Art Madrid'26 – Mujeres en la historia del arte abstracto

 

                  Obra de Hilma af Klint

        

 

Hilma af Klint (Suecia, 1862-1944)

 

Hilma af Klint ha sido reconocida hace pocos años como la creadora de la abstracción, predecesora de artistas como Mondrian, Malevich y Kandinsky. Hija de un almirante, estudió en la Real Academia Sueca de las Artes en Estocolmo, uno de los escasos centros que admitían a mujeres de toda Europa. Desde pequeña se sintió atraída por las experiencias espirituales, lo que le inspiró en muchas de sus obras.

 

La artista sueca no quiso que su amplia producción artística (más de 1.200 obras) viese la luz hasta pasados veinte años de su muerte, ya que creía que su obra no sería entendida por el público. En 1896 Klint fundó, junto a varias amigas, un colectivo artístico llamado “Las Cinco”, y se dedicaron a dibujar todo lo que recibían en las sesiones de espiritismo que practicaban. Hay quien dice que éste fue el comienzo de la escritura automática surrealista. 

 

 

Diseños para textiles de Sonia Delaunay

 

Sonia Delaunay (Hradyzk, 1885-París, 1979)

 

La obra de Sonia Delaunay estuvo durante muchos años eclipsada por la sombra de su marido, Robert Delaunay, a pesar de haber creado juntos el simultaneismo. Desde muy pequeña, Delaunay empieza a visitar museos y a interesarse por el arte. En 1903 su familia la envía a estudiar a la Universidad de Karlsruhe (Alemania), y es allí donde descubre el expresionismo alemán de Van Gogh y Gauguin.

 

Es cuando conoce a su marido Robert Delaunay cuando se decanta por el fauvismo, abandonando la pintura como medio expresivo y adentrándose en lo que ella denominaba el ejercicio de la “antimoda”. Mezclaba colores, texturas y formas y creaba trajes simultáneos con formas abstractas y contrastes cromáticos. El soporte ahora era el textil en lugar del lienzo. La artista ucraniana tiene una producción de más de 250 piezas de ropa, que han servido de inspiración a muchos diseñadores y artistas plásticos.

 

 

“Capricornio 333”, María Freire, 1966

 

 

María Freire (Montevideo, 1917-2015)

 

Después de estudiar escultura y pintura en el Círculo de Bellas Artes de Montevideo, María Freire consigue una beca para estudiar en Amsterdam y en París. En ambos países conoce de primera mano la obra de los neoplasticistas holandeses, de Pollock y de Calder, entre otros. En Uruguay, como todos los artistas contemporáneos del país tuvo contacto con Torres García, cuya obra había estado influenciada por los denominados pueblos “primitivos”, de los que tomó algunas referencias tanto de las máscaras africanas como de elementos propios del mundo precolombino.

 

En 1946 comienzan sus investigaciones en torno a la abstracción, con una tendencia planista y geométrica en sus pinturas. María Freire puede considerarse una de las más destacadas artistas del arte concreto y no figurativo de Uruguay. Fue pareja de vida y de arte del pintor uruguayo Pedro Costigliolo.

 

 

 

Helen Frankenthaler junto a una de sus obras

 

 

Helen Frankenthaler (Nueva York, 1928-Darien, 2011)

 

Helen Frankenthaler fue una pintora expresionista abstracta estadounidense cuya obra tiene claras influencias de Jackson Pollock y Clement Greenberg. Su carrera artística comienza en 1952, con la exposición “Montañas y mar”. Frankenthaler creó la revolucionaria técnica artista conocida como “stoak stain”, que consistía en pintar directamente en un lienzo sin imprimación, absorbiendo éste todos los colores. Dicha técnica fue adoptada por otros maestros de la época como Kenneth Noland y fue el indicio de la segunda generación de Pintores de Campos de Color. 

 

Su aportación a la historia del arte contemporáneo a menudo pasa desapercibida, quizás su obra quedó opacada por la de su marido, el también representante del expresionismo abstracto Robert Motherwell.

