Art Madrid'26 – MUJERES ARTISTAS QUE NO APARECEN EN LOS LIBROS DE HISTORIA

Sofonisba Anguissola, “Bernardino Campi pintando Sofonisba Anguissola”, hacia 1559.

 

 

 

En el intento por sacar a la luz a las figuras femeninas que han destacado a lo largo de la historia del arte ciertos nombres salen a relucir de manera recurrente, como el de Sofonisba Anguissola, pintora del Renacimiento que alcanzó una gran reputación en vida. Este ejemplo, sin embargo, es el de una pintora privilegiada que pudo vivir del arte sin ocultar su identidad ni esconderse bajo un pseudónimo masculino. La historia ha sido muy diferente para muchas otras, obligadas a permanecer en el anonimato por imposición de los patrones sobre lo socialmente admisible o eclipsadas por la figura de un hombre que supo aprovechar mejor el talento ajeno. Sofonisba fue capaz de ironizar sobre esta cuestión y pintarse a ella misma mientras era retratada por su maestro, al que superaba en técnica pictórica. En esta obra se plasma el eterno tópico de que las mujeres solo podían servir para posar y ser musas de inspiración.

 

 

 

Cueva de las manos, Santa Cruz, Argentina.

 

 

 

Recientemente se han elaborado diversos estudios que defienden la teoría de que es posible distinguir la huella femenina en las pinturas rupestres. El Centre National de la Recherche Scientifique ha demostrado que más de la mitad de las siluetas dibujadas corresponden a figuras femeninas. Sin duda, detrás de la autoría de estas obras hay grupos de mujeres. Analizando el tamaño de las manos dibujadas en las paredes, un estudio más reciente de Dean Snow, de la Universidad de Pensilvania, en 2012, demuestra que la mayoría de las pinturas se realizaron por mujeres, ya que el 75% de las manos analizadas son atribuibles a ellas.

 

 

 

Página del Beato de Girona.

 

 

 

Otro personaje relevante es el de Ende, una miniaturista del siglo X que dejó su firma en el Beato de Girona, un libro iluminado con comentarios al apocalipsis. En época medieval los monasterios eran mixtos, aunque monjes y monjas mantenían una vida en grupos separados. Este fue también el caso del scriptorium del monasterio de San Salvador de Tábara (Zamora), donde el libro fue concluido el 6 de julio de 975. En una de las páginas encontramos la firma de Emeterio, sacerdote del monasterio y posible amanuense del manuscrito, y con la de Ende, que se declara pintora y sierva de Dios, “Ende pintrix et dei aiutrix frater emeterius et presbiter”. Esta es la primera mujer artista de la historia de España y una de las primeras de las que se tiene noticia en Europa.

 

 

Gerda Taro (izquierda) | Imagen de una miliciana en la Guerra Civil Española por Gerda Taro (derecha).

 

 

 

Pocos saben que detrás de Robert Capa, nombre internacionalmente reconocido por sus fotoreportajes de guerra, estaba una pareja de fotógrafos formada por los húngaros Endre Ern? Friedmann y Gerda Taro. Es francamente difícil distinguir qué fotografías pertenecen a cada uno de ellos. Trabajaron en perfecta sintonía, y fueron los primeros reporteros de guerra con imágenes impactantes que quedarán para la posteridad. Sin embargo, el hecho de haber elegido el nombre masculino de Robert Capa (Robert, por el actor Robert Taylor, y Capa, inspirado en el cineasta Frank Capra) llevó a todo el mundo a identificar a Ern? con el autor de estas instantáneas. Gerda Taro fue la primera mujer fotoreportera de guerra, y finalmente falleció a los 27 años en la primera línea de combate, en la batalla de Brunete de 1937, mientras trabajaba en cubrir la guerra civil española para la prensa francesa. Porque ella siempre arriesgaba. Le gustaba involucrarse en la batalla, plasmar la crudeza y miserias del conflicto.

 

 

 

Fumiko Neguishi.

 

 

 

Otra situación es la que han vivido artistas como Fumiko Neguishi o Margaret Keane. En ambos casos, estas pintoras trabajaban para otros, hasta que llegado un momento se negaron a seguir en el anonimato y ceder su talento a la fama ajena. Fumiko Neguishi ha demandado recientemente al artista Antonio de Felipe por haberla despedido injustificadamente después de haber trabajado sin contrato para él durante 13 años, pintando durante las mañanas muchas de las obras que De Felipe firmaba después.

 

 

 

Margaret y Walter Keane en su estudio.

 

 

 

Son muchos los casos en que detrás del éxito atribuido a una sola persona existe en realidad un trabajo de dos, una creación en simbiosis que impide definir los límites de la autoría que corresponde a cada uno, como con Alma Reville y Hitchcock, Camille Claudel y Rodin, o Frida Kahlo y Diego Rivera. El caso de Margaret Keane y su marido Walter podría encajar a priori en este esquema. Sin embargo, la situación era bien distinta. Margaret pintaba para su marido Walter, y aparentemente ambos habían acordado presentar las obras bajo la firma de Walter para abrirse un hueco en el mercado, siempre más receptivo al género masculino. Con el paso de los años y el increíble éxito de las obras de Margaret sin contar nunca con un reconocimiento de la autoría real, la relación se resintió y Margaret acabó por denunciar a Walter y reclamar una compensación por su trabajo, aunque en el proceso Walter negó la autoría de su esposa. Lo gracioso es que este juicio incorporó una prueba pericial en la que pidió a ambos que pintasen una obra en la sala del tribunal en directo. Walter fue incapaz de hacerlo. Margaret la concluyó en 53 minutos. Fue una prueba decisiva.

