MUJERES ARTISTAS QUE NO APARECEN EN LOS LIBROS DE HISTORIA

Sofonisba Anguissola, “Bernardino Campi pintando Sofonisba Anguissola”, hacia 1559.

 

 

 

En el intento por sacar a la luz a las figuras femeninas que han destacado a lo largo de la historia del arte ciertos nombres salen a relucir de manera recurrente, como el de Sofonisba Anguissola, pintora del Renacimiento que alcanzó una gran reputación en vida. Este ejemplo, sin embargo, es el de una pintora privilegiada que pudo vivir del arte sin ocultar su identidad ni esconderse bajo un pseudónimo masculino. La historia ha sido muy diferente para muchas otras, obligadas a permanecer en el anonimato por imposición de los patrones sobre lo socialmente admisible o eclipsadas por la figura de un hombre que supo aprovechar mejor el talento ajeno. Sofonisba fue capaz de ironizar sobre esta cuestión y pintarse a ella misma mientras era retratada por su maestro, al que superaba en técnica pictórica. En esta obra se plasma el eterno tópico de que las mujeres solo podían servir para posar y ser musas de inspiración.

 

 

 

Cueva de las manos, Santa Cruz, Argentina.

 

 

 

Recientemente se han elaborado diversos estudios que defienden la teoría de que es posible distinguir la huella femenina en las pinturas rupestres. El Centre National de la Recherche Scientifique ha demostrado que más de la mitad de las siluetas dibujadas corresponden a figuras femeninas. Sin duda, detrás de la autoría de estas obras hay grupos de mujeres. Analizando el tamaño de las manos dibujadas en las paredes, un estudio más reciente de Dean Snow, de la Universidad de Pensilvania, en 2012, demuestra que la mayoría de las pinturas se realizaron por mujeres, ya que el 75% de las manos analizadas son atribuibles a ellas.

 

 

 

Página del Beato de Girona.

 

 

 

Otro personaje relevante es el de Ende, una miniaturista del siglo X que dejó su firma en el Beato de Girona, un libro iluminado con comentarios al apocalipsis. En época medieval los monasterios eran mixtos, aunque monjes y monjas mantenían una vida en grupos separados. Este fue también el caso del scriptorium del monasterio de San Salvador de Tábara (Zamora), donde el libro fue concluido el 6 de julio de 975. En una de las páginas encontramos la firma de Emeterio, sacerdote del monasterio y posible amanuense del manuscrito, y con la de Ende, que se declara pintora y sierva de Dios, “Ende pintrix et dei aiutrix frater emeterius et presbiter”. Esta es la primera mujer artista de la historia de España y una de las primeras de las que se tiene noticia en Europa.

 

 

Gerda Taro (izquierda) | Imagen de una miliciana en la Guerra Civil Española por Gerda Taro (derecha).

 

 

 

Pocos saben que detrás de Robert Capa, nombre internacionalmente reconocido por sus fotoreportajes de guerra, estaba una pareja de fotógrafos formada por los húngaros Endre Ern? Friedmann y Gerda Taro. Es francamente difícil distinguir qué fotografías pertenecen a cada uno de ellos. Trabajaron en perfecta sintonía, y fueron los primeros reporteros de guerra con imágenes impactantes que quedarán para la posteridad. Sin embargo, el hecho de haber elegido el nombre masculino de Robert Capa (Robert, por el actor Robert Taylor, y Capa, inspirado en el cineasta Frank Capra) llevó a todo el mundo a identificar a Ern? con el autor de estas instantáneas. Gerda Taro fue la primera mujer fotoreportera de guerra, y finalmente falleció a los 27 años en la primera línea de combate, en la batalla de Brunete de 1937, mientras trabajaba en cubrir la guerra civil española para la prensa francesa. Porque ella siempre arriesgaba. Le gustaba involucrarse en la batalla, plasmar la crudeza y miserias del conflicto.

 

 

 

Fumiko Neguishi.

 

 

 

Otra situación es la que han vivido artistas como Fumiko Neguishi o Margaret Keane. En ambos casos, estas pintoras trabajaban para otros, hasta que llegado un momento se negaron a seguir en el anonimato y ceder su talento a la fama ajena. Fumiko Neguishi ha demandado recientemente al artista Antonio de Felipe por haberla despedido injustificadamente después de haber trabajado sin contrato para él durante 13 años, pintando durante las mañanas muchas de las obras que De Felipe firmaba después.

 

 

 

Margaret y Walter Keane en su estudio.

