Art Madrid'26 – FRANCISCO MAYOR MAESTRE: El libro (de la pintura) del desasosiego

FRANCISCO MAYOR MAESTRE

CONVERSACIONES INFINITAS CON ALFONSO DE LA TORRE

Tiene algo el trabajo de Francisco Mayor Maestre (Madrid, 1990) de una arqueología de imágenes de nuestro tiempo, como el desarrollo de la incontenida enajenación de quien hubiese decidido pasear entre los vestigios, casi humeantes, de la realidad contemporánea. Humus de lo que hemos construido, queda luego simbolizado en el crecimiento de sus imágenes, secuencia no exenta de ira revelada en las pinturas de los despojos de los inmuebles: ventanas, toldos o huecos que, a fuer de mostrados ad infinitum, en sus variaciones diversas, acaban deviniendo imágenes con un fuerte componente abstracto, mas siempre parecen dejarnos expuestos a la verdad.

Trabajando por conjuntos de reflexiones, sus pinturas toman el aspecto de islas de sentido diferidas que se van relacionando, a la par que un aire de sencilla neutralidad en la mostración no le impide viajar hasta el límite, presentando diálogos entre lo representativo y lo abstracto, geometría o la mancha, precisión frente a pincelada distraída, lugares, formas, el totus o el detalle, o bien fricciones, algunas tan singulares como la literatura titular de sus obras, de esta forma parece escapar del frecuentado rictus de la historia del arte.

Le leo: “Esta dimensión temporal de lo pictórico nos enfrenta con la idea de que solo vamos a poder entrever la pintura, sólo podemos mirarla de perfil para intentar encontrar, como si de arqueología se tratara, los restos de un proceso físico-material-experiencial al que de un modo egoísta solo tiene acceso el artista que lo desarrolla, el resto solo somos espectadores, solo podemos ser partícipes de las huellas que nos han llevado hasta este punto ¿final?”. Al cabo, recordemos, crear es una configuración de signos y una ficción, un poïein de vocación simbólica. No esquiva Mayor Maestre extraer belleza de la zozobra ni mostrar la perplejidad y el misterio. Difuminando los límites, su obra elogia la interrogación expresada entre el vértigo. Implacable lógica del capricho, como forma superior de independencia poética. Trompetas tibetanas de sonoridad baja (como decía Alain Jouffray de Henri Michaux).

Como un paseante de nuestro tiempo que estupefacto camina entre los pecios, bien lo sabe, al borde del abismo.

Y, AL PRINCIPIO, LA INFANCIA

Pensé nuevamente en aquel verso de Thomas Bernhard: salvaje crece la flor de mi cólera. La infancia como el territorio desde el que surgirá lo que has llamado “esa visión privilegiada” sobre los aherrojados del mundo.

Desearía me refirieras ese viaje, malinconia sobre los desechos del mundo, como lugar que impulsó en un principio tu quehacer.

Al principio, la infancia… Yo me crie en la periferia sur de Madrid. Lo de que sea de Madrid es irrelevante, porque en cierta medida las periferias tienen siempre unas características comunes que las hacen bastante indistintas a lo largo de todo el territorio. Lo que para mí suponía vivir en la periferia, era tener que viajar todos los días a la ciudad y aguantar un trayecto de en torno a una hora y media de ida y otro tanto de vuelta. Esto que era y que yo sufría como un tedio terrible, me permitía y me obligaba en cierta medida, a dos cosas: La primera era buscar algo que hacer, algo para entretenerme. Y la segunda era que en ese buscar algo para entretenerme, tenía que ir mirando por la ventana, era la única opción para entretenerme o para disfrutar un poco del paisaje. Y así descubría o, intentaba descubrir elementos novedosos en un entorno que era continuamente el mismo. Yo he convenido en llamarlo la dimensión luminosa de lo cotidiano, que son estos hallazgos de novedad o de elementos que llevan toda la vida en el mismo lugar, que siempre han estado ahí. Y de pronto los descubres. Y son como una bofetada, un cambio radical de ese entorno. Por ejemplo, puede ser un edificio que lleva treinta años o allí y un buen día lo ves y dices, bueno, si he pasado siempre por aquí y nunca lo había visto. Esto es una característica que me parece muy interesante, porque creo que, al destilarla en mi trabajo, precisamente ayuda a eso, a esconder ciertos elementos que van apareciendo, que se van escondiendo y que se pueden ir descubriendo poco a poco.

