Luis Gordillo, pictórico y visceral

 

 

 

Luis Gordillo, “Cabeza con franjas”, (1964)

 

 

 

Luis Gordillo (1934), pintor sevillano de referencia en el panorama artístico español y símbolo de la vitalidad de la pintura, atraviesa distintas etapas artísticas que se reflejan de manera cronológica en la exposición. Su obra viaja desde un informalismo pictórico inicial hasta intervenciones en el espacio público, como la realizada en la estación del metro Alsacia, en Madrid.

 

 

 

Luis Gordillo, "La pareja americana" (1974)

 

 

 

Los intereses temáticos de Gordillo son los que atañen al cuerpo, desde un punto de vista visceral. Así, en sus cuadros aparecen cerebros, tripas, células y vísceras en general, representadas a través de un lenguaje no figurativo que se inclina hacia la abstracción. Sin embargo, el propio autor reacciona reticente a considerar su obra plenamente abstracta. El artista ha permanecido ligado a los avances tecnológicos, sobre todo a los que se refieren al uso de la fotografía, pues la toma como herramienta fundamental en el proceso creativo. Se sirve de ella para experimentar constantemente con el color y la composición de sus cuadros. Pinta, fotografía, reinterpreta la fotografía y así sucesivamente.

 

 

 

Luis Gordillo, "Vesícula" (1986)

 

 

 

En la exposición podrán contemplarse sus primeros trabajos de mediados de los años sesenta, relacionados con el pop británico: cabezas, los “tricuatropatas”, peatones y automovilistas. En los ochenta, destaca su serie de “meandros”, que refleja su visión científica de lo orgánico y del cuerpo como fragmento. En los noventa, realiza cuadros con un sentido escenográfico y espectacular. Los 2000 se caracterizan por el uso de los avances tecnológicos y su experimentación dentro del mundo digital. De los últimos años destaca una nueva serie de sus cabezas.

 

 

 

Luis Gordillo "Blancanieves y el Pollock feroz" (1996)

 

 

 

La muestra que presenta el CGAC está comisariada por Juan Antonio Álvarez Reyes, director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla y Santiago Olmo, director del CGAC y podrá visitarse hasta el 17 de septiembre. 

 

 

 

Imagen del mural de Gordillo en la estación de Alsacia

 

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.