la importancia del dibujo y de la preocupación por captar no solo la luz sino también la expresividad de las cosas y de las personas iluminadas.

Claude Monet, "La Promenade" 1875

La forma y el color y su conexión con el arte abstracto serán los elementos que destacan en la obra de los nueve artistas de la exposición “Forma y Color en Art Madrid”. Así, para el escultor Carlos Evangelista, todo mantiene un orden perfecto; su estilo se fundamenta en la geometría, en la pureza de las formas sencillas y en las múltiples posibilidades que ofrece el desarrollo combinatorio de unidades modulares simples. Candela Muniozguren, por su parte, plantea una comunicación íntima entre sus desarrollos creativos donde dominan las formas minimalistas y la multiplicidad de efectos cromáticos. “Senbazuru”, alude a la antigua leyenda japonesa en la que se promete salud a aquel que consiga construir mil grullas de origami. Para ello, la artista combina el uso de un solo color con la abstracción de planos, curvas y diagonales que se unen para dar como resultado una deslumbrante obra que recuerda a esos tradicionales pliegues japoneses.

Candela Muniozguren

Acid Bang 02, 2018

Acero lacado

39 x 16cm

Candela Muniozguren

Territorios Lindantes 1, 2018

Acero lacado

32 x 25cm

Carlos Evangelista

Encuadrados, 2017

Madera

40 x 40cm

Por otro lado, Rafael Barrios juega con las formas alterando las leyes de la geometría, fabulando volúmenes en el espacio. Sus esculturas se elevan sobre sí mismas desafiando las leyes del espacio, aliviando los cuerpos supeditados a la gravedad. “Hondos” o “Mural” se identifican por su dinámica, por su levedad, por la fuerza y por el magnetismo que le imprime con el propósito de que cada una de ellas llegue al espíritu. Y no podemos olvidar, el uso lúdico de la forma y el color que realiza Willi Siber o la exploración de pigmentos que emplea la artista sevillana Isabelita Valdecasas en Cosmogonías.

Isabelita Valdecasas

Cosmogonia Deep Blue, 2016

Técnica mixta sobre lienzo

100 x 100cm

Willi Siber

Tafelobjekt, 2016

Metal, poliuretano y epoxi

116 x 104cm

Rafael Barrios

Hondos, 2016

Acero lacado

83 x 64cm

Las líneas, las formas y los colores del lenguaje del artista ilicitano Ramón Urbán nacen de lo abstracto y lo poético. Destaca la coexistencia entre la rotundidad del dibujo espacial limpio, de cierta frialdad, y la huella intensa o suave de la pintura que presta calidez y ornamento a la forma elemental. En “Secreto Artificio” los círculos se funden hasta confundir, líneas que juegan con la verticalidad, esferas inimaginables por su composición… hacen de la obra de Urbán un juego de vida y sosiego.

Ramón Urbán

Secreto artificio, 2017

Esmalte sintético y óxido sobre madera

160 x 45cm

En cuanto a pintura, hemos escogido obras como las de la serie “Vuelos II” de Nanda Botella donde la luz, el colorido y la fuerza suponen los elementos de expresión para esta artista. Sin embargo, la paleta de colores etéreos que emplea el pintor abstracto Sylvie Lei produce pinturas desconcertantes que se relacionan con la naturaleza problemática de la realidad virtual en el contexto social contemporáneo.

Nanda Botella

Vuelos II, 2017

Óleo, acrílico, lino y metacrilato

162 x 130cm

Sylvie Lei

Dimensional Sequence, 2017

Óleo sobre lienzo

70 x 50cm

Por su parte, el pintor catalán Gerard Fernández Rico convierte a la línea en la verdadera protagonista en “Through the line”. Una senda diversa y compleja a la que el artista se acerca de manera milimétrica como si mirara a través de un microscopio. Línea que junto con la explosión de color genera una sensación vibrante, un aire fresco y dinámico en cada una de sus piezas.

Gerard Fernández Rico

Lila 001, 2018

Técnica mixta sobre tabla

130 x 110cm

Gerard Fernández Rico

Azul 001, 2018

Técnica mixta sobre tabla

129 x 108cm

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Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.