Art Madrid'26 – LOS ROSTROS DE MARRUECOS, POR LEILA ALAOUI

Aunque gran parte de la programación ya ha concluido, PhotoEspaña aún tiene exposiciones que ofrecernos. Os recomendamos que aprovechéis estos últimos días para disfrutar de algunas muestras extraordinarias. Nosotros destacamos el trabajo de Leila Alaoui, que podrá verse en la Casa Árabe hasta el 22 de septiembre.

Leila Alaoui, “Esauira”, 2012

La exposición “Los marroquíes” se ha organizado gracias a la colaboración de la Embajada del Reino de Marruecos y la Fundación Leila Alaoui. Recoge 30 impactantes retratos que la fotógrafa realizó entre 2010 y 2014, dentro de un proyecto personal en el que trataba de reflejar la realidad de su país y el poder de la mirada del individuo. Huyendo de la imagen costumbrista que se detiene en los elementos contextuales, ella buscaba captar la esencia de la persona y al mismo tiempo reflejar los detalles de un modo de vida, de una cultura y unas tradiciones condensadas en la indumentaria y la vestimenta escogidas.

Leila Alaoui, “Moulay Abdeslam”, 2010

Este proyecto no podría entenderse sin conocer parte de la trayectoria vital de la fotógrafa franco-marroquí. Leila nació en París, pero pasó su infancia y juventud en Marrakech. En ese tiempo, su imaginación se fue alimentando de los persistentes relatos de emigrantes que buscan una mejor vida aventurándose por el mediterráneo y la tragedia asociada a estos viajes forzosos, muchas veces frustrados y con gran peligro. Con el paso de los años y su inclinación hacia la fotografía, Leila vio en esta disciplina artística la posibilidad de generar un discurso de conciencia social que le permitiera sacar a la luz muchas de las historias que había escuchado de niña y que seguían estando, en el siglo XXI, de plena actualidad.

“Tameslohte” (Marrakech-Safi 2010) ©Fundación Leila Alaoui

Volcada plenamente en la fotografía social, su trabajo se ha desarrollado mayoritariamente en los países norteafricanos de la cuenca mediterránea. Con temáticas diversas que buscan una suerte de justicia social a través de la imagen, su narrativa ha tratado la emigración, los movimientos de refugiados, la desigualdad de la mujer, la interculturalidad o la identidad nacional. Una de sus técnicas características consistía en montar un estudio de fotografía improvisado en plena calle e invitar a quien quisiese a ser retratado. Muchos de sus proyectos han contado con la colaboración desinteresada de numerosos ciudadanos, atraídos por su discurso igualitario y su proximidad.

Leila Alaoui, “Plaza de Yamaa el Fna”, 2011

En “Los marroquíes”, exposición comisariada por el escritor y crítico Guillaume de Sardes, se hace evidente el carácter humanista y comprometido del trabajo de Leila. Su obra quiere ser la voz de muchos que no tienen oportunidad de alzarla. Sus retratos son directos, verdaderos encuentros con las personas que miran abiertamente a la cámara para ofrecer apenas sus rostros rodeados de tejidos tradicionales. Cada mirada invita a reconstruir un relato personal, pero al mismo tiempo compartido por todos ellos, que nos habla de una historia común.

Desafortunadamente, Leila Alaoui falleció en 2016 tras un atentado en Uagadugú (Burkina Faso), ciudad en la que se encontraba trabajando en un proyecto propuesto por Amnistía Internacional sobre la condición de la mujer. Su obra puede verse en nuestro país por primera vez en un hermoso homenaje a su compromiso social y a su talento como fotógrafa.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica artística de Chamo San (Barcelona, 1987) se articula en torno a una poética de la atención, donde lo aparentemente insignificante adquiere una intensidad reflexiva singular. Sus obras se construyen desde una observación persistente de la vida cotidiana, entendida no como repertorio narrativo, sino como campo de experiencia compartida. En este marco, el gesto mínimo se convierte en una forma de conocimiento sensible que sitúa al espectador ante escenas reconocibles y, a la vez, extrañadas por su suspensión temporal.

El desplazamiento progresivo hacia una pintura más atmosférica ha permitido que el entorno deje de ser un mero soporte para convertirse en un agente activo de sentido. Las gamas cromáticas contenidas y los espacios cuidadosamente construidos generan una sensación de quietud que remite a una tradición pictórica interesada en la duración y la espera. La figura humana, núcleo constante de su trabajo, se presenta así inmersa en contextos que amplifican su dimensión afectiva y existencial.

