LA FAUNA EXISTENCIALISTA DE DANIEL SUEIRAS

Daniel Sueiras siente una innegable inquietud por entender al ser humano como un todo, por comprender de una forma esencial el porqué de nosotros mismos, la razón de nuestra sociedad y el sentido del más allá, del cuándo y el dónde de nuestra (aparentemente) azarosa existencia. La transformación de este universo de pensamientos en su obra adopta diversas formas. Su versatilidad como pintor y escultor se traduce en un catálogo de personajes que juegan con el humor y la ironía para ofrecer una lectura de la vida diferente. Se trata de un permanente cuestionamiento del status quo que Daniel domina con maestría y que encuentra salida en uno de sus proyectos más ambiciosos “Selección natural”. Un compendio de ideas plasmadas en retratos señoriales, poses clásicas y ropas de época que interpelan al espectador. Hoy tenemos la suerte de entrevistar a este artista y conocer de cerca su propuesta creativa.

En tu obra parece que los animales salen mejor parados que las personas. El uso de la ironía es innegable. ¿Cómo das ese salto en tu obra a la fauna pictórica del proyecto “Selección natural”?

El proyecto de Selección Natural surge principalmente por dos motivos. Uno es puramente práctico y el otro teórico en cuanto a contenido y significado.

Desde que comencé a pintar, todas las series en que he trabajado han tenido un carácter marcadamente existencialista, donde todo ha girado en torno a las preguntas universales de quiénes somos, a dónde vamos y de dónde venimos (algo no demasiado original a día de hoy he de admitir). En mis series anteriores pretendía representar al hombre como a un animal que se debate entre sus instintos y su raciocinio, el cual se proyecta en el mundo natural en forma de creaciones físicas. De ahí que a veces hiciera “retratos” de lavadoras, bombonas de butano, armarios…para mí no son solo objetos sino materializaciones de procesos mentales…una suerte de entidades humanas.

Con los años, y a base de ahondar en lo que somos, la conclusión se iba haciendo cada vez más evidente: somos animales que nos hemos adaptado muy bien al medio gracias a nuestro intelecto, pero del mismo modo que otros seres se han adaptado al medio. Descubrí que este pensamiento no tiene tantos seguidores y a la mayoría de humanos nos cuesta asumir que somos animales, y a menudo vemos el mundo natural y resto de especies vivas como algo tremendamente ajeno y, lo que es peor, a menudo como algo inferior.

Esa es parte de la idea que mueve Selección Natural, que a su vez es un homenaje y una ironía a y sobre los descubrimientos revolucionarios de Darwin. Ironía ya que ha sido el ser humano el único capaz de desentrañar los mecanismos de la vida y también es él mismo quien se niega a creer dichos descubrimientos. E ironía también ya que de los descubrimientos de Darwin se deduce que la evolución ocurre porque son las especies mejor adaptadas al medio las que sobreviven y tienen descendencia, mientras que nuestra especie, la humana, lleva ya mucho tiempo pretendiendo que sea el medio el que se adapte a nuestras necesidades.

Daniel Sueiras

Smouq Mouse, 2014

Óleo sobre tabla

12.5 x 10cm

Daniel Sueiras

Retrato Ilustre LI, 2014

Óleo sobre tabla

23.5 x 17.5cm

Lo que siempre me ha interesado es retratar a personas en modos que se hiciera visible su naturaleza animal, pero sobre todo me fascina el retrato y la psicología que trasciende de él. Algunas personas compran un retrato de un animal porque es gracioso o tierno, otros son conscientes de que detrás de la envoltura tierna o irónica hay un trasfondo mayor… para mí lo importante es que el trabajo está ahí, con múltiples lecturas quizá, pero con una clara intencionalidad también. He de reconocer que a día de hoy esta serie tiene algo de tragicomedia no ya solo en su estética y contenido, sino también en su propio proceso de gestación.

 

  Tus retratos elevan a tus modelos a la categoría humana. Suelen ser imágenes sobrias y señoriales. ¿Cuál es la psicología de estos personajes? ¿Es la humanización del animal o la deshumanización del individuo?

