LANAS DE COLORES EN UN OCÉANO TERRESTRE

Hoy queremos centrarnos en propuestas artísticas que emplean técnicas atípicas para sus composiciones. La capacidad de sorprender en la creación contemporánea ha venido en los últimos tiempos de la mano de la tecnología. La incorporación de la inteligencia artificial, el uso de algoritmos sonoros y visuales, la realidad virtual… proponen una hibridación entre lo artístico y lo tecnológico con resultados impredecibles. Pero al mismo tiempo, muchos autores plantean un regreso a metodologías más manuales y accesibles que requieren una gran inversión de tiempo, pero ofrecen una conexión más íntima y respetuosa con el entorno natural. De hecho, en algunas de estas iniciativas, la naturaleza se convierte en el leit motif preferido en muchas de estas obras.

Mulyana, instalación “A man, a monster and the sea”, foto de Tarys Hys, 2019.

Entre los autores que abrazan abiertamente esta alternativa, nos ha llamado la atención el trabajo de Mulyana. Este artista indonesio ha elegido un alias para identificar su trabajo: “The Mogus”, una palabra formada a partir de Monster (‘monstruo’) y Gurita, el nombre dado a uno de sus personajes más célebre: un pulpo. Esta denominación es una clara alusión a los parajes que reconstruye en sus piezas, propias de los fondos marinos. En efecto, Mulyana se ha apropiado de la lana como materia prima principal de su obra y se ha dedicado a tejer enormes escenas marinas con infinidad de detalles y colores. Sus instalaciones nos invitan a pasearnos por el espacio como si estuviésemos en un museo oceanográfico y pudiésemos identificar y reconocer la multitud de especies que conviven en las profundidades.

Mulyana, instalación “A man, a monster and the sea” en Orange County Museum of Art, 2019.

The Mogus quiere representar a través de los arrecifes de coral la ayuda al otro y la generación de espacios de tolerancia en una sociedad repleta de prejuicios. Estas estructuras son el hogar de muchos seres que viven en armonía y simbiosis al cobijo de estas construcciones naturales. Esto demuestra la capacidad de las especies de interactuar en entornos acotados con respeto y sintonía. Además de esto, el artista es amante de los pulpos, a los que siempre incluye en sus obras, porque representan la capacidad humana de ayudar a los demás y de tender siempre una mano en caso de necesidad. Precisamente por eso, el artista ha llevado a cabo proyectos de integración social que implican a la comunidad trans y a las trabajadoras domésticas para dotarlas de herramientas y recursos que luego aplican en su día a día.

Actualmente Mulyana tiene una exposición en Orange County Museum of Art, en Santa Ana, California, con una propuesta íntegramente en blancos que rompe la tendencia habitual trabajo de este creador: “A man, a monster and the sea”.

Vanessa Barragão, “Botanical Tapestry”, 2019.

Vanessa Barragão es otra artista centrada en la representación del medio marino a través del uso de hilos y lanas tricotadas. Sus piezas a veces se disponen como alfombras de agua que el visitante debe transitar, o se plantean como elementos colgantes, para emular la suspensión dentro del agua. La preocupación de esta creadora por el cuidado de la naturaleza y la lucha contra algunas de las industrias más contaminantes del planeta, como la textil, la llevan a reutilizar todos los materiales que incorpora a sus trabajos. Por otro lado, ha optado por elegir temáticas que sirven para denunciar la irresponsabilidad del sector.

Vanessa Barragão, “Coral Reef”, 2018.

Con el deseo de que la sociedad tome consciencia del impacto que nuestra actividad diaria genera en el mundo, Vanessa se ha centrado en los oceános, que absorben el 90% del total de la contaminación global. Además de su actividad creativa, también dirige un estudio de diseño textil que sigue estrictamente procesos ecológicos y sostenibles en su producción.

 

Emprendemos un viaje que cruza nuestro país de punta a punta, que atraviesa la capital como paso obligado, como quien enhebra un hilo en la aguja y tensa sus extremos hacia las esquinas de nuestro territorio para ir a morir al mar. De la costa al centro neurálgico de este vasto espacio recorremos caminos de asfalto y tierra, senderos transformados en carreteras que atestiguan el paso del tiempo y el devenir de nuestra historia. Pasamos por poblados que fueron otrora cuna de los grandes acontecimientos de un relato común. Reconocemos los nombres de lugares que estudiamos como enclaves esenciales de nuestro legado. Otros despiertan más bien sorpresa y perplejidad, por curiosos, extraños y rimbombantes, pero ya desprovistos de un sentido genuino como población.

José Manuel Navia, La Alcarria de Cuenca, parada coche de línea en Olmedilla de Eliz, “Alma tierra”, 2019

Los parajes desolados de un éxodo rural progresivo e imparable resisten el olvido gracias a los carteles de carretera y a una taberna aislada que continúa abierta para saciar la sed del viajero. Los kilómetros y el tiempo se rinden a nuestro paso y en todo el recorrido constatamos una realidad amarga: la despoblación afecta hoy al 80% del territorio, mientras que las grandes ciudades atraen cada vez a más gente y concentran al 80% de toda la población. La imagen tiene ciertas similitudes con la metáfora de “la nada” de La Historia Interminable, donde el vacío iba engullendo el reino de Fantasía porque nos niños no leían ni dejaban volar su imaginación, que es la que alimenta los relatos de los cuentos. En la vida real, estos mismos relatos se pierden en los dominios del olvido, confinados en un pasado que semeja remoto y obsoleto, subyugado a las imposiciones del progreso y a la vida urbana.

José Manuel Navia, Angelines en Susín, Sobrepuerto (Huesca), “Alma tierra”, 2019

Sin embargo, conviene tener presente que el lugar en el que estamos hoy es deudor de nuestros pueblos. El devenir de los acontecimientos no se explica sin una historia compartida jalonada de hitos sucedidos a lo largo y ancho de nuestra tierra. Enfrentamos, además, un grave problema social que debe dar respuesta a la necesidad de reconquistar nuestros espacios, conservar nuestra cultura tradicional y aprovechar los recursos que nuestra tierra ofrece.

Con el deseo de poner en valor esta inmensa riqueza, desconocida y desamparada, Acción Cultural Española AC/E ha puesto en marcha el proyecto Alma Tierra. Este viaje fotográfico a través de la obra de José Manuel Navia nos ofrece una amplia panorámica de paisajes, situaciones y entornos donde siempre hay espacio para el sentimiento, la nostalgia y la esperanza de futuro.

José Manuel Navia, Belén, ganadera del valle del Corneja (Ávila), “Alma tierra”, 2019

“Estos pueblos murieron para que nosotros podamos vivir y de su desgracia proviene nuestra suerte. Los ricos se apañan de otro modo, los pobres siempre somos culpables”. Luis Mateo Díez, “El espíritu del páramo”, 1996.

El proyecto agrupa un total de 158 obras, reunidas en un libro con textos de Julio Llamazares, quien explica que la iniciativa es “una elegía, un alegato contra la marginación de unos españoles por parte del resto y una llamada a la reflexión”. Una exposición en la Diputación de Huesca recoge una selección de fotografías y nos regala algunas de las imágenes más poéticas de la España interior.