Art Madrid'23 – LAS GALERISTAS, MUJERES DEL ARTE EN ART MADRID’18

Nuria Formentí, “A veces ando por las nubes”, técnica mixta.

 

 

 

Aunque las estadísticas siguen hablando de una visibilidad mínima de las mujeres artistas y de un protagonismo espúreo en los sectores capitales del mundo del arte (y no nos salvamos ninguna de las ferias ni de las principales instituciones y museos... ), las mujeres del arte están saliendo de la influencia de la alargada sombra del ciprés y hacen lo que vienen haciendo desde hace siglos: ser fieles a sus principios. En Art Madrid´18 tenemos la suerte de trabajar desde hace años con grandes profesionales que han luchado por hacerse un hueco en el sector de sus respectivas ciudades, galeristas mujeres que apuestan por la calidad, por las relaciones estrechas y largas con sus artistas y por la intuición.


La galería Marita Segovia, de Madrid, abrió sus puertas en el año 2004 y, de manera ininterrumpida, ha participado en ferias nacionales e internacionales consolidándose como un espacio dinámico, ecléctico y con una interesante labor de comisariado. La galería trabaja con artistas nacionales y extranjeros de corta y larga trayectoria y con obra de todas las disciplinas, de la pintura a la fotografía, la video-creación etc… Marita Segovia presenta en Art Madrid 18 una propuesta mixta (2 artistas hombres y 2 mujeres) compuesta por Joaquim Chancho, Angela Glajcar, Hernández Pijuan y Dominica Sánchez.

 

 

Angela Glajcar, “Terforation 007”, papel 200g roto y soporte de metal y plástico, 2017.

 

 

 

Angela Glajcar es una escultora alemana que trabaja el plástico y el papel y crea obras que juegan con el espacio existente entre el material y el vacío. Perfora conjuntos de láminas de papel creando una fuerte presencia escultórica que flota libremente en el espacio o se apoya sobre el plano. Durante los últimos años ha recibido numerosos reconocimientos, como ZONTA Art Prize, Phoenix Art Prize y Regionale 2010 Wilhelm-Hack-Museum.


Dominica Sánchez, por su parte, usa la pintura para llegar a una observación más íntima del mundo natural, a establecer un diálogo entre lo frágil y efímero y la musculatura del volumen. Sánchez lleva largos años perfeccionando este lenguaje pictórico, cuya sencillez no choca con la profundidad de las emociones que los dibujos conllevan, no son solo esbozos para sus esculturas, sino obras propiamente independientes.


De Valencia viene la galería Alba Cabrera, dirigida por Graciela Devincenzi D’Amico que se dedica desde sus orígenes a promocionar a jóvenes valores y artistas consagrados a los que dedica fantásticas exposiciones monográficas y muestra su trabajo en ferias de todo el mundo. También propone un tandem igualitario en la feria de febrero con trabajos de Cristina Alabau, Nanda Botella, Calo Carratalá y José Juan Gimeno.

 

 

 

Cristina Alabau, “Espacio interior”, acuarela y collage, 2017.

 

 

 

Cristina Alabau nada entre lo figurativo natural y la abstracción con la luz como principal protagonista de sus lienzos, la que aporta la poética, la emoción, la intimidad y ese tono casi meditativo que recuerda a las filosofías orientales, a la contemplación y el retiro.  Su obra podemos verla en el Museo de Villafamés, el Ministerio de Cultura español, el Palau de Valencia o la Universidad Politécnica de Valencia.


Nanda Botella es, sin duda, más matérica, en sus pinturas y collages combina el signo y el garabato, la escritura y la mancha de color, lo textual y aquello que está cosido. Las suyas son piezas vertebradas, reticulares, cuya estética puede entenderse como un collage de recuerdos y sueños en los que se mezclan fragmentos de tela, mensajes escritos y que evolucionan de cuadros a instalaciones, más luminosas y experimentales.


