Art Madrid'26 – NH Galería en Art Madrid\'15

La telaraña mágica. Álvaro Barrios.

 

NH Galería acaba de cumplir en enero cuatro años de vida. Esta galería joven, establecida en Cartagena de Indias, Colombia, ha procurado desde el principio promocionar a artistas de todos los orígenes, no sólo a los colombianos, mostrando un amplio espectro del arte contemporáneo actual con obras de todas las disciplinas artísticas. NH cuenta además con otra sede en Nueva York. Los espacios se sitúan en lugares privilegiados de ambas ciudades y las dos ubicaciones resultan propicias para el diseño de una estrategia de intercambio cultural en el eje norte-sur del continente americano.

La galería siempre ha procurado hacer una promoción efectiva de sus artistas mediante colaboraciones con otras instituciones culturales y del mundo del arte, que se han convertido en exposiciones monográficas organizadas en espacios como el Museo de Arte de Las Américas, Centro de Formación de la Cooperación Española en Cartagena o el Museo de Arte Moderno de Barranquilla.

 

Prey. Natalia Arias.

 

La directora de la galería, Sara Angel, trae a Art Madrid’15 una propuesta en la que destaca el arte hecho por mujeres con obra de Niki de Saint Phalle , Alvaro Barrios , Julie Hedrick , Valerie Hird , Ruby Rumie , Natalia Arias y Francisca Sutil.

Les trois graces. Niki de Saint Phalle.

 

Niki de Saint Phalle (1930−2000) es una de las creadoras más influyentes de la segunda mitad del siglo XX.

Esta artista francoamericana recibió una educación acorde con los códigos sociales de la clase alta neoyorquina. Sin embargo, su peculiar visión del mundo, su rebeldía y su creatividad se unieron para que no siguiera el guión que estaba ya escrito para ella. Niki de Saint Phalle es una artista autodidacta a la que se ha definido como feminista, radical y política.

En París se vincula a los Nuevos Realistas en la década de 1960, cuando realiza su serie de Pinturas tiroteo, y desde ese momento utiliza los medios de comunicación, al igual que Andy Warhol, para consolidar su imagen pública. Su trayectoria incluye numerosos proyectos de arte público, entre los que están El Jardín del Tarot, en la Toscana, o La fuente Stravinsky, en París. También realiza cine experimental y escenografías para ballet pero, sobre todo, llega al gran público con el desarrollo de sus Nanas, enormes esculturas que revolucionan la representación de la mujer en el arte. El museo Guggenheim le dedica una exposición del 27 de febrero al 11 de junio en su sede de Bilbao.

Vasija coronada. Ruby Rumié.

 

Nacida en Cartagena de Indias (1958), Ruby Rumié ( http://www.art-madrid.com/artista-participante-am15/ruby-rumie )  estudió en la Escuela de Bellas Artes de Cartagena de Indias. Desde su primera exposición (1985) en Cartagena, en la que estuvo claramente influenciada por el hiperrealismo, Ruby se preocupó por plasmar el rostro de los personajes propios del paisaje cartagenero, siendo entonces los cocheros, músicos, barberos, niños, mujeres, viejos y negros nobles, los protagonistas de retratos elaborados minuciosamente. Los ensamblajes con muñecas y accesorios de tipo geométrico, ha sido otra de las etapas por las que ha ido conduciéndose la vida artística de esta mujer a la que también le interesó el empleo de la técnica del acrílico, como característica sobresaliente en algunas de sus creaciones.

Se puede hablar entonces de una evolución en la que Ruby ha tomado como punto de partida lo clásico para llegar a presentaciones alternativas en las que logra involucrar, la pintura, la fotografía y demás técnicas que dan cuenta su cambio de perspectiva. Ha realizado importantes exposiciones en Colombia: Bogotá, Barranquilla, Cartagena; Santiago de Chile; Miami; Nueva York; Washington; Rouen; París. Rumié participó recientemente en la sección internacional de la Primera Bienal de Arte Contemporáneo de Cartagena de Indias. Actualmente vive y trabaja entre Cartagena en Colombia y Santiago de Chile.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.