LAS GALERISTAS, MUJERES DEL ARTE EN ART MADRID’18

Nuria Formentí, “A veces ando por las nubes”, técnica mixta.

 

 

 

Aunque las estadísticas siguen hablando de una visibilidad mínima de las mujeres artistas y de un protagonismo espúreo en los sectores capitales del mundo del arte (y no nos salvamos ninguna de las ferias ni de las principales instituciones y museos... ), las mujeres del arte están saliendo de la influencia de la alargada sombra del ciprés y hacen lo que vienen haciendo desde hace siglos: ser fieles a sus principios. En Art Madrid´18 tenemos la suerte de trabajar desde hace años con grandes profesionales que han luchado por hacerse un hueco en el sector de sus respectivas ciudades, galeristas mujeres que apuestan por la calidad, por las relaciones estrechas y largas con sus artistas y por la intuición.


La galería Marita Segovia, de Madrid, abrió sus puertas en el año 2004 y, de manera ininterrumpida, ha participado en ferias nacionales e internacionales consolidándose como un espacio dinámico, ecléctico y con una interesante labor de comisariado. La galería trabaja con artistas nacionales y extranjeros de corta y larga trayectoria y con obra de todas las disciplinas, de la pintura a la fotografía, la video-creación etc… Marita Segovia presenta en Art Madrid 18 una propuesta mixta (2 artistas hombres y 2 mujeres) compuesta por Joaquim Chancho, Angela Glajcar, Hernández Pijuan y Dominica Sánchez.

 

 

Angela Glajcar, “Terforation 007”, papel 200g roto y soporte de metal y plástico, 2017.

 

 

 

Angela Glajcar es una escultora alemana que trabaja el plástico y el papel y crea obras que juegan con el espacio existente entre el material y el vacío. Perfora conjuntos de láminas de papel creando una fuerte presencia escultórica que flota libremente en el espacio o se apoya sobre el plano. Durante los últimos años ha recibido numerosos reconocimientos, como ZONTA Art Prize, Phoenix Art Prize y Regionale 2010 Wilhelm-Hack-Museum.


Dominica Sánchez, por su parte, usa la pintura para llegar a una observación más íntima del mundo natural, a establecer un diálogo entre lo frágil y efímero y la musculatura del volumen. Sánchez lleva largos años perfeccionando este lenguaje pictórico, cuya sencillez no choca con la profundidad de las emociones que los dibujos conllevan, no son solo esbozos para sus esculturas, sino obras propiamente independientes.


De Valencia viene la galería Alba Cabrera, dirigida por Graciela Devincenzi D’Amico que se dedica desde sus orígenes a promocionar a jóvenes valores y artistas consagrados a los que dedica fantásticas exposiciones monográficas y muestra su trabajo en ferias de todo el mundo. También propone un tandem igualitario en la feria de febrero con trabajos de Cristina Alabau, Nanda Botella, Calo Carratalá y José Juan Gimeno.

 

 

 

Cristina Alabau, “Espacio interior”, acuarela y collage, 2017.

 

 

 

Cristina Alabau nada entre lo figurativo natural y la abstracción con la luz como principal protagonista de sus lienzos, la que aporta la poética, la emoción, la intimidad y ese tono casi meditativo que recuerda a las filosofías orientales, a la contemplación y el retiro.  Su obra podemos verla en el Museo de Villafamés, el Ministerio de Cultura español, el Palau de Valencia o la Universidad Politécnica de Valencia.


Nanda Botella es, sin duda, más matérica, en sus pinturas y collages combina el signo y el garabato, la escritura y la mancha de color, lo textual y aquello que está cosido. Las suyas son piezas vertebradas, reticulares, cuya estética puede entenderse como un collage de recuerdos y sueños en los que se mezclan fragmentos de tela, mensajes escritos y que evolucionan de cuadros a instalaciones, más luminosas y experimentales.