La segunda cuestión es que en la frontera sur de la periferia hay que atravesar los barrios de Madrid, que se caracterizan por la superpoblación y porque son barrios que están depauperados. Y estas dos características precisamente los convierten en zonas que son muy orgánicas en cuanto al cambio, que son desordenadas, que la transformación es muy rápida y muy veloz. Y estas características de orden y desorden es algo que me parece que se destila y que es interesante reflejar en mi trabajo pictórico.

Francisco Mayor Maestre

Esta fiesta no es para feos, 2022

Óleo sobre tabla

190 x 150cm

PENSAR Y PINTAR (VERSUS PINTAR Y PENSAR)

En ocasiones has referido que la pintura es “el resultado de sepultar infinidad de formas y entidades propias sobre otras, una coreografía del amontonamiento, uno sobre otro, una imagen que anula la anterior y construye la siguiente”. Por eso, sentencias, el proceso es el objetivo (en un primer momento leí, no comprendía, “el proceso es objetivo”).

¿Podrías hablarme de ese viaje no-objetivo de tus imágenes entre lo intencional de la idea expresada y los azares que puedan encontrarse en el camino de la práctica de la pintura?

Yo intentando explicar mi proceso pictórico reflexionaba sobre cuál era el momento en el que empezaba a pintar. En cierta medida, he convenido a entender que es el momento en el que cojo un soporte en blanco, lo imprimo y empiezo a dibujar sobre él, aunque entiendo que esto en sí, el hecho de escoger la tecnología específica, el soporte específico no es una cosa cero, sino que está connotado y que está atravesado por ciertas lógicas que son heredadas, en cierta medida. Pero bueno, convengamos que partimos de que la pintura empieza en el momento en que empezamos un cuadro, en mi caso. Este proceso de empezar cuadro no es otra cosa que la idea de ir sepultando en capa tras capa, diferentes elementos que van apareciendo en la pintura-cuadro y que van desapareciendo durante el proceso.

Esto me llevaba a pensar que, aunque yo tuviera un objetivo para iniciar la obra, al final, este objetivo se veía atravesado y se veía desvirtuado, porque el resultado de la obra iba siendo lo que iba haciendo y lo que me obligaba a hacer sobre lo que había hecho. Es decir, lo que había pintado ahora, era el detonante para lo que voy a pintar en el futuro. Y lo que he pintado en el futuro, es el detonante para lo siguiente. Es decir, una cadena que se va sumando. Al final el cuadro es el resultado de un sándwich de diferentes procesos que se van sepultando uno sobre otro, pero que son absolutamente relevantes, porque, por un lado, si no se hubieran sepultado uno sobre otro, nunca hubiéramos llegado al momento en el que he parado y he decidido que esa pieza está terminada. Y dos, todas esas capas del sándwich acaban vibrando o siendo efervescentes y terminan siendo percibidas en cierta medida. Son como los tambores de Jumanji que están sonando, aunque intentes dejar de jugar, los tambores siguen sonando. Pues un poco en ese sentido de todo un andamiaje que se ha ido construyendo y que nos ha llevado hasta este punto, en el que nada tenía que ver con el objetivo inicial y posiblemente nada tenga que ver con todas las capas que hay atrás.

