Art Madrid'26 – FRIDA KAHLO Y SU ESTÉTICA VINTAGE

Prótesis 1953. Foto: Miguel Tovar

 

 

Frida Kahlo, la musa feminista del S.XX. Su vida intensa y desafortunada contrasta con la energía y expresividad de su obra. La catalogaron como una artista surrealista pero ni ella misma se ponía etiquetas. Consiguió otorgar al gran Diego Rivera el apelativo de “el marido de…” Esta musa atemporal sigue dando mucho que hablar 62 años después de su muerte. Su estilo personal es un referente en la cultura popular y el Museo Frida Kahlo ha aprovechado esta estética tan característica para rendirle homenaje.

 

 

Vista de la sala 2. Foto: Miguel Tovar

 

 

La exposición “Las apariencias engañan: los vestidos de Frida Kahlo” es la primera muestra expuesta en el museo de la artista sobre su guardarropa . Con esta nueva interpretación, su comisaria Circe Henestrosa Conoan, ha querido hacer partícipe al visitante de toda la fuerza del estilismo más mexicano. El vestuario, descubierto en 2004 en el baño de la artista, explora su identidad y fomenta el imaginario visual de la indumentaria tradicional. 

 

Dicha exposición ha reabierto el debate de la moda contemporánea ya que dichos ropajes han inspirado a los grandes diseñadores del panorama de la moda más actual. Algunos de ellos son Ricardo Tisci o Jean Paul Gaultier. este último estrenó una colección inspirada en ella en el año 1998 titulada “Homage a Frida Kahlo”

 

 

Dai Rees. Foto: Miguel Tovar

 

 

Las convicciones políticas y culturales de Frida siempre han estado en el punto de mira, su impulso a la revolución y su implicación en la difusión de la cultura mexicana son un referente. Dicha exposición, hace un guiño a la tradición y a la discapacidad, los sitúa como pilares que aposentaron la nueva base de la cultura popular y ensalzaron la figura de la artista. No solo se puede conocer a la Frida revolucionaria, sino que nos acerca a una Frida más humana pudiendo admirar su objetos personales y más característicos.

 

 

Givenchy. Foto: Miguel Tovar

 

 

La búsqueda de su identidad se remarca con la historia tetuhana que mostraba con sus atuendo diarios. La fuerza y el impulso son los nutrientes y el arte su palabra. La influencia que ha conseguido solo se puede explicar con estos pequeños regalos que nos ha dejado a todos aquellos que nos declaramos fervientes seguidores. Podéis disfrutar de la exposición hasta finales de 2016 en el Museo que lleva su nombre en México, si estáis por la zona no desaprovechéis esta oportunidad. 

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.