¿POR QUÉ AÚN HOY SEGUIMOS HABLANDO DE MONTMARTRE?

La fama de este lugar, crisol de creatividad y refugio del arte desarraigado y poco ortodoxo, sigue representando a día de hoy el espíritu bohemio de antaño, cuando fue cuna de algunos de los movimientos pictóricos más relevantes del siglo XIX. ¿Pero qué factores se dieron es este barrio para llegar a ser lo que fue?

Jules Grün. La canción de Motmartre, 1900 Prueba lotográfica para cubierta © Colección particular (imagen vía caixaforum.es)

Montmartre era una población independiente, que en 1860 fue incorporada a la ciudad de París para convertirse en su distrito XVIII. La proliferación de burdeles, cabarets y salas de espectáculos de escasa reputación hicieron del barrio una zona muy mal considerada que, sin embargo, generó una fuerte atracción en algunos artistas. Los motivos eran diversos, pero por encima de todos ellos destacaba el fenómeno de la gentrificación. Napoleón III, de la mano de su principal diseñador urbanístico Barón Haussmann, quisieron hacer de París la ciudad más bella de Europa. En consecuencia, se produjo una ordenación del centro urbano y el desplazamiento de grupos de ciudadanos que fueron realojados en poblaciones de los alrededores, como sucedió en Montmartre.

Maxime Dethomas, “Cartel Montmartre”, 1897 (imagen vía nataliamartinlago.com)

Esta colina fue también escenario principal de la guerra franco-prusiana, que tuvo lugar entre 1870 y 1871, y del levantamiento del movimiento revolucionario “la Comuna de París”. Convertida en un campo de batalla, la casualidad hizo que su nombre, “monte de mártires” ganase sentido tras las numerosas bajas producidas en el ejército francés. Al final del conflicto, en 1873, la Asamblea Nacional acordó construir la basílica de Sacré-Cœur en homenage a los caídos. Hoy este templo es un emblema del barrio que brilla sobre el cerro ilunimado por el sol y visible desde el casco antiguo de la ciudad.

Pierre Marie Louis Vidal, Cubierta de “La Vie à Montmartre” (detalle), 1897. Litografía © Colección particular / Fotógrafo: Elsevier Stokmans Fotografie (imagen vía caixaforum.es)

Podemos imaginarnos que un ambiente cargado de significado como el que reinaba a finales del XIX, en un barrio marginal, castigado por la guerra, decadente, indecente y orgulloso era un refugio natural para quienes querían vivir al margen del sistema, liberados del enconsertamiento del liberalismo aburguesado, las formalidades de la alta sociedad, los artificios de la pomposidad parisina y la vida alejada del verdadero pulso vital que conecta las pasiones humanas, buenas y malas, en un entorno donde pueden discurrir libremente. A todo este contexto ideológico se une, claro está, el dinero, porque la supervivencia es más fácil y económica en un barrio de mala fama.

Vista de sala de la exposición en CaixaForum (imagen vía caixaforum.es)

Este conjunto de elementos constituían el caldo de cultivo de un florecimiento cultural sin precedentes. Los artistas se reunían y compartían experiencias en torno al Bateau-Lavoir, un edificio que sirvió de centro de acogida para muchos creadores y donde estuvieron en sus inicios Picasso y Modigliani. Montmartre y, en la orilla opuesta del Sena, Montparnasse, fueron cuna de un interés creativo que se retroalimentaba. Pissarro y Johan Jongkind, y luego Renoir, Van Gogh, Degas, Matisse, Toulouse-Lautrec, Gen Paul, Villon y muchos otros crearon en aquel entonces varias asociaciones de artistas y consolidaron una vinculación hoy indisociable entre el barrio y el arte. Con su determinación y su deseo de estar por encima de los cánones establecidos, lograron escribir un capítulo propio en la historia del arte mundial.

Os recomendamos que aprovechéis los últimos días de la exposición “Toulouse-Lautrec y el espíritu de Montmartre” en CaixaForum Madrid, para revivir parte de aquella época y sumergiros en un episodio de la historia que reúne 350 obras venidas de todo el mundo (hasta el 19 de mayo).

 

Una de las propuestas incluidas en el calendario del programa “Art Madrid-Proyector’20” fue la organización de varios encuentros con artistas dentro de la feria, lo que dio a los visitantes la oportunidad de conocer mejor su obra y abrir un diálogo personal con ellos tras la presentación de sus últimas líneas de trabajo. Del miércoles 26 al sábado 29 de febrero, contamos con la participación de Abelardo Gil-Fournier, Fernando Baena, Mario Santamaría y Maia Navas, un conjunto de creadores que trabajan con la imagen en movimiento, pero también con la instalación, el arte tecnológico, la performance y el videoarte.

El trabajo de Abelardo Gil-Fournier gira en torno a la hibridación entre lo real y lo sensible. Este artista e investigador aborda esta cuestión en sus obras desde una perspectiva en la que la percepción, la imagen y la producción material se funden. Tanto su práctica artística como investigadora trata temas relacionados con la ordenación del territorio y el crecimiento vegetal sin perder de vista estos tres puntos de interés, lo que da lugar a obras que incorporan la presencia de la naturaleza desde varias ópticas, en ocasiones como un espacio de experimentación en el que reflexionar sobre la conexión entre arte y política, la relación del ser humano con el entorno o los criterios de intervención en el paisaje.

