Art Madrid'26 – LA FERIA: UNA “FIESTA INNOMBRABLE”

Si miramos en retrospectiva, dieciocho años resulta ser un arco temporal vasto y fugaz. Un tiempo en el que Art Madrid ha ido construyendo su camino como evento de referencia de las artes visuales y el mercado en España y Europa. La cita cada febrero, en Casa de Campo o en el Palacio de Cristal de Cibeles, ha ido sumando a su historial, un repertorio de galerías y artistas que durante estos años han evolucionado a la par que el evento.

Pausa: Una pandemia, la incertidumbre y el reencuentro con la “fiesta innombrable” del arte, han formado parte también de la vida de la feria.

En cada edición Art Madrid ha demostrado su compromiso con el arte contemporáneo, sus gestores y principales artífices. Por eso cada año, de la mano de su comité asesor, la calidad de las propuestas expositivas y el deseo de que la feria se convierta en una apuesta hacia el futuro, hablan del rigor en la selección de galerías y de la calidad de las obras que se podrán apreciar en la cita.

En 2023 Art Madrid cumple la mayoría de edad. Un estadio en el que comienza a ser consciente del impacto que produce su presencia en la semana del arte madrileño. Y un momento para reflexionar sobre el camino que queda por andar. Su misión: la de continuar siendo escenario disruptivo y atrevido. Su apuesta: la de fortalecer su protagonismo como escaparate vivo del arte contemporáneo que se produce dentro y fuera de la península.

Remy Samuz, ‘Liberté’, 2018

En este viaje que llega a sus dieciocho ediciones, treinta y seis galerías asistirán al evento para mostrar los trabajos recientes de los más de ciento sesenta artistas que comparten espacio en la Galería de Cristal. Cabe destacar la presencia de manifestaciones como la pintura, la escultura, la fotografía y el dibujo, siempre protagonistas en los proyectos con los que las galerías avalan su trayectoria y la de los creadores que representan. No obstante, la performance y la instalación tendrán una presencia connotada dentro del Programa de Comisariado, que por tercera ocasión llega de la mano de la comisaria y crítica de arte Natalia Alonso Arduengo. Y que se centra en la Identidad como categoría de análisis y punto de partida para el cuestionamiento y la producción estética. Acompañarán también la narrativa de esta edición, el Programa de Entrevistas dirigido por el teórico y comisario Alfonso de la Torre, una ventana erudita que se abre al público para propiciar el acercamiento a ocho artistas destacados en Art Madrid´23.

La vuelta al sol número dieciocho de nuestra casa es un motivo para celebrar. Y lo haremos nuevamente con los Premios de adquisición, el Programa de Coleccionismo y la asesoría siempre acertada de nuestra Art Advisor Ana Suárez Gisbert. Invitamos así a coleccionistas y público en general a mirar con los ojos del deseo las obras que lucirán las galerías en sus espacios. Una oportunidad irrepetible para adentrarnos al profundo mundo del coleccionismo.

La cita del arte contemporáneo este año regresa renovada, apostando por nuevos modelos de galerías, inaugurando plataformas de recepción para que las voces jóvenes encuentren su lugar en el escenario actual, e interesada en acercar nuevos públicos al proyecto. Conscientes del papel que juega Art Madrid como evento que se debe a las galerías, y se ocupa de encontrar un nicho de mercado para los creadores jóvenes y de mediana trayectoria, insistimos en la necesidad de construir espacios de visibilización desprejuiciados y llamamos la atención sobre la urgencia de profesionalizar las prácticas artísticas dentro del circuito nacional e internacional. Pareciera una gran responsabilidad, lo es. Y para llevar a buen término el compromiso de Art Madrid, siempre nos hemos rodeado de profesionales e instituciones que nos han acompañado durante este viaje. Todas han ido construyendo el itinerario que hoy nos sirve de preámbulo para dar las gracias y celebrar nuestra mayoría de edad: Una “fiesta innombrable”, que no ha hecho más que comenzar.


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra pictórica de Sergio Rocafort (Valencia, 1995) se articula como un campo de interrogación más que como un sistema de afirmaciones visuales cerradas. Sus pinturas no buscan clausurar el sentido, sino activar una experiencia perceptiva abierta, en la que el espectador se ve implicado en un ejercicio crítico de revisión de los modos de mirar, interpretar y concebir la pintura en el presente. La imagen se presenta así como un territorio inestable, donde la percepción oscila constantemente entre lo visible y lo imaginado, y donde el significado se construye de manera provisional y compartida.

Uno de los ejes estructurales de su trabajo es la tensión entre escala e intimidad. El formato funciona como un dispositivo relacional que alterna la inmersión corporal con la atención concentrada, generando un ritmo expositivo que obliga al espectador a desplazarse, aproximarse y tomar distancia. Esta dinámica espacial dialoga con una pintura situada en un umbral entre figuración y abstracción, que mantiene activa la reflexión sobre el cuadro como ventana y como objeto físico, subrayando su condición material y espacial.

El proceso creativo de Sergio Rocafort se sostiene, asimismo, en una dialéctica entre intuición y control. Lejos de una noción romántica del azar, lo inesperado es entendido como pensamiento pictórico guiado, donde cada decisión, incluso la aparentemente accidental, responde a una conciencia crítica del acto de pintar y a una depuración progresiva de los medios expresivos.


