Art Madrid'26 – GEGO TEJEDORA, GEGO ARQUITECTA DEL ESPACIO

Como una araña meticulosa y cuidadosa, la importancia del trabajo manual en la obra de Gego se despliega ante nuestro ojos y nos transmite ideas de profundo significado, como el valor de la paciencia, la contemplación, la observación de la vida en sus múltiples facetas, la relación con el prójimo, la cooperación. El planteamiento simple de usar segmentos metálicos como conectores entre nodos y tejer enormes redes interconectadas, ocupando un espacio físico, encierra una enorme carga visual y de discurso.

Reticulárea (ambientación). 1969. Museo de Bellas Artes, Caracas. Foto Paolo Gasparini, Archivo Fundación Gego

Esta artista alemana, afincada en Venezuela desde que abandonó su país de origen durante la II Guerra Mundial, empezó a desarrollar un lenguaje propio en la década de los 60. En su trabajo resulta evidente la gran influencia de su formación como ingeniera, con mención en arquitectura, estudios que concluyó en 1938 en la Universidad de Stuttgart. Como Gertrud Goldschmidt, su verdadero nombre, desarrolló su carrera en el mundo del diseño y la arquitectura. Creó una empresa dedicada a la fabricación de muebles y lámparas, y se involucró en proyectos de diseño urbano con casas residenciales en Los Chorros, Quintas El Urape y Tulipán.

Pero desde finales de los años 50, Gertrud deja de ser Gertrud y empieza a ser Gego. El despegue de su carrera artística coincide con un giro en su vida personal cuando, tras haberse divorciado de su primer marido en 1952, conoce al que sería su compañero de vida por el resto de sus días: Gerd Leufert. En los primeros años, su trabajo se vuelve más paisajista, expresionista y figurativo; pero pronto comienza a explorar conceptos que le interesan especialmente, como la configuración tridimensional de las obras, momento en que entabla una relación de amistad y mutuo intercambio con escultores como Alejandro Otero y Jesús Soto. En este período, denominado “Líneas Paralelas”, el influjo de las corrientes geométricas y de arte cinético se hace palpable en muchos de sus trabajos, como con la pieza “Esfera”, que produce una sorprendente sensación de movimiento cuando se gira a su alrededor.





Para Gego siempre fue importante incluir una vertiente espacial en su trabajo. Algunas de sus obras más célebres pertenecen al conocido período de “Reticuláreas, Troncos y Esferas”, que inició en 1969. Es entonces cuando la artista abandona los materiales rígidos y comienza a tejer sus redes de manera flexible utilizando materiales adaptables, y abraza nuevos formatos, partiendo siempre de formas puras, pero abiertos a la modificación de patrones.

La influencia indudable de esta artista a la corriente cinética y al arte geométrico tridimensional es indudable. Esto ha llevado al director Montenegro & Lafont a crear 17 micro-documentales con testimonios de personalidades que conocen y valoran su trabajo para ofrecernos una visión más intimista de la autora, un proyecto titulado “conversaciones fg”. Tras su fallecimiento en 1994, su familia creó la Fundación Gego, que ha colaborado intensamente en esta propuesta.

Gego en su estudio, Caracas, ca. 1982, Archivo Fundación Gego

Con varias exposiciones por inaugurarse en el Museo de Arte de São Paulo, el Museo Jumex en Ciudad de Mexico, el Museo de Arte Contemporaneo de Barcelona y en el Guggenheim de Nueva York, el Museo Reino Sofía organiza una sesión en la que se proyectarán los documentares y se abrirá un debate en torno a la obra de esta artista, con la participación de Yayo Aznar (arquitecto) y Guillermo Barrios (historiador del arte), y presentado por la comisaria e historiadora Federica Palomero. “Vínculos en/sobre Gego”, lunes 14 de octubre, 2019 - 19:00 h / Edificio Sabatini, Auditorio.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Julian Manzelli (Chu) (Buenos Aires, Argentina, 1974) se sitúa en un territorio de investigación donde el arte adopta metodologías próximas al pensamiento científico sin renunciar a su dimensión poética y especulativa. Su práctica se estructura como un proceso abierto de experimentación, en el que el taller funciona como laboratorio: un espacio de ensayo, error y verificación, más orientado a la producción de nuevas formas de percepción que a la obtención de certezas. En este sentido, su trabajo dialoga con una epistemología de la incertidumbre, afín a tradiciones filosóficas que entienden el conocimiento como devenir y no como cierre.

Manzelli explora zonas intersticiales, entendidas como espacios de tránsito y transformación. Estas áreas ambiguas no se presentan como indefinición, sino como potencia: lugares donde las categorías se disuelven y permiten la emergencia de configuraciones híbridas, casi alquímicas, que reprograman la mirada.

La geometría, lejos de operar como sistema normativo, aparece tensionada y desestabilizada. Sus construcciones precarias articulan un cruce entre intuición y razón, juego e ingeniería, evocando una gramática universal presente tanto en la naturaleza como en el pensamiento simbólico. Así, las obras de Manzelli no representan el mundo, sino que lo transfiguran, activando preguntas más que respuestas cerradas.


Avícola. Escultura magnética. Madera, imanes, laca automotriz y acero. 45 x 25 cm. 2022.


La ciencia y sus métodos inspiran tu proceso. ¿Qué tipo de paralelismos encuentras entre el pensamiento científico y la creación artística?

