Art Madrid'26 – LOS ARTISTAS MÁS VIRALES

Cada año en Art Madrid acuden hasta 20.000 personas. Y en tiempos milenials una feria como la nuestra no podía faltar en el mundo viral. Muchos de nuestros visitantes dejan su huella y experiencia de la a través de las redes sociales y por supuesto, la aplicación que más notificaciones nos hace llegar es Instagram.

Hoy día las redes sociales se han convertido en una herramienta de difusión y de alcance esencial para el arte y la cultura que además ha conseguido hacer llegar a un público heterogéno ciertas áreas que podían parecer relegadas para un público específico como es el arte contemporáneo.

Entramos a rastrear las redes y conocer los "must" de esta edición.

Año tras año, la pintura de José Ramón Ramón Lozano es una de las más fotografiadas de la Feria, y como no en esta edición vuelve a ser una de las obras favoritas de los visitantes más millennials. Los rostros femeninos en primerísimo plano mirando fijamente al espectador, seducen e impactan a los espectadores de su obra. La pintura de gran formato que expone José Ramón en el stand de Galería BAT Alberto Cornejo, deja un claro impacto y un profundo poso en el espectador con su fuerza en el uso de los colores y la prevalencia “ensangrentada” de los rostros.

José Ramón Lozano

Sin Título (X), 2019

Acrílico sobre tela

150 x 150cm

José Ramón Lozano

Vanitas nº12, 2019

Acrílico sobre tela

116 x 116cm

Las esculturas de Samuel Salcedo. Imposible no quedarse ensimismado con la fuerza y sensibilidad de las esculturas de cabeza de bebés que se encuentran los visitantes nada más entrar en la Galería de Cristal en el stand de 3 Punts. También de Samuel Salcedo, las esculturas humanas de resina policromada con cabezas de personajes variopintos se han hecho protagonistas de las redes sociales por su ironía y su destacable perfección plástica.

Samuel Salcedo

Dark 1, 2019

Resina epoxi y arena de fundición

95 x 75cm

Las esculturas de Carlos Tardez también generan mucho diálogo entre los visitantes. Los cuerpos desnudos acompañados de elementos humorísticos e irónicos no dejan indiferente a nadie. La gran revolución del Satisfayer aterriza como no en el arte contemporáneo con la obra de Carlos Tardez.. Su escultura ha sido una de las más fotografiadas y compartidas en redes por los visitantes más jóvenes de la feria que sin duda son grandes conocedores de esta nueva tecnología tan aclamada.

Carlos Tárdez

Ariadna, 2017

Resina policromada y cuerda

10 x 4cm

Carlos Tárdez

Fakir, 2018

Resina policromada y cuerda

10.5 x 9.5cm

El detalle de Alejandro Gómez Cangas también ha sido una de las imágenes que más recorrido ha tenido en Instagram. Las pinturas de Alejandro a menudo muestran multitudes de personas esperando en la fila o caminando juntos hacia una situación desconocida. El espacio individual y el espacio colectivo se entremezclan navegando en los pensamientos y sentimientos de los demás.

Alejandro Gómez Cangas

Brecha, 2019

Óleo sobre lienzo

160 x 125cm

Alejandro Gómez Cangas

El Camino de la Montaña, 2019

Óleo sobre lienzo

200 x 125cm

La temática figurativa de Teresa Carneiro, su excelente manejo de la forma y el color e los rostros femeninos de sus obras hacen que los visitantes se queden prendados de la belleza y delicadeza de estas piezas. Junto a la galería Nuno Sacramento se convierte en un espacio viral para los amantes del arte y de la ligereza de sus obras.

Teresa Carneiro

Between I, 2019

Técnica mixta sobre madera

170 x 120cm

Os animamos a compartir en redes vuestras obras favoritas, una nueva forma de diálogo directo con los artistas y las galerías que permite el acercamiento de todos los interlocutores que participan en el mercado del arte.

 

Daniel Barrio. Artista invitado a la tercera edición de OPEN BOOTH. Cortesía del artista.


DESPIECE. PROTOCOLO DE MUTACIÓN


Como parte del Programa Paralelo de Art Madrid’26, presentamos la tercera edición de Open Booth, un espacio concebido como plataforma para la creación artística y la experimentación contemporánea. La iniciativa pone el foco en artistas que aún no cuentan con representación en el circuito galerístico, ofreciendo un contexto profesional de alta visibilidad en el que nuevas voces pueden desplegar su práctica, ensayar formas de relación con el público y consolidar su proyección en el panorama artístico actual. En esta ocasión, el proyecto está protagonizado por el artista Daniel Barrio (Cuba, 1988), quien presenta el site specific Despiece. Protocolo de mutación.

La práctica de Daniel Barrio se centra en la pintura como un espacio de experimentación desde el que analiza la mercantilización de lo social y la tiranía de la aprobación mediática. Para ello, trabaja con imágenes procedentes de la prensa y otros medios, que interviene pictóricamente con el objetivo de desactivar su significado original. Mediante este proceso, el artista propone nuevas lecturas y cuestiona los mecanismos de producción de sentido, concibiendo la pintura como un lugar de realización, terapia y catarsis.

