Art Madrid'26 – LA NUEVA DIMENSIÓN DEL ARTE: ¡A LO GRANDE!

Uno de los atractivos del arte es la posibilidad de albergar propuestas que excedan los límites de lo posible, que den cabida a creaciones que superen los contornos de la realidad, que jueguen con lo inverosímil, lo hipotético, lo imposible y lo extraordinario. Muchos autores se dejan llevar por este impulso, porque lo factible y lo cercano se queda pequeño y necesitan dar salida a ambiciones que piensan a lo grande.

Anish Kapoor, “Leviathan”, 2011 (vía thehardt.com)

En esa búsqueda de nuevos formatos y formas de expresión hay dos retos principales, por un lado, la ubicación de las obras, ya que algunas grandes ideas no pueden desarrollarse dentro de un espacio cerrado, y por otro, la elección de los materiales de ejecución. Una de las formas más conocidas para superar estas barreras es el arte mural, sin más restricciones que el tamaño de la pared o edificio que se quiere intervenir y con el uso de una técnica clásica como es la pintura.

JR, “The secret of the great pyramid”, 2019 (imagen vía designboom.com)

No obstante, la pintura mural está íntimamente conectada con el arte urbano y puede tener connotaciones que los artistas contemporáneos tratan de evitar. Por eso, surgen nuevas propuestas de intervención en el espacio público, lo que en muchas ocasiones sirve para aprovechar los elementos arquitectónicos de las ciudades para desarrollar las piezas. Un ejemplo conocido de esto es el trabajo del colectivo Boa Mistura, que disemina puzles de palabras sobre fachadas, escaleras, bancos, farolas y demás elementos para crear juegos ópticos que incitan a la participación del espectador para situarse en el ángulo correcto desde el que leer el mensaje. Con ilusiones ópticas también se atreve Jean René (conocido como JR) un artista urbano francés que llegó a realizar esta espectacular composición para el Museo del Louvre. Esta obra, formada con 2.000 hojas de papel impreso y encoladas con un pegamento degradable, duró apenas intacta 24 horas. Como el propio JR decía “las imágenes, como la vida, son efímeras; una vez que han pasado, la obra de arte vive por sí misma”.

Jeff Koons, “Bailarina sentada”, escultura hinchable de 14m de alto, 2017, ©Foto: Tom Powel (vía www.architecturaldigest.com)

KAWS, escultura flotante instalada en el Puerto Victoria de Hong Kong (vía www.thisiscolossal.com)

Igualmente hay quieres trabajan con nuevas formas y materiales para no tener limitaciones logísticas en la construcción de sus obras. Es lo que sucede con las esculturas hinchables, una moda a la que se han sumado numerosos creadores contemporáneos, ya que es un método más asequible, aligera el peso de las piezas, permite su traslado, previo desmontaje, y además posibilita ocupar espacios cada vez mayores y más ambiciosos. Además de la impresionante “Monumenta” que Anish Kapoor instaló en 2011 en el Grand Palais (y no es esta la única obra gigante hinchable de este autor) también destacamos la propuesta de Jeff Koons, para la plaza del Rockefeller Center. Asimismo, autores como Kaws también se atreven con este formato, con resultados impactantes.

Emmanuelle Moureaux, “‘Universe of Words”, instalación con 140.000 piezas de papel, durante el Tanabata Festival ©Foto: Daisuke Shima

Por su parte, otros creadores se atreven a rediseñar las salas de exposición con instalaciones inmersivas que cambian por completo la percepción del espacio, y hasta de la realidad. Una tendencia reciente consiste en recurrir a hilos y tejidos para disponer redes y estructuras volátiles que se expanden por el techo y las pareces. Estas obras producen un efecto diverso, algunas se asemejan al interior de un órgano vivo, otras nos recuerdan el flujo del agua y otras producen una sensación de estar en otro lugar, como si viviésemos en una dimensión paralela.

Chiharu Shiota, “Counting Memories”, instalación para el Muzeum Śląskie

Todas estas propuestas juegan con la temporalidad y están pensadas para producir un efecto pasajero. La vida efímera de obras a lo grande nunca antes vistas.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


El trabajo de Iyán Castaño (Oviedo, 1996) se inscribe en una genealogía del arte contemporáneo que interroga la tensión entre lo efímero y lo permanente, situando la práctica artística en un umbral donde naturaleza, tiempo y percepción convergen. Su investigación parte de un fenómeno geomorfológico aparentemente menor - las huellas en la arena generadas por la acción mareal- para convertirlo en un dispositivo poético de observación sensible del paisaje. La restricción temporal de la bajamar no actúa únicamente como condicionante técnico, sino como estructura conceptual que organiza el proceso creativo y lo alinea con una ética de atención y presencia radical.

Lejos de entender el paisaje como fondo o escenario, Castaño reconoce en el entorno marítimo un sistema generativo previo a toda intervención humana. El mar, el viento y la luz producen registros autónomos que el artista traduce pictóricamente, desplazando la autoría hacia una relación de escucha y mediación.