Francisco Mayor Maestre

Más fuerza que maña, 2022

Óleo sobre tabla

90 x 150cm

PINTAR, COMO UNA DERIVA

Hacer un cuadro, decía Michaux, es como crear un fantasma. Has escrito que “el propio hacer es el motor del hecho; sepultar, borrar, rehacer, es el leitmotiv, el fin, la inspiración si se quiere, de lo siguiente. El proceso es como un reloj de movimiento automático, que se da cuerda a sí mismo con el movimiento de quien lo soporta, una suerte de imágenes (intencionadas y físicas derivadas de la propia materialidad de la pintura y de su aplicación) que aparecen y desaparecen, que provocan y precipitan lo siguiente”. Y leyéndote, también, he pensado que tu mirada tiene algo autotélico, pintura-habla-de-pintura, pues tus cuadros refieren también el lenguaje y pensamiento del arte, incluso su desvío a regiones adversas de dicho expresar o pensar.

La pregunta es tuya: ¿hasta qué punto la materialidad es flexible o si, concluida la imagen final, hemos llegado al final?

Creo que las tecnologías que producen imagen tienden al ensimismamiento. Tienden a pensarse a sí mismas. La pintura igual como de forma muy evidente. Pero yo recuerdo cuando estaba estudiando la carrera, monté un pequeño laboratorio y fotografía en mi habitación y el procedimiento que me acababa fascinando de la fotografía, no era el de obtener una imagen bonita, una imagen correcta, sino todos los pasos que había que dar hasta el momento en el que obtenías algo que no fuera un negro absoluto.

Si cabe, creo que para mí la pintura es irresistible. Precisamente porque esos pasos que se dan para conseguir la imagen, están íntimamente ligados con lo físico por dos motivos: Por un lado, el movimiento, al mover la mano y que quede dibujado un trazo sobre una superficie, es crear un rastro. Tiene que ver con el cuerpo; tiene que ver con crear imagen a través del cuerpo. Y, en segundo lugar, me resulta muy relevante o creo que está íntimamente ligado con lo físico, por la propia materialidad de la pintura. Es decir, la pintura es en el caso del óleo, aceite y pigmento y este aceite y este pigmento tiene una viscosidad, tiene una densidad, tienen un grosor. Este propio hecho de que sea como carne, de que sea como un material cárnico o vegetal, pero el caso, un material que sea grueso, con el que se construye una imagen bidimensional, me parece que es muy atractivo por esta dimensión física de la imagen. No sé hasta qué punto la materialidad es flexible, ni sé si esta materialidad es la que nos determina el momento en que concluimos una obra. Lo que pienso más es que la conclusión de la obra está en el mirar y en el percibir, y no tanto en el hacer.

PERIFERIAS

Desde la mirada hacia la representación, en una doble dirección continuidad y una radical discontinuidad. Tú mismo has observado en ocasiones cómo en el taller pintas diversas obras al tiempo, lo cual coopera en la concentración al rodearte de todo el corpus que sucede en ese tiempo, subrayando lo que llamas “la mirada periférica”.

¿Podrías referirme a ese proceso de trabajo que veo con aire diarista, la crónica de tus días de pintor?

Una vez me preguntaron que cuánto de performativo tenía mi forma de pintar. Yo no lo había pensado hasta el momento, pero me hubiera gustado, en realidad, responder algo más asombroso. Porque al final mi forma de pintar es movimiento sincopado y grandes espacios de silencio. La verdad es que la rutina en el taller para mí es muy relevante. Intento venir todas las horas posibles y me planteo horarios fijos. Cuanto más tiempo estoy, más me conecto con lo que estoy haciendo y viceversa. Normalmente para mí es el inicio lo que me cuesta; llegar al taller.

