Art Madrid'26 – JOSEP MARIA RIERA I ARAGÓ, ARTISTA INVITADO EN ART MADRID’17

 

Los fondos marinos y el cielo, el agua y el aire, son los territorios que explora desde sus inicios Riera i Aragó a los mandos de submarinos y zepelines, artilugios de naturaleza casi mágica que nos hablan de los totems del siglo XX: las máquinas y su urgencia. Frente al frenético ritmo del pasado siglo, el artista detiene la atmósfera gracias a la rotundidad de sus esculturas, bronces y hierro oxidado que parecen flotar en un elemento original cuya materia desconocemos.

 

 

Retrato de Josep Maria Riera i Aragó

 

 

Josep María Riera i Aragó (Barcelona, 1954) es el ARTISTA INVITADO en Art Madrid’17, que se celebra del 22 al 26 de febrero en la Galería de Cristal de CentroCentro, dentro de la Semana del Arte de Madrid. Como han hecho otros años las artistas Ouka Leele y Carmen Calvo, Riera i Aragó será el autor del cartel oficial de la feria cuya imagen - uno de sus aviones - se transformará en una litografía de edición limitada.
 

 

Las posibilidades expresivas de su escultura (pesos ingrávidos, masas flotantes), su diálogo con el escenario urbano y su enfoque plástico en esa especie de “arqueología del maquinismo”, hacen de la obra de Riera i Aragó una pieza esencial para entender a una generación de artistas que en los años 80 del S.XX retomaron a su manera los lenguajes de la pintura y la escultura. La naturaleza, ya sea como paisaje para sus sugerentes esculturas en espacios públicos o como inspiración/aspiración ecologista mediante el uso de materiales recuperados, es otro de sus grandes temas y muy presente en sus piezas de islas y en la serie “especies protegidas”.

 

 

Trabajo del artista Josep Maria Riera i Aragó

 

 

“Si en otras épocas los artistas habían tomado el paisaje, las narraciones mitológicas o la figura humana como temas de inspiración, Riera i Aragó optó por uno de los emblemas más característicos de su época, el mundo de la máquina y los artefactos en general. Pero no lo hace siguiendo un realismo literal o mimético, sino hablándonos irónicamente de la máquina, de su transitoriedad, de su capacidad de sugerencia, en un viaje de ida y vuelta del espacio real al imaginario, que hace que en última instancia todos estos referentes sean una inmensa excusa para hacer arte” (Daniel Giralt Miracle)

 

 

“Encontramos un autor que si bien incorpora un componente lúdico evidente, por otra parte, en la mayoría de trabajos artísticos aporta una profunda reflexión visual al entorno de lo que entendemos por modernidad. Es en este sentido que hay que leer su peculiar estética mecanicista y su ambivalente relación con la ciencia y sus supuestos saltos hacia delante: desde el fundacional cogito cartesiano, la continua afirmación de la especificidad humana, de su poder, descansa en una idea de infinitud desacralizada que encuentra en la ciencia, primero, y luego en la tecnología -y hoy en la creciente virtualización del mundo- un argumento inagotable que Riera i Aragó disecciona con ironía en cada una de sus obras” (Eudald Camps)

 

 

La obra de Riera i Aragó está presente en importantes colecciones y museos de todo el mundo, entre otros: Musée de Céret, Francia; Fundació Joan Miró, Barcelona, España; Musée d’art Modern de Luxembourg, Luxemburgo; Centro Cultural Arte Contemporáneo, Mèxico D.F; Fondation Vincent Van Gogh, Arles, Francia; Städtische Museen, Heilbronn, Alemania; Museum Otani, Nishinomiya, Japón; MACBA, Barcelona, España; The Boeing Company, Chicago, USA; Collectie NOG Van Het. SNS Reaal Fonds, Países Bajos; Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa, La Coruña, España.

 

 

Entre las exposiciones realizadas los últimos años destacan las amplias retrospectivas que le dedicaron tres museos en Francia, el Musée d’art modern de Céret y el Musée de Collioure, así como el Musée d’art Modern André Malraux, MuMa, de Le Havre. También la presentación de sus esculturas de gran formato para el Parque Tournay-Solvay en Bruselas, dentro del marco de la exposición que le dedicó la Fondation Folon. Riera i Aragó vive y trabaja en Barcelona.

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.