Art Madrid'26 – LUZ, IMAGEN Y SONIDO EN EL FESTIVAL MIRA SON

El festival de arte digital Mira Son inaugurará el próximo 5 de noviembre su 9ª edición con una programación que se presenta más grande, más amplia y más diversa que en años anteriores. Nos adentramos en un terreno desconocido y sorprendente donde las disciplinas conviven en un espacio pensado para la experimentación y la innovación de última generación.

Robert Lippok & Lucas Gutierrez, “Non-face” (fotograma) (imagen vía berlinerfestspiele.de)

Para este festival, los conceptos de videoarte 360º, proyecto inmersivo fulldome, música electrónica acelerada o instalación lumínica cobran un significado holístico que amalgama y fusiona todas las técnicas para generar un resultado novedosos, ajeno a la cotidianidad del entendimiento del arte y no apto para clasicistas. La agenda está repleta de actuaciones, conferencias, proyecciones y mucha música.

Entre los contenidos más destacados, es obligado hablar del ciclo de visionados en la cúpula del MIRA Dome, una estructura instalada en el patio de Fàbrica de Creació diseñada para vídeos 360º en la que se proyectarán cinco piezas seleccionadas. La puesta en escena está pensada para ofrecer una experiencia inmersiva que colapse los sentidos. Por eso mismo, imagen y sonido van de la mano en estos proyectos, muchos de ellos creados gracias a la colaboración de artistas visuales con artistas sonoros.

“Elektra” es una obra que reflexiona sobre el paso del tiempo y la relación entre pasado y presente, con una pieza elaborada por el estudio de diseño Metahaven y música de Kara-Lis Coverdale. Por su parte, el creador visual Lucas Gutiérrez se ha aliado con el artista sonoro Robert Lippok para su obra “Non-face”, donde se plantear un juego sensorial entre lo verosímil y lo hipotético en nuestro plano tangible. Una colaboración similar es la que se condensa en “Realness”, una obra que invita a experimentar con nuevas formas de vida distinta a la humana, fruto del trabajo de la artista digital Sandrine Deumier y la compositora Myriam Bleau. Jordi Massó se atreve con una propuesta futurista, “Smartzombies”, donde nuestra cotidianidad se ve casi suplantada por gadgets tecnológico. Finalmente destaca “Xpansion”, una pieza inspirada en la constante expansión del universo y en algunos de los conceptos astronómicos más actuales como la energía oscura, que ha creado el estudio V.P.M., uno de los ganadores de la Convocatoria Open Call de MIRA x Hangar.

Gabriela Prochazka, “Galaxy of Stars (Kiss Me)” (imagen vía gabrielaprochazka.com)

También debemos destacar el espacio dedicado a instalaciones audiovisuales, donde el arte digital se convierte en protagonista. Entre los invitados extranjeros está Audint (colectivo fundado en 2008, con artistas europeos) con su obra multisensorial “Obsidisorium” y Rick Farin (EE.UU.) con“Breach Act”. En la producción nacional están los alumnos de Elisava con “Alice”, y la instalación “Dualismo” del artista Carlos Sáez, uno de los máximos representantes del arte digital español que ya ha expuesto su trabajo en el MoMA y el Whitney Museum de Nueva York.

El festival promete innovación, láseres, DJs, música electrónica, arte tecnológico, crítica sobre el estado social, simbiosis audiovisual, y un sinfín de experiencias donde hay también espacio para la reflexión y la exploración sobre el futuro de la creación contemporánea.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica del colectivo DIMASLA (Diana + Álvaro), (Valencia, 2018), se sitúa en un cruce fértil entre arte contemporáneo, pensamiento ecológico y una filosofía de la experiencia que desplaza el énfasis de la producción hacia la atención. Frente a la aceleración visual y material del presente, su trabajo no propone una oposición frontal, sino una reconciliación sensible con el tiempo, entendido como duración vivida más que como medida. La obra emerge así como un ejercicio de detenimiento, una pedagogía de la percepción donde contemplar y escuchar devienen modos de conocimiento.

En sus trabajos, el territorio no funciona como marco, sino como agente. El paisaje participa activamente en el proceso, estableciendo una relación dialógica que recuerda a ciertas corrientes eco-críticas, en las que la subjetividad se descentra y se reconoce como parte de un entramado más amplio. Esta apertura implica una ética de la exposición: exponerse al clima, a la intemperie y a lo imprevisible supone aceptar la vulnerabilidad como condición epistemológica.

