Art Madrid'26 – LOS MÁS JÓVENES DE ART MADRID’18

L'Homme jaune, “Syria”, acrílico sobre lienzo.

 

 

 

La teoría del fin del Arte de Arthur C.Danto, muy en la línea discursiva en torno al arte contemporáneo que se desarrolla en la última década, ha favorecido miles de páginas de ensayo y no menos preguntas. Danto asevera: “El arte ha muerto. Sus movimientos actuales no reflejan la menor vitalidad; ni siquiera muestran las agónicas convulsiones que preceden a la muerte; no son más que las mecánicas acciones reflejas de un cadáver sometido a una fuerza galvánica”. Y, nosotros, dicho ésto, sólo podemos responder con ejemplos de jóvenes artistas, los más jóvenes de Art Madrid, que demuestran que hay criterio, hay referentes y hay talento.


En 2009, una consultora australiana determinó el año 1980 como el que define a la generación millenial, una generación crecida con la democratización de la información y de los procesos de toma de decisiones gracias a Internet (su alimento diario), siendo así una generación más cívica, más crítica y más culta, según aseguran los autores Strauss & Howe en su libro titulado Millennials Rising: The Next Great Generation. No sabemos si esto se cumple en todos los casos, pero sabemos de casos en los que sí se cumple.

 

 

 

Irene Cruz. “Stimmung IX”, fotografía sobre papel, 2013.

 

 

 

Se cumple en Irene Cruz (1987), fotógrafa y video-artista que cuenta ya con más de 300 exposiciones en todo el mundo y que en 2015 se convirtió en la fotógrafa más joven en participar en el festival Photoespaña. Su trabajo ha merecido el reconocimiento de La Quatrieme Image Fair de París y fué considerada la Artista Emergente con más proyección internacional por el jurado especializado de Why on White en 2017.


Cruz repite en Art Madrid en esta ocasión con la galería madrileña Mercedes Roldán (por primera vez en la feria) y con fotografías de su serie Stimmung. “Son indagaciones de mi interior, paisajes en los que integro el cuerpo para crear escenas en las que se mezcla con los elementos de la naturaleza. El cuerpo se introduce en ella de manera intrigante”. El título, dado por la palabra alemana Stimmung, tiene suma importancia. Significa al mismo tiempo estado de ánimo, humor, espíritu, clima, tendencia, moral… El cuerpo transmite la atmósfera del paisaje, y el paisaje refleja los sentimientos de las figuras.

 

 

 

José Ramón Lozano, “Audry Hepburn II”, acrílico sobre tela, 2017.

 

 

 

La galería madrileña BAT Alberto Cornejo, trabaja con un concepto ecléctico del arte y combina artistas consagrados (tiene uno de los fondos de vanguardia española más interesantes de la ciudad) con jóvenes creadores de todas las disciplinas. Uno de los artistas con los que viene a Art Madrid’18 es José Ramón Lozano (1983), especialista en retratos con los que genera, gracias a un realismo colorista y directo, “una turbia dependencia con sus obras y establecer un poderoso vínculo con el público”. Basta mirarles directamente a los ojos. Esos ojos.


En el apartado de pintura merece una atención especial Hugo Alonso (1981), con la galería de Barcelona Miquel Alzueta, espacio en constante renovación y en el que hoy conviven artistas de diversas generaciones, desde los ya clásicos, hasta los más emergentes como reflejo de las diferentes líneas que componen el mosaico del arte del siglo XXI.

 

 

 

Hugo Alonso, “November 07”, acrílico sobre papel, 2017.

 

 

 

Alonso desarrolla proyectos híbridos y transdisciplinares. Inicialmente pictórica, su obra ha ido expandiéndose hacia otros campos como el vídeo, el sonido o la instalación audiovisual y en sus obras es difícil marcar la frontera entre pintura, fotografía o imagen digital ya que, tras recopilar imágenes del cine o de Internet, las manipula con procedimientos digitales para traducirlas más tarde en pintura tradicional. “En mi trabajo exploro las relaciones entre la realidad cinematográfica y nuestra realidad cotidiana. También las analogías posibles entre la historia de la pintura y el cine. La ficción fílmica me ayuda a conocer el entorno en el que vivo y a conocerme a mí mismo. El cine es mi fuente de recursos visuales y conceptuales”.