En Oviedo, Arancha Osoro dirige un espacio de arte en pleno centro de la ciudad que se ha convertido en una referencia para los coleccionistas y aficionados al arte locales. Centrada exclusivamente en arte contemporáneo y emergente, apuestan por un arte auténtico y personal que no tiene nada que ver con las corrientes mercantilistas que mueven el sector artístico y se acercan a sus clientes con una oferta de futuro, fresca e innovadora, trabajando estrechamente con cada artista, ayudándoles en su carrera para consolidar su estilo propio. Los artistas participantes en Art Madrid’18 de esta galería son Nuria Formenti, Jezabel, Kiko Miyares, Luis Parades y Roberto Rodríguez.

 

 

 

Jezabel Rodríguez, S.T., acrílico sobre tela, 2017.

 

 

 

La artista Nuria Formentí nació en Gijón pero ha vivido en diferentes países como Panamá, Estados Unidos, Reino Unido, Suiza aunque fué Colombia, en concreto Cartagena de Indias, la ciudad que le dejó una profunda huella y en la que, en 1999 comenzó a pintar. Su obra, esencialmente en papel, en acuarela, grafito y tinta, se ha descrito a menudo como realismo mágico porque sus dibujos y manchas tienen algo de narración y de ensueño. Arte pictórico y palabra se mezclan en sus papeles, lo que recuerda la primera vocación como escritora de esta artista.


Jezabel Rodríguez pinta recuerdos. En sus cuadros, la materia es una materia huidiza, transparente, casi un fantasma de objeto, de bodegón, una sombra de presencia… Formada en diversas disciplinas como escultura, pintura y cerámica, sus pinturas, de un blanco purísimo tienen volúmenes frágiles como piezas recién sacadas del horno. En el 2016, participa en la exposición en el museo de Bellas Artes de Asturias ”Arte Contemporáneo en el Museo de Bellas Artes de Asturias, últimas generaciones” , es tercer premio en el Certamen de Casimiro Baragaña  y accésit en el  XXI Certamen de Pintura Nicanor Piñole.

 

 

Juan Genovés, “Abaco”, Gliclee-papel Hahnemuhle Photo, 2016.

 

 

 

De Asturias también, de Gijón en esta ocasión, viene una de las galeristas fieles a Art Madrid, Aurora Vigil-Escalera que dirige nuevo espacio como continuidad a sus treinta años de profesión, iniciados en 1984, como socia de la Galería Van Dyck de la mano de sus padres Alberto Vigil-Escalera y Ángeles Pérez. Arte consagrado, artistas de larga y media trayectoria que se actualizan en función de las inquietudes de su directora, de sus descubrimientos y de los propios cambios en el sector del arte, en definitiva, experiencia y calidad son las señas de identidad de esta galería, visita imprescindible para muchos coleccionistas. Los artistas con los que participa en Art Madrid’18 son Pablo Armesto, Gorka García, Juan Genovés, Pablo Genovés, Rafa Macarrón, Chema Madoz, Ismael Lagares, David Rodríguez Caballero y Santiago Picatoste. Una cartera imponente.


Y más novedades, porque el nuevo proyecto de la Galería de Arte gallega Luisa Pita nace como una continuidad de la actividad que la Galería Bus Station Space, fundada y dirigida por ella misma, venía desarrollando en Santiago de Compostela desde el año 2012. Enfocado ahora como un proyecto cultural más ambicioso, con un significado propio y más personal, este nuevo espacio expositivo quiere ser un punto de encuentro para el arte entre artistas de reconocido prestigio y emergentes. Trabaja, entre otras artistas, con Yolanda Dorda (un verdadero descubrimiento en la pasada edición de Art Madrid), con Rebeca Plana y con Maria José Gallardo (otra de las favoritas el año pasado en la feria). Para Art Madrid´18 ha seleccionado obras de Arturo Álvarez, Pierre Louis Geldenhuys y Christian Villamide.

 

 

 

Lino Lago, “Rojo”, óleo sobre lino, 2017.

