MATERIALES TRADICIONALES EN EL ARTE MÁS ACTUAL

Con los tiempos que corren y la imperiosa necesidad de innovar y estar a la última pareciera que determinados materiales, antaño tradicionales, están condenados al olvido. Atrás quedan los pigmentos naturales elaborados por el propio artista y cada vez son más escasos los lienzos de lino sobre los que el pintor aplica su propia mezcla de imprimación.

No obstante, hay creadores que se resisten a abandonar elementos que han estado siempre presentes en el mundo del arte y en los que hallan su fuente de inspiración, como sucede con los tejidos y las telas estampadas. Como una suerte de revival de retales sacados del baúl de los abuelos, los motivos florales y las texturas que ofrecen estos elementos suponen un retorno a una época anterior, más artesanal, en la que todo exigía su tiempo y las cosas se hacían a menor velocidad.

Pierre Louis Geldenhuys

Mágica I, 2017

Teselación y seda salvaje en caja de luz

95 x 95cm

Pierre Louis Geldenhuys

Nenúfares, 2017

Seda salvaje y caja de luz

111.5 x 111.5cm

Este es el caso de Pierre Louis Geldenhuys, que se define a sí mismo como artista textil, además de ser diseñador de alta costura. Su obra es una elegante combinación de transparencias, texturas, volúmenes y cajas de luz para crear unos increíbles efectos de contraste que hacen dibujos con el tejido. Es fácil abstraerse y pensar que estamos ante piezas pintadas sobre tabla o metacrilato, sin embargo, cada trazo y forma es un pliegue de paño meticulosamente doblado y pensado para componer una estructura de seda, lino o algodón.

Otra artista claramente influida por el mundo de la moda y que incorpora esas referencias a sus obras es Paz Barreiro. Sus piezas transmiten esa atmósfera ideal del tiempo del verano en el que las tardes se pasan a orillas de una playa o leyendo sobre la hierba. Pero la positividad y la alegría de sus composiciones se debe en gran medida a la elección de los fondos, que semejan collages de retales superpuestos a partir de patrones florales y punteados, algo que recuerdan la estética de los años 50.

Usando telas estampadas sobre la pared y el cuerpo de sus modelos Cecilia Paredes construye un discurso infinito en el que reflexiona sobre la relación del ser humano con la naturaleza. Algunas de sus fotografías más representativas son el resultado de una creación previa calculada, medida y puesta en escena, de la que después queda la imagen. Con ese juego de posiciones entre los distintos planos, Cecilia logra mimetizar las figuras con su entorno, como si fuesen un elemento más de esa naturaleza colorista y exuberante de los tejidos que utiliza.

Entre hilos, entre bastidores de bordado, con aguja y dedal, se desarrolla el trabajo de Ana Teresa Barboza. Esta artista ha explorado distintas temáticas con un impacto visual contundente y rompedor, a pesar de usar estos materiales tan modestos de forma constante en su obra. La preocupación por el entorno natural, la violencia doméstica, el crecimiento urbano, son algunos de los proyectos de esta artista peruana que expande las posibilidades de estos materiales y les da un nuevo significado.

Aunque las definiciones tradicionales de arte incluyen de un modo u otro referencias a la belleza, el equilibrio y la estética, la posmodernidad introduce cambios en esta máxima y plantea una aproximación al arte desprovista de los conceptos heredados del pasado para reforzar su valor expresivo frente a la búsqueda de lo bello.

Shepard Fairey, "Free speech".

No obstante, los nuevos tiempos traen consigo otras imposiciones y pautas. En un mundo vertiginoso como el actual, donde se hace alarde de tolerancia, integración e igualdad, en ocasiones el exceso de cautela nos sitúa en el lado opuesto y la mesura social de lo “políticamente correcto” deriva en restricciones a la libertad de expresión, censura encubierta, dobles lecturas del mensaje. Hay quien dice que hoy “no se puede decir nada sin que te caigan encima”. Una visita rápida a las redes sociales desvela que, muchas veces, la supuesta libertad que hoy disfrutamos se ha transformado en un inmenso campo en el que andar “como pisando huevos”.

Montaje de la obra "Presos políticos" de Santiago Sierra, retirada durante la feria ARCO'18

No nos engañemos, esto también es un signo de nuestro tiempo. Las opiniones son mejor recibidas cuando se empaquetan con una envoltura de humor e ironía, o cuando se anclan en sitios-comunes ampliamente compartidos. En este contexto, la crítica desde el mundo del arte debería gozar de una mayor permisividad, pero los hechos recientes demuestran lo contrario. La censura por discursos de corte político ha protagonizado portadas de periódicos y todo parece indicar que hay ciertos temas que es mejor no tocar.

Shepard Fairey en su estudio, vía papermag.com

Esto lleva a algunos autores a optar por convertir su obra en estandartes con sentido social donde la carga estética universaliza el mensaje. Digamos que no se busca abiertamente la crítica política, económica o social en composiciones que no dejan espacio a la imaginación (para eso ya existe el fotoperiodismo). El propósito es crear imágenes icónicas con un mensaje embebido en el propio diseño, por eso en este ámbito el arte gráfico es el ganador. Nada nuevo bajo el sol, todo hay que decirlo, pero el logro está en que las creaciones contemporáneas son dignas herederas de todo el acervo compositivo y estético de las décadas precedentes, y en ese sentido, no se les puede quitar el mérito de “refundir” lo antiguo con lo nuevo para crear algo diferente y único.

Shepard Fairey

Big brother is watching you, 2006

Serigrafía sobre papel

61 x 46cm

Shepard Fairey

Earth crisis, 2014

Serigrafía sobre papel

61 x 46cm

Shepard Fairey

Icon Collage Set II, 2016

Serigrafía

97.5 x 76cm

Shepard Fairey es un artista paradigmático en este tema. En sus entrevistas, él mismo ironiza sobre la contradicción que supone criticar al capitalismo en sus obras y luego vender las ediciones por miles de dólares. Bueno, no hay que fustigarse por ello, de otro modo los artistas seguirían siendo aquellos que pueden permitirse vivir de rentas, y se eliminaría la voz de tantos otros que aspiran a vivir de sus creaciones. No olvidemos tampoco que hubo una época (no hace mucho), en que el arte urbano se consideraba vandalismo. Fairey, que se autodefine como artista y activista, ha tenido que enfrentarse a estas polémicas cuando algunas de las piezas que propone no son del gusto de todo el mundo. Y, con todo, una cosa es evidente: sus obras son inconfundibles y han ayudado a difundir un mensaje universal donde las críticas al sistema siempre están presentes. Evidentemente, algunos artistas responden sí a la pregunta con la que habríamos este post: el arte es una herramienta de crítica.