Galería BAT alberto cornejo en Art Madrid\'15

Vista de Madrid. Leticia Felgueroso.

 

La galería Bat Alberto Cornejo es una espacio con más de 25 años de dedicación profesional en el sector del arte contemporáneo. Con una clara apuesta por la calidad de las obras y la selección de sus artistas, esta galería cuenta con un espacio magnífico en el que se acogen piezas de todas las disciplinas, desde escultura, a fotografía, dibujo, pintura y obra gráfica. Bat se dedica esencialmente a la promoción, edición y exhibición nacional e internacional de de artistas contemporáneos y en este empeño a acudido a numerosas ferias de arte dentro y fuera de nuestras fronteras, como ARCO, Art'Basel, Art Chicago, Estampa, Saga, Arte Lisboa, Arte Santander y Art Madrid.

 

House XVI. Rubén Martín de Lucas.

 

En el ejercicio de la profesión de galerista, Bat ha hecho siempre gala de un sentido especial a la hora de contactar con nuevos creadores, con artistas emergentes con una trayectoria prometedora. En este proceso de búsqueda es imprescindible entablar una relación de proximidad y cercanía con los artistas y con su obra, como explica el propio Alberto: “Lo primero que se activa es el corazón, tienes que enamorarte literalmente de las obras de un artista. Con los años el galerista desarrolla un olfato especial que le da pistas. Indudablemente es imprescindible compaginar el corazón con el intelecto y apostar siempre por el trabajo ejecutado con sensibilidad, inteligencia, calidad, y rigor artístico.”

 

House XVII. Rubén Martín de Lucas.

 

La propuesta de Bat para Art Madrid’15 viene cargada de clásicos consagrados y de nuevos descubrimientos: Carmen Pastrana, Pepe Puntas, Gustavo Díaz Sosa, Pablo Lambertos, Leticia Felgueroso, Carlos Alberts, Rubén Martín de Lucas, Diego Canogar, José Ramón Lozano y Xurxo Gómez-Chao.

Destaca el trabajo de Rubén Martín de Lucas. La trayectoria profesional de este madrileño dio un giro sorprendente cuando después de haber iniciado sus estudios de ingeniería de caminos decide dejarlo todo para dedicarse por completo al arte. Esta inmersión creativa, que despunta en 2002, le ha llevado a ser un artista prolífico y a compaginar su producción individual con la participación activa en otros colectivos artísticos. Entre ellos cabe mencionar a Boa Mistura, grupo de creadores caracterizado por sus intervenciones en el entorno urbano y sus estudiados y efectistas juegos de perspectivas, de grandes dimensiones y espectacular impacto visual. Rubén trae a Art Madrid un conjunto de piezas de paisajes oníricos, con un claro referente real, pero cargados de un peso colorista que los dota de un valor trascendente y surrealista.

 

De la serie Burócratas y Padrinos. Gustavo Díaz Sosa.

 

Otro joven artista es Gustavo Díaz Sosa, nacido en Sagua la Grande, Cuba. Inició una carrera como docente en la propia Academia Nacional de Bellas Artes de “San Alejandro”, donde había estudiado, antes de decidirse a proyectar su carrera profesional en España. Llega a nuestro país en 2004 después de obtener la beca Arteleku para una residencia artística en San Sebastián, y cuatro años más tarde decide instalarse en la capital. La obra de este creador tiene la peculiaridad de estar a medio camino entre un boceto de trabajo y una pieza acabada. La ligereza de sus trazos contagia rapidez y frescura, y en parte consiguen transmitir la sensación íntima del proceso creativo, como si el autor hubiese sido interrumpido en ese preciso instante. Entre los motivos escogidos para sus creaciones, Gustavo no esquiva su voluntad crítica del entorno social en el que vive y en muchas ocasiones los temas remiten a los grandes universales del hombre y la relación con el poder y el dinero.

 

 

Hace apenas unos días se publicó el ranking de los museos más visitados del mundo en 2018. Una vez más, el Louvre ocupaba la primera posición, y también con gran satisfacción veíamos que el Reina Sofía se mantenía entre los 20 primeros un año más. En el panorama mundial, los museos europeos tienen un peso considerable, con 9 instituciones situadas en los primeros 20 puestos. En conjunto, las cifras reflejan un aumento del 15% en el número de visitantes, lo que demuestra el creciente interés del público por acceder a estas grandes colecciones.

Visitantes ante la "Mona lisa" en el Louvre en París. Foto: Pedro Fiuza/NurPhoto — Sipa, (vía Associated Press nytimes.com)

No obstante, estos datos no son tan halagüeños como pudiera parecer. A pesar de las dimensiones de estos enormes museos, el volumen de visitantes es tal que el disfrute de las obras se resiente y las labores de mantenimiento son cada vez más exigentes. El pasado 27 de mayo, el Louvre se vio obligado a cerrar sus puertas por una huelga convocada por los vigilantes de sala en protesta por la falta de recursos ante esta crecida de las visitas. Los pasillos se hacen intransitables y las obras se pierden tras un parapeto de brazos alzados, smartphone en mano, para sacarse la foto de recuerdo entre hordas de turistas. Este museo, en concreto, superó los 10 millones de visitantes el pasado año, lo que supuso un aumento del 25% con respecto al año anterior.

