NOS ACERCAMOS A CONOCER EL ARTE FRACTAL

Hablar de fractales nos remite comúnmente a patrones geométricos relacionados con la proporción áurea que la naturaleza nos ofrece en su inmensa variedad. Descubrir algo que ya estaba ahí y ponerle nombre es, aunque resulte sorprendente, algo muy reciente. Así, el concepto fractal no es nuevo para las matemáticas, que ya lo estudió en detalle a principios del siglo pasado dentro de la teoría de las medidas; sin embargo, el término específico no se acuñó hasta 1975 por el matemático Benoît Mandelbrot, quien distinguió varios tipos de fractales en función de su mayor o menor exactitud en la copia y la posibilidad o no de reproducción infinita.

Pero ¿qué entendemos por fractal? La palabra comenzó a utilizarse para designar los patrones de formas que no encajaban en las descripciones geométricas tradicionales a pesar de guardar una estructura ordenada. Un análisis de proximidad revelaba que estos patrones se componían de pequeños elementos iguales entre sí, componiendo dibujos que se repetían a mayor escala guardado la misma distribución. La naturaleza está repleta de ejemplos de este tipo, como los copos de nieve o las semillas de los girasoles.

Diseño 3D aplicando fractales

El estudio de este concepto tuvo una aplicación práctica inmediata en el campo del diseño gráfico. El uso de estructuras fractales en las nubes, las montañas o el mar dotaba a los gráficos de un mayor realismo que mejoraba notablemente el resultado final. Igualmente, la música está repleta de fractales y muchas obras clásicas de Beethoven, Bach y Mozart trabajan con este concepto en sus composiciones. Con la presencia constante de estos patrones en nuestro entorno, aunque desapercibida durante largo tiempo, muy pronto este interés hizo acto de presencia en el arte. La transposición plástica de esta idea abría un mundo de posibilidades expresivas aún por explorar, y más en las obras de carácter abstracto, donde el juego de geometrías parecía empezar a agotarse.

M. C. Escher, “Smaller & Smaller”, 1956

Entre los primeros artistas que trabajaron con este concepto debemos mencionar a Escher. El conjunto de su producción es difícil de clasificar, aunque puede señalarse una clara inclinación por el dibujo y el grabado, con los que daba cabida a sus inquietudes intelectuales y planteamientos sobre términos opuestos, como lo infinito frente a lo limitado, el blanco y negro, los equívocos, las simetrías de doble lectura... Si bien las obras más conocidas de este autor son las que plantean juegos ópticos y paradojas visuales, también indagó sobre los fractales con obras que sintetizan a la perfección este concepto, aun cuando todavía no había sido acuñado.

Jackson Pollock, “Number one”, 1950

También se ha dicho de la pintura de Jackson Pollock que contiene infinidad de estructuras fractales. La fascinación que siempre ha despertado este artista, con una vida tan breve y una producción tan prolija, llevó a los científicos australianos Richard P. Taylor, Adam P. Micolich y David Jonas a acometer un estudio pormenorizado de su obra en 1999. El trabajo de este representante del expresionismo abstracto se basaba en la técnica “drip and splash”, trazando líneas y manchas por goteo y proyección sobre el lienzo. La conclusión es que la proporción fractal de su pintura aumenta con los años y se perfecciona, y así, se mantiene la misma sensación caótica de patrón disperso si observamos un detalle de una de sus obras o la pieza en su totalidad.

Kerry Mitchell, “Jungle”, 1998

Más allá de estos ejemplos de arte más tradicional, muchos creadores contemporáneos abordan sus trabajos a partir de composiciones hechas por ordenador donde la presencia de algoritmos fractales combinados con los cambios de color originan imágenes impactantes. Por este motivo, el arte fractal aparece íntimamente conectado con el arte computacional, una nueva corriente en la que despuntan creadores que habitualmente tienen un bagaje previo en el mundo de las ciencias o de la informática. Podemos citar como ejemplos a Scott Draves, William Latham, Greg Sams o Kerry Mitchell.

