HAGAMOS LA HISTORIA DEL ARTE TAMBIÉN VISUAL

El acercamiento al arte se hace desde la experiencia sensorial. El arte se ve, se oye, se palpa… Sobre la base de esta vivencia a través de los sentidos, se ha abordado históricamente la clasificación de las disciplinas artísticas: artes visuales, música, danza o teatro. Pero estas categorías presentan problemas cuando la obra bebe de una y otra técnicas dando lugar a creaciones híbridas, que incorporan sonido e imagen, intervención y vídeo, pintura y pantallas, y una infinidad de combinaciones que vienen a enriquecer el panorama actual de la producción contemporánea.

Pablo Picasso, “Femme dans un fauteuil”, 1929. Museu colecçião Berardo, Lisboa. © Sucession Pablo Picasso, VEGAP. Madrid 2019

La carga visual de esta aproximación al arte es innegable. Pero cuando pasamos de la pura experiencia al estudio académico, nos enfrentamos a un conocimiento plasmado siempre por escrito donde el objeto de análisis se separa de su realidad tangible y queda transformado en una idea abstracta e incorpórea sobre la que se discute, razona y argumenta. Casi todas las ramas del conocimiento han incluido un capítulo especial dedicado, casi podríamos decir, al autoanálisis y la autoevaluación. La elaboración de una metodología propia para cada campo es síntoma de que existe una área de estudio reconocida y autónoma, como ocurre con el arte.

Alfred. H. Barr Jr., Diagrama de la evolución estilística del arte de 1890 a 1935, cubierta de “Cubism and Abstract Art”. New York: The Museum of Modern Art, 1936. Archivo Lafuente

Los propios protagonistas del sector se han cuestionado en diversas ocasiones la forma en que la historia del arte se ha abordado, desde el academicismo y la elaboración teórica. Por eso, muchos de ellos han propuesto maneras alternativas de exponer ese conocimiento con una mayor carga visual, rindiendo homenaje a las propias obras que componen el relato evolutivo de la creación artística.

Estos días la Fundación Juan March acoge la exposición “Genealogías del arte, o la historia del arte como arte visual”, en la que se ha reproducido el célebre diagrama que Alfred H. Barr, Jr., propuso para la cubierta del catálogo “Cubism and Abstract Art” (1936) en el que explicaba la evolución estilística del arte desde 1890 a 1935. Este comisario, que fue fundador en 1929 del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) y también su primer director, quiso sintetizar en un gráfico los grandes hitos del arte de transición hacia el s. XX para que fuese fácil de asimilar de un solo vistazo.

Vasili Kandinsky, “Landscape with Two Poplars”, 1912, © Arthur Jerome Eddy Memorial Collection (via artic.edu)

Sobre este esquema, la exposición se presenta como una muestra documental, con 350 obras y más de 100 documentos que jalonan el diagrama en cada uno de sus marcas históricas. Se recogen obras de artistas de vanguardia como Pablo Picasso, Constantin Brancusi, Kazimir Malévich, César Domela, Francis Picabia, Robert Delaunay y Vasili Kandinsky, entre otros. Además, se encuentran algunas obras que estuvieron presentes en la exposición original de Barr, como “Landscape with Two Poplars”, 1912, de Vasili Kandinsky y “Femme dans un fauteuil”, 1929, de Pablo Picasso.

 

Si las artes visuales despiertan las emociones en el espectador, y también la gastronomía, en su máxima expresión, puede provocar un efecto similar, la relación entre ambas “disciplinas” está más que demostrada.

El queso es una pieza fundamental dentro de la gastronomía, y su diversidad le permite formar parte de los diferentes espacios de ésta, desde los entrantes a los postres. Es por ello que Art Madrid lo incluye en esta edición de la feria desde un lugar ambicioso, en el cual se le da al queso un acercamiento a la propia creación de una obra de arte, tanto desde el punto de vista del tiempo invertido en su proceso de ejecución como del estudio prácticamente personalizado que se le dedica a cada uno de ellos durante su elaboración.

Como si de un artista plástico se tratase, el Maestro Afinador de quesos ejecuta una serie de acciones convirtiendo cada pieza en un elemento exclusivo e individualizado. Esto es lo que consigue la quesería madrileña QAVA de Quesos y su Maestro Afinador José Luis Martín.

“QAVA & MARTÍN AFINADOR es un nuevo concepto de tienda: un espacio singular diseñado para degustar, aprender, difundir y comprar queso en Madrid, en pleno barrio de Retiro.”

José Luis Martín es una pieza clave en la quesería QAVA. Lleva trabajando en el mundo del queso más de 30 años, impartiendo formación por todo el mundo, visitando queserías, realizando consultorías y asesorando en el diseño y la puesta en marcha de alguna de las tiendas más emblemáticas de quesos de España. El hecho de conocer personalmente a los productores, e incluso asesorarlos en la fabricación y el diseño de sus productos, le permite seleccionar lotes específicos, en diferentes estadios de maduración, para completar el afinado del queso y así convertir cada pieza en un producto único, diferente y con un sello propio, el del afinador.

En el perfil del Maestro Martín Afinador se funden la experiencia y el conocimiento puro. Martín Afinador es asesor y consultor de queserías artesanales y diseño de producto, y de las mejores tiendas especializadas del país, director de Gourmetquesos, director y coordinador del Campeonato de los Mejores Quesos de España durante 9 ediciones, director Técnico y jurado en concursos y catas nacionales e internacionales de quesos, colaborador del Ministerio de Agricultura y de la Academia de Gastronomía Española, director y coordinador de la sección de quesos de la Guía Repsol de los mejores Alimentos de España y formador para escuelas de hostelería y centros de enseñanza, entre otras actividades.

El afinado del queso es un proceso complejo que requiere tiempo y dedicación, además de un uso desarrollado de los sentidos. El Maestro Quesero Afinador, como técnico especialista en la materia, trabaja todos los estadíos del queso (variados y complejos), controla todas las etapas de transformación de la materia prima, supervisa la evolución y desarrollo de los quesos según las características de cada uno de ellos, verifica la calidad y el estado en que llegan los quesos a sus cavas, su cuidado y conservación, y; por último, controla su embalaje y el tipo de envoltorio adecuados para su mejor conservación.

En Qava de Quesos cuentan con dos Cavas de Afinado de Quesos. En estas “cuevas de afinación” o cámaras frigoríficas diseñadas en condiciones constantes de temperatura, humedad y aireación, “cuidamos con mimo los quesos hasta llevarlos a su punto óptimo de consumo”. El trabajo del afinado conlleva disponer los quesos en baldas de madera, volteado diario y/o lavados frecuentes, cepillados periódicos, así como otras manipulaciones con carácter regular.

Entre los servicios que ofrece Qava de Quesos podemos encontrar cursos y talleres específicos, realización de eventos para grupos y empresas, y asesoramiento sobre diseño de tiendas y cavas de afinado.