Art Madrid'26 – IMÁGENES CONCRETAS PARA UN TIEMPO HUIDIZO

Galerías Paulo Nunes-Arte Contemporânea, Bea Villamarín, Cornión y Montsequi

 

Pararse, tomarse un tiempo y dejarse sorprender. Parece una trivialidad pero, ya sea por imperativos u obligaciones, compromisos o deseos frustrados y, sobre todo, por esa epidemia del siglo XXI que es la falta de tiempo, habitualmente no apreciamos con calma las cosas que nos rodean. Este lugar común afecta especialmente a la contemplación del arte, la cual también se ve pervertida en esta era tan heterogénea de frívolo turismo cultural, “bienalismo”, blockbusters y publicidad encubierta.

Ana Pais Oliveira

Ar livre #8, 2018

Técnica mixta sobre tela y contraplacado marítimo

135 x 200cm

En la propuesta que presentará la Galería Paulo Nunes-Arte Contemporânea (Vila Franca de Xira) destacan por igual las ficciones y las realidades. Por un lado, las nostálgicas esculturas de Manuel Patinha y las pinturas de Ana Pais Oliveira, seduciéndonos estas últimas desde escenarios indeterminados de formas abstractas, particularmente extrañas y seductoras. A primera vista los espacios imaginados por la artista parecen gélidos, fríos, pero tras una observación más profunda, se puede llegar también a una mayor sensación de calidez. Todo depende de lo que transmita a cada espectador.

Mário Macilau

Sem título 1, 2017

Papel Hahnemühle

80 x 120cm

Rui Dias Monteiro

Nas paredes e no chão, 2015

Fotografía

15 x 20cm

Por otro lado, las realidades concretas se expresan en el stand de esta galería con el trabajo del documentalista Mário Macilau, fotógrafo autóctono de Maputo (Mozambique) que tiene como objetivo visibilizar la situación sociopolítica de su país. Perfecto y necesario ejemplo dentro del debate de la Otredad, pues “el Otro” puede, debe y sabe representarse. Bello y clásico trabajo en blanco y negro que nos habla de las circunstancias actuales de millones de personas, algo que intuimos o vemos desde la cómoda lejanía pero que realmente no conocemos. Otra realidad es la que refleja el también fotógrafo Rui Dias Monteiro, más interesado en el detalle, el fragmento, en lo intuitivo. Cualquier piedra en medio del camino puede iniciar o finalizar un relato, y seguramente la vertiente literaria de este artista, sea lo que explique que su mirada se detenga en estos motivos.

Alejandro Quincoces

Polluted cityscape, 2018

Óleo sobre tabla

125 x 195cm

Carlos Tárdez

Tasador, 2017

Resina policromada

10 x 10cm

Otro tipo de realismo especialmente narrativo es el que cultiva Alejandro Quincoces, artista que presentará la galería Bea Villamarín (Gijón). Su obra, que se situá en misteriosos escenarios naturales y urbanos, suele caracterizarse por un aire muy cinematográfico, habitualmente melancólico y hasta catastrófico; incluso en sus vistas urbanas más amplias se vaticinan mundos futuros distópicos, pero no por ello imposibles. El mundo de otro de los artistas, Carlos Tárdez, es explítamente más crítico; todo lo que tienen sus esculturas en resina policromada de pequeño formato, se vuelve enorme en sus formas provocadoras y mensajes satíricos. Quizá es el tamaño precisamente lo que dota a sus obras de mayor impacto, tanto visual como emocional.