En Oviedo, Arancha Osoro dirige un espacio de arte en pleno centro de la ciudad que se ha convertido en una referencia para los coleccionistas y aficionados al arte locales. Centrada exclusivamente en arte contemporáneo y emergente, apuestan por un arte auténtico y personal que no tiene nada que ver con las corrientes mercantilistas que mueven el sector artístico y se acercan a sus clientes con una oferta de futuro, fresca e innovadora, trabajando estrechamente con cada artista, ayudándoles en su carrera para consolidar su estilo propio. Los artistas participantes en Art Madrid’18 de esta galería son Nuria Formenti, Jezabel, Kiko Miyares, Luis Parades y Roberto Rodríguez.

 

 

 

Jezabel Rodríguez, S.T., acrílico sobre tela, 2017.

 

 

 

La artista Nuria Formentí nació en Gijón pero ha vivido en diferentes países como Panamá, Estados Unidos, Reino Unido, Suiza aunque fué Colombia, en concreto Cartagena de Indias, la ciudad que le dejó una profunda huella y en la que, en 1999 comenzó a pintar. Su obra, esencialmente en papel, en acuarela, grafito y tinta, se ha descrito a menudo como realismo mágico porque sus dibujos y manchas tienen algo de narración y de ensueño. Arte pictórico y palabra se mezclan en sus papeles, lo que recuerda la primera vocación como escritora de esta artista.


Jezabel Rodríguez pinta recuerdos. En sus cuadros, la materia es una materia huidiza, transparente, casi un fantasma de objeto, de bodegón, una sombra de presencia… Formada en diversas disciplinas como escultura, pintura y cerámica, sus pinturas, de un blanco purísimo tienen volúmenes frágiles como piezas recién sacadas del horno. En el 2016, participa en la exposición en el museo de Bellas Artes de Asturias ”Arte Contemporáneo en el Museo de Bellas Artes de Asturias, últimas generaciones” , es tercer premio en el Certamen de Casimiro Baragaña  y accésit en el  XXI Certamen de Pintura Nicanor Piñole.

 

 

Juan Genovés, “Abaco”, Gliclee-papel Hahnemuhle Photo, 2016.

 

 

 

De Asturias también, de Gijón en esta ocasión, viene una de las galeristas fieles a Art Madrid, Aurora Vigil-Escalera que dirige nuevo espacio como continuidad a sus treinta años de profesión, iniciados en 1984, como socia de la Galería Van Dyck de la mano de sus padres Alberto Vigil-Escalera y Ángeles Pérez. Arte consagrado, artistas de larga y media trayectoria que se actualizan en función de las inquietudes de su directora, de sus descubrimientos y de los propios cambios en el sector del arte, en definitiva, experiencia y calidad son las señas de identidad de esta galería, visita imprescindible para muchos coleccionistas. Los artistas con los que participa en Art Madrid’18 son Pablo Armesto, Gorka García, Juan Genovés, Pablo Genovés, Rafa Macarrón, Chema Madoz, Ismael Lagares, David Rodríguez Caballero y Santiago Picatoste. Una cartera imponente.


Y más novedades, porque el nuevo proyecto de la Galería de Arte gallega Luisa Pita nace como una continuidad de la actividad que la Galería Bus Station Space, fundada y dirigida por ella misma, venía desarrollando en Santiago de Compostela desde el año 2012. Enfocado ahora como un proyecto cultural más ambicioso, con un significado propio y más personal, este nuevo espacio expositivo quiere ser un punto de encuentro para el arte entre artistas de reconocido prestigio y emergentes. Trabaja, entre otras artistas, con Yolanda Dorda (un verdadero descubrimiento en la pasada edición de Art Madrid), con Rebeca Plana y con Maria José Gallardo (otra de las favoritas el año pasado en la feria). Para Art Madrid´18 ha seleccionado obras de Arturo Álvarez, Pierre Louis Geldenhuys y Christian Villamide.

 

 

 

Lino Lago, “Rojo”, óleo sobre lino, 2017.