Este fenómeno no es ajeno al boom que está sufriendo el turismo en los últimos años. No solo viajar se ha hecho más asequible, sino que se ha convertido en un punto más en la lista de “cosas que hacer en la vida” para los que transitamos por el siglo XXI. El enorme abanico de posibilidades que nos brinda la actualidad choca con la necesidad de adoptar medidas de protección del patrimonio cultural y de la propia vida. Al mismo tiempo, es necesario luchar contra el poder de atracción de algunos lugares especialmente demandados, algo que repercute negativamente en la sostenibilidad de su estilo de vida y afecta al carácter estacionario de su economía. Se habla hoy mucho de turismo sostenible, y parece que se dice a la ligera, pero los desplazamientos de la gente y la expansión de los hábitos de consumo capitalista tienen un impacto directo en el medioambiente y en la conservación de los monumentos.

'Dalí', la exposición más visitada de Europa, por: Miguel Ángel García Vega (vía blogs.elpais.com)

No estamos ante un problema de solución fácil. El turismo es uno de los principales motores de la economía para muchos países. Algunas instituciones carecen de inyección de fondos públicos y deben mantenerse íntegramente con sus ingresos, obtenidos en muchas ocasiones de la venta de entradas. Algunos museos, como el Prado, tratan de establecer una política que permita seguir disfrutando del recorrido a los visitantes y tiene prohibido sacar fotografías con el móvil en las salas. Los motivos para tomar esta medida son múltiples, y para que nadie pueda quejarse (porque hay quienes se quejan), se ha procedido a la digitalización de las grandes obras de la colección con imágenes de alta definición accesibles en la página web oficial.

Estos datos ponen de manifiesto que el sector cultural no es ajeno a los grandes movimientos de tendencia que prescriben la obligatoriedad de visitar determinados centros, pasar por ciertos sitios y sacarse la foto de rigor para compartirla en las redes sociales. Es positivo que el arte pueda ser “trendy”, pero no lo es si esta moda conlleva el deterioro de la experiencia del museo, un falso conocimiento de lo que se está viendo, el secuestro de ciertas instituciones frente a otras del entorno próximo que siguen vacías, y la estandarización de los museos como consecuencia de la globalización. En el debate sobre el futuro de estas instituciones en el siglo XXI, que tuvo lugar en París en enero de 2018 y al que acudieron los directores de los principales museos del mundo, Bernard Blistène, director del Centro Pompidou, declaró: “un museo no debe tender hacia una colección ideal que no existe, sino construirse a partir de su singularidad. Sería ridículo ver cómo los museos se homogenizan para responder a una definición que, en realidad, deberíamos deconstruir: la del arte moderno. Tenemos que repensar el modelo inicial”.

Andy Stalman, “Louvre” (vía tendencias21.net)

Los retos del futuro para estos centros no pasan solo por la necesidad de hacer frente a su actividad con presupuestos cada vez más ajustados, sino también al cumplimiento de una misión social y cultural que afecta al conjunto de la sociedad mundial. Y en el trabajo hacia esos objetivos, cuestiones como la sostenibilidad y el equilibrio en el volumen de visitantes, son clave. Algunas voces apuntan que conviene fomentar la descentralización, abriendo filiales de los principales museos en otros lugares del mundo, como es el caso del Louvre, por mencionar un ejemplo cercano, que pronto inaugurará su centro de Abu Dabi. Pero estas soluciones son en realidad un ejemplo claro del impacto de la globalización y cómo alcanza también al sector del arte. El turismo de masas (y su consumo cultural) está tan íntimamente vinculado a este fenómeno que las estadísticas parecen arrojar resultados contradictorios.

Museo historia natural Londres. Foto: Son of Groucho (de Flickr, vía waitamoment.co.uk)

Volviendo al Prado, con sus casi constantes 3 millones de visitas en los últimos años, una encuesta lanzada a principios de este año para sondear los hábitos de los españoles indica que solo el 5,7% de los encuestados visitaron el museo en el último año, que un 37,5% no lo han visitado nunca y un 16% no tiene interés alguno en hacerlo. Sabemos que las estadísticas son eso, estadísticas, pero los datos nos aproximan a una realidad que parece pasar desapercibida. En este boom por acudir a los grandes museos, los visitantes nacionales son los menos interesados en disfrutar de estas instituciones. Y este puede ser el motivo que explique por qué las grandes pinacotecas están abarrotadas, y los museos más modestos, igualmente interesantes, se mantienen vacíos. Quizás una de las principales líneas de trabajo sea seguir educando en arte y cultura para despertar el interés de los ciudadanos por acercarse al arte que tienen más cerca y a su alcance, al tiempo que se canalizan otras formas de financiación para los museos que garanticen su sostenibilidad sin tener que depender tanto del volumen de visitas.