LOS ROSTROS DE MARRUECOS, POR LEILA ALAOUI

Aunque gran parte de la programación ya ha concluido, PhotoEspaña aún tiene exposiciones que ofrecernos. Os recomendamos que aprovechéis estos últimos días para disfrutar de algunas muestras extraordinarias. Nosotros destacamos el trabajo de Leila Alaoui, que podrá verse en la Casa Árabe hasta el 22 de septiembre.

Leila Alaoui, “Esauira”, 2012

La exposición “Los marroquíes” se ha organizado gracias a la colaboración de la Embajada del Reino de Marruecos y la Fundación Leila Alaoui. Recoge 30 impactantes retratos que la fotógrafa realizó entre 2010 y 2014, dentro de un proyecto personal en el que trataba de reflejar la realidad de su país y el poder de la mirada del individuo. Huyendo de la imagen costumbrista que se detiene en los elementos contextuales, ella buscaba captar la esencia de la persona y al mismo tiempo reflejar los detalles de un modo de vida, de una cultura y unas tradiciones condensadas en la indumentaria y la vestimenta escogidas.

Leila Alaoui, “Moulay Abdeslam”, 2010

Este proyecto no podría entenderse sin conocer parte de la trayectoria vital de la fotógrafa franco-marroquí. Leila nació en París, pero pasó su infancia y juventud en Marrakech. En ese tiempo, su imaginación se fue alimentando de los persistentes relatos de emigrantes que buscan una mejor vida aventurándose por el mediterráneo y la tragedia asociada a estos viajes forzosos, muchas veces frustrados y con gran peligro. Con el paso de los años y su inclinación hacia la fotografía, Leila vio en esta disciplina artística la posibilidad de generar un discurso de conciencia social que le permitiera sacar a la luz muchas de las historias que había escuchado de niña y que seguían estando, en el siglo XXI, de plena actualidad.

“Tameslohte” (Marrakech-Safi 2010) ©Fundación Leila Alaoui

Volcada plenamente en la fotografía social, su trabajo se ha desarrollado mayoritariamente en los países norteafricanos de la cuenca mediterránea. Con temáticas diversas que buscan una suerte de justicia social a través de la imagen, su narrativa ha tratado la emigración, los movimientos de refugiados, la desigualdad de la mujer, la interculturalidad o la identidad nacional. Una de sus técnicas características consistía en montar un estudio de fotografía improvisado en plena calle e invitar a quien quisiese a ser retratado. Muchos de sus proyectos han contado con la colaboración desinteresada de numerosos ciudadanos, atraídos por su discurso igualitario y su proximidad.

Leila Alaoui, “Plaza de Yamaa el Fna”, 2011

En “Los marroquíes”, exposición comisariada por el escritor y crítico Guillaume de Sardes, se hace evidente el carácter humanista y comprometido del trabajo de Leila. Su obra quiere ser la voz de muchos que no tienen oportunidad de alzarla. Sus retratos son directos, verdaderos encuentros con las personas que miran abiertamente a la cámara para ofrecer apenas sus rostros rodeados de tejidos tradicionales. Cada mirada invita a reconstruir un relato personal, pero al mismo tiempo compartido por todos ellos, que nos habla de una historia común.

Desafortunadamente, Leila Alaoui falleció en 2016 tras un atentado en Uagadugú (Burkina Faso), ciudad en la que se encontraba trabajando en un proyecto propuesto por Amnistía Internacional sobre la condición de la mujer. Su obra puede verse en nuestro país por primera vez en un hermoso homenaje a su compromiso social y a su talento como fotógrafa.

 

En un mundo tan diverso y lleno de posibilidades como el nuestro, no es extraño que los artistas exploren distintas disciplinas y salten de una especialidad a otra en función del lenguage que más se adapta a sus necesidades expresivas en cada momento. Así ha sido la historia de Eamonn Doyle, a quien la Fundación Mapfre dedica una exposición que recoge lo más destacado de su corta pero brillante trayectoria como fotógrafo.

Eamonn Doyle, ON (series) nº 1, 2014 © Eamonn Doyle, cortesía de Michael Hoppen Gallery

Eamonn Doyle inició su carrera en el mundo del arte con sus estudios de pintura y posteriormente de fotografía, entre 1987 y 1991. No obstante, tras unos viajes iniciales en que intentó desarrollarse como fotógrafo de reportajes, en 1994 abandonó la cámara y se dedicó por completo a la música. Durante veinte años trabajó como editor y promotor musical, lo que le llevó a recorrer gran parte del mundo mientras organizaba festivales o grababa discos. Pero hace seis años, decidió retomar la fotografía, convirtiéndose en tiempo récord en uno de los fotógrafos contemporáneos de mayor reconocimiento.

Su carrera anterior, no obstante, tiene un importante influjo en su obra. Los movimientos culturales de las últimas décadas, que discurren de forma paralela a la música, junto con su pasión por la literatura, salen a la luz en sus imágenes de forma evidente. En este contexto, su ciudad natal, Dublín, gana una presencia especial, dejando traslucir su vida urbana y el pulso de las nuevas generaciones empapadas del contexto sociopolítico del momento.

Eamonn Doyle, "Untitled 28", 2013, © Eamonn Doyle, cortesía de Michael Hoppen Gallery

Uno de sus trabajos más conocidos es la “trilogía de Dublín”, con las series i, ON y End. A estas se suma otro proyecto célebre: K, centrado en imágenes espectrales que el fotógrafo tomó en Irlanda y en España. Su trabajo se caracteriza por la ambientación urbana en encuadres apurados que fuerzan el punto de vista del espectador. La ausencia de cortes rectos, la abundancia de ángulos y recortes en perspectiva transmiten una constante sensación de actividad y movimiento.

Ese mismo movimiento está presente en la serie K, donde el viento aparece para agitar los tejidos y ocultar las figuras. Este juego de ocultación atrapa las figuras con movimientos envolventes, que generan por igual desconcierto y angustia. Se advierte cierto mensaje surrealista en estas imágenes, con formas antropomorfas sin rostro sobre fondos inertes de fuerte contraste.

Eamonn Doyle, “K-20”, 2017

Igualmente, hay que destacar la constante presencia de la música en el trabajo del fotógrafo. La exposición en la Sala Bárbara de Braganza alberga también una pieza de vídeo titulada “Made in Dublin”, en la que el sonido juega un papel importantísimo. Doyle ha seguido colaborando de forma regular con el compositor David Donohoe, cuyas piezas son parte integrante de muchos de sus trabajos como la serie K o sus videocreaciones.

Sala Bárbara de Braganza (Fundación Mapfre): del 12 de septiembre al 26 de enero.