La pregunta es tan acertada que es en sí la respuesta. En efecto, elevo al resto de animales a la categoría humana (ya que tal cosa no existe, es como casi todo, una invención nuestra). Y lo hago como ironía a esa supuesta diferenciación de rango. Del mismo modo humanizo al resto de animales, para mostrar que nuestros estándares y conceptos son todos, como digo, invenciones nuestras: unos seres que se definen a sí mismos como superiores y especiales. Además intento, a diferencia de algunos pintores del pasado, no hacer híbridos de humanos y animales: cabezas de animales sobre cuerpos humanos… No me interesa eso, si pinto un gran retrato de un ratón, quizá vaya vestido, pero el traje cubre su cuerpo de ratón. Es un ratón.

 

  En el proceso de creación de una obra nueva, ¿qué te lleva a decantarte por la pintura o la escultura? ¿Qué influencias tienes en la elección de la composición y el estilo?

El desarrollo de una idea artística siempre me resulta difícil de explicar, ya que creo que influyen innumerables factores. En cuanto a la elección del medio, pintura o escultura… diría que es como cuando te pones unos pantalones; ya tienes los pantalones, ahora hay que buscar que combina mejor con ellos. A menudo, la propia idea o concepto ya pide un medio, se trata de adecuar la idea a la forma y dar con cuál expresa mejor el contenido de la misma.

Daniel Sueiras

Retrato Ilustre LXXII, 2014

Óleo sobre tabla

13.5 x 13.5cm

La pregunta es francamente interesante y si tuviera que elegir un rasgo de mi trabajo característico sería ese, la composición, incluso más allá del estilo. Lamentablemente, a menudo uno no cae en la relevancia que tiene la composición en el efecto producido en el espectador al observar la obra.

A mí siempre me ha interesado la psicología en el arte y el efecto que este produce en el espectador. Me interesa que un cuadro no tenga escapatoria, que te mire antes casi de que uno lo mire a él. Ahí entra en juego la composición. Mis imágenes suelen ser muy rotundas, poses frontales, perfiles, escorzos a lo sumo…siempre muy rígidas. La mirada de todo lo representado siempre se dirige hacia afuera, busca al espectador. Casi nunca represento acción, si hay acción ya sabe uno lo que está ocurriendo, si no la hay se vuelve más psicológico, más inquietante…

También influye el fondo, suelen ser vacíos o con estampados que forman patrones para que toda la atención resida sobre el retrato, así como entiendo que el marco ha de funcionar como un potenciador de lo pintado. De hecho en esta serie los marcos los considero parte de la obra final, con una importancia igual a lo pintado, ya que refuerzan el conjunto de la idea e ironía.

Entonces sí, las influencias anteriores o posteriores a mi trabajo serían sobre todo, el arte egipcio, sumerio, asirio, el arte primitivo africano… todo arte rígido en cuanto a forma, en cuanto a expresividad, pero profundamente psicológico e inquietante, precisamente por esa carencia de movimiento.

Mi pensamiento sobre el estilo es relativamente básico, en estas obras soy bastante realista. Me interesa que el primer impacto de la obra lo produzca lo que representa, no el cómo está ejecutada… en ese sentido lo más parecido a la realidad es lo que menos condiciona o más ayuda al efecto que busco en las obras de Selección Natural.

 

  Esta línea de trabajo es un proyecto abierto que compaginas con otras obras, como los retratos personales, ¿tienes en mente algún otro reto artístico?

Sí, hace ya algunos años que vengo trabajando en otra serie, África. En ella vuelven a aparecer seres humanos y aunque no he encontrado suficiente tiempo para trabajar en ella, ya tengo incluso pensamiento de series futuras a ella. Por suerte ideas no me faltan, el tiempo es lo que me resulta más difícil de encontrar para realizar tantos proyectos.