 

 

 

Acabamos con otra galería gallega, la galería Moret Art de A Coruña, dirigida por Nuria Blanco y con un equipo de profesionales especializados en el mercado del arte contemporáneo comprometidos con el arte emergente. Moret Art emplea cuantos recursos se han ido incorporando al sector en los últimos años, apoyos documentales, actividades didácticas, encuentros artísticos, recursos tecnológicos diseñados en torno al proyecto expositivo… Todo para acercar el arte, en todas sus formas, a un público cada vez más amplio y variado. Moret Art también realiza proyectos de consultoría vinculados a la tasación y catalogación de obras de arte y antigüedades. Con gusto por la fotografía y por el nuevo realismo, vienen a Art Madrid’18 con obras de Xurxo Gómez-Chao, Miquel Piñeiro, Iván Prieto y Lino Lago, cuyas pinturas hiperrealistas son abruptamente interrumpidas por la mancha, o se dejan apenas imaginar detrás de implacables cortinas de color puro, jugando siempre con las posibilidades expresivas de la pintura con una actitud casi irreverente y pop en manos de un maestro con una depuradísima técnica pictórica.


A este conjunto de féminas del arte se unen, por primera vez en Art Madrid, las galeristas Mercedes Roldán y Soraya Cartategui, ambas con sede en Madrid, la valenciana Shiras, a cargo de Sara Joudi, y Nebo Art Gallery, dirigida en Ucrania por Valeriia Ivanova. Además, Sofía Hernández, directora de la galería Léucade de Murcia participa por segundo año consecutivo en la feria, así como Arte Periférica, codirigida por Anabela Antunes, y la Galería Zielinsky, con Carla Zerbes. En el programa One Project contaremos con la presencia de Bea Villamarín, directora de la galería homónima en Asturias y la brasileña Rv Cultura e Arte, dirigida por Larissa Martina, además de Laura Clemente, codirectora de Pantocrator Gallery. No podemos olvidar a algunas galerías incondicionales como la Galería BAT, donde Mariam Alcaraz está al frente, Art Lounge, a cargo de Sofía Tenreiro da Cruz, y la Galería Kreisler, codirigida por Gabriela Correa. De todas ellas os hablaremos más adelante.

 

 

FRANCISCO MAYOR MAESTRE

CONVERSACIONES INFINITAS CON ALFONSO DE LA TORRE

Tiene algo el trabajo de Francisco Mayor Maestre (Madrid, 1990) de una arqueología de imágenes de nuestro tiempo, como el desarrollo de la incontenida enajenación de quien hubiese decidido pasear entre los vestigios, casi humeantes, de la realidad contemporánea. Humus de lo que hemos construido, queda luego simbolizado en el crecimiento de sus imágenes, secuencia no exenta de ira revelada en las pinturas de los despojos de los inmuebles: ventanas, toldos o huecos que, a fuer de mostrados ad infinitum, en sus variaciones diversas, acaban deviniendo imágenes con un fuerte componente abstracto, mas siempre parecen dejarnos expuestos a la verdad.

Trabajando por conjuntos de reflexiones, sus pinturas toman el aspecto de islas de sentido diferidas que se van relacionando, a la par que un aire de sencilla neutralidad en la mostración no le impide viajar hasta el límite, presentando diálogos entre lo representativo y lo abstracto, geometría o la mancha, precisión frente a pincelada distraída, lugares, formas, el totus o el detalle, o bien fricciones, algunas tan singulares como la literatura titular de sus obras, de esta forma parece escapar del frecuentado rictus de la historia del arte.

Le leo: “Esta dimensión temporal de lo pictórico nos enfrenta con la idea de que solo vamos a poder entrever la pintura, sólo podemos mirarla de perfil para intentar encontrar, como si de arqueología se tratara, los restos de un proceso físico-material-experiencial al que de un modo egoísta solo tiene acceso el artista que lo desarrolla, el resto solo somos espectadores, solo podemos ser partícipes de las huellas que nos han llevado hasta este punto ¿final?”. Al cabo, recordemos, crear es una configuración de signos y una ficción, un poïein de vocación simbólica. No esquiva Mayor Maestre extraer belleza de la zozobra ni mostrar la perplejidad y el misterio. Difuminando los límites, su obra elogia la interrogación expresada entre el vértigo. Implacable lógica del capricho, como forma superior de independencia poética. Trompetas tibetanas de sonoridad baja (como decía Alain Jouffray de Henri Michaux).

Como un paseante de nuestro tiempo que estupefacto camina entre los pecios, bien lo sabe, al borde del abismo.