S/T. 2024.Óleo sobre tabla. 30 x 45 cm.


El interrogante se instala en tu pintura. ¿Qué tipo de preguntas deseas que tu obra formule al espectador?

Por lo general mi intención es que la obra suscite más preguntas que respuestas. Al final creo que mi trabajo alude a espacios comunes pero que luego siempre están abiertos a la interpretación. Creo que ese juego entre las propias preguntas, -que me suceden a mí como artista en el taller-, es interesante que luego se trasladen al espectador en la sala. Preguntas por lo general, sobre la manera en la que miramos, la manera en la que interpretamos y la manera en la que concebimos la pintura. Un constante juego entre lo que vemos y lo que imaginamos.


S/T. 2025. Óleo sobre lino. 32,5 x 22,5 cm.


Tus obras parecen tensar constantemente la escala: de lo íntimo a lo envolvente. ¿Cómo decides qué formato necesita cada investigación?

Yo creo que el motivo principal por el que elijo una opción u otra depende del montaje expositivo. Al final, más allá de cómo funcione cada obra, creo que la visión de conjunto es la que completa y la que hace que tenga una coherencia y un sentido. En muchas ocasiones esos contrastes se producen porque una obra pequeña incita a aproximarse a lo íntimo, pero una obra grande puede tener mayor impacto. Al final ese juego de tensiones hace que el espectador se aproxime, se aleje y que se genere un diálogo interesante en la propia sala.

En mi caso, suelo trabajar bastante el gran formato debido al impacto que genera. La necesidad de adaptar las herramientas a la escala permite una mayor expresividad y, por tanto, una experiencia más inmersiva tanto para el artista como para el espectador.


S/T. 2015. Grafito sobre papel. 80 x 65 cm.


La crítica destaca tu atención a la proporción y al detalle. ¿Cómo operas estos dos conceptos en una pintura que rehúye la figuración?

No creo que mi pintura rehúya la figuración; siempre está jugando en los límites de la misma. La mayoría de los referentes que tengo son figurativos, pero busco tensar continuamente la relación entre lo volumétrico y las nociones clásicas de construcción pictórica, sin perder la idea del cuadro como ventana… o más bien, del cuadro como objeto. Esa relación entre el cuadro-ventana y el cuadro-físico me parece fundamental en mi obra; ambos aspectos tienen nexos en común.

El resultado sería muy distinto si uno de los elementos se dejara de lado. Pero el juego no es solo formal: se trata de generar ambigüedad, de crear un punto en el que el espectador deba completarlo. Creo que esto funciona tanto en una figuración hiperrealista como en una abstracción geométrica, que es lo que últimamente estoy haciendo.

La abstracción me permite desprenderme totalmente de la imagen. De hecho, no trabajo con fotografías ni con un imaginario previo; más bien genero mi propia noción de volumen y espacio sin necesidad de tenerlo muy presente. Al final, aunque no parta de un modelo figurativo, esta libertad coexiste con las nociones básicas de la pintura. Neo Rauch, por ejemplo, no necesita una maqueta ni una fotografía, y creo que esa misma libertad está presente en mi obra sin perder esas nociones básicas de la pintura.


S/T. 2025. Óleo sobre lino. 32,5 x 22,5 cm.


En tu relación con el negro, el contraste y la vibración del color, ¿cómo decides cuándo una tensión cromática debe ser contenida o enfatizada?

Creo que en este caso sucede algo similar a lo que pasa con los formatos, depende mucho del espacio expositivo. Un cuadro puede ser pequeño pero tener una gran fuerza de color y un alto nivel de contraste; aunque aluda a lo íntimo, puede generar un impacto visual notable. En un formato más grande puede ocurrir lo contrario, puede haber un bajo contraste o sutilezas que pueden funcionar mejor. Todo depende un poco de la relación que se produzca entre las obras en la sala y de cómo queramos alejar o aproximar al espectador para generar tensión en la mirada. En mi obra siempre ha estado presente la síntesis, la limpieza y la profundidad que ofrecen el color y la materia. Cada vez intento limitar más los recursos para que la obra funcione con lo mínimo. Últimamente, por ejemplo, estoy dibujando mucho y trabajando casi con gamas monocromas, porque dentro de esa sencillez creo que se pueden explorar y revelar muchos matices, tanto en las transparencias, la densidad, el contraste, el color… Ese es, en esencia, el constante juego pictórico de mi trabajo.



¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado o, incluso, el error?

Siempre he pensado que dejo mucho espacio al error y al azar, pero últimamente creo menos en esa versión del proceso creativo. Pienso que siempre hay una reflexión y una mano que guía estos “accidentes”. Sí intento que ocurran cosas imprevistas, pero lo que surge lo llamaría más intuición que azar y trato de acogerlo y guiarlo. Esa es, en esencia, mi manera de entender la pintura.

En cuanto a cómo manejo los tiempos de mis proyectos, para finales de este año tengo prevista una exposición individual en la galería Shiras, que será un buen momento para consolidar los trabajos que he venido realizando y su impacto visual. Últimamente también me estoy centrando en Art Madrid, que se aproxima, y busco que los trabajos expuestos tengan una cohesión, coherencia y limpieza que no habían tenido algunas obras anteriores. Esta vez, la luminosidad y la saturación presentes en parte de mi obra relucen más que nunca, y confío en que resultará un montaje expositivo muy logrado por parte de la galería en la feria.