Art Madrid'26 – MATERIALES TRADICIONALES EN EL ARTE MÁS ACTUAL

Con los tiempos que corren y la imperiosa necesidad de innovar y estar a la última pareciera que determinados materiales, antaño tradicionales, están condenados al olvido. Atrás quedan los pigmentos naturales elaborados por el propio artista y cada vez son más escasos los lienzos de lino sobre los que el pintor aplica su propia mezcla de imprimación.

No obstante, hay creadores que se resisten a abandonar elementos que han estado siempre presentes en el mundo del arte y en los que hallan su fuente de inspiración, como sucede con los tejidos y las telas estampadas. Como una suerte de revival de retales sacados del baúl de los abuelos, los motivos florales y las texturas que ofrecen estos elementos suponen un retorno a una época anterior, más artesanal, en la que todo exigía su tiempo y las cosas se hacían a menor velocidad.

Pierre Louis Geldenhuys

Mágica I, 2017

Teselación y seda salvaje en caja de luz

95 x 95cm

Pierre Louis Geldenhuys

Nenúfares, 2017

Seda salvaje y caja de luz

111.5 x 111.5cm

Este es el caso de Pierre Louis Geldenhuys, que se define a sí mismo como artista textil, además de ser diseñador de alta costura. Su obra es una elegante combinación de transparencias, texturas, volúmenes y cajas de luz para crear unos increíbles efectos de contraste que hacen dibujos con el tejido. Es fácil abstraerse y pensar que estamos ante piezas pintadas sobre tabla o metacrilato, sin embargo, cada trazo y forma es un pliegue de paño meticulosamente doblado y pensado para componer una estructura de seda, lino o algodón.

Otra artista claramente influida por el mundo de la moda y que incorpora esas referencias a sus obras es Paz Barreiro. Sus piezas transmiten esa atmósfera ideal del tiempo del verano en el que las tardes se pasan a orillas de una playa o leyendo sobre la hierba. Pero la positividad y la alegría de sus composiciones se debe en gran medida a la elección de los fondos, que semejan collages de retales superpuestos a partir de patrones florales y punteados, algo que recuerdan la estética de los años 50.

Usando telas estampadas sobre la pared y el cuerpo de sus modelos Cecilia Paredes construye un discurso infinito en el que reflexiona sobre la relación del ser humano con la naturaleza. Algunas de sus fotografías más representativas son el resultado de una creación previa calculada, medida y puesta en escena, de la que después queda la imagen. Con ese juego de posiciones entre los distintos planos, Cecilia logra mimetizar las figuras con su entorno, como si fuesen un elemento más de esa naturaleza colorista y exuberante de los tejidos que utiliza.

Entre hilos, entre bastidores de bordado, con aguja y dedal, se desarrolla el trabajo de Ana Teresa Barboza. Esta artista ha explorado distintas temáticas con un impacto visual contundente y rompedor, a pesar de usar estos materiales tan modestos de forma constante en su obra. La preocupación por el entorno natural, la violencia doméstica, el crecimiento urbano, son algunos de los proyectos de esta artista peruana que expande las posibilidades de estos materiales y les da un nuevo significado.


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica del colectivo DIMASLA (Diana + Álvaro), (Valencia, 2018), se sitúa en un cruce fértil entre arte contemporáneo, pensamiento ecológico y una filosofía de la experiencia que desplaza el énfasis de la producción hacia la atención. Frente a la aceleración visual y material del presente, su trabajo no propone una oposición frontal, sino una reconciliación sensible con el tiempo, entendido como duración vivida más que como medida. La obra emerge así como un ejercicio de detenimiento, una pedagogía de la percepción donde contemplar y escuchar devienen modos de conocimiento.

En sus trabajos, el territorio no funciona como marco, sino como agente. El paisaje participa activamente en el proceso, estableciendo una relación dialógica que recuerda a ciertas corrientes eco-críticas, en las que la subjetividad se descentra y se reconoce como parte de un entramado más amplio. Esta apertura implica una ética de la exposición: exponerse al clima, a la intemperie y a lo imprevisible supone aceptar la vulnerabilidad como condición epistemológica.