Despiece. Protocolo de mutación se construye a partir de restos urbanos, materiales industriales y fragmentos de historia para interrogarnos sobre qué memorias heredamos, cuáles consumimos y cuáles somos capaces de construir. Suelo, paredes y volúmenes conforman un paisaje en tensión donde lo sagrado convive con lo cotidiano, y donde las grietas importan más que la perfección.

La evolución constante del arte exige un intercambio continuo entre artistas, instituciones y públicos. En esta 21ª edición, Art Madrid reafirma su voluntad de actuar como catalizador de ese diálogo, ampliando los límites tradicionales del contexto ferial y abriendo nuevas posibilidades de visibilidad para prácticas emergentes.



Este site specific surge de un impulso crítico y afectivo por desarmar, examinar y recomponer aquello que nos constituye cultural y personalmente. La obra se concibe como un todo indisoluble: un paisaje interior que opera como dispositivo de sospecha, donde suelo, paredes y volúmenes configuran un ecosistema de restos. Se propone una lectura de la historia no como una continuidad lineal, sino como un sistema de fuerzas en fricción permanente, articulando el espacio como un archivo adulterado; una superficie que se presenta como definitiva, pero que permanece en constante transformación.



La obra se configura como un paisaje construido a partir de residuos urbanos, donde suelo, paredes y objetos conforman un cuerpo unitario elaborado con mortero de cal, PVC de cartelería teatral, espuma industrial y cera de ofrendas. El núcleo del proyecto es una estructura en forma de “L” de 5 × 3 metros que reinterpreta la técnica del fresco sobre soporte industrial recuperado, aplicando el mortero en húmedo durante jornadas continuas, sin búsqueda de perfección, permitiendo que la materia evidencie su propio carácter. En torno a esta estructura gravitan fragmentos arquitectónicos: bloques de espuma que simulan hormigón, un torso del Belvedere impreso en 3D y deformado, y un elemento escultórico de cera en el que se incrustan lijas utilizadas por obreros y artistas anónimos, preservando el esfuerzo de esos cuerpos ajenos.

Un elemento escultórico de cera blanca funciona dentro del conjunto instalativo como un punto de concentración sensorial que desafía la mirada. En su interior confluyen la fe acumulada de las velas de ofrenda y los residuos industriales del taller, recordando que la pureza y la devoción conviven con la materialidad del mundo cotidiano. La experiencia del espectador trasciende así lo visual: inclinarse, oler y aproximarse a la vulnerabilidad transforma la percepción en un acto íntimo y corporal. En su densidad quedan incrustados tacos de lija usados por artistas, artesanos y obreros, recuperados de contextos ajenos, donde la lija actúa como huella del esfuerzo de otros cuerpos, respondiendo a un protocolo de registro sin intención autobiográfica.

Despiece. Protocolo de mutación nos interpela: ¿qué memoria valoramos?, ¿la que consumimos o la que construimos con rigor? El público abandona la posición contemplativa para integrarse en el sistema, y el esfuerzo de desplazar la materia, el rigor documental y la materialidad envolvente configuran un cuerpo de resistencia frente a una realidad mediada. El proyecto se consolida así como un paisaje interior donde suelo, superficie y volumen articulan una anatomía de residuos. La adulteración opera como metodología analítica aplicada a los estratos de la realidad urbana, interviniendo la historia a través de publicidades teatrales y callejeras, residuos arquitectónicos y protocolos administrativos, proponiendo que el arte puede restituir la capacidad de construir una memoria propia, aunque inevitablemente fragmentada.



SOBRE EL ARTISTA

DANIEL BARRIO. Cuba, 1988.

Daniel Barrio (Cienfuegos, Cuba, 1988) es un artista visual cuya práctica articula el espacio desde la pintura, entendiendo el entorno como un archivo adulterado susceptible de intervención crítica. Formado en la Academia de Bellas Artes de Cienfuegos (2004-2008) con especialidad en pintura, y posteriormente en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid - ECAM (2012-2015) en Dirección de Arte, su metodología integra el pensamiento plástico con la narrativa escenográfica. Su origen cubano constituye el fundamento analítico de su trabajo: la experiencia de observar cómo los monumentos y los ideales se revelan frágiles al tacto le ha dotado de una sensibilidad particular para detectar las fisuras en aquello que se presenta como definitivo, estableciendo la realidad como superficie bajo permanente interrogación.

Su trayectoria incluye exposiciones individuales como "La levedad en lo cotidiano" (Galería María Porto, Madrid, 2023), "Interiores ajenos" (PlusArtis, Madrid, 2022) y "Tribud" (Navel Art, Madrid, 2019), así como participaciones colectivas relevantes en "Space is the Landscape" (Estudio Show, Madrid, 2024), "Winterlinch" (Espacio Valverde Gallery, Madrid, 2024), "Hiberia" (Galería María Porto, Lisboa, 2023) y la itinerancia de la Exposición de Arte Joven de La Rioja (2022). Miembro del Colectivo Resiliencia, su obra no persigue la producción de objetos sino la articulación de dispositivos pictóricos que generan protocolos de resistencia frente al flujo de imágenes descartables. En un contexto saturado de datos inmediatos, su práctica produce huellas y archiva aquello que debe permanecer, cuestionando no el significado de la obra sino la memoria que el espectador construye al interactuar con ella, recuperando así la soberanía sobre la mirada y habitando las ruinas como método de comprensión del presente.