 

 

 

Son muchos los casos en que detrás del éxito atribuido a una sola persona existe en realidad un trabajo de dos, una creación en simbiosis que impide definir los límites de la autoría que corresponde a cada uno, como con Alma Reville y Hitchcock, Camille Claudel y Rodin, o Frida Kahlo y Diego Rivera. El caso de Margaret Keane y su marido Walter podría encajar a priori en este esquema. Sin embargo, la situación era bien distinta. Margaret pintaba para su marido Walter, y aparentemente ambos habían acordado presentar las obras bajo la firma de Walter para abrirse un hueco en el mercado, siempre más receptivo al género masculino. Con el paso de los años y el increíble éxito de las obras de Margaret sin contar nunca con un reconocimiento de la autoría real, la relación se resintió y Margaret acabó por denunciar a Walter y reclamar una compensación por su trabajo, aunque en el proceso Walter negó la autoría de su esposa. Lo gracioso es que este juicio incorporó una prueba pericial en la que pidió a ambos que pintasen una obra en la sala del tribunal en directo. Walter fue incapaz de hacerlo. Margaret la concluyó en 53 minutos. Fue una prueba decisiva.

 

Si las artes visuales despiertan las emociones en el espectador, y también la gastronomía, en su máxima expresión, puede provocar un efecto similar, la relación entre ambas “disciplinas” está más que demostrada.

El queso es una pieza fundamental dentro de la gastronomía, y su diversidad le permite formar parte de los diferentes espacios de ésta, desde los entrantes a los postres. Es por ello que Art Madrid lo incluye en esta edición de la feria desde un lugar ambicioso, en el cual se le da al queso un acercamiento a la propia creación de una obra de arte, tanto desde el punto de vista del tiempo invertido en su proceso de ejecución como del estudio prácticamente personalizado que se le dedica a cada uno de ellos durante su elaboración.

Como si de un artista plástico se tratase, el Maestro Afinador de quesos ejecuta una serie de acciones convirtiendo cada pieza en un elemento exclusivo e individualizado. Esto es lo que consigue la quesería madrileña QAVA de Quesos y su Maestro Afinador José Luis Martín.

“QAVA & MARTÍN AFINADOR es un nuevo concepto de tienda: un espacio singular diseñado para degustar, aprender, difundir y comprar queso en Madrid, en pleno barrio de Retiro.”

José Luis Martín es una pieza clave en la quesería QAVA. Lleva trabajando en el mundo del queso más de 30 años, impartiendo formación por todo el mundo, visitando queserías, realizando consultorías y asesorando en el diseño y la puesta en marcha de alguna de las tiendas más emblemáticas de quesos de España. El hecho de conocer personalmente a los productores, e incluso asesorarlos en la fabricación y el diseño de sus productos, le permite seleccionar lotes específicos, en diferentes estadios de maduración, para completar el afinado del queso y así convertir cada pieza en un producto único, diferente y con un sello propio, el del afinador.

En el perfil del Maestro Martín Afinador se funden la experiencia y el conocimiento puro. Martín Afinador es asesor y consultor de queserías artesanales y diseño de producto, y de las mejores tiendas especializadas del país, director de Gourmetquesos, director y coordinador del Campeonato de los Mejores Quesos de España durante 9 ediciones, director Técnico y jurado en concursos y catas nacionales e internacionales de quesos, colaborador del Ministerio de Agricultura y de la Academia de Gastronomía Española, director y coordinador de la sección de quesos de la Guía Repsol de los mejores Alimentos de España y formador para escuelas de hostelería y centros de enseñanza, entre otras actividades.

El afinado del queso es un proceso complejo que requiere tiempo y dedicación, además de un uso desarrollado de los sentidos. El Maestro Quesero Afinador, como técnico especialista en la materia, trabaja todos los estadíos del queso (variados y complejos), controla todas las etapas de transformación de la materia prima, supervisa la evolución y desarrollo de los quesos según las características de cada uno de ellos, verifica la calidad y el estado en que llegan los quesos a sus cavas, su cuidado y conservación, y; por último, controla su embalaje y el tipo de envoltorio adecuados para su mejor conservación.

En Qava de Quesos cuentan con dos Cavas de Afinado de Quesos. En estas “cuevas de afinación” o cámaras frigoríficas diseñadas en condiciones constantes de temperatura, humedad y aireación, “cuidamos con mimo los quesos hasta llevarlos a su punto óptimo de consumo”. El trabajo del afinado conlleva disponer los quesos en baldas de madera, volteado diario y/o lavados frecuentes, cepillados periódicos, así como otras manipulaciones con carácter regular.

Entre los servicios que ofrece Qava de Quesos podemos encontrar cursos y talleres específicos, realización de eventos para grupos y empresas, y asesoramiento sobre diseño de tiendas y cavas de afinado.