Art Madrid'26 – LA GALERÍA SHIRAS DE VALENCIA APUESTA POR EL ARTE LOCAL

Shiras Galería apuesta por el arte local de Valencia y en su propuesta para esta edición de Art Madrid exhibirá obra de cinco artistas valencianos y de un artista zamorano afincado en Valencia.

Fundada por su actual directora artística Sara Joudi, Shiras Galería da visibilidad tanto al arte local de Valencia, como al nacional e internacional, y lo hace ofertando una propuesta de diálogo intergeneracional entre artistas consolidados y jóvenes emergentes con gran posibilidad de proyección. Shiras Galería es miembro del Consorcio de Galerías de Arte Contemporáneo de España, LaVAC (Associació de Galeries d’Art Contemporani de la Comunitat Valenciana) y la asociación Valencia Excellence.

Toño Barreiro (Zamora, 1965) participa en Art Madrid con la propuesta "FLEXIA". Definida por el crítico David Barro como: "una arriesgada propuesta regida bajo los cánones teóricos y exploratorios de toda buena obra de arte ". Toño Barreiro nos propone "visualizar el esqueleto del pensamiento" y para ello utiliza la línea de forma sinuosa y orgánica (Dibujos infinitos) o como constructora de geometrías planas, que combina y mueve en estructuras de inspirada tridimensionalidad (Flexia). A través de nuevas tecnologías y procesos creativos, el artista en sus creaciones más recientes, desarrolla un trabajo multidisciplinar en el que rompe totalmente con el encuadre tradicional, realizando una simbiosis entre pintura y escultura.

Toño Barreiro

Dibujos infinitos, 2018

Tinta plana sobre papel fabriano

90 x 75cm

El artista interdisciplinar Juan Olivares (Catarroja, 1973) trabaja a caballo entre China y España. Participa este año en la feria con la nueva serie "Beyond", expuesta en Shiras recientemente, y en la que nos muestra su ambivalencia entre la poética del mundo oriental y el cromatismo del expresionismo abstracto occidental. Sus collages los realiza recortando fragmentos de pintura vinílica sobre papel y combinándolos de tal manera que los límites formales de lo pictórico se pierden. Para el artista la abstracción es buscar lo esencial de la obra.

Horacio Silva (Valencia, 1950), se incluye en la propuesta de Art Madrid con su reciente proyecto "intro-versiones". Prestigioso artista y catedrático de la UPV. En su obra la mímesis y el color se unen en un claro tránsito hacia la abstracción en la que el elemento "unidad" hace de ella una muestra explosiva de tensiones emocionales, de las que emerge su inconfundible sello personal.

Josep Tornero

St, 2019

Óleo sobre tela

100 x 100cm

Horacio Silva

Mi isla preferida, 2019

Acrílico sobre tela

155 x 120cm

El artista Josep Tornero (Valencia,1973), utiliza de una forma contemporánea su magistral dominio de la técnica clásica y con ella construye una obra en la que transita por la imagen tanto desde lo real como lo imaginario donde encontramos una constante preocupación por el elemento matérico que la configura. Sus óleos en blanco y negro semejantes a una fotografía difuminada tienen un trasfondo de denuncia social. Esto hace que sus pinturas sean inconfundibles.

Nanda Botella

Serie grietas franjas y color, 2018

Técnica mixta

70 x 70cm

Completa la propuesta expositiva de Shiras para Art Madrid, las obras más recientes de Nanda Botella (Valencia, 1960) y Cristina Gamón (Valencia, 1987). Franjas, colores y grietas se fusionan en la obra de Nanda Botella, quien expresa sus sentimientos más profundos a través de un lenguaje metafísico. El color en su máxima vivacidad es un elemento fundamental en la obra actual de la artista valenciana, en contraposición a la obra basada en blancos y negros de su etapa anterior. Por su parte, la joven artista Cristina Gamón, hace un alarde de color sobre superficies de metacrilato, consiguiendo difuminados y transparencias que recuerdan a organismos primarios sumergidos en espacios acuosos situados en profundidades abismáticas.


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Julian Manzelli (Chu) (Buenos Aires, Argentina, 1974) se sitúa en un territorio de investigación donde el arte adopta metodologías próximas al pensamiento científico sin renunciar a su dimensión poética y especulativa. Su práctica se estructura como un proceso abierto de experimentación, en el que el taller funciona como laboratorio: un espacio de ensayo, error y verificación, más orientado a la producción de nuevas formas de percepción que a la obtención de certezas. En este sentido, su trabajo dialoga con una epistemología de la incertidumbre, afín a tradiciones filosóficas que entienden el conocimiento como devenir y no como cierre.

Manzelli explora zonas intersticiales, entendidas como espacios de tránsito y transformación. Estas áreas ambiguas no se presentan como indefinición, sino como potencia: lugares donde las categorías se disuelven y permiten la emergencia de configuraciones híbridas, casi alquímicas, que reprograman la mirada.

La geometría, lejos de operar como sistema normativo, aparece tensionada y desestabilizada. Sus construcciones precarias articulan un cruce entre intuición y razón, juego e ingeniería, evocando una gramática universal presente tanto en la naturaleza como en el pensamiento simbólico. Así, las obras de Manzelli no representan el mundo, sino que lo transfiguran, activando preguntas más que respuestas cerradas.


Avícola. Escultura magnética. Madera, imanes, laca automotriz y acero. 45 x 25 cm. 2022.


La ciencia y sus métodos inspiran tu proceso. ¿Qué tipo de paralelismos encuentras entre el pensamiento científico y la creación artística?