Los materiales -telas, pigmentos, huellas- operan como superficies de inscripción temporal, memorias donde el tiempo deja rastro. La planificación inicial se concibe como hipótesis abierta, permitiendo que el azar y el error actúen como fuerzas productivas. De este modo, la práctica artística de DIMASLA (Diana + Álvaro) articula una poética del cuidado y del estar-con, donde crear es, ante todo, una forma profunda de sentir y comprender la naturaleza.



En un momento histórico marcado por la velocidad y la sobreproducción de imágenes, vuestro trabajo parece reivindicar la lentitud y la escucha como formas de resistencia. ¿Podría decirse que vuestra práctica propone un modo de reaprender el tiempo desde la experiencia estética?

Diana: Sí, pero más que resistencia o reivindicación, es conciliación, es amor. Parece lentitud, pero es detenimiento, es reflexión. Ocupar el tiempo desde la contemplación o la escucha es una manera de sentir. La experiencia estética nos lleva a un camino de reflexión sobre lo que hay fuera y lo que hay dentro.


El territorio no aparece en vuestra obra como un fondo o un escenario, sino como un interlocutor. ¿Cómo se negocia esa conversación entre la voluntad del artista y la voz del lugar, cuando el paisaje mismo participa del proceso creativo?

Álvaro: Para nosotros el paisaje es como un compañero de vida o un amigo cómplice, y lógicamente es una relación íntima que se extiende a nuestra práctica. Vamos a visitarlo, a estar con él, a co-crear juntos. Entablamos una conversación que va más allá de la estética; son conversaciones llenas de acción, contemplación, comprensión y respeto.

Al final, de algún modo, él se expresa a través del material y nosotros respetamos todas sus cuestiones, valorando al mismo tiempo aquello que nos inquieta, nos produce y nos estimula en torno a esta relación.


La conquista de los conejos I & II. 2021. Proceso.


En vuestro modo de hacer se intuye una ética de la exposición: exponerse al entorno, al clima, al otro, a lo impredecible. ¿Hasta qué punto esa vulnerabilidad es también una forma de conocimiento?

Diana: Para nosotros esa vulnerabilidad nos enseña mucho, sobre todo humildad. Cuando estamos ahí fuera y sentimos el frío, la lluvia o el sol, nos damos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos en comparación a la grandeza y la fuerza de la naturaleza.

Entonces, sí; consideramos esa vulnerabilidad como una fuente profunda de conocimiento que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a despojarnos del ego y a entender que solo somos una pequeña parte de un entramado mucho más complejo.


A veces las montañas también lloran. 2021. Desprendimiento de rocas caliza, sol, lluvia, viento, resina de pino sobre acrílico en tela de algodón natural, expuesta en manto de esparto y caliza durante dos meses. 195 cm x 130 cm x 3 cm.


Vuestras obras a menudo emergen de procesos prolongados de exposición al medio. ¿Podría pensarse que la materia -las telas, los pigmentos, los rastros del entorno- actúa como una memoria que el tiempo escribe sobre vosotros tanto como vosotros sobre ella?

Álvaro: Esto da para una conversación larga sentados en una piedra; sería bastante estimulante. A ver, si las experiencias moldean el interior de las personas y esto nos hace ser quienes somos en un momento presente, diría que sí, sobre todo a lo primero. Salir de nuestra zona de confort nos ha llevado a aprender de la perseverancia de las plantas, la calma geológica de las montañas, y con ello a reconciliarnos con el tiempo, el entorno, la naturaleza, con nosotros mismos e incluso con nuestra propia práctica. Igual que las telas guardan la memoria del lugar, nosotros reaprendimos a poner detenimiento y comprensión. Al final, es una manera de profundizar en el sentir.


El zorro y sus camelos.2022. Detalle.


¿Hasta qué punto planificáis vuestras obras y cuánto espacio dejáis para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Diana: Nuestra planificación se reduce a la hipótesis inicial. Elegimos los materiales, los colores, los lugares e incluso a veces la ubicación, pero dejamos todo el espacio posible para que ocurra lo inesperado. Al final se trata de eso, de que la naturaleza hable y que la vida suceda. Para nosotros, tanto lo inesperado como el error forman parte de la complejidad del mundo, y en ello encontramos una belleza natural.