Art Madrid'26 – LAS GALERÍAS DEL SIGLO XXI

El cambio de milenio se presentó como uno de los principales hitos que marcarían el devenir de muchos sectores económicos. El horizonte se presentaba alentador y lleno de retos estimulantes. Pasado el umbral del 2000, todos tuvimos que enfrentarnos a una fuerte crisis económica en 2008, que influyó de manera determinante en numerosos modelos de negocio, hemos estado inmersos en la recuperación de la mayor crisis sanitaria vivida a nivel mundial en el último siglo y quizás, a día de hoy, vislumbramos esa anhelada vuelta a la "normalidad". La realidad se muestra entonces como un lienzo en blanco en el que poco a poco se trazan las pinceladas de los acontecimientos y los profesionales deben irse abriendo camino muchas veces sin hoja de ruta.

Performance en La Juan Gallery

El ámbito cultural ha demostrado en este tiempo una enorme resiliencia y un imparable espíritu de superación que ha dado lugar a un rediseño de los modelos tradicionales de entender la difusión del arte, especialmente el contemporáneo, y la relación con el público general y los profesionales del sector. El cambio ha jugado en las dos caras de la moneda: las galerías han debido adaptarse a las nuevas circunstancias que la posmodernidad impone, pero también el propio público ha modificado su forma de acercarse y relacionarse con los espacios de exhibición y las obras de arte. ¿Cómo llegar a una sociedad hiperconectada, ávida de movimiento y novedades? La situación viene además espoleada por los acontecimientos imprevistos de gran impacto y la imperiosa necesidad de renovarnos para enfrentar un futuro tan incierto como lleno de posibilidades.

En el campo del arte contemporáneo hay que tener en cuenta especialmente que las galerías juegan un papel crucial. La preservación de las manifestaciones artísticas de nueva generación se produce en muchas ocasiones gracias a su labor de apoyo, promoción y profesionalización. El arte más consolidado, más clásico, está accesible en los museos; mientras que las nuevas creaciones carecen de un espacio propio que refrende su presencia y difunda las obras. Aquí es donde los agentes que integran el entramado profesional del arte contemporáneo juegan un rol determinante, comenzando por las galerías, sin cuyo apoyo, los artistas no podrían subsistir.

Al mismo tiempo, los hábitos de consumo cambian dando lugar a una permanente conectividad con el exterior que suprime las barreras físicas y los impedimentos tradicionales asociados al espacio y el tiempo. La oportunidad de disfrutar contenidos a distancia y de hacerlo desde la privacidad del domicilio es una condición definitoria de la sociedad actual. Y a esta tendencia, ni las galerías ni los artistas pueden permanecer ajenos. Una de las primeras consecuencias de esta transformación es la generación de un enorme volumen de contenidos digitales que las nuevas galerías ofrecen para completar la experiencia de acercarse a conocer los artistas que promocionan. Es más, algunas de las galerías más jóvenes deciden prescindir de espacios físicos y convierten la web en su plataforma de visibilización. Aunque esta es una tendencia al alza, dados los costes asociados a los modelos tradicionales en los que era requisito indispensable mantener un lugar de exhibición, cuando hablamos de arte es difícil llegar a suprimir por completo la experiencia real y el deseo del visitante de ver la obra en directo.

Entonces, ¿qué apuesta hacen las galerías para satisfacer esta necesidad? Una de las maneras de hacerlo, y que ha experimentado una verdadera eclosión en estos años que han transcurrido desde la pandemia ha sido la producción de contenidos enriquecidos que amplíen la información facilitada sobre el artista y su obra o que incorpore testimonios, opiniones o aportaciones hechas por los profesionales del sector. Además, en muchas ocasiones los amantes del arte sienten una curiosidad irrefrenable por conocer los detalles de los procesos de creación, entender los objetivos del autor, conocer sus proyectos… Lo que ha dado pie a explotar toda la información asociada al trabajo del artista y mostrarla de un modo atractivo y accesible. En relación a este último punto, es también determinante la combinación de formatos de presentación que superen la naturaleza estática de los catálogos de obras que a veces se consultan en línea. En imprescindible tratar de humanizar al máximo el potencial que Internet encierra, y para ello hay que adaptarse a los gustos del consumidor y a los contenidos que demanda.

