Art Madrid'26 – “ASÍ BORDABA, ASÍ ASÍ…” HILOS, AGUJAS Y TELAS EN EL TRABAJO DE 4 MUJERES ARTISTAS

No es la primera vez que hablamos del uso de técnicas plásticas alternativas para dejar discurrir la imaginación y la creatividad. Así ocurre con los hilos y el bordado, convertidos en esta ocasión en una depurada forma de producción artística lejos de su utilidad inmediata en el mundo de la costura. Todas estas piezas requieren de una paciencia infinita y dan cuenta del tesón, del amor puesto en las cosas bien hechas, de la entrega, la dedicación y la búsqueda de nuevos discursos narrativos que se aparten de lo esperable en la esfera de las artes visuales.

Detalle de obra de Cayne Zavaglia (imagen de www.caycezavaglia.com)

Indudablemente la costura es una labor vinculada a la mujer desde tiempo inmemorial. Una búsqueda rápida en cualquier compendio de historia del arte arroja multitud de obras en las que se representa a mujeres cosiendo, la mayoría de las veces a mano, en estampas de estilo costumbrista. Estas imágenes componen un imaginario alimentado de ideas como el cuidado, la atención, el esmero, hasta convertirse en conceptos indisociables casi de la feminidad. Hoy, numerosas artistas mujeres (porque eso sigue siendo así, son las creadoras las que se decantan por estas técnicas) emplean estos recursos con un valor intencional, para admitir relecturas sobre este tipo de trabajos y dar una segunda vida al uso de los hilos y la aguja, más allá del servilismo tradicionalmente asociado a estos cometidos domésticos y utilitarios. Al mismo tiempo, hay quien hace un ejercicio de abstracción para construir un mensaje más sutil y contribuir al empoderamiento de la mujer mostrando el potencial de estas técnicas en el campo de la creación artística, o para esconder un relato que exige atención en el visitante invadido de infinidad de propuestas visuales.

Louise Bourgeois, “Mamá”, 1999 (imagen en www.guggenheim-bilbao.eus)

Louise Bourgeois comenzó a esculpir arañas como un homenaje a su madre, con quien siempre estuvo muy unida. Ella regentaba un taller de costura y reparación de tapices, una labor de reconstrucción en la que Bourgeois se inició con apenas 12 años. Esta figura representa la personalidad trabajadora y entregada de su madre, porque las arañas son capaces de volver a tejer su propia tela, de tender hilos que la refuercen, de sobreponerse a las adversidades y continuar su minuciosa labor con sedas transparentes.

Obra de Cayne Zavaglia (imagen de www.caycezavaglia.com)

Aunque Louise Bourgeois se decantó por la escultura, numerosas artistas retoman los materiales de costura para crear sus obras. En un ejercicio de pericia y artificio, Cayce Zavaglia (Indiana, 1971) es capaz de crear estos increíbles retratos usando lienzo e hilos de lana de colores. El resultado es un trabajo que simula los pequeños toques de un pincel sobre una tela neutra, para dar toda la profundidad, el volumen y la textura de una verdadera pintura. Con constantes transiciones de color y cambios de dirección en la puntada, sus piezas son muestra de la capacidad expresiva de estos materiales, con una versatilidad sorpredente.

Ghada Amer, "Snowhite without the dwarves", 2008 (imagen en www.letraslibres.com)

En otros casos, el uso de la aguja y el dedal busca transmitir un mensaje que trascienda y rompa los moldes establecidos sobre los roles sociales y las tareas encomendadas a uno y otro género. La artista Ghada Amer (El Cairo, 1963) decidió cerrar una herida personal causada tras su experiencia al ser rechazada en un curso de pintura en el que el profesor solo seleccionaba a hombres, con un trabajo que ironiza y ridiculiza la visión que el género masculino ha difundido de la mujer. Encontraba su inspiración en la representación femenina estereotipada que encontraba en revistas eróticas, magazines de moda y películas infantiles animadas. El resultado es una obra bordada con hilos de colores en una relectura del pop art transformado sobre tela que excluye al hombre de la escena y se queda con los contornos de mujeres responsables de su propio placer.

Raquel Rodrigo, “Arquicostura” (foto © Julián Jiménez, vía www.harpersbazaar.com)

En otra línea se desarrolla el trabajo de Raquel Rodrigo (Valencia, 1985), a través de su proyecto “Arquicostura”. Su propósito es bordar las paredes de los establecimientos con composiciones de punto de cruz y hacer el día a día más bello para todos. Cuenta con intervenciones en Valencia, Fanzara (Castellón), Salamanca, Zaragoza, Buñol (Valencia), Madrid, Bristol, Londres, Milán y Qatar. Es, igualmente, una forma de rescatar un arte doméstico que antes realizaban todas las mujeres para decorar su propio hogar. Sacarlo a las calles y ofrecer al mundo este trabajo supone ponerlo en valor y apreciarlo como lo que verdaderamente es.