Entre los más jóvenes de la feria se encuentra Rebeca Sánchez (1986) artista visual, pintora y dibujante que, sin embargo, desarrolla gran parte de su trabajo en el medio escultórico con inquietantes figuras humanas hiperrealistas en resina con las que muestra las sombras del género humano, sus vicios y sus miedos. La artista viene a la feria de la mano de la galería Léucade, de Murcia, fundada en 2013 por Sofía Martínez Hernández con la intención de innovar y ser un revulsivo del mundo del arte de la ciudad por lo que, para muchos, es algo así como The Factory: un lugar de encuentro para artistas de todas las disciplinas artísticas, un espacio de creación libre, de talleres y de confluencia de experiencias.

 

 

 

Rebeca Sánchez, “El hombre sentado en el sofa?”, resina de poliester, cabello natural, 2017.

 

 

 

La Galería arandina Rodrigo Juarranz considera el arte como un todo, sin distinguir entre géneros o disciplinas, y selecciona con gran intuición a los nuevos valores que incluye en su cartera.  Entre estos se encuentra Diego Benéitez Gómez (1986) en activo sólo desde 2010 pero que que ya cuenta con decenas de muestras en su haber, tanto individuales como colectivas. Autodidacta y educado en el arte urbano, se decantó finalmente por la pintura y tiene en Skyline una de sus series más representativas, líneas de horizonte, “espacios pictóricos” casi abstractos por su sencillez, franjas de color perfectamente definidas que nos presentan un horizonte o una cuestión metafísica, quizá sobre el peso de la existencia, quizá sobre lo divino y lo humano, quizá sobre el paisaje y su extensión simbólica.

 

 

Diego Bene?itez, “El poder del tiempo”, técnica mixta sobre lienzo, 2017.

 

 

 

L´Homme Jaune, nombre artístico del argelino Yasser Ameur, es un juego de palabras entre Jaune, amarillo, y Jeune, joven, siendo así El Hombre Amarillo y, al mismo tiempo, El Hombre Joven. Ameur, nacido en Blida en 1989 es licenciado en Ingeniería Ambiental de la Universidad de Mostaganem y su llegada al arte fué tan natural como sorpresiva. Autodidacta, encontró en sus hombres amarillos un canal para expresar su propia visión del mundo: escenas cotidianas, de las calles, de los cafés, de las camas… en las que el amarillo representa al ser humano nacido de esta sociedad, un hombre enfermo, hipócrita y pérfido, lo que conecta con la expresión popular argelina “sonrisa amarilla” para referirse a la falsedad y la mentira. L´Homme Jaune viene a la feria con la galería parisina Norty, especializada en art brut y expresionismo, una de las propuestas más arriesgadas de la feria.

 

 

 

Carla M. Bell, “Sistemica”, instalación, 2017.

 

 

 

Sin duda, la más joven de Art Madrid’18 es Carla Maria Bellido de Luna, nacida en La Habana, Cuba, en 1993. Graduada de la Academia Nacional de Bellas Artes de San Alejandro y en el Instituto Superior de Arte de Cuba, Bellido cuestiona con su pintura (también fotografía e instalación) las construcciones culturales que moldean los conceptos de veracidad, subjetividad o imaginación. “Mi trabajo se remite constantemente a las estructuras y fenómenos que definen de manera consciente o inconsciente lo que producimos desde el campo del arte. Me interesa explorar los modelos de reproducción intrínsecos a estos fenómenos, cuánto dependemos -como sujetos culturales- de lo que consumimos, de lo que nos precede…”  Bellido afirma que todo artista sólo puede hablar de su propia experiencia y se sitúa, así, casi en el terreno del espectador, manteniéndose como observadora pasiva para ver hasta qué punto su obra está determinada por cuestiones externas: dígase país, contexto social e incluso estructuras propias del sistema del arte. Bellido se estrena en Art Madrid con la galería Carbo Alterna, creada en Cancún por Alexander González Carbó, representante por más de una década de la obra del Maestro Manuel Mendive. Se trata de un espacio de creación artística no gubernamental, fundado en La Habana por cuatro jóvenes artistas para promover el trabajo de artistas emergentes que residan dentro o fuera de la Isla.

 


El círculo como dispositivo crítico y el marcador como catalizador contemporáneo


POSCA, marca japonesa de marcadores de pintura a base de agua, se ha consolidado desde los años 80 como un instrumento central en las prácticas artísticas contemporáneas vinculadas al arte urbano, la ilustración, el diseño gráfico y la experimentación interdisciplinar. Su fórmula opaca, cromáticamente intensa y de secado rápido, compatible con soportes tan diversos como el papel, la madera, el metal, el vidrio o el textil, ha favorecido una expansión técnica que trasciende el estudio tradicional y dialoga con el espacio público, el objeto y la instalación.