Suelo empezar con actividades mucho más someras, porque la concentración va in crescendo. Cuantas más horas estoy dedicando a ello - no sólo ante un cuadro, porque voy cambiando varios cuadros - más me conecto. Y al final del día suele ser como el momento en que en el que tomo decisiones más radicales. Por dos motivos: por cansancio, pero también por concentración. Siempre me cuesta un poco desenganchar de lo que estoy haciendo. También para mí es importante estar rodeado en el taller de las pinturas que voy llevando a la vez; de las que están a medias, las que no. Porque las voy viendo como con la periferia del ojo y se contaminan unas a otras. Y esto es importante. También en mi día a día es relevante, por ejemplo, el espacio que hay cuando salgo y cuando llego al taller. Yo vengo con mi perro Limón, estamos como a cuarenta minutos de casa, y ese paseo andando de ida, que es como un momento de ir conectando ya con lo que voy a hacer y esos otros cuarenta minutos de paseo a la vuelta, que es como para despresurizar el cerebro, son importantes para mí. Al final Limón también está aquí en el estudio conmigo y me acompaña todos los días. Y como es un trabajo solitario, es verdad que me ayuda. Y en este sentido, dentro de mi día a día son muy importantes todas las personas que participan de una forma directa. Por ejemplo, mi pareja, brindándome todo el apoyo posible. Tenemos un poco la broma que es la directora logística del taller porque es mi apoyo operativo, creativo, emocional… Y luego también está mi familia que participa de forma directa. Muchas veces vienen a ayudarme a embalar obras, a trabajar en el taller, en procesos más complejos. Entonces todo este corpus es el que conforma poco a poco mi rutina de trabajo.

Francisco Mayor Maestre

El año que aprendí a montar en bicicleta, 2022

Óleo sobre tabla con vitrina de metacrilato

120 x 100cm

CONCLUYENDO: EL ARTE SE RECUERDA A SÍ MISMO

Hemos referido cómo la complejidad de tu obra se encuentra en el lenguaje del arte mas, contemplando ciertas pinturas, también leyendo tu pensar sobre la creación, percibo la instauración de un vacío inicial, como un lugar concentrado del pensamiento. Llegados a este punto, pregunta compartida en este programa de conversaciones con otros creadores.

¿Cómo se encuentra tu obra con lo que se conoce como el sistema del arte: la galería o el museo, la sala de exposiciones, contempladores o críticos? O, como en este caso, ¿la feria de arte?

Bueno, la verdad es que la relación con el sistema del arte siempre es complicada. Es complicada porque la creación es un proceso que tiene que ver con la lentitud, que tiene que ver con la soledad, que tiene que ver con el silencio. Y el sistema del arte, digamos que está atravesado por lógicas de mercado, por lógicas de promoción, de exhibición, de difusión, de venta, de exposición, al fin y al cabo. Digamos que son como mundos que son necesarios el uno para el otro; que están íntimamente unidos pero que en términos absolutos están opuestos. Uno es como el proceso del silencio y de la intimidad y el ostracismo. Y el otro es el proceso de la celebración, de la exhibición, de la muestra.

Para mí, la relación con el sistema del arte pasa por contar con una galería que te apoye y que te promocione. En mi caso, Aurora, que es la directora de la galería Aurora Vigil-Escalera, es la galería que me representa y yo siento que tengo mucha suerte de contar con su ayuda. Al final entiendo que las galerías son figuras que lo que hacen precisamente, es acompañar a los artistas en este proceso y acompañarlos en su relación con el Art System.

Una galería desde el punto de vista y como yo lo vivo con Aurora, es la persona y la institución que como galería custodia mi espacio de silencio. Es la que se encarga a la vez de dar visibilidad, promocionar y brindarme todas las plataformas posibles para poder exhibir y mostrar mi trabajo.


CICLO DE PERFORMANCE. ABIERTO INFINITO: LO QUE EL CUERPO RECUERDA


Art Madrid, comprometida con crear un espacio de enunciación para artistas que trabajan en torno a las artes performativas, presenta Abierto Infinito: Lo que el cuerpo recuerda, una propuesta que se inspira en los planteamientos de Erving Goffman en La presentación de la persona en la vida cotidiana (Amorrortu editores, Buenos Aires, 1997).