La ciencia y el arte son dos disciplinas que creo tienen mucho en común y sin duda están muy interrelacionadas. A mí me interesa ese cruce y a pesar de que muchas veces se ponen en lugares opuestos, creo que comparten y tienen un mismo origen. En ambos está esa búsqueda continua, esa necesidad de respuestas que viene desde la curiosidad, no tanto desde la certeza y que a veces, o en muchos casos, tanto a los artistas como a los científicos, los lleva a ponerse en lugares incómodos e inciertos y a salirse de su zona de confort. Creo que eso es algo en común y muy interesante de estas dos disciplinas que de alguna forma son las que nos definen como humanos.

En ese sentido, ambas comparten la experimentación como eje de su práctica. La prueba, el error, los ensayos y todo este proceso son los que van generando el desarrollo. En mi caso, esto se aplica al taller: lo vivo como un laboratorio donde se desarrollan distintos proyectos, donde voy testeando materiales. Es como si uno genera una hipótesis y luego la pusiera a prueba: los materiales, los procedimientos, las formas, los colores, y se obtienen resultados. Resultados que no buscan ser verificados, sino que en el arte tienen, creo yo, la función de generar nuevos modos de percepción, nuevas miradas y experiencias.


Receptor Lunar #01. Ensamble de Madera Reciclada torneada. 102 x 26 x 26 cm. De la serie Fuerza orgánica. 2023.


Trabajas desde los intersticios entre lo natural y lo artificial, lo figurativo y lo abstracto. ¿Qué te interesa de esas zonas ambiguas y qué tipo de conocimiento emergen de ellas?

Siempre fui bastante inquieto y eso me llevó a meterme y sumergirme en distintos ámbitos, distintas disciplinas. Creo que hay una riqueza especial en los lugares intersticiales, en el ida y vuelta, en la circulación entre medios. Siempre me llamaron la atención estos espacios, los lugares ambiguos, los lugares híbridos. Creo que hay algo de la lógica anfibia, los anfibios como entidades que llevan y traen información, que comparten, que atraviesan límites y membranas. Es algo, en mi caso, que está vinculado a lo que entiendo como libertad, sobre todo en un momento de encasillamiento, de etiquetas y donde el concepto de libertad ha sido totalmente transgiversado.

Y después, por otro lado, en el plano más metafísico, en la mezcla, en ese mix es donde aparece la energía viva de crear algo nuevo, que sin duda es como la base de lo humano. Entonces es como que “una cosa se hace cosa fuera del molde". Y es necesaria esa interacción para romper estructuras, armar otras, transmutarse; tiene algo como alquímico. Yo creo que el enemigo es la fijación. De alguna manera lo ambiguo es lo que permite reprogramar la mirada y generar nuevos puntos de vista.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


El movimiento, la repetición y la secuencia aparecen como estrategias visuales. ¿Qué papel cumple la serialidad en la generación de significado?

El movimiento, la repetición y la secuencia están muy presentes en mi trabajo. Yo tengo un largo background en el mundo de la animación y, de alguna forma, ese interés comienza a filtrarse en las demás disciplinas en las que me desempeño. Así, el movimiento aparece también en mi obra dentro de las artes visuales.

La serialidad es como una forma de pensar el tiempo y de introducir cierta narrativa y acción en la obra, al mismo tiempo que creo que condiciona la experiencia del espectador, lo invita a intentar descifrar cierta repetición como una especie de progresión. Me interesa, en particular, la narrativa más abstracta. En este tipo de narrativa, donde no hay figuración clara, la repetición empieza a marcar un pulso, un “beat” que señala el paso del tiempo. Lo interesante, creo, es que nos damos cuenta de que repetir no es exactamente duplicar, y que lo idéntico comienza a mutar a lo largo del tiempo, del ritmo o de su propia historia.


De la serie Naturaleza orgánica. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de construcción. 2025.


Trabajas con sistemas geométricos y constructivos. ¿Qué papel cumple la geometría como lenguaje simbólico dentro de tu trabajo?

La geometría está presente en mi obra de múltiples formas y dimensiones, generando distintas dinámicas. Por lo general, suelo ponerla en crisis, en tensión. Si uno se adentra en mis obras, se da cuenta de que predominan construcciones en equilibrio impreciso e inestable; no busco lo simétrico ni lo exacto, sino una construcción dinámica que plantea una situación. No lo concibo como un sistema rígido.

Creo que ahí se establece un puente entre lo intuitivo y lo racional, entre lo lúdico -el juego- y la ingeniería, como esos cruces inesperados. Al mismo tiempo, la geometría funciona como un código, un lenguaje que nos conecta con una gramática universal presente en la naturaleza, en los fractales, y que sin duda remite al simbolismo. Es ahí donde se abre un portal interesante en el que la obra empieza a resignificar y a darse como un proceso de significación externo a sí misma, totalmente incierto. El resultado de mis obras no son piezas que representan; más bien, creo que son piezas que transfiguran y que, de alguna manera, generan preguntas.


WIP. Madera torneada recuperada de podas de sequía y rezagos de contrucción. 2022.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Con respecto a la planificación, es algo que depende bastante del proyecto y del día. Hay proyectos que, por su envergadura o complejidad, requieren planificación, sobre todo cuando involucran a otras personas que deben participar. Sin duda, en muchos casos la planificación es fundamental.

En los proyectos que suelo planificar, siempre me interesa dejar un espacio para la improvisación, donde pueda jugar un poco el azar o el devenir del propio proceso. Creo que ahí empiezan a surgir cosas interesantes, y es importante no dejarlas pasar. Personalmente, me aburriría mucho trabajar en obras cuyo resultado ya conozco de antemano. La realización de cada obra es, para mí, un viaje incierto; no sé hacia dónde me llevará, y creo que ahí reside el potencial y lo interesante, no solo para mí, sino también para la obra misma y la experiencia del espectador.