Y, AL PRINCIPIO, LA INFANCIA

Pensé nuevamente en aquel verso de Thomas Bernhard: salvaje crece la flor de mi cólera. La infancia como el territorio desde el que surgirá lo que has llamado “esa visión privilegiada” sobre los aherrojados del mundo.

Desearía me refirieras ese viaje, malinconia sobre los desechos del mundo, como lugar que impulsó en un principio tu quehacer.

Al principio, la infancia… Yo me crie en la periferia sur de Madrid. Lo de que sea de Madrid es irrelevante, porque en cierta medida las periferias tienen siempre unas características comunes que las hacen bastante indistintas a lo largo de todo el territorio. Lo que para mí suponía vivir en la periferia, era tener que viajar todos los días a la ciudad y aguantar un trayecto de en torno a una hora y media de ida y otro tanto de vuelta. Esto que era y que yo sufría como un tedio terrible, me permitía y me obligaba en cierta medida, a dos cosas: La primera era buscar algo que hacer, algo para entretenerme. Y la segunda era que en ese buscar algo para entretenerme, tenía que ir mirando por la ventana, era la única opción para entretenerme o para disfrutar un poco del paisaje. Y así descubría o, intentaba descubrir elementos novedosos en un entorno que era continuamente el mismo. Yo he convenido en llamarlo la dimensión luminosa de lo cotidiano, que son estos hallazgos de novedad o de elementos que llevan toda la vida en el mismo lugar, que siempre han estado ahí. Y de pronto los descubres. Y son como una bofetada, un cambio radical de ese entorno. Por ejemplo, puede ser un edificio que lleva treinta años o allí y un buen día lo ves y dices, bueno, si he pasado siempre por aquí y nunca lo había visto. Esto es una característica que me parece muy interesante, porque creo que, al destilarla en mi trabajo, precisamente ayuda a eso, a esconder ciertos elementos que van apareciendo, que se van escondiendo y que se pueden ir descubriendo poco a poco.

La segunda cuestión es que en la frontera sur de la periferia hay que atravesar los barrios de Madrid, que se caracterizan por la superpoblación y porque son barrios que están depauperados. Y estas dos características precisamente los convierten en zonas que son muy orgánicas en cuanto al cambio, que son desordenadas, que la transformación es muy rápida y muy veloz. Y estas características de orden y desorden es algo que me parece que se destila y que es interesante reflejar en mi trabajo pictórico.

Francisco Mayor Maestre

Esta fiesta no es para feos, 2022

Óleo sobre tabla

190 x 150cm

PENSAR Y PINTAR (VERSUS PINTAR Y PENSAR)

En ocasiones has referido que la pintura es “el resultado de sepultar infinidad de formas y entidades propias sobre otras, una coreografía del amontonamiento, uno sobre otro, una imagen que anula la anterior y construye la siguiente”. Por eso, sentencias, el proceso es el objetivo (en un primer momento leí, no comprendía, “el proceso es objetivo”).

¿Podrías hablarme de ese viaje no-objetivo de tus imágenes entre lo intencional de la idea expresada y los azares que puedan encontrarse en el camino de la práctica de la pintura?

Yo intentando explicar mi proceso pictórico reflexionaba sobre cuál era el momento en el que empezaba a pintar. En cierta medida, he convenido a entender que es el momento en el que cojo un soporte en blanco, lo imprimo y empiezo a dibujar sobre él, aunque entiendo que esto en sí, el hecho de escoger la tecnología específica, el soporte específico no es una cosa cero, sino que está connotado y que está atravesado por ciertas lógicas que son heredadas, en cierta medida. Pero bueno, convengamos que partimos de que la pintura empieza en el momento en que empezamos un cuadro, en mi caso. Este proceso de empezar cuadro no es otra cosa que la idea de ir sepultando en capa tras capa, diferentes elementos que van apareciendo en la pintura-cuadro y que van desapareciendo durante el proceso.