La propuesta se inscribe en un marco teórico que dialoga directamente con dichos planteamientos, donde la interacción social se concibe como un escenario de actuaciones cuidadosamente moduladas para influir en la percepción de los demás. Goffman sostiene que los individuos despliegan expresiones verbales e involuntarias para guiar la interpretación de su conducta, sosteniendo roles y fachadas que definen la situación para quienes observan.

En este sentido, las artistas invitadas a la tercera edición del Ciclo de performance, construirán microescenarios donde los gestos, posturas y desplazamientos corporales funcionen como “fachadas” performativas, configurando el marco de percepción y significación para el público. Estas actuaciones dramatizan la experiencia cotidiana, ofreciendo interpretaciones idealizadas o enfatizadas de la relación entre cuerpo, espacio y temporalidades, mientras ciertos elementos —el esfuerzo invisible, las tensiones internas, las contradicciones— quedan parcialmente ocultos, generando capas de sentido y resonancia más profundas.

En consonancia con Goffman, la performance opera sobre la tensión entre la representación idealizada y el esfuerzo real, entre lo visible y lo silente. Las artistas gestionan la información que entregan, seleccionando lo que se muestra y lo que se oculta, y articulando estrategias de presencia que pueden evidenciar o disimular poder, vulnerabilidad, resistencia o intimidad. La idealización, en este contexto, implica la construcción de un lenguaje performativo capaz de resaltar valores, tensiones y posibilidades de relación, exponiendo la densidad poética de lo cotidiano y rompiendo, si se quiere, la barrera de la ausencia de transparencia con la que nos comportamos en la cotidianidad “real”.

El ciclo, aunque concentrado en las nociones de cuerpo ↔ memoria ↔ representación ↔ presencia, aspira a expandir su horizonte, concibiendo la performance como un acto de revelación de vínculos invisibles y tensiones que atraviesan cuerpos, objetos y contextos. En este entramado de muros, stands y pasillos, surgen símiles cuando la Galería de Cristal se transforma en un espejo de experiencias estéticas: un espacio extraartístico invadido por la efímera presencia del arte contemporáneo, como ocurre en el caso de la feria.

El cuerpo, primer territorio de toda representación, antecede a la palabra y al gesto aprendido. En él se inscriben las experiencias humanas, tanto conscientes como inconscientes. Abierto Infinito: Lo que el cuerpo recuerda parte de esa premisa: en la propia existencia habita la representación, y la vida, entendida como una sucesión de representaciones, transforma al cuerpo en un espacio de negociación constante sobre quiénes somos. En ese tránsito, los límites se desdibujan; lo individual se abre a lo colectivo y lo efímero adquiere una dimensión simbólica. Al habitar ese intersticio, la performance revela simultáneamente la fragilidad de la identidad y la fuerza que emerge del encuentro con los otros.


ARTISTAS INVITADAS


COLECTIVO LA BURRA NEGRA (Málaga, 2024)



La Burra Negra es un colectivo nómada de Artes de Acción con sede en Málaga, fundado en 2024 tras su primera residencia en Totalán. Está autogestionado por Ascensión Soto Fernández, Gabriela Feldman de la Rocha, Sasha Camila Falcke, Sara Gema Dominguez Castillo, Sofía Barco Sánchez y Regina Lagos González, seis creadoras de diferentes procedencias y trayectorias que se conocieron en el Hospital de Artistas de La Juan Gallery.

El colectivo reúne profesionales de joyería, pintura, artes escénicas, música, danza, divulgación y gestión cultural. Su actividad incluye la residencia anual en Totalán, la producción de obras performativas, la mediación cultural y la realización de intervenciones en el territorio. Desde su creación ha participado en las Jornadas Periscopio en La Térmica, ha presentado A granel en el MVA de Málaga, ha realizado diversas acciones en Totalán, la más reciente durante su segunda residencia anual y ha formado parte con sus propias propuestas en la performance Desplazamiento del Congreso de los Diputados de Roger Bernat en Madrid.



