Art Madrid'26 – Mujeres protagonistas del surrealismo

Frida Kahlo, El venado herido, 1946

 

Eileen Agar, Claude Cahun, Leonora Carrington, Germaine Dulac, Maruja Mallo, Frida Kahlo, Dora Maar, Dorothea Tanning y Remedios Varo, son algunos de los nombres de las artistas que forman parte de la exposición “Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo”, que estará abierta al público del 10 de octubre al 28 de enero de 2018. Más de cien obras de arte entre pintura, dibujo, escultura, collage, fotografía y películas reunidas en las salas de la pinacoteca bilbaína. 

 

 

Maruja Mallo (1902-1995). Kermés. 1928. © Centre Pompidou, MNAM-CCI, Dist. RMN-Grand Palais / Jacques Faujour © Maruja Mallo, VEGAP, Málaga, 2017

 

 

Marginadas y opacadas algunas de ellas por sus parejas masculinas, fueron auténticas guerreras que lucharon sin miedo por ser libres en su vida artística y personal. La exposición está comisariada por el profesor José Jiménez, catedrático de Estética y Teorías de las Artes de la Universidad Autónoma de Madrid y como él mismo señala: “pone la atención en la mujer como autora, como artista, protagonista del surrealismo, y no como muchas veces ha sido considerada y atendida”. 

 

 

Leonor Fini (1908 – 1996). La guardiana del huevo negro. 1955 © Colección FEMSA © Leonor Fini, VEGAP, Málaga, 2017.

 

 

De todos los movimientos de vanguardia, el surrealismo fue el que a más féminas artistas atrajo, por varios motivos: defendía la libertad de la mujer y su independencia creativa y daba importancia a lo erótico y a lo poético. Las mujeres artistas ligadas al movimiento criticaban la represión y la imposición de reglas en razón del tipo de género. Con el tiempo, muchas acabaron decepcionadas y decidieron alejarse del entorno del surrealismo, pasando a experimentar con otros movimientos. 

 

 

Lee Miller (1907 – 1977). Tanja Ramm dentro de una campana de cristal. 1930 © Lee Miller Archives, Inglaterra 2017. 

 

 

La muestra, como es costumbre en el Museo Picasso de Málaga, se complementa con un completo programa de actividades paralelas (cine, talleres, conferencias…) y una publicación. 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.