El territorio -inicialmente asturiano y progresivamente expandido a otros contextos geográficos- funciona como archivo material y memoria situada. Cada obra deviene índice irrepetible de un lugar y un tiempo concretos, haciendo visible la fragilidad de los ciclos naturales sin caer en una retórica explícita de denuncia. Así, la pintura de Iyán Castaño opera como una pausa activa, un gesto de suspensión que permite experimentar la transformación constante del mundo desde una proximidad sensible y reflexiva.


Aguas abiertas. 14-04-24. Gráfica expandida sobre lienzo. 2024. Detalle.


En tu práctica trabajas bajo la restricción temporal de la bajamar. ¿Cómo condiciona ese límite de tiempo tu proceso creativo?

La bajamar condiciona profundamente mi método de trabajo, pero no funciona solo como un límite temporal, sino como el eje sobre el que se articula todo el proyecto. Existe un proceso previo en el que estudio la meteorología y las posibles variaciones climáticas de un día concreto; en función de eso sé si podré trabajar y con qué materiales.

Una vez en la playa, durante la bajamar, dispongo de un margen muy reducido -a veces de apenas dos horas o incluso menos- en el que tengo que recorrer el espacio buscando registros. Si encuentro alguno, lo intervengo; si no, debo desplazarme a otra playa. Tras la intervención, tengo que retirarla rápidamente antes de que el mar regrese y borre toda esa huella. De alguna manera, estas obras transforman en permanentes las ondas de arena, esas formas, que son esencialmente efímeras.


Donde nace el mar. 15-09-25. Gráfica exandida sobre lienzo. 40 x 60 cm. Playa de Rodiles, Asturias. 2025.


¿De qué modo el entorno meteorológico y marítimo -lo impredecible del mar, el viento, la luz, la marea- se convierte en coautor de tus piezas?

No considero que el entorno sea un coautor en el sentido tradicional, sino más bien el verdadero autor de los registros con los que trabajo. Me interesa entender la naturaleza como una gran creadora: a través de las mareas, las olas, el viento o la luz se generan en la arena formas que están en constante regeneración. Para poder crear mis obras necesito que el mar haya creado las suyas antes.

A partir de ahí, mediante acrílicos, óleos, ceras o sprays, intento trasladar a la obra mis sensaciones y emociones frente al mar en ese momento concreto. Ya sea invierno o verano, esté nublado o haga sol, se trate de una cala pequeña o de una playa extensa, todo ese contexto condiciona el resultado y queda impreso en la obra.


Sand Ripples. 07-04-21. Gráfica expandida sobre lienzo. 189 x 140 cm. Ría de Niembro. Asturias. 2021.


Tu obra está muy vinculada al territorio asturiano - playas, bosques del litoral, la cala de La Cóndia…, ¿qué rol juega en tu trabajo el lugar concreto, la topografía, la identidad local, la memoria geográfica?

El lugar lo es todo en mi proyecto. Asturias fue el punto de partida y el territorio donde se educó mi mirada. Llevo siete años trabajando en esta línea y con el tiempo he comprendido que cada registro es inseparable del sitio y del día concreto en el que se realiza.

A partir de ahí sentí la necesidad de ampliar el mapa y comenzar a trabajar en otros territorios. Hasta ahora he desarrollado obras en Senegal, Ecuador, las islas Galápagos, Indonesia… y en cada caso el resultado es completamente distinto. El mar que baña esas costas, la disposición de las rocas, la morfología de la playa o incluso los animales que la habitan generan huellas únicas, imposibles de reproducir en otro lugar. Esa especificidad del territorio, su topografía y su memoria geográfica, quedan inscritas en cada obra de manera única, inseparable. irrepetible en cualquier otro lugar.


Mangata. 05-11-25. Gráfica expandida sobre lienzo. 190 x 130 cm. Playa de Sorraos. Llanes. 2025.


¿En qué medida el cambio climático, la subida del nivel del mar, la alteración de los ciclos mareales o la erosión de costas están presentes en tu reflexión (o podrían estar) como trasfondo de tu trabajo?

Mi trabajo no parte de una intención ecológica ni de una denuncia directa. Si existe una reflexión sobre el medio ambiente, surge de manera indirecta, acercando a las personas al paisaje, invitándolas a observar con atención y a generar una relación más empática con el entorno que habitan. Las playas están en constante transformación, pero no busco fijar el paisaje; más bien, intento transmitir la experiencia de estar frente a él. Cada obra es, en este sentido, como un pequeño mar que se puede llevar a casa.


Árbol de la vida. 19-02-25. Gráfica expandida sobre lienzo. 50 x 70 cm. Playa El Puntal. Asturias. 2025.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

En mi trabajo hay muy poca planificación respecto al resultado final, pero sí existe una planificación previa muy precisa. Antes de ir a la playa, controlo la hora de la bajamar, la altura de las olas, el viento y el clima; en función de eso decido a qué playa acudir. Aun así, al llegar, todavía no sé qué obra voy a realizar. Es allí donde determino qué material usar, qué color aplicar y qué lugar ocupará la intervención. Muchas veces, el entorno no permite trabajar ese día, y el azar se convierte en un elemento imprescindible de estas obras. El error, a su vez, se transforma en una nueva posibilidad si aprendes a trabajar con él.