 

 
 
                                                    Sin título, 1964. Lee Krasner. Imagen vía MOMA
 
 

Lee Krasner (Nueva York, 1908-1984)

 

 

Lenore, Lena, Lee, comienza a interesarse por el arte en 1928, año en el que empieza a estudiar en The Arts Students League, donde conoció al que será su compañero de oficio y vida durante años: Jackson Pollock. Por desgracia, el asunto más conocido sobre su vida fue su fatal relación matrimonial con el artista del action painting. En 1937 conoce a Hans Hofmann, quien le enseñó la obra de Picasso, Matisse y otros artistas europeos, lo que influyó sobremanera en su obra.

 

Durante la Gran Depresión de los años 30, Krasner se unió al Federal Art Project, una iniciativa del gobierno que daba empleo a artistas en el diseño de mobiliario urbano o en la realización de murales en la calle. Lee Krasner es una de las artistas más destacadas del Expresionismo Abstracto en la segunda mitad del siglo XX. Su pintura gestual rompió con la abstracción europea a favor de una nueva subjetividad.

 

 

Bridget Riley junto a una de sus obras 

 

Bridget Riley (Londres, 1931)

 

Bridget Riley es una de las artistas más destacadas del movimiento artístico del Op Art o arte cinético. Sus “ilusiones ópticas” han servido de inspiración a un gran número de artistas. La pintora inglesa estudia dibujo en la Royal Academy of Arts de Londres, y es en 1960, tras presentar sus obras en varias exposiciones, cuando empieza a ser conocida.

 

En 1960 viaja a Italia y allí donde comienza a interesarse por el puntillismo de Seurat, cuya obra toma como referencia en sus obras. El blanco y negro y las formas simples fueron sus grandes aliados hasta los años 70, década en la que incorpora el color a sus obras y empieza a investigar con otras formas geométricas. Hoy Riley sigue experimentando con el color y las formas geométricas. 

Daniel Barrio. Artista invitado a la tercera edición de OPEN BOOTH. Cortesía del artista.


DESPIECE. PROTOCOLO DE MUTACIÓN


Como parte del Programa Paralelo de Art Madrid’26, presentamos la tercera edición de Open Booth, un espacio concebido como plataforma para la creación artística y la experimentación contemporánea. La iniciativa pone el foco en artistas que aún no cuentan con representación en el circuito galerístico, ofreciendo un contexto profesional de alta visibilidad en el que nuevas voces pueden desplegar su práctica, ensayar formas de relación con el público y consolidar su proyección en el panorama artístico actual. En esta ocasión, el proyecto está protagonizado por el artista Daniel Barrio (Cuba, 1988), quien presenta el site specific Despiece. Protocolo de mutación.

La práctica de Daniel Barrio se centra en la pintura como un espacio de experimentación desde el que analiza la mercantilización de lo social y la tiranía de la aprobación mediática. Para ello, trabaja con imágenes procedentes de la prensa y otros medios, que interviene pictóricamente con el objetivo de desactivar su significado original. Mediante este proceso, el artista propone nuevas lecturas y cuestiona los mecanismos de producción de sentido, concibiendo la pintura como un lugar de realización, terapia y catarsis.

Despiece. Protocolo de mutación se construye a partir de restos urbanos, materiales industriales y fragmentos de historia para interrogarnos sobre qué memorias heredamos, cuáles consumimos y cuáles somos capaces de construir. Suelo, paredes y volúmenes conforman un paisaje en tensión donde lo sagrado convive con lo cotidiano, y donde las grietas importan más que la perfección.

La evolución constante del arte exige un intercambio continuo entre artistas, instituciones y públicos. En esta 21ª edición, Art Madrid reafirma su voluntad de actuar como catalizador de ese diálogo, ampliando los límites tradicionales del contexto ferial y abriendo nuevas posibilidades de visibilidad para prácticas emergentes.



Este site specific surge de un impulso crítico y afectivo por desarmar, examinar y recomponer aquello que nos constituye cultural y personalmente. La obra se concibe como un todo indisoluble: un paisaje interior que opera como dispositivo de sospecha, donde suelo, paredes y volúmenes configuran un ecosistema de restos. Se propone una lectura de la historia no como una continuidad lineal, sino como un sistema de fuerzas en fricción permanente, articulando el espacio como un archivo adulterado; una superficie que se presenta como definitiva, pero que permanece en constante transformación.