El Colectivo La Burra Negra presenta en Art Madrid’26 su performance: ALTA FACTURA

El proyecto se inscribe en una investigación performativa que cuestiona los dispositivos de exhibición y las jerarquías de valor que atraviesan la creación artística. A partir del lenguaje textil y del cuerpo como superficie de inscripción, el colectivo examina la tensión entre proceso y resultado, entre oficio y espectáculo, poniendo el foco en aquello que el sistema cultural tiende a ocultar: el tiempo invertido, el desgaste, la fragilidad y el trabajo manual que sostienen toda obra. En este marco, la pasarela de moda aparece como estructura simbólica que condensa brillo, consumo y producto final, convirtiéndose en el punto de partida para su subversión.

Inserta en este contexto, Alta Factura desplaza la mirada hacia las costuras —reales y metafóricas— que habitualmente permanecen en la sombra de los bastidores. A través de piezas textiles conceptuales, la performance expone el rigor del oficio y la vulnerabilidad del artista, transformando la pasarela en un espacio crítico donde el proceso se vuelve protagonista. Al hacer visibles las uniones, los ajustes y las huellas del hacer, la obra reivindica el valor de lo invisible y confronta al espectador con las condiciones materiales y afectivas que sostienen la práctica artística contemporánea.


ROCÍO VALDIVIESO (Tucumán, Argentina, 1994)



Rocío Valdivieso es artista, investigadora y gestora cultural. Doctoranda en Artes en la Universidad Complutense de Madrid. Obtuvo el título de Máster en Investigación en Prácticas Artísticas de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM). Es Licenciada en Artes Plásticas por la Universidad Nacional de Tucumán. Fue becaria de la Fundación Carolina entre 2022 y 2023. Actualmente coordina Errática Laboratorio de procesos y clínica de obra, junto a Romina Casile, en Madrid. Formó parte del Programa PEEPA 2023, en el Centro de Residencias Artísticas de Matadero Madrid, con el acompañamiento de Dora García, Cabello/Carceller e Isabel Marcos. Realizó el Programa de Artistas 2021/22, de la Universidad Torcuato Di Tella, Buenos Aires.

En 2020 realizó el Programa Intensivo de Curaduría de Proyecto PAC, Buenos Aires. Recibió el Premio Fomento a las Artes Visuales de la IV Semana de Artes Visuales del Ente Cultural de Tucumán. Fue becada por AUGM para realizar una estancia de intercambio en UNESP, São Paulo, Brasil. Realizó el programa de Residencia Internacional La Ira de Dios y la Residencia de Acéfala Galería para artistas de Argentina. Entre sus exposicones individuales se encuentran: El orden de las virtudes (2022), pintura plegaria(2021) y Teoría de lo involuntario (2019) en Tucumán, Argentina, y participó de exposiciones colectivas, entre ellas la exposición Aura latente, en Espacio Amazonas; la Jornada de cierre del Programa PEEPA, en Matadero, en Madrid y la exposición Ceder una huella, en Cuenca, España. Participa en diversas instancias de formación desde 2013 y con frecuencia escribe textos que acompañan exposiciones de arte. Fue miembro fundadora y secretaria de la comisión directiva de la Asociación de Trabajadores de las Artes Visuales de Tucumán (TAViT).



Rocío Valdivieso presenta en Art Madrid’26 su performance: OSCURECER UN PAPEL

Oscurecer un papel se enmarca en una serie de acciones en las que la lectura se construye a partir de la repetición, el acto de memorizar y cierto grado de improvisación. De este modo, se configura una lectura no lineal que parte de un texto escrito y se transforma al ser pronunciado en voz alta, desplazando su forma y su sentido en el propio acto de decir. Los textos tienen como punto de partida una investigación en torno a la materialidad, el espacio y las relaciones entre cuerpo y materia, así como la escritura, lo escultórico y la exploración de la voz y la oralidad. El material con el que se construye la pieza es un conjunto de tickets de compra acumulados a lo largo del tiempo. El texto impreso en ellos y la acción de acercarlos a una fuente de calor —provocando la reacción del papel térmico— generan sentidos vinculados a las ideas de consumo, registro y desgaste.