El silencio que atraviesa estas imágenes no es ausencia, sino condición; un espacio de resonancia donde convergen el tiempo del hacer y el tiempo de la mirada. Entre el control compositivo y la apertura a lo contingente, la obra de Chamo San afirma la pintura como un territorio donde coexisten la planificación y el accidente.


Bañera. 2018. Bolígrafo sobre libreta. 14 x 18 cm.


En muchas de tus obras aparece una atención minuciosa al gesto mínimo y al momento aparentemente trivial. ¿Qué te interesa de esas micro-coreografías de la vida cotidiana?

El germen de mis obras, siempre viene de los apuntes al natural que realizo en pequeñas libretas que puedo llevar siempre conmigo y que luego, o bien transfiero a un formato diferente en el que poder trabajar de manera más relajada, o bien son la propia obra final.

La composición, la puesta en escena y, quizá, esas micro-coreografías son aquello que me permito aportar como artista. Estas escenas cotidianas para mí suponen la manera más directa y más honesta de conectar con el público ya que, pese a ser escenas íntimas, representan experiencias universales.


Peus. 2023. Pastel al óleo sobre papel encolado en tabla. 30 x 30 cm.


En tus piezas, la presencia de tonos sobrios parece generar un tipo particular de atmósfera. ¿Cómo describirías el modo en que esa atmósfera emerge durante el trabajo, y qué papel juega en la construcción global de la imagen?

La atmósfera y el color es algo muy reciente en mi obra. Anteriormente me centraba únicamente en los personajes como el elemento principal y muchas veces incluso quedaban flotando en el vacío. Es en el momento en el que vi que era necesario contextualizar y, sobre todo, cuando empecé a trabajar más a partir de los apuntes que tomaba en mis libretas, que entendí la importancia del entorno para el personaje.

Los personajes para mí serán siempre el elemento principal, ya que creo que es en la representación de la figura humana donde disfruto más. Pero poco a poco me gusta investigar aquello que les rodea. Veo necesario darles un entorno y una atmósfera para poder ubicarlos en una escena mucho más completa.


Mamant. 2025. Lápices de colores sobre libreta. 14 x 18 cm.


¿Los silencios en tus obras son heredados de experiencias reales o emergen durante el proceso pictórico?

Los silencios en mis obras son heredados de experiencias reales, ya que en el momento de capturar esos pequeños instantes de las escenas cotidianas - es necesario-, suelo estar concentrado y en silencio. Por otro lado, también creo que la contemplación de las obras artísticas casa muy bien con ese momento de calma y que, por un instante, tanto el artista en todo el proceso de creación como el espectador cuando mira la obra, pueden coincidir en ese mismo estado de tranquilidad y de silencio.


El Beso. 2024. Pastel al óleo sobre libreta. 14 x 18 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Hay algunas de mis obras que están muy planificadas, incluso excesivamente, con muchísimos bocetos. Por otro lado siempre tengo ese punto de partida que aparece en los apuntes de los cuadernos, y dejo la experimentación y lo inesperado para el final. Aunque también es cierto que cuando me he lanzado desde el principio a la improvisación, han ocurrido cosas maravillosas, por lo que ahora intento que esos dos mundos se combinen de la forma más orgánica posible.


Cine. 2025. Bolígrafo y pastel al óleo sobre libreta. 14 x 18 cm.


Aunque tu obra se ha desplazado hacia lo pictórico –con una estética muy vinculada a lo cinematográfico-, aún se perciben ecos de la ilustración en tu lenguaje visual. ¿Qué elementos dirías que permanecen y cuáles se han transformado radicalmente?

Para mí, la ilustración ha sido un campo de aprendizaje brutal. Me encantan esos artistas que han combinado los encargos de ilustración con el trabajo de estudio para galerías como Ramón Casas o James Jean. Creo que estos dos mundos pueden conectar en lo técnico, pero el lenguaje y la finalidad son muy distintos.

El hecho de que exista una obra única y original, hace que puedan aparecer accidentes que en la ilustración difícilmente pueden aparecer. Por lo tanto, esa esencia del objeto único y, sobre todo, esa intencionalidad lo hacen absolutamente diferente.