La obra se configura como un paisaje construido a partir de residuos urbanos, donde suelo, paredes y objetos conforman un cuerpo unitario elaborado con mortero de cal, PVC de cartelería teatral, espuma industrial y cera de ofrendas. El núcleo del proyecto es una estructura en forma de “L” de 5 × 3 metros que reinterpreta la técnica del fresco sobre soporte industrial recuperado, aplicando el mortero en húmedo durante jornadas continuas, sin búsqueda de perfección, permitiendo que la materia evidencie su propio carácter. En torno a esta estructura gravitan fragmentos arquitectónicos: bloques de espuma que simulan hormigón, un torso del Belvedere impreso en 3D y deformado, y un elemento escultórico de cera en el que se incrustan lijas utilizadas por obreros y artistas anónimos, preservando el esfuerzo de esos cuerpos ajenos.

Un elemento escultórico de cera blanca funciona dentro del conjunto instalativo como un punto de concentración sensorial que desafía la mirada. En su interior confluyen la fe acumulada de las velas de ofrenda y los residuos industriales del taller, recordando que la pureza y la devoción conviven con la materialidad del mundo cotidiano. La experiencia del espectador trasciende así lo visual: inclinarse, oler y aproximarse a la vulnerabilidad transforma la percepción en un acto íntimo y corporal. En su densidad quedan incrustados tacos de lija usados por artistas, artesanos y obreros, recuperados de contextos ajenos, donde la lija actúa como huella del esfuerzo de otros cuerpos, respondiendo a un protocolo de registro sin intención autobiográfica.

Despiece. Protocolo de mutación nos interpela: ¿qué memoria valoramos?, ¿la que consumimos o la que construimos con rigor? El público abandona la posición contemplativa para integrarse en el sistema, y el esfuerzo de desplazar la materia, el rigor documental y la materialidad envolvente configuran un cuerpo de resistencia frente a una realidad mediada. El proyecto se consolida así como un paisaje interior donde suelo, superficie y volumen articulan una anatomía de residuos. La adulteración opera como metodología analítica aplicada a los estratos de la realidad urbana, interviniendo la historia a través de publicidades teatrales y callejeras, residuos arquitectónicos y protocolos administrativos, proponiendo que el arte puede restituir la capacidad de construir una memoria propia, aunque inevitablemente fragmentada.



SOBRE EL ARTISTA

DANIEL BARRIO. Cuba, 1988.

Daniel Barrio (Cienfuegos, Cuba, 1988) es un artista visual cuya práctica articula el espacio desde la pintura, entendiendo el entorno como un archivo adulterado susceptible de intervención crítica. Formado en la Academia de Bellas Artes de Cienfuegos (2004-2008) con especialidad en pintura, y posteriormente en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid - ECAM (2012-2015) en Dirección de Arte, su metodología integra el pensamiento plástico con la narrativa escenográfica. Su origen cubano constituye el fundamento analítico de su trabajo: la experiencia de observar cómo los monumentos y los ideales se revelan frágiles al tacto le ha dotado de una sensibilidad particular para detectar las fisuras en aquello que se presenta como definitivo, estableciendo la realidad como superficie bajo permanente interrogación.

Su trayectoria incluye exposiciones individuales como "La levedad en lo cotidiano" (Galería María Porto, Madrid, 2023), "Interiores ajenos" (PlusArtis, Madrid, 2022) y "Tribud" (Navel Art, Madrid, 2019), así como participaciones colectivas relevantes en "Space is the Landscape" (Estudio Show, Madrid, 2024), "Winterlinch" (Espacio Valverde Gallery, Madrid, 2024), "Hiberia" (Galería María Porto, Lisboa, 2023) y la itinerancia de la Exposición de Arte Joven de La Rioja (2022). Miembro del Colectivo Resiliencia, su obra no persigue la producción de objetos sino la articulación de dispositivos pictóricos que generan protocolos de resistencia frente al flujo de imágenes descartables. En un contexto saturado de datos inmediatos, su práctica produce huellas y archiva aquello que debe permanecer, cuestionando no el significado de la obra sino la memoria que el espectador construye al interactuar con ella, recuperando así la soberanía sobre la mirada y habitando las ruinas como método de comprensión del presente.