Art Madrid'26 – ESPECIAL FORMA Y COLOR EN ART MADRID

La abstracción es un estilo surgido en el siglo XIX que ha ido ganando fuerza de manera progresiva hasta alcanzar una gran presencia en el mundo del arte. La figuración sigue su propia evolución, pero no siempre logra ese mismo potencial expresivo. A medida que el arte abstracto se consolida, el juego de los creadores en la combinación de formas y colores se hace cada vez más complejo. El poder de la mancha, el valor comunicativo del vacío, la ausencia, los trazos o los contrastes sirven para recrear un universo de pensamientos y emociones más difíciles de plasmar a través de los elementos materiales y tangibles.

Muchas veces la abstracción se logra con la combinación de estas dos herramientas artísticas: la forma y el color, que usadas con intención y consciencia permiten construir un discurso completo. La historia del arte, no obstante, nos ha ofrecido ejemplos en los que ambos elementos pueden vivir por separado. Antes del Renacimiento la forma era la que prevalecía sobre el color, siendo éste un simple complemento. Los contornos, los volúmenes, adquirían una presencia propia, con una carga expresiva autónoma y autosuficiente en donde el color, más bien, no tenía cabida. Es a partir de esta época, cuando el color comienza a adquirir relevancia por sí mismo. Caravaggio, con sus claroscuros, le otorgará la importancia que se merece, las figuras ya no serán planas, destacarán los volúmenes y las texturas que se abren paso entre una rica y diversa paleta.

Caravaggio, "Giuditta e Oloferne", 1597

Aunque durante el Realismo, forma y color serán equiparables, con los impresionistas el color y la forma, ya no existirán, solo será real para el pintor la relación aire - luz. De este modo, la luz será el verdadero tema del cuadro. La calidad y la cantidad de ésta, no la línea o el color, será la que ofrecerá una u otra configuración visual del objeto. Sin embargo, el postimpresionismo, supone entre otras cosas, una recuperación de la importancia del dibujo y de la preocupación por captar no solo la luz sino también la expresividad de las cosas y de las personas iluminadas.

Claude Monet, "La Promenade" 1875

La forma y el color y su conexión con el arte abstracto serán los elementos que destacan en la obra de los nueve artistas de la exposición “Forma y Color en Art Madrid”. Así, para el escultor Carlos Evangelista, todo mantiene un orden perfecto; su estilo se fundamenta en la geometría, en la pureza de las formas sencillas y en las múltiples posibilidades que ofrece el desarrollo combinatorio de unidades modulares simples. Candela Muniozguren, por su parte, plantea una comunicación íntima entre sus desarrollos creativos donde dominan las formas minimalistas y la multiplicidad de efectos cromáticos. “Senbazuru”, alude a la antigua leyenda japonesa en la que se promete salud a aquel que consiga construir mil grullas de origami. Para ello, la artista combina el uso de un solo color con la abstracción de planos, curvas y diagonales que se unen para dar como resultado una deslumbrante obra que recuerda a esos tradicionales pliegues japoneses.

Candela Muniozguren

Acid Bang 02, 2018

Acero lacado

39 x 16cm

Candela Muniozguren

Territorios Lindantes 1, 2018

Acero lacado

32 x 25cm

Carlos Evangelista

Encuadrados, 2017

Madera

40 x 40cm

Por otro lado, Rafael Barrios juega con las formas alterando las leyes de la geometría, fabulando volúmenes en el espacio. Sus esculturas se elevan sobre sí mismas desafiando las leyes del espacio, aliviando los cuerpos supeditados a la gravedad. “Hondos” o “Mural” se identifican por su dinámica, por su levedad, por la fuerza y por el magnetismo que le imprime con el propósito de que cada una de ellas llegue al espíritu. Y no podemos olvidar, el uso lúdico de la forma y el color que realiza Willi Siber o la exploración de pigmentos que emplea la artista sevillana Isabelita Valdecasas en Cosmogonías.

