IMÁGENES ESPECTRALES Y FRENESÍ URBANO EN LA OBRA DE EAMONN DOYLE

En un mundo tan diverso y lleno de posibilidades como el nuestro, no es extraño que los artistas exploren distintas disciplinas y salten de una especialidad a otra en función del lenguage que más se adapta a sus necesidades expresivas en cada momento. Así ha sido la historia de Eamonn Doyle, a quien la Fundación Mapfre dedica una exposición que recoge lo más destacado de su corta pero brillante trayectoria como fotógrafo.

Eamonn Doyle, ON (series) nº 1, 2014 © Eamonn Doyle, cortesía de Michael Hoppen Gallery

Eamonn Doyle inició su carrera en el mundo del arte con sus estudios de pintura y posteriormente de fotografía, entre 1987 y 1991. No obstante, tras unos viajes iniciales en que intentó desarrollarse como fotógrafo de reportajes, en 1994 abandonó la cámara y se dedicó por completo a la música. Durante veinte años trabajó como editor y promotor musical, lo que le llevó a recorrer gran parte del mundo mientras organizaba festivales o grababa discos. Pero hace seis años, decidió retomar la fotografía, convirtiéndose en tiempo récord en uno de los fotógrafos contemporáneos de mayor reconocimiento.

Su carrera anterior, no obstante, tiene un importante influjo en su obra. Los movimientos culturales de las últimas décadas, que discurren de forma paralela a la música, junto con su pasión por la literatura, salen a la luz en sus imágenes de forma evidente. En este contexto, su ciudad natal, Dublín, gana una presencia especial, dejando traslucir su vida urbana y el pulso de las nuevas generaciones empapadas del contexto sociopolítico del momento.

Eamonn Doyle, "Untitled 28", 2013, © Eamonn Doyle, cortesía de Michael Hoppen Gallery

Uno de sus trabajos más conocidos es la “trilogía de Dublín”, con las series i, ON y End. A estas se suma otro proyecto célebre: K, centrado en imágenes espectrales que el fotógrafo tomó en Irlanda y en España. Su trabajo se caracteriza por la ambientación urbana en encuadres apurados que fuerzan el punto de vista del espectador. La ausencia de cortes rectos, la abundancia de ángulos y recortes en perspectiva transmiten una constante sensación de actividad y movimiento.

Ese mismo movimiento está presente en la serie K, donde el viento aparece para agitar los tejidos y ocultar las figuras. Este juego de ocultación atrapa las figuras con movimientos envolventes, que generan por igual desconcierto y angustia. Se advierte cierto mensaje surrealista en estas imágenes, con formas antropomorfas sin rostro sobre fondos inertes de fuerte contraste.

Eamonn Doyle, “K-20”, 2017

Igualmente, hay que destacar la constante presencia de la música en el trabajo del fotógrafo. La exposición en la Sala Bárbara de Braganza alberga también una pieza de vídeo titulada “Made in Dublin”, en la que el sonido juega un papel importantísimo. Doyle ha seguido colaborando de forma regular con el compositor David Donohoe, cuyas piezas son parte integrante de muchos de sus trabajos como la serie K o sus videocreaciones.

Sala Bárbara de Braganza (Fundación Mapfre): del 12 de septiembre al 26 de enero.

 

Los diversos alzamientos, manifestaciones, reclamos públicos e iniciativas que reivindican una igualdad real entre mujeres y hombres en nuestra sociedad ha dado paso a la ya denominada “Cuarta ola” del movimiento feminista. Estamos protagonizando un período histórico que exige que los derechos de las mujeres vuelvan a estar sobre la mesa de la agenda social y política para saldar una deuda aún pendiente sobre la tan necesaria paridad. Y en este contexto, cobran vital importancia las propuestas que quieren redimir el vacío histórico al que muchas mujeres se han visto abocadas.