 

 

 

Acabamos con otra galería gallega, la galería Moret Art de A Coruña, dirigida por Nuria Blanco y con un equipo de profesionales especializados en el mercado del arte contemporáneo comprometidos con el arte emergente. Moret Art emplea cuantos recursos se han ido incorporando al sector en los últimos años, apoyos documentales, actividades didácticas, encuentros artísticos, recursos tecnológicos diseñados en torno al proyecto expositivo… Todo para acercar el arte, en todas sus formas, a un público cada vez más amplio y variado. Moret Art también realiza proyectos de consultoría vinculados a la tasación y catalogación de obras de arte y antigüedades. Con gusto por la fotografía y por el nuevo realismo, vienen a Art Madrid’18 con obras de Xurxo Gómez-Chao, Miquel Piñeiro, Iván Prieto y Lino Lago, cuyas pinturas hiperrealistas son abruptamente interrumpidas por la mancha, o se dejan apenas imaginar detrás de implacables cortinas de color puro, jugando siempre con las posibilidades expresivas de la pintura con una actitud casi irreverente y pop en manos de un maestro con una depuradísima técnica pictórica.


A este conjunto de féminas del arte se unen, por primera vez en Art Madrid, las galeristas Mercedes Roldán y Soraya Cartategui, ambas con sede en Madrid, la valenciana Shiras, a cargo de Sara Joudi, y Nebo Art Gallery, dirigida en Ucrania por Valeriia Ivanova. Además, Sofía Hernández, directora de la galería Léucade de Murcia participa por segundo año consecutivo en la feria, así como Arte Periférica, codirigida por Anabela Antunes, y la Galería Zielinsky, con Carla Zerbes. En el programa One Project contaremos con la presencia de Bea Villamarín, directora de la galería homónima en Asturias y la brasileña Rv Cultura e Arte, dirigida por Larissa Martina, además de Laura Clemente, codirectora de Pantocrator Gallery. No podemos olvidar a algunas galerías incondicionales como la Galería BAT, donde Mariam Alcaraz está al frente, Art Lounge, a cargo de Sofía Tenreiro da Cruz, y la Galería Kreisler, codirigida por Gabriela Correa. De todas ellas os hablaremos más adelante.

 

 

Hace apenas unos días se publicó el ranking de los museos más visitados del mundo en 2018. Una vez más, el Louvre ocupaba la primera posición, y también con gran satisfacción veíamos que el Reina Sofía se mantenía entre los 20 primeros un año más. En el panorama mundial, los museos europeos tienen un peso considerable, con 9 instituciones situadas en los primeros 20 puestos. En conjunto, las cifras reflejan un aumento del 15% en el número de visitantes, lo que demuestra el creciente interés del público por acceder a estas grandes colecciones.

Visitantes ante la "Mona lisa" en el Louvre en París. Foto: Pedro Fiuza/NurPhoto — Sipa, (vía Associated Press nytimes.com)

No obstante, estos datos no son tan halagüeños como pudiera parecer. A pesar de las dimensiones de estos enormes museos, el volumen de visitantes es tal que el disfrute de las obras se resiente y las labores de mantenimiento son cada vez más exigentes. El pasado 27 de mayo, el Louvre se vio obligado a cerrar sus puertas por una huelga convocada por los vigilantes de sala en protesta por la falta de recursos ante esta crecida de las visitas. Los pasillos se hacen intransitables y las obras se pierden tras un parapeto de brazos alzados, smartphone en mano, para sacarse la foto de recuerdo entre hordas de turistas. Este museo, en concreto, superó los 10 millones de visitantes el pasado año, lo que supuso un aumento del 25% con respecto al año anterior.

Este fenómeno no es ajeno al boom que está sufriendo el turismo en los últimos años. No solo viajar se ha hecho más asequible, sino que se ha convertido en un punto más en la lista de “cosas que hacer en la vida” para los que transitamos por el siglo XXI. El enorme abanico de posibilidades que nos brinda la actualidad choca con la necesidad de adoptar medidas de protección del patrimonio cultural y de la propia vida. Al mismo tiempo, es necesario luchar contra el poder de atracción de algunos lugares especialmente demandados, algo que repercute negativamente en la sostenibilidad de su estilo de vida y afecta al carácter estacionario de su economía. Se habla hoy mucho de turismo sostenible, y parece que se dice a la ligera, pero los desplazamientos de la gente y la expansión de los hábitos de consumo capitalista tienen un impacto directo en el medioambiente y en la conservación de los monumentos.