Mònica Subidé

Los hijos del rey bufón y sus buitres, 2018

Óleo, lápiz y collage sobre madera

80 x 110cm

En el stand de Villamarín también se podrá disfrutar del trabajo de Mònica Subidé, tan rico en referencias artísticas como en su gusto por el relato onírico, enigmático y seductor -rasgos que se podrán apreciar por partida doble puesto que la artista también tendrá representación en el espacio de Yiri Arts. Narraciones mucho más herméticas son las que ofrece el trabajo de Patricia Escutia, una suerte de palimpsestos compuestos por apuntes, huellas, caligrafías indescifrables que evidencian la negación del lenguaje, las dificultades que tenemos en nuestra comunicación; escritura abstracta para un tiempo huidizo. Enmarcado en la abstracción se encuentra justamente el trabajo de Candela Muniozguren, artista de quien la galería presentará una selección de su característica escultura geométrica de anclajes.

Javier Victorero

En el jardín VIII, 2018

Acrílico sobre tela

180 x 150cm

Asimismo, la propuesta de la galería Cornión (Gijón) incluye una decidida apuesta por la abstracción más geométrica: el trabajo de Javier Victorero. Desde un conocimiento intenso de la armonía y el equilibrio compositivos, el artista juega con las líneas rectilínas y las propiedades de los colores, en algunos casos vinculándose de forma íntima con la creación de grandes artistas geométricos como Eusebio Sempere. Igualmente, la investigación de las características de los materiales es algo que comparte con el escultor Amancio (González), más interesado, eso sí, en una especie de abstracciones figurativas.

Miguel Galano

Nieve en el Monticu, 2018

Óleo sobre lino

46 x 53cm

Cornión cierra su selección para Art Madrid con la pintura, “atemporal y verdadera”, de Miguel Galano: un canto a la tierra asturiana, lleno de nostalgia y de la más honesta sencillez. Son los suyos escenarios solitarios y en calma, que invitan al cobijo o la empatía; son lugares en los que claramente podemos detener nuestro acelerado ritmo vital y pararnos a contemplarlos de forma más serena la vida.

Horacio Fernández Munizaga

Placeres, 2018

Acrílico sobre tela

92 x 92cm

Rodrigo Nevsky

Apple fondo azul, 2018

Acrílico sobre tela

30 x 30cm

En el espacio de Montsequi Galería de Arte (Madrid) también habrá lugar para la contemplación, especialmente a través de la escultura en bronce y hierro de Mireia Serra, cuyos personajes, como destacan los galeristas “muestran la belleza y el misterio de pequeños momentos llenos de emociones y sentimientos del viaje de la vida: mujeres tomándose su tiempo para decidir en una encrucijada de su vida, hombres disfrutando de sus momentos de distensión, pequeños placeres, momentos de pausa…”. “Placeres” (2018), “Fuente Paraíso” (2018) o “Fuego” (2018) son algunas de las abstracciones, vitalistas y en gran medida naturalistas, que Montsequi presentará del artista Horacio Fernández Munizaga. Junto a su obra, se incluirá también una selección de las pinturas de Rodrigo Nevsky, más alineadas con la contemporaneidad, esa que está repleta de marketing y de iconos como el del gigante Apple, y que Nevsky trabaja con un lenguaje que incluye la abstracción y la figuración.

Tomémonos un tiempo, adentrémonos en las historias y las emociones concretas que proponen los artistas y decidamos después con más conciencia si nos convencen o no. Descansemos del peso de la cotidianidad.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Cedric Le Corf (Bühl, Alemania, 1985) se sitúa en un territorio de fricción donde el impulso arcaico de lo sagrado convive con una actitud crítica propia de la contemporaneidad. Su práctica parte de una comprensión antropológica del origen del arte como gesto fundacional: la huella, la marca, la necesidad de inscribir la vida frente a la conciencia de la muerte.

Le Corf establece un diálogo complejo con la tradición barroca española, no desde la mímesis estilística, sino desde la intensidad afectiva y material que atraviesa aquella estética. La teatralidad de la luz, la encarnación de la tragedia y la hibridez entre lo espiritual y lo carnal se traducen en su obra en una exploración formal donde la geometría subyacente y la materia incrustada tensionan la percepción.

