LA NUEVA DIMENSIÓN DEL ARTE: ¡A LO GRANDE!

Uno de los atractivos del arte es la posibilidad de albergar propuestas que excedan los límites de lo posible, que den cabida a creaciones que superen los contornos de la realidad, que jueguen con lo inverosímil, lo hipotético, lo imposible y lo extraordinario. Muchos autores se dejan llevar por este impulso, porque lo factible y lo cercano se queda pequeño y necesitan dar salida a ambiciones que piensan a lo grande.

Anish Kapoor, “Leviathan”, 2011 (vía thehardt.com)

En esa búsqueda de nuevos formatos y formas de expresión hay dos retos principales, por un lado, la ubicación de las obras, ya que algunas grandes ideas no pueden desarrollarse dentro de un espacio cerrado, y por otro, la elección de los materiales de ejecución. Una de las formas más conocidas para superar estas barreras es el arte mural, sin más restricciones que el tamaño de la pared o edificio que se quiere intervenir y con el uso de una técnica clásica como es la pintura.

JR, “The secret of the great pyramid”, 2019 (imagen vía designboom.com)

No obstante, la pintura mural está íntimamente conectada con el arte urbano y puede tener connotaciones que los artistas contemporáneos tratan de evitar. Por eso, surgen nuevas propuestas de intervención en el espacio público, lo que en muchas ocasiones sirve para aprovechar los elementos arquitectónicos de las ciudades para desarrollar las piezas. Un ejemplo conocido de esto es el trabajo del colectivo Boa Mistura, que disemina puzles de palabras sobre fachadas, escaleras, bancos, farolas y demás elementos para crear juegos ópticos que incitan a la participación del espectador para situarse en el ángulo correcto desde el que leer el mensaje. Con ilusiones ópticas también se atreve Jean René (conocido como JR) un artista urbano francés que llegó a realizar esta espectacular composición para el Museo del Louvre. Esta obra, formada con 2.000 hojas de papel impreso y encoladas con un pegamento degradable, duró apenas intacta 24 horas. Como el propio JR decía “las imágenes, como la vida, son efímeras; una vez que han pasado, la obra de arte vive por sí misma”.

Jeff Koons, “Bailarina sentada”, escultura hinchable de 14m de alto, 2017, ©Foto: Tom Powel (vía www.architecturaldigest.com)

KAWS, escultura flotante instalada en el Puerto Victoria de Hong Kong (vía www.thisiscolossal.com)

Igualmente hay quieres trabajan con nuevas formas y materiales para no tener limitaciones logísticas en la construcción de sus obras. Es lo que sucede con las esculturas hinchables, una moda a la que se han sumado numerosos creadores contemporáneos, ya que es un método más asequible, aligera el peso de las piezas, permite su traslado, previo desmontaje, y además posibilita ocupar espacios cada vez mayores y más ambiciosos. Además de la impresionante “Monumenta” que Anish Kapoor instaló en 2011 en el Grand Palais (y no es esta la única obra gigante hinchable de este autor) también destacamos la propuesta de Jeff Koons, para la plaza del Rockefeller Center. Asimismo, autores como Kaws también se atreven con este formato, con resultados impactantes.

Emmanuelle Moureaux, “‘Universe of Words”, instalación con 140.000 piezas de papel, durante el Tanabata Festival ©Foto: Daisuke Shima

Por su parte, otros creadores se atreven a rediseñar las salas de exposición con instalaciones inmersivas que cambian por completo la percepción del espacio, y hasta de la realidad. Una tendencia reciente consiste en recurrir a hilos y tejidos para disponer redes y estructuras volátiles que se expanden por el techo y las pareces. Estas obras producen un efecto diverso, algunas se asemejan al interior de un órgano vivo, otras nos recuerdan el flujo del agua y otras producen una sensación de estar en otro lugar, como si viviésemos en una dimensión paralela.

Chiharu Shiota, “Counting Memories”, instalación para el Muzeum Śląskie

Todas estas propuestas juegan con la temporalidad y están pensadas para producir un efecto pasajero. La vida efímera de obras a lo grande nunca antes vistas.

 

El CEART inaugura este jueves 14 de noviembre en la sala A una exposición dedicada a este maestro de la fotografía, que estará abierta al público hasta el 9 de febrero. La muestra recoge uno de los últimos proyectos del artista, centrado en el duro trabajo que llevaban a cabo los mineros de Serra Pelada, una mina abierta de oro en el corazón de Brasil donde los empleados se jugaban la vida diariamente.

La inmigración, la pobreza, la vida marginal, el trabajo esclavo, la relación del hombre con la tierra, el aprovechamiento de recursos naturales… son temas que desde siempre han fascinado a Salgado. Desde el comienzo de su carrera como fotógrafo, su obra se ha decantado por dar visibilidad a los colectivos más desfavorecidos y por crear con sus imágenes un relato visual vívido e impactante sin demasiados artificios. Con un duro blanco y negro, la obra de este autor transita entre el fotoreportaje y la fotografía naturalista.

Y como idea que impregna todo su trabajo está la dignididad humana. Salgado retrata a los empleados, mineros y recolectores desde un planteamiento puramente humanista que quiere poner en valor su integridad, su fortaleza y su resiliencia.

“Si fotografías a un humano, de manera que no se le represente de forma noble, no hay motivo para hacer la fotografía. Esa es mi forma de ver las cosas”.

Salgado no se abrió paso en esta disciplina hasta tiempo después de haber concluido sus estudios de economía entre Brasil y Estados Unidos, y un doctorado en estadística en Francia. Pero en 1973 su vida dio un vuelco y decidió emprender su carrera como fotógrafo llegando a trabajar en la Agencia Gamma y en Magnum Photos durante más de 15 años hasta que en 1994 fundó su propia agencia Amazonas Imagen.

Con el proyecto “Gold”, el fotógrafo retrata una dura realidad que se sucede en la mina de Serra Pelada, nombre dado a un enclave minero totalmente devastado y excavado de manera anárquica, la mayor mina de oro a cielo abierto del mundo, por la que pasaron más de 50.000 personas. Al calor de las leyendas sobre el misterioro Dorado, el fervor por este metal precioso llevó a desarrollar prácticas de explotación extenuantes para los trabajadores y a originar relatos de pena y gloria, de victoria y derrota humanas entre la tierra, los túneles y los cestos de carga.

La exposición del CEART reúne el porfolio completo de Salgado en su característico blanco y negro y con fotografías de gran formato que no dejan a nadie indiferente.