Art Madrid'26 – Las poéticas invisibles entre el arte y el diseño

La creación de formas y expresiones estéticas tiende un puente común entre el arte y el diseño. Si por un lado el arte hace preguntas, nos interpela y nos incita a cuestionarnos todo conocimiento; el diseño se esfuerza en ofrecernos soluciones para mejorar nuestra vida diaria, apelando a la funcionalidad y a la utilidad de los objetos y materiales que hacen confortable nuestra cotidianidad. Los límites que separan al arte del diseño suelen ser muy delgados pero realmente no nos interesa hablar sobre límites, todo lo contrario. La funcionalidad y la subjetividad pueden darse la mano para construir objetos bellos, delicados y punzantes en su expresión reflexiva. No cabe duda, cuando el arte y el diseño se encuentran, generan un fuerte vínculo entre creatividad y materia, convirtiéndose en herramienta útil para diseccionar los sentidos.

Quizás la creación artística vea en el diseño su referente, si incluimos en este beber de ambas fuentes un tercer elemento: La sostenibilidad. Las artistas que os presentamos a continuación, trabajan recuperando materiales y convirtiéndolos en objetos estéticos. La conciencia que opera en los trabajos de Idoia Cuesta (Galería Arancha Osoro); Luz Moreno Pinart (Galería CLC ARTE); Lúcia David (Galería Trema arte contemporânea) y Cova Orgaz (Galería Bea Villamarín), es el resultado de la síntesis entre oficio e innovación. Tienen en común - entre otras cosas- la producción intuitiva y artesanal, el respeto por los recursos y los tiempos de creación. Sus obras son fruto de una preocupación por desacelerar el ritmo de vida a través de procedimientos tradicionales que hablan de sus orígenes. Y mediante estos procedimientos, cada una, a su manera, nos invita a preguntarnos: ¿Cómo entendemos el tiempo, la materia y el espacio que habitamos?

Idoia Cuesta. Abisal. Tanza de pesca. Dimensiones variables, 2023.

Idoia Cuesta (Donostia, 1969), es una artista que combina los procesos de confección de la cestería y el arte textil. Utiliza técnicas artesanales y materiales orgánicos para crear piezas que reflejan la identidad de la materia prima; y su metodología de trabajo bebe principalmente de los entornos rurales y el respeto por el medioambiente. Las fibras que otorgan corporalidad a sus piezas está insuflada de una vocación sanadora y un deseo por construir un relato personal sobre la utilidad de la obra de arte en cualquier contexto. En sus esculturas son apreciables la personalidad minimalista y la sensorialidad acogedora, características resultantes de la alquimia que genera la relación entre la cestería y el textil, y que que rebasa lo meramente contemplativo para cuestionar cuánto de humanidad habita en los entresijos de la materialidad.

Luz Moreno Pinart. Momo hajimete saku. Papier, platre, 11 x 7 x 7 cm. 2023.

Luz Moreno Pinart (Madrid, 1989), se ha especializado en diseño, escenografía y fibras textiles. Sus trabajos tienen una impronta escultórica muy marcada. El volumen que generan las finas hebras de papel anudado, convierte cada pieza en una suerte de red que interconecta lo emocional con la vivacidad de los elementos. Es la impresión que provocan sus entramados de trenzas cuando frente a ellas, podemos rememorar la curiosa metáfora de que todo en la vida pasa... Nuestra existencia se sucede en momentos que atesoramos y la fragilidad de los recuerdos se posa en cada nudo tejido. El color rojo - en sus valores variables- es en sus piezas instalativas, metáfora de la intensidad con la que la artista ha vivido cada instante. Sus trabajos son experimentaciones que han ido evolucionando, -cual premeditada arqueología de los elementos domésticos más arraigados-, proyectándose hacia el futuro de una producción visual que hibrida los códigos del diseño, el arte y la artesanía en búsqueda de una obra sostenible por naturaleza propia.

Lúcia David. Babel Tower. Tablero mdf, cola, periódicos, tela, plástico, alambre, 15x15 x18 cm, 2023.

Lúcia David (Portugal, 1966), trabaja la performance, la instalación y la escultura, con especial interés en los libros de artista y la textualidad de la obra de arte. Integra en sus creaciones, técnicas del collage y el bordado. En sus trabajos, la artista relata la suerte que han corrido las mujeres -por su condición- y en ese viaje, rememora la historia colectiva del estatus femenino en su país natal. El papel, la pulpa efervescente de letras y los segundos planos, van perfilando los costados de una aguja punzante a la vez que sanadora, con la que la artista crea, escribe, borda y perfora. Todas estas acciones en ese orden y con el ímpetu de rescatar las tradiciones que legaron las matriarcas de cada familia a generaciones y generaciones de hijas. En general, su obra enaltece la imperfección, la rudeza y la simplicidad de las acciones que ocurren en los espacios domésticos y que con el devenir de los años, se han ido trasladando a la vida pública. El silencio pone bajo su mano los objetos que atañen a las labores domésticas, sin embargo, en un intento por subir el tono de esos susurros silenciosos, la artista vuelca en el papel todo el valor contenido que una vez, también le dejaron en herencia sus antecesoras.

Cova Orgaz. Pichón azul. Cartón policromado nº 3, 29 x 33 x 20 cm, 2023.

Cova Orgaz (Bilbao, 1983), ha redefinido la creación de una manera arriesgada y valiente al utilizar el cartón como material principal de sus esculturas. Desafiando su carácter volátil y de difícil preservación, la artista ha ido rompiendo los esquemas para demostrar que el cartón puede ser tan apreciado en la producción escultórica como cualquier otro elemento. Su habilidad para dominar y dejarse llevar por el cartón, la ha conseguido a base de prueba y error pero sin darse por vencida. Como resultado a su fértil empeño, hoy nos sorprende con un repertorio de entrañables esculturas figurativas de un realismo impactante. Existen algunas manos en el mundo que corrigen, otras que censuran y algunas que modelan en deseos lo que -luego de tanto trabajo-, llega a convertirse en realidad. Así, como si fueran a cobrar vida en cualquier momento, las esculturas de cartón de Cova Orgaz elevan el material a una categoría tan apreciable como pudiera ser la del bronce, mármol o madera. Su persistencia ha demostrado que la auténtica destreza artística va más allá de los materiales convencionales, redefiniendo nuevas posibilidades que puede llegar a definir un camino para la creación sostenible.

Idoia Cuesta. Abisal. Tanza de pesca. Dimensiones variables, 2023.

En conjunto, estas artistas no solo fusionan tradición y contemporaneidad, sino que también resaltan la utilidad de la virtud en la creación de obras que se posicionan ante determinados planteamientos de género, preservación de las labores domésticas, cuestionamiento de lo establecido y plantean el valor que tiene advertir la creación como una práctica consciente y comprometida con la sociedad. Ellas han ido más allá de lo estético, creando experiencias sensoriales, historias entretejidas, reencuentros con la memoria colectiva y una evidente conexión con la esencia misma de la vida y la naturaleza. Y el resultado está aquí: Obras que, además de bellas en forma, son contundentes en los contenidos que traducen; instauran - con sus propias poéticas invisibles - un equilibrio necesario para cumplir la tarea de caminar sobre un fino filo, donde la estética y la utilidad del objeto coexisten en perfecta armonía.




CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.