En el trabajo de Le Corf, el umbral entre abstracción y figuración no es una oposición, sino un campo de desplazamiento. La construcción espacial y el color funcionan como dispositivos emocionales que desestabilizan lo reconocible. Este proceso se ve atravesado por una metodología abierta, donde la planificación convive con la pérdida deliberada de control, permitiendo que la obra emerja como un espacio de silencio, retirada y retorno, en el que el artista se confronta con su propia interioridad.


La caída. 2025. Óleo sobre lienzo. 195 × 150 cm.


En tu trabajo se percibe una tensión entre la devoción y la disidencia. ¿Cómo negocias el límite entre lo sagrado y lo profano?

En mi trabajo siento la necesidad de remitirme al arte rupestre, a las imágenes que llevo presentes. Desde que el hombre prehistórico tomó conciencia de la muerte, sintió la necesidad de dejar una huella, marcando con una plantilla en la pared una mano roja, símbolo de la sangre vital. El hombre paleolítico, cazador-recolector, experimenta un sentimiento místico frente al animal, una forma de magia espiritual y de ritos vinculados a la creación. De este modo, sacraliza la caverna mediante la representación abstracta de la muerte y la vida, la procreación, las Venus… Así, nace el arte. En mi interpretación, el arte es sagrado por esencia, porque revela al hombre como creador.


Entre perro y lobo II. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


Se observan trazos de la tradición barroca española en tu trabajo. ¿Qué encuentras en ella que siga siendo contemporáneo?

Sí, se observan rasgos de la tradición barroca española en mi trabajo. En la historia del arte, por ejemplo, pienso en los mosaicos árabe-andalusíes, en los que para mí se encuentra una geometría de diseños profundamente contemporánea. Y en la pintura y la escultura barroca española, el tema que aparece con mucha frecuencia es la tragedia: la muerte y lo sagrado están intensamente encarnados, ya sea en temas religiosos o profanos, en Zurbarán, Ribera, El Greco, pero también en Velázquez. Pienso, por ejemplo, en la notable pintura ecuestre de Isabel de Francia, por su geometría y por un retrato cuya luz recuerda a la de un Matisse.

Cuando pienso en la escultura, vienen a mi mente las maravillosas esculturas policromadas de Alonso Cano, Juan de Juni o Pedro de Mena, donde los ojos verdes están incrustados, junto con dientes de marfil, uñas de cuerno y pestañas de cabello. Todo ello ha influido sin duda en mi trabajo escultórico, tanto morfológico como ecuestre. Personalmente, en mi obra incrusto elementos de porcelana en madera tallada o pintada.


Entre perro y lobo I. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


¿Qué te interesa de ese umbral entre lo reconocible y lo abstracto?

Por mi parte, toda representación en pintura o en escultura es abstracta. Lo que la impone es la construcción arquitectónica del espacio, su geometría secreta, y la emoción que provoca el color. Es, en cierto modo, un desplazamiento de lo real para alcanzar esa sensación.


El ángel anatómico. 2013. Madera de fresno y porcelana. 90 × 15 × 160 cm.


Tu obra parece moverse entre el silencio, el abandono y el retorno. ¿Qué te llama hacia esos espacios intermedios?

Creo que es al renunciar a imitar la verdad exterior, a copiarla, como alcanzo la verdad, ya sea en la pintura o en la escultura. Es como si me mirara en mi propio sujeto para descubrir mejor mi secreto, quizá.


Justa. 2019. Madera de roble policromada. 240 × 190 × 140 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Es cierto que, en ocasiones, olvido por completo la idea principal en mi pintura y en mi escultura. Aunque comienzo una obra con ideas muy claras —dibujos y bocetos previos, grabados preparatorios y una intención bien definida—, me doy cuenta de que, a veces, esa idea inicial se pierde. Y no se trata de un accidente. En algunos casos tiene que ver con dificultades técnicas, pero hoy en día también acepto partir de una idea muy concreta y, al enfrentarme a la escultura, a la madera o a la cerámica, tener que trabajar de otra manera. Y eso lo acepto.