En este contexto, POSCA más allá de ser una herramienta de trabajo, opera como infraestructura material de la creación contemporánea; un dispositivo técnico que facilita la inmediatez del gesto sin renunciar a la densidad cromática ni a la precisión formal. Su versatilidad ha contribuido a democratizar el acceso a lenguajes tradicionalmente asociados a la pintura, posibilitando una circulación más horizontal entre prácticas profesionales y amateur.

Esta dimensión expandida del medio encuentra un marco conceptual particularmente pertinente en The Rolling Collection, exposición itinerante comisariada por ADDA Gallery. El proyecto propone una investigación colectiva en torno al formato circular entendido no sólo como contenedor formal, sino como estructura simbólica y campo de tensión espacial.



Históricamente, el círculo ha operado como figura de totalidad, continuidad y retorno. En el contexto de The Rolling Collection, el formato circular se desplaza de su carga simbólica clásica hacia una dimensión experimental y se convierte en un soporte que cuestiona la frontalidad rectangular hegemónica en la tradición pictórica occidental. La ausencia de ángulos obliga a replantear la composición, el equilibrio y la direccionalidad del trazo.

Lejos de ser una mera restricción formal, esta condición genera una economía específica de decisiones plásticas. El borde curvo tensiona la relación entre centro y periferia, diluye jerarquías internas y promueve dinámicas visuales centrífugas y centrípetas. El resultado es un conjunto de obras que interroga los modos de construcción de la imagen.



Tras su recorrido en 2025 por Barcelona, Ibiza, París, Londres y Tokio, una selección de la muestra se presenta en Art Madrid, reforzando su vocación internacional y su capacidad de adaptación a distintos contextos culturales. La propuesta para Art Madrid’26 reúne a artistas cuyas trayectorias se sitúan en la intersección entre arte urbano, ilustración contemporánea y prácticas híbridas: Honet, Yu Maeda, Nicolas Villamizar, Fafi, Yoshi y Cachetejack.

Aunque sus lenguajes son heterogéneos, desde aproximaciones más gráficas y narrativas hasta exploraciones cromáticas de fuerte carga gestual, la curaduría establece un eje común. Una actitud libre, experimental y marcadamente colorista. En este sentido, el color actúa como estructura conceptual que articula las obras y las conecta con la materialidad específica de POSCA.



La intensidad cromática propia del marcador dialoga con la contundencia formal del círculo, generando superficies donde la saturación y el contraste adquieren protagonismo. La herramienta se integra así en el discurso expositivo, siendo un elemento coherente con las estéticas de los artistas participantes

Uno de los aspectos más importantes del proyecto es la incorporación activa del público. En el espacio expositivo, que ocupará la acción de POSCA durante Art Madrid’26, los visitantes podrán intervenir círculos dispuestos en la pared, utilizando marcadores POSCA, integrándose de esta manera simbólica a The Rolling Collection durante su paso por Madrid.



Esta estrategia introduce una dimensión relacional que desestabiliza la noción de obra cerrada. De esta manera la autoría se descentraliza y el espacio expositivo se transforma en superficie dinámica de acumulación de gestos. Desde una perspectiva teórica, podría leerse como una aproximación a prácticas participativas que, sin renunciar a la calidad formal del conjunto, abren el dispositivo artístico a la contingencia y a la multiplicidad de voces.

La elección de POSCA como herramienta para esta intervención colectiva no es casual. Su facilidad de uso, control del trazo y compatibilidad con múltiples superficies garantizan una experiencia accesible sin comprometer la potencia visual del resultado. El marcador funciona de esta forma, como mediador entre el ámbito profesional y la experimentación espontánea, borrando las jerarquías técnicas.



El propio título, The Rolling Collection, sugiere una colección en movimiento, no fijada a un único espacio ni a una configuración definitiva. El carácter itinerante, sumado a la incorporación de intervenciones locales, convierte la acción en un organismo en constante transformación. En este marco, POSCA se posiciona como catalizador material de una comunidad creativa transnacional. La marca, históricamente vinculada a escenas urbanas y prácticas emergentes, refuerza su identidad como aliada de procesos abiertos, experimentales y colaborativos.

POSCA x The Rolling Collection no debe leerse únicamente como una colaboración entre empresa y proyecto curatorial, es sobre todo, una convergencia estratégica entre herramienta, discurso y comunidad. La acción propone una reflexión sobre el formato, la circulación global del arte contemporáneo y la expansión de la autoría; POSCA aporta la infraestructura técnica que hace posible tanto la obra individual como la experiencia colectiva.