 


El círculo como dispositivo crítico y el marcador como catalizador contemporáneo


POSCA, marca japonesa de marcadores de pintura a base de agua, se ha consolidado desde los años 80 como un instrumento central en las prácticas artísticas contemporáneas vinculadas al arte urbano, la ilustración, el diseño gráfico y la experimentación interdisciplinar. Su fórmula opaca, cromáticamente intensa y de secado rápido, compatible con soportes tan diversos como el papel, la madera, el metal, el vidrio o el textil, ha favorecido una expansión técnica que trasciende el estudio tradicional y dialoga con el espacio público, el objeto y la instalación.



En este contexto, POSCA más allá de ser una herramienta de trabajo, opera como infraestructura material de la creación contemporánea; un dispositivo técnico que facilita la inmediatez del gesto sin renunciar a la densidad cromática ni a la precisión formal. Su versatilidad ha contribuido a democratizar el acceso a lenguajes tradicionalmente asociados a la pintura, posibilitando una circulación más horizontal entre prácticas profesionales y amateur.

Esta dimensión expandida del medio encuentra un marco conceptual particularmente pertinente en The Rolling Collection, exposición itinerante comisariada por ADDA Gallery. El proyecto propone una investigación colectiva en torno al formato circular entendido no sólo como contenedor formal, sino como estructura simbólica y campo de tensión espacial.



Históricamente, el círculo ha operado como figura de totalidad, continuidad y retorno. En el contexto de The Rolling Collection, el formato circular se desplaza de su carga simbólica clásica hacia una dimensión experimental y se convierte en un soporte que cuestiona la frontalidad rectangular hegemónica en la tradición pictórica occidental. La ausencia de ángulos obliga a replantear la composición, el equilibrio y la direccionalidad del trazo.

Lejos de ser una mera restricción formal, esta condición genera una economía específica de decisiones plásticas. El borde curvo tensiona la relación entre centro y periferia, diluye jerarquías internas y promueve dinámicas visuales centrífugas y centrípetas. El resultado es un conjunto de obras que interroga los modos de construcción de la imagen.



Tras su recorrido en 2025 por Barcelona, Ibiza, París, Londres y Tokio, una selección de la muestra se presenta en Art Madrid, reforzando su vocación internacional y su capacidad de adaptación a distintos contextos culturales. La propuesta para Art Madrid’26 reúne a artistas cuyas trayectorias se sitúan en la intersección entre arte urbano, ilustración contemporánea y prácticas híbridas: Honet, Yu Maeda, Nicolas Villamizar, Fafi, Yoshi y Cachetejack.

Aunque sus lenguajes son heterogéneos, desde aproximaciones más gráficas y narrativas hasta exploraciones cromáticas de fuerte carga gestual, la curaduría establece un eje común. Una actitud libre, experimental y marcadamente colorista. En este sentido, el color actúa como estructura conceptual que articula las obras y las conecta con la materialidad específica de POSCA.



La intensidad cromática propia del marcador dialoga con la contundencia formal del círculo, generando superficies donde la saturación y el contraste adquieren protagonismo. La herramienta se integra así en el discurso expositivo, siendo un elemento coherente con las estéticas de los artistas participantes

Uno de los aspectos más importantes del proyecto es la incorporación activa del público. En el espacio expositivo, que ocupará la acción de POSCA durante Art Madrid’26, los visitantes podrán intervenir círculos dispuestos en la pared, utilizando marcadores POSCA, integrándose de esta manera simbólica a The Rolling Collection durante su paso por Madrid.



Esta estrategia introduce una dimensión relacional que desestabiliza la noción de obra cerrada. De esta manera la autoría se descentraliza y el espacio expositivo se transforma en superficie dinámica de acumulación de gestos. Desde una perspectiva teórica, podría leerse como una aproximación a prácticas participativas que, sin renunciar a la calidad formal del conjunto, abren el dispositivo artístico a la contingencia y a la multiplicidad de voces.

La elección de POSCA como herramienta para esta intervención colectiva no es casual. Su facilidad de uso, control del trazo y compatibilidad con múltiples superficies garantizan una experiencia accesible sin comprometer la potencia visual del resultado. El marcador funciona de esta forma, como mediador entre el ámbito profesional y la experimentación espontánea, borrando las jerarquías técnicas.



El propio título, The Rolling Collection, sugiere una colección en movimiento, no fijada a un único espacio ni a una configuración definitiva. El carácter itinerante, sumado a la incorporación de intervenciones locales, convierte la acción en un organismo en constante transformación. En este marco, POSCA se posiciona como catalizador material de una comunidad creativa transnacional. La marca, históricamente vinculada a escenas urbanas y prácticas emergentes, refuerza su identidad como aliada de procesos abiertos, experimentales y colaborativos.

POSCA x The Rolling Collection no debe leerse únicamente como una colaboración entre empresa y proyecto curatorial, es sobre todo, una convergencia estratégica entre herramienta, discurso y comunidad. La acción propone una reflexión sobre el formato, la circulación global del arte contemporáneo y la expansión de la autoría; POSCA aporta la infraestructura técnica que hace posible tanto la obra individual como la experiencia colectiva.