Esto me llevaba a pensar que, aunque yo tuviera un objetivo para iniciar la obra, al final, este objetivo se veía atravesado y se veía desvirtuado, porque el resultado de la obra iba siendo lo que iba haciendo y lo que me obligaba a hacer sobre lo que había hecho. Es decir, lo que había pintado ahora, era el detonante para lo que voy a pintar en el futuro. Y lo que he pintado en el futuro, es el detonante para lo siguiente. Es decir, una cadena que se va sumando. Al final el cuadro es el resultado de un sándwich de diferentes procesos que se van sepultando uno sobre otro, pero que son absolutamente relevantes, porque, por un lado, si no se hubieran sepultado uno sobre otro, nunca hubiéramos llegado al momento en el que he parado y he decidido que esa pieza está terminada. Y dos, todas esas capas del sándwich acaban vibrando o siendo efervescentes y terminan siendo percibidas en cierta medida. Son como los tambores de Jumanji que están sonando, aunque intentes dejar de jugar, los tambores siguen sonando. Pues un poco en ese sentido de todo un andamiaje que se ha ido construyendo y que nos ha llevado hasta este punto, en el que nada tenía que ver con el objetivo inicial y posiblemente nada tenga que ver con todas las capas que hay atrás.

Francisco Mayor Maestre

Más fuerza que maña, 2022

Óleo sobre tabla

90 x 150cm

PINTAR, COMO UNA DERIVA

Hacer un cuadro, decía Michaux, es como crear un fantasma. Has escrito que “el propio hacer es el motor del hecho; sepultar, borrar, rehacer, es el leitmotiv, el fin, la inspiración si se quiere, de lo siguiente. El proceso es como un reloj de movimiento automático, que se da cuerda a sí mismo con el movimiento de quien lo soporta, una suerte de imágenes (intencionadas y físicas derivadas de la propia materialidad de la pintura y de su aplicación) que aparecen y desaparecen, que provocan y precipitan lo siguiente”. Y leyéndote, también, he pensado que tu mirada tiene algo autotélico, pintura-habla-de-pintura, pues tus cuadros refieren también el lenguaje y pensamiento del arte, incluso su desvío a regiones adversas de dicho expresar o pensar.

La pregunta es tuya: ¿hasta qué punto la materialidad es flexible o si, concluida la imagen final, hemos llegado al final?

Creo que las tecnologías que producen imagen tienden al ensimismamiento. Tienden a pensarse a sí mismas. La pintura igual como de forma muy evidente. Pero yo recuerdo cuando estaba estudiando la carrera, monté un pequeño laboratorio y fotografía en mi habitación y el procedimiento que me acababa fascinando de la fotografía, no era el de obtener una imagen bonita, una imagen correcta, sino todos los pasos que había que dar hasta el momento en el que obtenías algo que no fuera un negro absoluto.

Si cabe, creo que para mí la pintura es irresistible. Precisamente porque esos pasos que se dan para conseguir la imagen, están íntimamente ligados con lo físico por dos motivos: Por un lado, el movimiento, al mover la mano y que quede dibujado un trazo sobre una superficie, es crear un rastro. Tiene que ver con el cuerpo; tiene que ver con crear imagen a través del cuerpo. Y, en segundo lugar, me resulta muy relevante o creo que está íntimamente ligado con lo físico, por la propia materialidad de la pintura. Es decir, la pintura es en el caso del óleo, aceite y pigmento y este aceite y este pigmento tiene una viscosidad, tiene una densidad, tienen un grosor. Este propio hecho de que sea como carne, de que sea como un material cárnico o vegetal, pero el caso, un material que sea grueso, con el que se construye una imagen bidimensional, me parece que es muy atractivo por esta dimensión física de la imagen. No sé hasta qué punto la materialidad es flexible, ni sé si esta materialidad es la que nos determina el momento en que concluimos una obra. Lo que pienso más es que la conclusión de la obra está en el mirar y en el percibir, y no tanto en el hacer.

PERIFERIAS

Desde la mirada hacia la representación, en una doble dirección continuidad y una radical discontinuidad. Tú mismo has observado en ocasiones cómo en el taller pintas diversas obras al tiempo, lo cual coopera en la concentración al rodearte de todo el corpus que sucede en ese tiempo, subrayando lo que llamas “la mirada periférica”.

¿Podrías referirme a ese proceso de trabajo que veo con aire diarista, la crónica de tus días de pintor?

