Art Madrid'26 – MARK RYDEN Y SU CÁMARA DE LAS MARAVILLAS

The meat train, oil on canvas, 2000

 

 

Mark Ryden, se graduó en 1987 en el Art Centre Collage os Desing de Pasadena. Comenzó a llamar la atención, hacia la década de los 90 con su surrealismo pop, arrastrando a multitud de seguidores y artistas dispuestos a abrazar dicha corriente.  Dos de las características de dicho artista son, la perseverancia y la fuerza. Estas dos facetas le hicieron superar las estrategias surrealistas iniciales, eligiendo iconos cargados de connotaciones culturales. 

 

 

Girl eaten by tree, oil on canvas 2006 

 

 

El vocabulario de Ryden, encriptado y naif en algunos casos, traspasa la delgada línea entre el cliché nostálgico y el inquietante arquetipo. Seducido por sus superficies infinitamente detalladas y meticulosamente esmaltadas, el espectador se enfrenta a la yuxtaposición de la inocencia de la infancia y los misteriosos huecos del alma. Una sutil inquietud habita en sus pinturas. La exposición, “Cámara de las maravillas”, cuenta con 55 obras que abarcan 20 años de creación. No solo se muestran pequeños formatos, sino que estos conviven con obras de gran tamaño e incluso escultura.

 

 

Grotto of the Old Mass, oil on canvas, 2008

 

 

Mark Ryden es el padre del “Lowbrow Art”, este movimiento surgido en Los Ángeles, California en el S.XX, comenzó a cobrar especial importancia en la década de los 90. La esencia de dicho movimiento, es rechazar las pretensiones intelectuales y elitistas que se asocian al consumo del arte contemporáneo, y a su vez, se nutre de iconos de la cultura popular estadounidense como son los personajes de dibujos animados, los tatuajes o la estética del graffiti, entre otras. También hay que añadir la interpretación de iconografías católicas  y masónicas. Con toda esta información, el artista crea su propio imaginario colectivo.

 

 

A dog named jesus, oil on paper, 1997

 

 

Las misteriosas características de lo clásico y lo fantástico, se materializan con las figuras de grandes ojos redondos y risueños. Dicha exposición, estará vigente hasta el 5 de Marzo, en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, si estáis por la zona, no dudéis en ir a visitar esta muestra en primicia en europa. No os lo podéis perder. 

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.