Vistas de AP Gallery

Precisamente por estas razones, una fuerte apuesta de las galerías más punteras ha sido la de ofrecer plataformas web que emulan en gran parte el aspecto limpio y diáfano de un espacio expositivo, y que enriquezcan su oferta con la incorporación de vídeos explicativos, aportaciones de comisarios, testimonios de los propios artistas, visitas virtuales, conversaciones en línea y un largo etcétera. Una de las grandes innovaciones que ha puesto a prueba el ingenio de muchos ha sido la explotación de la capacidad de comunicación a través de redes sociales y nuevas plataformas interactivas para conversaciones en grupo. Los útimos tres años han sido un reto para el sector, que ha sabido lanzar algunas de las iniciativas más ocurrentes para mantener el interés por el arte y fomentar el comercio en línea.

Pero no debemos olvidar los modelos de galería que deciden mantener un espacio abierto al público, aunque adaptado a las nuevas maneras de consumir las propuestas artísticas. Algunas de ellas han optadon por transformar la sala de exposición tradicional en un lugar de encuentro donde suceden cosas. Crear una programación paralela de actividades vinculadas a la exposición del momento, amplía la experiencia del visitante y convierte el espacio en un punto de referencia del arte vivo y cambiante. Además, otras han decidido abrirse a nuevos campos de exploración capaces de crear arte de forma constante y no ser solo un local de exhibición. Por eso, algunas galerías son en realidad laboratorios de ideas y residencias de artistas que aprovechan su superficie y ubicación para llevar a cabo proyectos a los que el público está invitado a participar.

Montana Gallery

Otra línea de trabajo de las galerías se ha decantado por la especialización. La posibilidad de definirse por albergar proyectos más outsiders o disciplinas que hasta hace poco aún no estaban asentadas o reconocidas por los agentes del sector. Esta manera de hacer se ha convertido en una posibilidad para abrirse camino de un modo diferencial y ayudar de forma decidida a difundir el arte de nueva creación antes incluso de que se consolide. Un camino de pioneros al que poco a poco se atreven las galerías más avezadas.

En definitiva, un sector en el que la célebre frase “renovarse o morir” cobra más sentido que nunca y al que muchas galerías hacen frente con tesón, perseverancia y determinación.

 

Daniel Barrio. Artista invitado a la tercera edición de OPEN BOOTH. Cortesía del artista.


DESPIECE. PROTOCOLO DE MUTACIÓN


Como parte del Programa Paralelo de Art Madrid’26, presentamos la tercera edición de Open Booth, un espacio concebido como plataforma para la creación artística y la experimentación contemporánea. La iniciativa pone el foco en artistas que aún no cuentan con representación en el circuito galerístico, ofreciendo un contexto profesional de alta visibilidad en el que nuevas voces pueden desplegar su práctica, ensayar formas de relación con el público y consolidar su proyección en el panorama artístico actual. En esta ocasión, el proyecto está protagonizado por el artista Daniel Barrio (Cuba, 1988), quien presenta el site specific Despiece. Protocolo de mutación.

La práctica de Daniel Barrio se centra en la pintura como un espacio de experimentación desde el que analiza la mercantilización de lo social y la tiranía de la aprobación mediática. Para ello, trabaja con imágenes procedentes de la prensa y otros medios, que interviene pictóricamente con el objetivo de desactivar su significado original. Mediante este proceso, el artista propone nuevas lecturas y cuestiona los mecanismos de producción de sentido, concibiendo la pintura como un lugar de realización, terapia y catarsis.

Despiece. Protocolo de mutación se construye a partir de restos urbanos, materiales industriales y fragmentos de historia para interrogarnos sobre qué memorias heredamos, cuáles consumimos y cuáles somos capaces de construir. Suelo, paredes y volúmenes conforman un paisaje en tensión donde lo sagrado convive con lo cotidiano, y donde las grietas importan más que la perfección.

La evolución constante del arte exige un intercambio continuo entre artistas, instituciones y públicos. En esta 21ª edición, Art Madrid reafirma su voluntad de actuar como catalizador de ese diálogo, ampliando los límites tradicionales del contexto ferial y abriendo nuevas posibilidades de visibilidad para prácticas emergentes.



Este site specific surge de un impulso crítico y afectivo por desarmar, examinar y recomponer aquello que nos constituye cultural y personalmente. La obra se concibe como un todo indisoluble: un paisaje interior que opera como dispositivo de sospecha, donde suelo, paredes y volúmenes configuran un ecosistema de restos. Se propone una lectura de la historia no como una continuidad lineal, sino como un sistema de fuerzas en fricción permanente, articulando el espacio como un archivo adulterado; una superficie que se presenta como definitiva, pero que permanece en constante transformación.