AMANDA GATTI (Porto Alegre, Brasil, 1996)



Amanda Gatti es una artista e investigadora cuya práctica se despliega entre la performance, el video, la fotografía y la instalación. Explora las intersecciones entre cuerpo, objeto y espacio, investigando cómo ocupamos — y somos ocupados por — los espacios que nos rodean. A partir de experiencias de desplazamiento y de la observación de entornos domésticos y urbanos, su trabajo concibe el cuerpo como mediador y archivo, transformando objetos encontrados, disposiciones espaciales y gestos cotidianos en arquitecturas efímeras y situaciones relacionales. Le interesa la relación entre gesto, desplazamiento y arquitectura, así como las formas efímeras que emergen de lo cotidiano. Concibe el cuerpo como mediador y archivo: un lugar donde las experiencias se inscriben y se transforman.

Los objetos, a menudo encontrados o recolectados en contextos urbanos, actúan como extensiones del cuerpo y de la arquitectura, revelando ciclos de abandono, reutilización y transformación. Al incorporarlos a su trabajo, busca abrir diálogos entre lo permanente y lo transitorio, lo público y lo privado, lo real y lo imaginado.

Estudió el Máster en Práctica Escénica y Cultura Visual en el Museo Reina Sofía/UCLM (España, 2023) y el Grado en Producción Audiovisual por la PUCRS (Brasil, 2018), donde recibió becas como la de Santander Universidades. En España, su obra ha sido presentada en instituciones y contextos como el Museo Reina Sofía, la Fundación Antonio Pérez, Galería Nueva, CRUCE y Teatro Pradillo, así como en exposiciones y festivales en Brasil, Alemania, Irlanda, Reino Unido y Estados Unidos. Actualmente reside en Madrid, con bases secundarias en Brasil y el Reino Unido.



Amanda Gatti presenta en Art Madrid’26 su performance: TRAYECTORIA

La performance continúa la investigación que durante años ha venido desarrollando la artista con objetos encontrados en el espacio público: fragmentos obsoletos, restos de uso cotidiano y desechos que, al ser pintados de azul, adquieren una nueva visibilidad y una condición escultórica propia. Estos materiales conforman un archivo que se activa a partir del gesto y del desplazamiento.

En Trayectoria, la artista propone atravesar el pasillo principal de la feria arrastrando un conjunto amplio de estos objetos, enlazados entre sí y atados a los cordones de sus zapatos. El recorrido transforma esta zona de tránsito en un espacio activo, donde cuerpo y materiales generan nuevas formas. Los objetos funcionan como extensiones del cuerpo en movimiento: tensan, desvían, frenan y reconfiguran cada paso. La acción explora la coexistencia entre lo durable y lo efímero, entre aquello que fue descartado y lo que insiste en permanecer. Aborda el tránsito como activación simultánea de lo material y lo inmaterial, proponiendo un encuentro entre el gesto, lo escultórico y todo aquello que continúa acompañándonos incluso después de haber sido dejado atrás.


JIMENA TERCERO (Madrid, 1998)



Jimena Tercero es una artista multidisciplinar cuya práctica, desarrollada a través del video, la performance y la pintura, investiga los límites de la identidad en relación con el cuerpo humano. Su trabajo explora conceptos como la memoria, lo tangible y el juego, profundizando en el dolor subconsciente inscrito en la memoria corporal.

Se forma en pintura con Lola Albín y en fotografía analógica en Cambridge (2014). Entre 2018 y 2020 se especializa en el ámbito audiovisual, formándose como realizadora junto a referentes como el director Víctor Erice y la productora El Deseo. Posteriormente cursa un Máster en Dirección Creativa en ELISAVA y desarrolla su práctica performativa en La Juan Gallery. En 2011 forma parte del jurado infantil del Festival de Cine de Isfahán (Irán).