La ciencia y el arte son dos disciplinas que creo tienen mucho en común y sin duda están muy interrelacionadas. A mí me interesa ese cruce y a pesar de que muchas veces se ponen en lugares opuestos, creo que comparten y tienen un mismo origen. En ambos está esa búsqueda continua, esa necesidad de respuestas que viene desde la curiosidad, no tanto desde la certeza y que a veces, o en muchos casos, tanto a los artistas como a los científicos, los lleva a ponerse en lugares incómodos e inciertos y a salirse de su zona de confort. Creo que eso es algo en común y muy interesante de estas dos disciplinas que de alguna forma son las que nos definen como humanos.

En ese sentido, ambas comparten la experimentación como eje de su práctica. La prueba, el error, los ensayos y todo este proceso son los que van generando el desarrollo. En mi caso, esto se aplica al taller: lo vivo como un laboratorio donde se desarrollan distintos proyectos, donde voy testeando materiales. Es como si uno genera una hipótesis y luego la pusiera a prueba: los materiales, los procedimientos, las formas, los colores, y se obtienen resultados. Resultados que no buscan ser verificados, sino que en el arte tienen, creo yo, la función de generar nuevos modos de percepción, nuevas miradas y experiencias.


Receptor Lunar #01. Ensamble de Madera Reciclada torneada. 102 x 26 x 26 cm. De la serie Fuerza orgánica. 2023.


Trabajas desde los intersticios entre lo natural y lo artificial, lo figurativo y lo abstracto. ¿Qué te interesa de esas zonas ambiguas y qué tipo de conocimiento emergen de ellas?

Siempre fui bastante inquieto y eso me llevó a meterme y sumergirme en distintos ámbitos, distintas disciplinas. Creo que hay una riqueza especial en los lugares intersticiales, en el ida y vuelta, en la circulación entre medios. Siempre me llamaron la atención estos espacios, los lugares ambiguos, los lugares híbridos. Creo que hay algo de la lógica anfibia, los anfibios como entidades que llevan y traen información, que comparten, que atraviesan límites y membranas. Es algo, en mi caso, que está vinculado a lo que entiendo como libertad, sobre todo en un momento de encasillamiento, de etiquetas y donde el concepto de libertad ha sido totalmente transgiversado.

Y después, por otro lado, en el plano más metafísico, en la mezcla, en ese mix es donde aparece la energía viva de crear algo nuevo, que sin duda es como la base de lo humano. Entonces es como que “una cosa se hace cosa fuera del molde". Y es necesaria esa interacción para romper estructuras, armar otras, transmutarse; tiene algo como alquímico. Yo creo que el enemigo es la fijación. De alguna manera lo ambiguo es lo que permite reprogramar la mirada y generar nuevos puntos de vista.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


El movimiento, la repetición y la secuencia aparecen como estrategias visuales. ¿Qué papel cumple la serialidad en la generación de significado?

El movimiento, la repetición y la secuencia están muy presentes en mi trabajo. Yo tengo un largo background en el mundo de la animación y, de alguna forma, ese interés comienza a filtrarse en las demás disciplinas en las que me desempeño. Así, el movimiento aparece también en mi obra dentro de las artes visuales.

La serialidad es como una forma de pensar el tiempo y de introducir cierta narrativa y acción en la obra, al mismo tiempo que creo que condiciona la experiencia del espectador, lo invita a intentar descifrar cierta repetición como una especie de progresión. Me interesa, en particular, la narrativa más abstracta. En este tipo de narrativa, donde no hay figuración clara, la repetición empieza a marcar un pulso, un “beat” que señala el paso del tiempo. Lo interesante, creo, es que nos damos cuenta de que repetir no es exactamente duplicar, y que lo idéntico comienza a mutar a lo largo del tiempo, del ritmo o de su propia historia.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


Trabajas con sistemas geométricos y constructivos. ¿Qué papel cumple la geometría como lenguaje simbólico dentro de tu trabajo?

La geometría está presente en mi obra de múltiples formas y dimensiones, generando distintas dinámicas. Por lo general, suelo ponerla en crisis, en tensión. Si uno se adentra en mis obras, se da cuenta de que predominan construcciones en equilibrio impreciso e inestable; no busco lo simétrico ni lo exacto, sino una construcción dinámica que plantea una situación. No lo concibo como un sistema rígido.

Creo que ahí se establece un puente entre lo intuitivo y lo racional, entre lo lúdico -el juego- y la ingeniería, como esos cruces inesperados. Al mismo tiempo, la geometría funciona como un código, un lenguaje que nos conecta con una gramática universal presente en la naturaleza, en los fractales, y que sin duda remite al simbolismo. Es ahí donde se abre un portal interesante en el que la obra empieza a resignificar y a darse como un proceso de significación externo a sí misma, totalmente incierto. El resultado de mis obras no son piezas que representan; más bien, creo que son piezas que transfiguran y que, de alguna manera, generan preguntas.


WIP. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de contrucción. 2022.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Con respecto a la planificación, es algo que depende bastante del proyecto y del día. Hay proyectos que, por su envergadura o complejidad, requieren planificación, sobre todo cuando involucran a otras personas que deben participar. Sin duda, en muchos casos la planificación es fundamental.

En los proyectos que suelo planificar, siempre me interesa dejar un espacio para la improvisación, donde pueda jugar un poco el azar o el devenir del propio proceso. Creo que ahí empiezan a surgir cosas interesantes, y es importante no dejarlas pasar. Personalmente, me aburriría mucho trabajar en obras cuyo resultado ya conozco de antemano. La realización de cada obra es, para mí, un viaje incierto; no sé hacia dónde me llevará, y creo que ahí reside el potencial y lo interesante, no solo para mí, sino también para la obra misma y la experiencia del espectador.