Daniel Sueiras

Retrato ilustre XXXIV, 2013

Óleo sobre tabla

47 x 47cm

Daniel Sueiras

Retrato Ilustre LXX, 2015

Óleo sobre tabla

22.5 x 26.5cm

Daniel Sueiras

Retrato Ilustre Mus Musculus head, 2014

Yeso dental y madera policromada

23.5 x 23.5cm

 

  Tienes una larga trayectoria artística que se ha desarrollado tanto dentro como fuera de nuestro país. En tu experiencia como creador, ¿sientes que hay diferencias en la forma de acercarse al arte en otros países con respecto a España?

Mentiría si negase que existe algo de eso. Yo vivo en el sur de España, y en nuestro propio país existen diferencias a medida que uno viaja hacia arriba a través de nuestra geografía. Del mismo modo me atrevería a decir que ocurre algo similar a medida que uno abandona España hacia otros países.

Creo que tiene que ver con la cultura, con el clima (que a su vez tiene que ver con la cultura). Donde yo vivo, vivir de algún modo se considera un arte, así que el que hace arte se considera de algún modo un vividor. Aquí existe una creatividad increíble y quizá por eso se valora poco, de algún modo la gracia, la ironía, lo original, creativo y diferente están a la orden del día y que alguien además pueda ganarse la vida gracias a eso puede suponer hasta motivo de asombro.

Quizás deberíamos cambiar aspectos de nuestra cultura… pero también me da miedo que lo hagamos. Es difícil cambiar unos aspectos sin que cambien otros. Creo que tengo una vocación frustrada de antropólogo y a menudo intento entender los mecanismos de los procesos culturales y ambientales, y muchas veces comprender realidades hace que sea muy difícil juzgarlas.

Aquí muchísima gente tiene que emigrar aunque querrían quedarse ya que hay poco trabajo y muchas veces sus aptitudes no son valoradas y/o requeridas. Yo me siento un privilegiado por poder vivir aquí, aunque sea gracias a exponer en otros lugares.

 

 

Hace apenas unos días se publicó el ranking de los museos más visitados del mundo en 2018. Una vez más, el Louvre ocupaba la primera posición, y también con gran satisfacción veíamos que el Reina Sofía se mantenía entre los 20 primeros un año más. En el panorama mundial, los museos europeos tienen un peso considerable, con 9 instituciones situadas en los primeros 20 puestos. En conjunto, las cifras reflejan un aumento del 15% en el número de visitantes, lo que demuestra el creciente interés del público por acceder a estas grandes colecciones.

Visitantes ante la "Mona lisa" en el Louvre en París. Foto: Pedro Fiuza/NurPhoto — Sipa, (vía Associated Press nytimes.com)

No obstante, estos datos no son tan halagüeños como pudiera parecer. A pesar de las dimensiones de estos enormes museos, el volumen de visitantes es tal que el disfrute de las obras se resiente y las labores de mantenimiento son cada vez más exigentes. El pasado 27 de mayo, el Louvre se vio obligado a cerrar sus puertas por una huelga convocada por los vigilantes de sala en protesta por la falta de recursos ante esta crecida de las visitas. Los pasillos se hacen intransitables y las obras se pierden tras un parapeto de brazos alzados, smartphone en mano, para sacarse la foto de recuerdo entre hordas de turistas. Este museo, en concreto, superó los 10 millones de visitantes el pasado año, lo que supuso un aumento del 25% con respecto al año anterior.

Este fenómeno no es ajeno al boom que está sufriendo el turismo en los últimos años. No solo viajar se ha hecho más asequible, sino que se ha convertido en un punto más en la lista de “cosas que hacer en la vida” para los que transitamos por el siglo XXI. El enorme abanico de posibilidades que nos brinda la actualidad choca con la necesidad de adoptar medidas de protección del patrimonio cultural y de la propia vida. Al mismo tiempo, es necesario luchar contra el poder de atracción de algunos lugares especialmente demandados, algo que repercute negativamente en la sostenibilidad de su estilo de vida y afecta al carácter estacionario de su economía. Se habla hoy mucho de turismo sostenible, y parece que se dice a la ligera, pero los desplazamientos de la gente y la expansión de los hábitos de consumo capitalista tienen un impacto directo en el medioambiente y en la conservación de los monumentos.