Isabelita Valdecasas

Cosmogonia Deep Blue, 2016

Técnica mixta sobre lienzo

100 x 100cm

Willi Siber

Tafelobjekt, 2016

Metal, poliuretano y epoxi

116 x 104cm

Rafael Barrios

Hondos, 2016

Acero lacado

83 x 64cm

Las líneas, las formas y los colores del lenguaje del artista ilicitano Ramón Urbán nacen de lo abstracto y lo poético. Destaca la coexistencia entre la rotundidad del dibujo espacial limpio, de cierta frialdad, y la huella intensa o suave de la pintura que presta calidez y ornamento a la forma elemental. En “Secreto Artificio” los círculos se funden hasta confundir, líneas que juegan con la verticalidad, esferas inimaginables por su composición… hacen de la obra de Urbán un juego de vida y sosiego.

Ramón Urbán

Secreto artificio, 2017

Esmalte sintético y óxido sobre madera

160 x 45cm

En cuanto a pintura, hemos escogido obras como las de la serie “Vuelos II” de Nanda Botella donde la luz, el colorido y la fuerza suponen los elementos de expresión para esta artista. Sin embargo, la paleta de colores etéreos que emplea el pintor abstracto Sylvie Lei produce pinturas desconcertantes que se relacionan con la naturaleza problemática de la realidad virtual en el contexto social contemporáneo.

Nanda Botella

Vuelos II, 2017

Óleo, acrílico, lino y metacrilato

162 x 130cm

Sylvie Lei

Dimensional Sequence, 2017

Óleo sobre lienzo

70 x 50cm

Por su parte, el pintor catalán Gerard Fernández Rico convierte a la línea en la verdadera protagonista en “Through the line”. Una senda diversa y compleja a la que el artista se acerca de manera milimétrica como si mirara a través de un microscopio. Línea que junto con la explosión de color genera una sensación vibrante, un aire fresco y dinámico en cada una de sus piezas.

Gerard Fernández Rico

Lila 001, 2018

Técnica mixta sobre tabla

130 x 110cm

Gerard Fernández Rico

Azul 001, 2018

Técnica mixta sobre tabla

129 x 108cm

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Daniel Barrio. Artista invitado a la tercera edición de OPEN BOOTH. Cortesía del artista.


DESPIECE. PROTOCOLO DE MUTACIÓN


Como parte del Programa Paralelo de Art Madrid’26, presentamos la tercera edición de Open Booth, un espacio concebido como plataforma para la creación artística y la experimentación contemporánea. La iniciativa pone el foco en artistas que aún no cuentan con representación en el circuito galerístico, ofreciendo un contexto profesional de alta visibilidad en el que nuevas voces pueden desplegar su práctica, ensayar formas de relación con el público y consolidar su proyección en el panorama artístico actual. En esta ocasión, el proyecto está protagonizado por el artista Daniel Barrio (Cuba, 1988), quien presenta el site specific Despiece. Protocolo de mutación.

La práctica de Daniel Barrio se centra en la pintura como un espacio de experimentación desde el que analiza la mercantilización de lo social y la tiranía de la aprobación mediática. Para ello, trabaja con imágenes procedentes de la prensa y otros medios, que interviene pictóricamente con el objetivo de desactivar su significado original. Mediante este proceso, el artista propone nuevas lecturas y cuestiona los mecanismos de producción de sentido, concibiendo la pintura como un lugar de realización, terapia y catarsis.

Despiece. Protocolo de mutación se construye a partir de restos urbanos, materiales industriales y fragmentos de historia para interrogarnos sobre qué memorias heredamos, cuáles consumimos y cuáles somos capaces de construir. Suelo, paredes y volúmenes conforman un paisaje en tensión donde lo sagrado convive con lo cotidiano, y donde las grietas importan más que la perfección.

La evolución constante del arte exige un intercambio continuo entre artistas, instituciones y públicos. En esta 21ª edición, Art Madrid reafirma su voluntad de actuar como catalizador de ese diálogo, ampliando los límites tradicionales del contexto ferial y abriendo nuevas posibilidades de visibilidad para prácticas emergentes.



Este site specific surge de un impulso crítico y afectivo por desarmar, examinar y recomponer aquello que nos constituye cultural y personalmente. La obra se concibe como un todo indisoluble: un paisaje interior que opera como dispositivo de sospecha, donde suelo, paredes y volúmenes configuran un ecosistema de restos. Se propone una lectura de la historia no como una continuidad lineal, sino como un sistema de fuerzas en fricción permanente, articulando el espacio como un archivo adulterado; una superficie que se presenta como definitiva, pero que permanece en constante transformación.