Los materiales -telas, pigmentos, huellas- operan como superficies de inscripción temporal, memorias donde el tiempo deja rastro. La planificación inicial se concibe como hipótesis abierta, permitiendo que el azar y el error actúen como fuerzas productivas. De este modo, la práctica artística de DIMASLA (Diana + Álvaro) articula una poética del cuidado y del estar-con, donde crear es, ante todo, una forma profunda de sentir y comprender la naturaleza.



En un momento histórico marcado por la velocidad y la sobreproducción de imágenes, vuestro trabajo parece reivindicar la lentitud y la escucha como formas de resistencia. ¿Podría decirse que vuestra práctica propone un modo de reaprender el tiempo desde la experiencia estética?

Diana: Sí, pero más que resistencia o reivindicación, es conciliación, es amor. Parece lentitud, pero es detenimiento, es reflexión. Ocupar el tiempo desde la contemplación o la escucha es una manera de sentir. La experiencia estética nos lleva a un camino de reflexión sobre lo que hay fuera y lo que hay dentro.


El territorio no aparece en vuestra obra como un fondo o un escenario, sino como un interlocutor. ¿Cómo se negocia esa conversación entre la voluntad del artista y la voz del lugar, cuando el paisaje mismo participa del proceso creativo?

Álvaro: Para nosotros el paisaje es como un compañero de vida o un amigo cómplice, y lógicamente es una relación íntima que se extiende a nuestra práctica. Vamos a visitarlo, a estar con él, a co-crear juntos. Entablamos una conversación que va más allá de la estética; son conversaciones llenas de acción, contemplación, comprensión y respeto.

Al final, de algún modo, él se expresa a través del material y nosotros respetamos todas sus cuestiones, valorando al mismo tiempo aquello que nos inquieta, nos produce y nos estimula en torno a esta relación.


La conquista de los conejos I & II. 2021. Proceso.


En vuestro modo de hacer se intuye una ética de la exposición: exponerse al entorno, al clima, al otro, a lo impredecible. ¿Hasta qué punto esa vulnerabilidad es también una forma de conocimiento?

Diana: Para nosotros esa vulnerabilidad nos enseña mucho, sobre todo humildad. Cuando estamos ahí fuera y sentimos el frío, la lluvia o el sol, nos damos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos en comparación a la grandeza y la fuerza de la naturaleza.

Entonces, sí; consideramos esa vulnerabilidad como una fuente profunda de conocimiento que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a despojarnos del ego y a entender que solo somos una pequeña parte de un entramado mucho más complejo.


A veces las montañas también lloran. 2021. Desprendimiento de rocas caliza, sol, lluvia, viento, resina de pino sobre acrílico en tela de algodón natural, expuesta en manto de esparto y caliza durante dos meses. 195 cm x 130 cm x 3 cm.


Vuestras obras a menudo emergen de procesos prolongados de exposición al medio. ¿Podría pensarse que la materia -las telas, los pigmentos, los rastros del entorno- actúa como una memoria que el tiempo escribe sobre vosotros tanto como vosotros sobre ella?

Álvaro: Esto da para una conversación larga sentados en una piedra; sería bastante estimulante. A ver, si las experiencias moldean el interior de las personas y esto nos hace ser quienes somos en un momento presente, diría que sí, sobre todo a lo primero. Salir de nuestra zona de confort nos ha llevado a aprender de la perseverancia de las plantas, la calma geológica de las montañas, y con ello a reconciliarnos con el tiempo, el entorno, la naturaleza, con nosotros mismos e incluso con nuestra propia práctica. Igual que las telas guardan la memoria del lugar, nosotros reaprendimos a poner detenimiento y comprensión. Al final, es una manera de profundizar en el sentir.


El zorro y sus camelos.2022. Detalle.


¿Hasta qué punto planificáis vuestras obras y cuánto espacio dejáis para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Diana: Nuestra planificación se reduce a la hipótesis inicial. Elegimos los materiales, los colores, los lugares e incluso a veces la ubicación, pero dejamos todo el espacio posible para que ocurra lo inesperado. Al final se trata de eso, de que la naturaleza hable y que la vida suceda. Para nosotros, tanto lo inesperado como el error forman parte de la complejidad del mundo, y en ello encontramos una belleza natural.