'Dalí', la exposición más visitada de Europa, por: Miguel Ángel García Vega (vía blogs.elpais.com)

No estamos ante un problema de solución fácil. El turismo es uno de los principales motores de la economía para muchos países. Algunas instituciones carecen de inyección de fondos públicos y deben mantenerse íntegramente con sus ingresos, obtenidos en muchas ocasiones de la venta de entradas. Algunos museos, como el Prado, tratan de establecer una política que permita seguir disfrutando del recorrido a los visitantes y tiene prohibido sacar fotografías con el móvil en las salas. Los motivos para tomar esta medida son múltiples, y para que nadie pueda quejarse (porque hay quienes se quejan), se ha procedido a la digitalización de las grandes obras de la colección con imágenes de alta definición accesibles en la página web oficial.

Estos datos ponen de manifiesto que el sector cultural no es ajeno a los grandes movimientos de tendencia que prescriben la obligatoriedad de visitar determinados centros, pasar por ciertos sitios y sacarse la foto de rigor para compartirla en las redes sociales. Es positivo que el arte pueda ser “trendy”, pero no lo es si esta moda conlleva el deterioro de la experiencia del museo, un falso conocimiento de lo que se está viendo, el secuestro de ciertas instituciones frente a otras del entorno próximo que siguen vacías, y la estandarización de los museos como consecuencia de la globalización. En el debate sobre el futuro de estas instituciones en el siglo XXI, que tuvo lugar en París en enero de 2018 y al que acudieron los directores de los principales museos del mundo, Bernard Blistène, director del Centro Pompidou, declaró: “un museo no debe tender hacia una colección ideal que no existe, sino construirse a partir de su singularidad. Sería ridículo ver cómo los museos se homogenizan para responder a una definición que, en realidad, deberíamos deconstruir: la del arte moderno. Tenemos que repensar el modelo inicial”.

Andy Stalman, “Louvre” (vía tendencias21.net)

Los retos del futuro para estos centros no pasan solo por la necesidad de hacer frente a su actividad con presupuestos cada vez más ajustados, sino también al cumplimiento de una misión social y cultural que afecta al conjunto de la sociedad mundial. Y en el trabajo hacia esos objetivos, cuestiones como la sostenibilidad y el equilibrio en el volumen de visitantes, son clave. Algunas voces apuntan que conviene fomentar la descentralización, abriendo filiales de los principales museos en otros lugares del mundo, como es el caso del Louvre, por mencionar un ejemplo cercano, que pronto inaugurará su centro de Abu Dabi. Pero estas soluciones son en realidad un ejemplo claro del impacto de la globalización y cómo alcanza también al sector del arte. El turismo de masas (y su consumo cultural) está tan íntimamente vinculado a este fenómeno que las estadísticas parecen arrojar resultados contradictorios.

Museo historia natural Londres. Foto: Son of Groucho (de Flickr, vía waitamoment.co.uk)

Volviendo al Prado, con sus casi constantes 3 millones de visitas en los últimos años, una encuesta lanzada a principios de este año para sondear los hábitos de los españoles indica que solo el 5,7% de los encuestados visitaron el museo en el último año, que un 37,5% no lo han visitado nunca y un 16% no tiene interés alguno en hacerlo. Sabemos que las estadísticas son eso, estadísticas, pero los datos nos aproximan a una realidad que parece pasar desapercibida. En este boom por acudir a los grandes museos, los visitantes nacionales son los menos interesados en disfrutar de estas instituciones. Y este puede ser el motivo que explique por qué las grandes pinacotecas están abarrotadas, y los museos más modestos, igualmente interesantes, se mantienen vacíos. Quizás una de las principales líneas de trabajo sea seguir educando en arte y cultura para despertar el interés de los ciudadanos por acercarse al arte que tienen más cerca y a su alcance, al tiempo que se canalizan otras formas de financiación para los museos que garanticen su sostenibilidad sin tener que depender tanto del volumen de visitas.