'Dalí', la exposición más visitada de Europa, por: Miguel Ángel García Vega (vía blogs.elpais.com)

No estamos ante un problema de solución fácil. El turismo es uno de los principales motores de la economía para muchos países. Algunas instituciones carecen de inyección de fondos públicos y deben mantenerse íntegramente con sus ingresos, obtenidos en muchas ocasiones de la venta de entradas. Algunos museos, como el Prado, tratan de establecer una política que permita seguir disfrutando del recorrido a los visitantes y tiene prohibido sacar fotografías con el móvil en las salas. Los motivos para tomar esta medida son múltiples, y para que nadie pueda quejarse (porque hay quienes se quejan), se ha procedido a la digitalización de las grandes obras de la colección con imágenes de alta definición accesibles en la página web oficial.

Estos datos ponen de manifiesto que el sector cultural no es ajeno a los grandes movimientos de tendencia que prescriben la obligatoriedad de visitar determinados centros, pasar por ciertos sitios y sacarse la foto de rigor para compartirla en las redes sociales. Es positivo que el arte pueda ser “trendy”, pero no lo es si esta moda conlleva el deterioro de la experiencia del museo, un falso conocimiento de lo que se está viendo, el secuestro de ciertas instituciones frente a otras del entorno próximo que siguen vacías, y la estandarización de los museos como consecuencia de la globalización. En el debate sobre el futuro de estas instituciones en el siglo XXI, que tuvo lugar en París en enero de 2018 y al que acudieron los directores de los principales museos del mundo, Bernard Blistène, director del Centro Pompidou, declaró: “un museo no debe tender hacia una colección ideal que no existe, sino construirse a partir de su singularidad. Sería ridículo ver cómo los museos se homogenizan para responder a una definición que, en realidad, deberíamos deconstruir: la del arte moderno. Tenemos que repensar el modelo inicial”.

Andy Stalman, “Louvre” (vía tendencias21.net)

Los retos del futuro para estos centros no pasan solo por la necesidad de hacer frente a su actividad con presupuestos cada vez más ajustados, sino también al cumplimiento de una misión social y cultural que afecta al conjunto de la sociedad mundial. Y en el trabajo hacia esos objetivos, cuestiones como la sostenibilidad y el equilibrio en el volumen de visitantes, son clave. Algunas voces apuntan que conviene fomentar la descentralización, abriendo filiales de los principales museos en otros lugares del mundo, como es el caso del Louvre, por mencionar un ejemplo cercano, que pronto inaugurará su centro de Abu Dabi. Pero estas soluciones son en realidad un ejemplo claro del impacto de la globalización y cómo alcanza también al sector del arte. El turismo de masas (y su consumo cultural) está tan íntimamente vinculado a este fenómeno que las estadísticas parecen arrojar resultados contradictorios.

Museo historia natural Londres. Foto: Son of Groucho (de Flickr, vía waitamoment.co.uk)

Volviendo al Prado, con sus casi constantes 3 millones de visitas en los últimos años, una encuesta lanzada a principios de este año para sondear los hábitos de los españoles indica que solo el 5,7% de los encuestados visitaron el museo en el último año, que un 37,5% no lo han visitado nunca y un 16% no tiene interés alguno en hacerlo. Sabemos que las estadísticas son eso, estadísticas, pero los datos nos aproximan a una realidad que parece pasar desapercibida. En este boom por acudir a los grandes museos, los visitantes nacionales son los menos interesados en disfrutar de estas instituciones. Y este puede ser el motivo que explique por qué las grandes pinacotecas están abarrotadas, y los museos más modestos, igualmente interesantes, se mantienen vacíos. Quizás una de las principales líneas de trabajo sea seguir educando en arte y cultura para despertar el interés de los ciudadanos por acercarse al arte que tienen más cerca y a su alcance, al tiempo que se canalizan otras formas de financiación para los museos que garanticen su sostenibilidad sin tener que depender tanto del volumen de visitas.