Varvara Fedorovna Stepanova, “Jugadores de billar”, 1920, © VEGAP, Madrid (foto vía museothyssen.org)

Hasta cierto punto, este empeño por destacar los distintos roles profesionales que numerosas mujeres han desarrollado a lo largo de la historia constituye un esfuerzo titánico. Debemos tener presente que este olvido no se debe solo a una tendencia por ocultarlas y relegarlas siguiendo los dictados del pensamiento patriarcal dominante en cada momento, sino también a una realidad fáctica, como es la escased de mujeres que pudieron abrirse camino en cada etapa histórica y destacar en su campo en unas circunstancias adversas para ello. Sin lugar a dudas, habría habido muchos más ejemplos si el contexto hubiera sido propicio. Pensemos en que la población mundial se divide a partes iguales entre ambos genéros. Visto así, a lo largo de estos siglos, nuestro conocimiento colectivo, nuestro progreso y la evolución de nuestra propia historia se ha visto privada de las contribuciones venidas de una mitad de la sociedad.

Como decíamos, vivimos una etapa en la que los proyectos que rescatan a personajes femeninos relevantes en sus respectivas especialidades están en plena efervescencia. El objetivo de estas iniciativas no es, claro está, cambiar el pasado, sino abrir nuevos caminos hacia el futuro. El cuestionarse nuestra ubicación en esta senda hacia la igualdad es reflejo de una sociedad global que ha madurado y que se atreve a dar pasos de gigante en esta dirección. La autocrítica y la voluntad de enmienda implican un ejercicio previo de reflexión y análisis. Así, ensalzar el trabajo de mujeres que fueron pioneras en su campo da cuenta de que la historia no siempre ha sido como nos la han contado, pero, sobre todo, proporciona modelos y ejemplos que pueden inspirar a las mujeres (y a la sociedad) del futuro para encarar su desarrollo personal y profesional con la certidumbre de que no tendrán obstáculos por el hecho de ser mujeres.

Viera Sparza (Mª Dolores Esparza Pérez de Petinto), Virginia, 1956, (foto vía museo.abc.es)

Las grandes instituciones también se suman a esta tendencia. El Museo del Prado inaugurará el próximo día 22 una de las exposiciones más esperadas del año dedicada a dos grandes mujeres de la pintura que prácticamente pasaron inadvertidas para la historia del arte. Sofonisba Anguissola (ca. 1535-1625) y Lavinia Fontana (1552-1614) fueron dos artistas sobresalientes que pudieron dedicarse por completo a su pasión pese a vivir en un entorno adverso que priorizaba el trabajo masculino. Esta muestra reúne por primera vez 60 obras de estas dos autoras y será una ocasión única para acercarse a conocer su legado. Aunque la relevancia que alcanzaron en su época, incluso en vida, se fue desdibujando con los años, en los últimos tiempos se ha despertado un enorme interés por su trabajo, tanto para investigadores, estudiosos y expertos como para el público general. Y esto es así porque estas creadoras rompieron moldes, desmontaron estereotipos y cuestionaron algunas de las máximas largamente defendidas por la sociedad del momento sobre la inferior calidad del trabajo femenino en las disciplinas artísticas.

Por su parte, el Museo ABC de la Ilustración clausuró el mes pasado su exposición “Dibujantas”, en la que sacaban a la luz el trabajo de 40 mujeres ilustradoras que colaboraron en publicaciones desde finales del s. XIX y que, sin embargo, permanecieron en el anonimato en numerosas ocasiones. El Museo Thyssen-Bornemisza también contribuyó a esta línea con una exposición dedicada a las mujeres de la vanguardia rusa, bajo el título “Pioneras”, y que tuvo lugar de marzo a junio de este año.

Sofonisba Anguissola, “Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II”, 1561 - 1565 (foto vía museodelprado.es)

Estas propuestas cumplen una misión ejemplarizante y pedagógica, con un discurso en pro de la igualdad elaborado desde la posición de influencia que muchas de estas instituciones tienen, sirviendo de modelo para muchos. Sin lugar a dudas, estamos en la senda correcta, caminado hacia un equilibrio en todos los ámbitos de la sociedad, y esto no es predicable solo del arte, sino de cualquier otro sector de actividad.