La obra se configura como un paisaje construido a partir de residuos urbanos, donde suelo, paredes y objetos conforman un cuerpo unitario elaborado con mortero de cal, PVC de cartelería teatral, espuma industrial y cera de ofrendas. El núcleo del proyecto es una estructura en forma de “L” de 5 × 3 metros que reinterpreta la técnica del fresco sobre soporte industrial recuperado, aplicando el mortero en húmedo durante jornadas continuas, sin búsqueda de perfección, permitiendo que la materia evidencie su propio carácter. En torno a esta estructura gravitan fragmentos arquitectónicos: bloques de espuma que simulan hormigón, un torso del Belvedere impreso en 3D y deformado, y un elemento escultórico de cera en el que se incrustan lijas utilizadas por obreros y artistas anónimos, preservando el esfuerzo de esos cuerpos ajenos.

Un elemento escultórico de cera blanca funciona dentro del conjunto instalativo como un punto de concentración sensorial que desafía la mirada. En su interior confluyen la fe acumulada de las velas de ofrenda y los residuos industriales del taller, recordando que la pureza y la devoción conviven con la materialidad del mundo cotidiano. La experiencia del espectador trasciende así lo visual: inclinarse, oler y aproximarse a la vulnerabilidad transforma la percepción en un acto íntimo y corporal. En su densidad quedan incrustados tacos de lija usados por artistas, artesanos y obreros, recuperados de contextos ajenos, donde la lija actúa como huella del esfuerzo de otros cuerpos, respondiendo a un protocolo de registro sin intención autobiográfica.

Despiece. Protocolo de mutación nos interpela: ¿qué memoria valoramos?, ¿la que consumimos o la que construimos con rigor? El público abandona la posición contemplativa para integrarse en el sistema, y el esfuerzo de desplazar la materia, el rigor documental y la materialidad envolvente configuran un cuerpo de resistencia frente a una realidad mediada. El proyecto se consolida así como un paisaje interior donde suelo, superficie y volumen articulan una anatomía de residuos. La adulteración opera como metodología analítica aplicada a los estratos de la realidad urbana, interviniendo la historia a través de publicidades teatrales y callejeras, residuos arquitectónicos y protocolos administrativos, proponiendo que el arte puede restituir la capacidad de construir una memoria propia, aunque inevitablemente fragmentada.



SOBRE EL ARTISTA

DANIEL BARRIO. Cuba, 1988.

Daniel Barrio (Cienfuegos, Cuba, 1988) es un artista visual cuya práctica articula el espacio desde la pintura, entendiendo el entorno como un archivo adulterado susceptible de intervención crítica. Formado en la Academia de Bellas Artes de Cienfuegos (2004-2008) con especialidad en pintura, y posteriormente en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid - ECAM (2012-2015) en Dirección de Arte, su metodología integra el pensamiento plástico con la narrativa escenográfica. Su origen cubano constituye el fundamento analítico de su trabajo: la experiencia de observar cómo los monumentos y los ideales se revelan frágiles al tacto le ha dotado de una sensibilidad particular para detectar las fisuras en aquello que se presenta como definitivo, estableciendo la realidad como superficie bajo permanente interrogación.

Su trayectoria incluye exposiciones individuales como "La levedad en lo cotidiano" (Galería María Porto, Madrid, 2023), "Interiores ajenos" (PlusArtis, Madrid, 2022) y "Tribud" (Navel Art, Madrid, 2019), así como participaciones colectivas relevantes en "Space is the Landscape" (Estudio Show, Madrid, 2024), "Winterlinch" (Espacio Valverde Gallery, Madrid, 2024), "Hiberia" (Galería María Porto, Lisboa, 2023) y la itinerancia de la Exposición de Arte Joven de La Rioja (2022). Miembro del Colectivo Resiliencia, su obra no persigue la producción de objetos sino la articulación de dispositivos pictóricos que generan protocolos de resistencia frente al flujo de imágenes descartables. En un contexto saturado de datos inmediatos, su práctica produce huellas y archiva aquello que debe permanecer, cuestionando no el significado de la obra sino la memoria que el espectador construye al interactuar con ella, recuperando así la soberanía sobre la mirada y habitando las ruinas como método de comprensión del presente.