La obra se configura como un paisaje construido a partir de residuos urbanos, donde suelo, paredes y objetos conforman un cuerpo unitario elaborado con mortero de cal, PVC de cartelería teatral, espuma industrial y cera de ofrendas. El núcleo del proyecto es una estructura en forma de “L” de 5 × 3 metros que reinterpreta la técnica del fresco sobre soporte industrial recuperado, aplicando el mortero en húmedo durante jornadas continuas, sin búsqueda de perfección, permitiendo que la materia evidencie su propio carácter. En torno a esta estructura gravitan fragmentos arquitectónicos: bloques de espuma que simulan hormigón, un torso del Belvedere impreso en 3D y deformado, y un elemento escultórico de cera en el que se incrustan lijas utilizadas por obreros y artistas anónimos, preservando el esfuerzo de esos cuerpos ajenos.

Un elemento escultórico de cera blanca funciona dentro del conjunto instalativo como un punto de concentración sensorial que desafía la mirada. En su interior confluyen la fe acumulada de las velas de ofrenda y los residuos industriales del taller, recordando que la pureza y la devoción conviven con la materialidad del mundo cotidiano. La experiencia del espectador trasciende así lo visual: inclinarse, oler y aproximarse a la vulnerabilidad transforma la percepción en un acto íntimo y corporal. En su densidad quedan incrustados tacos de lija usados por artistas, artesanos y obreros, recuperados de contextos ajenos, donde la lija actúa como huella del esfuerzo de otros cuerpos, respondiendo a un protocolo de registro sin intención autobiográfica.

Despiece. Protocolo de mutación nos interpela: ¿qué memoria valoramos?, ¿la que consumimos o la que construimos con rigor? El público abandona la posición contemplativa para integrarse en el sistema, y el esfuerzo de desplazar la materia, el rigor documental y la materialidad envolvente configuran un cuerpo de resistencia frente a una realidad mediada. El proyecto se consolida así como un paisaje interior donde suelo, superficie y volumen articulan una anatomía de residuos. La adulteración opera como metodología analítica aplicada a los estratos de la realidad urbana, interviniendo la historia a través de publicidades teatrales y callejeras, residuos arquitectónicos y protocolos administrativos, proponiendo que el arte puede restituir la capacidad de construir una memoria propia, aunque inevitablemente fragmentada.



SOBRE EL ARTISTA

DANIEL BARRIO, 1988, Cuba.

Daniel Barrio (Cienfuegos, Cuba, 1988) es un artista visual cuya práctica articula el espacio desde la pintura, entendiendo el entorno como un archivo adulterado susceptible de intervención crítica. Formado en la Academia de Bellas Artes de Cienfuegos (2004-2008) con especialidad en pintura, y posteriormente en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid - ECAM (2012-2015) en Dirección de Arte, su metodología integra el pensamiento plástico con la narrativa escenográfica. Su origen cubano constituye el fundamento analítico de su trabajo: la experiencia de observar cómo los monumentos y los ideales se revelan frágiles al tacto le ha dotado de una sensibilidad particular para detectar las fisuras en aquello que se presenta como definitivo, estableciendo la realidad como superficie bajo permanente interrogación.

Su trayectoria incluye exposiciones individuales como "La levedad en lo cotidiano" (Galería María Porto, Madrid, 2023), "Interiores ajenos" (PlusArtis, Madrid, 2022) y "Tribud" (Navel Art, Madrid, 2019), así como participaciones colectivas relevantes en "Space is the Landscape" (Estudio Show, Madrid, 2024), "Winterlinch" (Espacio Valverde Gallery, Madrid, 2024), "Hiberia" (Galería María Porto, Lisboa, 2023) y la itinerancia de la Exposición de Arte Joven de La Rioja (2022). Miembro del Colectivo Resiliencia, su obra no persigue la producción de objetos sino la articulación de dispositivos pictóricos que generan protocolos de resistencia frente al flujo de imágenes descartables. En un contexto saturado de datos inmediatos, su práctica produce huellas y archiva aquello que debe permanecer, cuestionando no el significado de la obra sino la memoria que el espectador construye al interactuar con ella, recuperando así la soberanía sobre la mirada y habitando las ruinas como método de comprensión del presente.