Juliao Sarmento, el artista portugués selecciona 67 obras para poner en común las colecciones del MACBA, La Caixa y la fundación Calouste Gulbenkian

 

Esta una gran “obra de obras”, un organismo artístico compuesto de partes independientes, de obras procedentes de distintos lugares y tiempos y que confluyen bajo el apabullante marco de “el gesto”. El artista Juliao Sarmento ha sido el encargado de la tarea de seleccionar las obras, las suyas incluidas, y de aproximar al público español al arte portugués con trabajos de Rui Chafes, Augusto Alves da Silva, Jorge Barradas, José de Almada Negreiros y Joaquim Rodrigo, entre otros.

 

 

Sarmento ha usado únicamente su percepción como elemento aglutinador para que las obras dialoguen entre sí, sólo su sensibilidad explica los lazos en este contexto. «Ahora son como los órganos de un cuerpo –comenta el artista portugués, comisario de la muestra–, no pueden vivir separadas». Cuadros, esculturas, proyecciones, instalaciones, luminosos, expresiones artísticas elegidas con el único patrón de la libertad, «sin mirar la procedencia, o si cogía diez de aquí y tres de allí», explicó Sarmento.

 

 

La exposición es también una invitación para ver con nuevos ojos el arte internacional de las últimas décadas a partir de algunas obras esenciales de las tres colecciones: Juan Muñoz, Sigmar Polke, Miroslaw Balka, Rodney Graham, Gerhard Richter, Robert Rauschenberg, Rita McBride, Robert Morris, Rachel Whiteread, Giuseppe Penone, Richard Serra, Robert Gober, Carl Andre, Ignasi Aballí, Francis Alÿs o Philip Guston. Y, por último, es una invitación a descubrir el mundo de Julião Sarmento, un artista que abarca desde el arte conceptual a la abstracción, del cine super-8 a la pintura, con referencias a la literatura y el cine, buscando el despojamiento progresivo, la búsqueda de formas esenciales.

 

 

 

El peso de un gesto. La mirada de Julião Sarmento a las colecciones Gulbenkian, MACBA y ”la Caixa” se podrá visitar en CaixaForum Barcelona (av. de Francesc Ferrer i Guàrdia, 6-8) del 11 de febrero al 1 de mayo de 2016.

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.