Una vez me preguntaron que cuánto de performativo tenía mi forma de pintar. Yo no lo había pensado hasta el momento, pero me hubiera gustado, en realidad, responder algo más asombroso. Porque al final mi forma de pintar es movimiento sincopado y grandes espacios de silencio. La verdad es que la rutina en el taller para mí es muy relevante. Intento venir todas las horas posibles y me planteo horarios fijos. Cuanto más tiempo estoy, más me conecto con lo que estoy haciendo y viceversa. Normalmente para mí es el inicio lo que me cuesta; llegar al taller.

Suelo empezar con actividades mucho más someras, porque la concentración va in crescendo. Cuantas más horas estoy dedicando a ello - no sólo ante un cuadro, porque voy cambiando varios cuadros - más me conecto. Y al final del día suele ser como el momento en que en el que tomo decisiones más radicales. Por dos motivos: por cansancio, pero también por concentración. Siempre me cuesta un poco desenganchar de lo que estoy haciendo. También para mí es importante estar rodeado en el taller de las pinturas que voy llevando a la vez; de las que están a medias, las que no. Porque las voy viendo como con la periferia del ojo y se contaminan unas a otras. Y esto es importante. También en mi día a día es relevante, por ejemplo, el espacio que hay cuando salgo y cuando llego al taller. Yo vengo con mi perro Limón, estamos como a cuarenta minutos de casa, y ese paseo andando de ida, que es como un momento de ir conectando ya con lo que voy a hacer y esos otros cuarenta minutos de paseo a la vuelta, que es como para despresurizar el cerebro, son importantes para mí. Al final Limón también está aquí en el estudio conmigo y me acompaña todos los días. Y como es un trabajo solitario, es verdad que me ayuda. Y en este sentido, dentro de mi día a día son muy importantes todas las personas que participan de una forma directa. Por ejemplo, mi pareja, brindándome todo el apoyo posible. Tenemos un poco la broma que es la directora logística del taller porque es mi apoyo operativo, creativo, emocional… Y luego también está mi familia que participa de forma directa. Muchas veces vienen a ayudarme a embalar obras, a trabajar en el taller, en procesos más complejos. Entonces todo este corpus es el que conforma poco a poco mi rutina de trabajo.

Francisco Mayor Maestre

El año que aprendí a montar en bicicleta, 2022

Óleo sobre tabla con vitrina de metacrilato

120 x 100cm

CONCLUYENDO: EL ARTE SE RECUERDA A SÍ MISMO

Hemos referido cómo la complejidad de tu obra se encuentra en el lenguaje del arte mas, contemplando ciertas pinturas, también leyendo tu pensar sobre la creación, percibo la instauración de un vacío inicial, como un lugar concentrado del pensamiento. Llegados a este punto, pregunta compartida en este programa de conversaciones con otros creadores.

¿Cómo se encuentra tu obra con lo que se conoce como el sistema del arte: la galería o el museo, la sala de exposiciones, contempladores o críticos? O, como en este caso, ¿la feria de arte?

Bueno, la verdad es que la relación con el sistema del arte siempre es complicada. Es complicada porque la creación es un proceso que tiene que ver con la lentitud, que tiene que ver con la soledad, que tiene que ver con el silencio. Y el sistema del arte, digamos que está atravesado por lógicas de mercado, por lógicas de promoción, de exhibición, de difusión, de venta, de exposición, al fin y al cabo. Digamos que son como mundos que son necesarios el uno para el otro; que están íntimamente unidos pero que en términos absolutos están opuestos. Uno es como el proceso del silencio y de la intimidad y el ostracismo. Y el otro es el proceso de la celebración, de la exhibición, de la muestra.

Para mí, la relación con el sistema del arte pasa por contar con una galería que te apoye y que te promocione. En mi caso, Aurora, que es la directora de la galería Aurora Vigil-Escalera, es la galería que me representa y yo siento que tengo mucha suerte de contar con su ayuda. Al final entiendo que las galerías son figuras que lo que hacen precisamente, es acompañar a los artistas en este proceso y acompañarlos en su relación con el Art System.

Una galería desde el punto de vista y como yo lo vivo con Aurora, es la persona y la institución que como galería custodia mi espacio de silencio. Es la que se encarga a la vez de dar visibilidad, promocionar y brindarme todas las plataformas posibles para poder exhibir y mostrar mi trabajo.