Durante su presentación el miércoles 26 de febrero, Abelardo nos habló de algunos de sus últimos proyectos, en los que la presencia de la tecnología es clave para ofrecer una interpretación artística de las incursiones del individuo en el territorio, lo que afecta a cuestiones como las técnicas de agricultura, la progresiva deforestación de los bosques o la explotación de los recursos del terreno. El resultado son dibujos de patrones con códigos de color que desglosan el paisaje analizado y ofrecen una reinterpretación más visual y de base tecnológica sobre estos comportamientos humanos. Además, en este encuentro, el artista nos explicó su obra “The Quivering of the Reed”, una instalación que mezcla imagen de vídeo, con sonido y elementos materiales, y que cumple el papel de mezclar lo sensorial con lo real.

Abelardo Gil-Fournier

Fernando Baena compartió una charla con nosotros la tarde del jueves 27 de febrero. Este artista ha centrado gran parte de su trabajo en la performance, el happening y las piezas de vídeo, muchas de ellas pensadas para plasmar el resultado de una intervención y darle a la obra una segunda vida en un nuevo formato. Los temas principales que acaparan su trabajo van desde el tratamiento de la sexualidad y cuestiones de género, los movimientos migratorios y el drama de los refugiados, el ejercicio de la libertad política y de pensamiento… todos ellas cuestiones de gran calado que Fernando aborda desde planteamientos cercanos, con uso de materiales habituales y entornos reconocibles. Otra de las características de su obra es la incorporación a muchas de sus piezas de Marianela León, una performer que lleva colaborando con Fernando muchos años hasta convertirse casi en un alter ego de sí mismo y protagonizar la mayoría de acciones que tienen lugar en espacios públicos.

En este encuentro, Fernando pudo explicarnos parte de sus procesos creativos e incidir en un aspecto clave que el artista de performance pretende: entender la reacción del público. De este modo, se analiza también el impacto de una obra concebida desde el plano teórico cuyo significado puede cambiar completamente en función de la percepción del espectador. Como él mismo explicaba en la charla respecto a su pieza “Balsa”:

“Lo que comenzó siendo una performance con un guión establecido acabó transformándose en un happening en el que el público participaba con reacciones a veces insólitas”.

Por su parte, Mario Santamaría, que estuvo con nosotros el 28 de febrero, nos presentó un trabajo completamente distinto al de Fernando. Este artista está centrado en el análisis del uso de los datos, la sensación de manipulación y falta de control sobre nuestra información que se produce en el medio digital y el deseo de llevar al plano tangible ideas tan etéreas y comunes hoy día como el uso de nubes de almacenamiento virtual, la ubicación de las páginas web o el flujo de datos por Internet. Gran parte de su trabajo, documentado en vídeo o transformado en instalaciones tecnológicas, es una forma de investigación sobre el impacto del medio digital en nuestra cotidianidad. Su deseo de bajar al plano material estos términos, que hoy manejamos en nuestro lenguaje sin comprender muchas veces su significado, le ha llevado a visitar bunkers de servidores, naves de almacenamiento, además de rastrear la ubicación exacta de los servidores que albergan su propio dominio web para dar con parajes aislados, perdidos y alejados de todo rastro de humanidad.

Mario nos propuso un viaje material a esta realidad para demostrar que estamos ante un sistema muy frágil, cuya durabilidad no está a prueba de fenómenos naturales, como lo demuestra alguno de los trabajos de documentación realizados, en donde rescató imágenes de animales salvajes entrando en estos centros de datos y poniendo en peligro la subsistencia del mundo digital.

Mario Santamaría

Finalmente, Maia Navas, recién llegada de Argentina, compartió con nosotros la tarde del sábado 29 en un encuentro en el que nos habló de su trabajo de creación así como de su experiencia al frente de Play-Videoarte, un festival dedicado por completo a esta disciplina que cofundó en 2012, y que en estas seis ediciones ha compaginado una exhibición anual con un programa de actividades que tienen lugar en la Ciudad de Corrientes (Argentina), en el Centro Cultural de la Extensión Universitaria que depende de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE).

Maia es licenciada en psicología, además de en artes y tecnología, y compaginar su carrera artística con la docente. El impacto de la psicología entre sus temas de trabajo es evidente, y algunas de sus obras de vídeo tratan de ahondar sobre aspectos inquietantes y desconcertantes del comportamiento humano, como la serie “Procedimientos” que pudimos ver en la presentación. En ella, la artista retrata el día a día de personas afectadas por el síndrome TOC con una narrativa visual excelente que pone el acento, casi con una visión cinematográfica, en la vivencia personal de este fenómeno.

Maia Navas, foto de Marc Cisneros

Desde Art Madrid queremos dar las gracias a todos estos artistas por compartir con nosotros su experiencia creadora y darnos la oportunidad de dialogar con ellos acerca de sus proyectos presentes y futuros.