Kumi Yamashita, Izda: “Constellation - Mana, nº2”, Dcha: “Constellation - Sachi”, 2013 (imagen en kumiyamashita.com)

Finalmente, destacamos el trabajo de la artista japonesa Kumi Yamashita (Takasaki, 1968), que realiza increíbles retratos con una técnica híbrida en la que entrelaza un hilo monocolor sobre una trama de clavos para crear las formas, las sombras y la profundidad de los rostros que reproduce. Aunque no es esta la única disciplina que trabaja, el impacto de estas obras le ha hecho ganar un amplio reconocimiento a nivel mundial.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica del colectivo DIMASLA (Diana + Álvaro), (Valencia, 2018), se sitúa en un cruce fértil entre arte contemporáneo, pensamiento ecológico y una filosofía de la experiencia que desplaza el énfasis de la producción hacia la atención. Frente a la aceleración visual y material del presente, su trabajo no propone una oposición frontal, sino una reconciliación sensible con el tiempo, entendido como duración vivida más que como medida. La obra emerge así como un ejercicio de detenimiento, una pedagogía de la percepción donde contemplar y escuchar devienen modos de conocimiento.

En sus trabajos, el territorio no funciona como marco, sino como agente. El paisaje participa activamente en el proceso, estableciendo una relación dialógica que recuerda a ciertas corrientes eco-críticas, en las que la subjetividad se descentra y se reconoce como parte de un entramado más amplio. Esta apertura implica una ética de la exposición: exponerse al clima, a la intemperie y a lo imprevisible supone aceptar la vulnerabilidad como condición epistemológica.

Los materiales -telas, pigmentos, huellas- operan como superficies de inscripción temporal, memorias donde el tiempo deja rastro. La planificación inicial se concibe como hipótesis abierta, permitiendo que el azar y el error actúen como fuerzas productivas. De este modo, la práctica artística de DIMASLA (Diana + Álvaro) articula una poética del cuidado y del estar-con, donde crear es, ante todo, una forma profunda de sentir y comprender la naturaleza.



En un momento histórico marcado por la velocidad y la sobreproducción de imágenes, vuestro trabajo parece reivindicar la lentitud y la escucha como formas de resistencia. ¿Podría decirse que vuestra práctica propone un modo de reaprender el tiempo desde la experiencia estética?

Diana: Sí, pero más que resistencia o reivindicación, es conciliación, es amor. Parece lentitud, pero es detenimiento, es reflexión. Ocupar el tiempo desde la contemplación o la escucha es una manera de sentir. La experiencia estética nos lleva a un camino de reflexión sobre lo que hay fuera y lo que hay dentro.


El territorio no aparece en vuestra obra como un fondo o un escenario, sino como un interlocutor. ¿Cómo se negocia esa conversación entre la voluntad del artista y la voz del lugar, cuando el paisaje mismo participa del proceso creativo?

Álvaro: Para nosotros el paisaje es como un compañero de vida o un amigo cómplice, y lógicamente es una relación íntima que se extiende a nuestra práctica. Vamos a visitarlo, a estar con él, a co-crear juntos. Entablamos una conversación que va más allá de la estética; son conversaciones llenas de acción, contemplación, comprensión y respeto.

Al final, de algún modo, él se expresa a través del material y nosotros respetamos todas sus cuestiones, valorando al mismo tiempo aquello que nos inquieta, nos produce y nos estimula en torno a esta relación.


La conquista de los conejos I & II. 2021. Proceso.


En vuestro modo de hacer se intuye una ética de la exposición: exponerse al entorno, al clima, al otro, a lo impredecible. ¿Hasta qué punto esa vulnerabilidad es también una forma de conocimiento?

Diana: Para nosotros esa vulnerabilidad nos enseña mucho, sobre todo humildad. Cuando estamos ahí fuera y sentimos el frío, la lluvia o el sol, nos damos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos en comparación a la grandeza y la fuerza de la naturaleza.

Entonces, sí; consideramos esa vulnerabilidad como una fuente profunda de conocimiento que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a despojarnos del ego y a entender que solo somos una pequeña parte de un entramado mucho más complejo.


A veces las montañas también lloran. 2021. Desprendimiento de rocas caliza, sol, lluvia, viento, resina de pino sobre acrílico en tela de algodón natural, expuesta en manto de esparto y caliza durante dos meses. 195 cm x 130 cm x 3 cm.


Vuestras obras a menudo emergen de procesos prolongados de exposición al medio. ¿Podría pensarse que la materia -las telas, los pigmentos, los rastros del entorno- actúa como una memoria que el tiempo escribe sobre vosotros tanto como vosotros sobre ella?

Álvaro: Esto da para una conversación larga sentados en una piedra; sería bastante estimulante. A ver, si las experiencias moldean el interior de las personas y esto nos hace ser quienes somos en un momento presente, diría que sí, sobre todo a lo primero. Salir de nuestra zona de confort nos ha llevado a aprender de la perseverancia de las plantas, la calma geológica de las montañas, y con ello a reconciliarnos con el tiempo, el entorno, la naturaleza, con nosotros mismos e incluso con nuestra propia práctica. Igual que las telas guardan la memoria del lugar, nosotros reaprendimos a poner detenimiento y comprensión. Al final, es una manera de profundizar en el sentir.


El zorro y sus camelos.2022. Detalle.


¿Hasta qué punto planificáis vuestras obras y cuánto espacio dejáis para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Diana: Nuestra planificación se reduce a la hipótesis inicial. Elegimos los materiales, los colores, los lugares e incluso a veces la ubicación, pero dejamos todo el espacio posible para que ocurra lo inesperado. Al final se trata de eso, de que la naturaleza hable y que la vida suceda. Para nosotros, tanto lo inesperado como el error forman parte de la complejidad del mundo, y en ello encontramos una belleza natural.