Dirige piezas como Private (2016) y Paranoid (2021), presentadas en Galería Aspa Contemporary, donde aborda el dolor subconsciente alojado en la memoria corporal. Continúa esta línea de investigación en obras como Yo mi me conmigo (2023), presentada en Teatros del Canal; Inside Voices (2021), filmada en Conde Duque con la asesoría de Itziar Okariz; y La última regla, en La Juan Gallery. Ha participado en residencias como Medialab, junto a Niño de Elche y Miguel Álvarez Fernández (2021), donde investiga el trabajo con la voz, y en La Juan Gallery (2024–2025). En 2025 forma parte del jurado especial del Asian Film Fest de Barcelona y participa en la residencia artística International Cultural Museum of Assilah (Marruecos). En 2026 estrena el documental "Contando Ovejas", retrato de dos pastores en Majadahonda que reflexiona sobre la memoria rural y su vínculo con el territorio y el tiempo.



Jimena Tercero presenta en Art Madrid’26 su performance: OFF LINE

OFF LINE, es una pieza performativa que busca reflexionar sobre cómo la era digital está transformando la relación del cuerpo con el mundo y con los demás. La interacción se construye cada vez más a través de pantallas e interfaces, y la identidad se desplaza hacia lo virtual, subordinando la experiencia física a la representación digital. En este contexto, el cuerpo se vuelve frágil: pierde densidad, memoria y presencia activa, y se convierte en soporte de información o imagen.

La hiperconectividad y la atención fragmentada generan una corporalidad cada vez más inerte, caracterizada por la disminución del movimiento espontáneo y la reducción de la interacción sensorial directa. Esto plantea preguntas fundamentales: ¿cómo se redefine la presencia cuando la relación con el mundo depende de mediaciones tecnológicas? ¿Qué sucederá con la experiencia del cuerpo en un futuro donde la virtualidad predomina sobre lo físico?

Se observa un riesgo de progresiva pasividad corporal: cuerpos que permanecen quietos, cuya actividad está determinada por dispositivos, y cuya memoria se externaliza en registros digitales. La fragmentación de la experiencia física y la primacía de la representación tecnológica generan un escenario donde el cuerpo, aunque visible, está desplazado de su función original como agente de percepción y acción. Este marco conceptual invita a reflexionar sobre cómo la digitalización afecta la corporeidad, la memoria y las relaciones sociales, y sobre la vulnerabilidad y la inercia que atraviesan los cuerpos en entornos cada vez más mediatizados por la tecnología.


PERFORMANCES:


Miércoles 4 de marzo | 19:00h. Colectivo La Burra negra. Performance: Alta Factura


Jueves 5 de marzo | 19:00h. Rocío Valdivieso. Performance: Oscurecer un papel


Viernes 6 de marzo | 19:00h. Amanda Gatti. Performance: Trayectoria


Sábado 7 de marzo | 19:00h. Jimena Tercero. Performance: OFF LINE


Art Madrid celebra su veintiuna edición, consolidándose como una plataforma de visibilidad y diálogo para galerías y artistas nacionales e internacionales durante la Semana del Arte de Madrid. En este contexto, la feria renueva su compromiso con la experimentación y con la inclusión de prácticas artísticas que desafían los formatos convencionales del mercado del arte. La integración del Ciclo de Performance —en su tercera edición— responde a esta voluntad institucional de generar un espacio que favorezca la producción de experiencias artísticas vivas. La Galería de Cristal del Palacio de Cibeles, sede de la feria, se convierte así en un entorno idóneo donde la arquitectura y la dinámica propia del evento potencian el carácter efímero y relacional de la performance.

Con esta iniciativa, Art Madrid reafirma su papel como agente activo en la construcción de un ecosistema artístico plural, apostando por la presencia, la investigación y el diálogo como ejes fundamentales del arte contemporáneo.