 

Continuamos con nuestra agenda veraniega, para que el contacto con el arte sea una foma más de recuperar energías.

MADRID

El Palacio de Gaviria alberga hasta el 15 de septiembre una extraordinaria exposición dedicada a Liu Bolin bajo el título “The invisible man”. Este creador nacido en Shandong empezó su carrera en el mundo de la escultura, pero pronto comenzó a explorar el poder de la fotografía, la performance y la instalación para dar cabida sus inquietudes artísticas. El título de la muestra alude al trabajo que este autor ha desarrollado en torno a la mimetización y las obras efectistas en las que él mismo parece fusionarse con el entorno. El resultado es una fotografía de gran formato que engaña nuestros sentidos y nos obliga a mirar dos veces para entender qué estamos viendo realmente. Dentro de esta línea, su serie “Migrantes” involucra a otras personas en la escena y los funde con las playas y pateras que constituyen su dura realidad, lo que propone un doble juego entre la invisibilidad metafórica y la invisibilidad real de este tipo de conflictos humanos.

Liu Bolin, "Green food"

GIJÓN

LABoral Centro de Arte y Creación Industrial presenta “Eco-visionarios”, un proyecto de creación contemporánea realizado en colaboración con otras instituciones: Bildmuseet de Umeå (Suecia), House of Electronic Arts (HeK) de Basilea (Suiza), MAAT- Museo de Arte y Arquitectura de Lisboa (Portugal), a las que recientemente se han sumado Matadero Madrid y la Royal Academy of Arts de Londres . El objetivo de esta iniciativa, que ya lleva en desarrollo dos años, es analizar desde una perspectiva artística los retos medioambientales que acucian a la sociedad de nuestro tiempo, tomando como punto de partida los principios que fundamentan la actividad de cada una de las instituciones implicadas. Así, después de abordar la cuestión dando prioridad a planteamientos tales como la relación entre arte y ecología, la aparición de la arquitectura sostenible, o el nexo entre arte y tecnología; LABoral ahonda en la conexión biosferaa-tecnosfera, con obras trasversales que interrelacionan arte, ciencia, tecnología y sociedad. A la programación de Gijón se suman las actividades de la Nave16 de Matadero Madrid.

BILBAO

El Guggenheim Bilbao acoge la obra de Jenny Holzer bajo el título “Lo indescriptible”. Esta autora estadounidense comenzó su carrera por la pintura, pero pronto percibió que este medio resultaba insuficiente para dar cabida a sus propósitos artísticos. Empezó entonces a interesarse por el arte público y la escritura. Porque el lenguaje encierra el enorme poder de transformar, de comprender múltiples mensajes, de albergar numerosas posturas filosóficas y políticas. En el nuevo milenio, Holzer pasó del uso de textos ajenos a la producción literaria propia. El juego visual y estético entre contenido y continente es una constante en su obra. Los soportes se diversifican y el poder del discurso se potencia. A lo largo de su trayectoria ha recurrido a materiales cotidianos con proyectos que interactuaban directamente con el público (mensajes en carteles, envoltorios, productos…) y también a obras más duraderas, con titulares y frases grabadas en piedra, rótulos luminosos y un largo etcétera. Esta exposición presenta un amplio recorrido por su obra, para entender el alcance de sus mensajes y participar de su mismo discurso crítico.

Jenny Holzer, "For Bilbao"

MÁLAGA

Después del enorme éxito cosechado por esta exposición tras su paso por Madrid, llega a La Térmica “An unauthorised exhibition”, una selección de obras del polémico Banksy aportadas por coleccionistas privados. Rodeado aún por el misterio y el anonimato, este artista urbano se ha ganado el reconocimiento de la crítica y del público con obras transgresoras de mensaje ocurrente que plantean siempre una crítica abierta al sistema establecido. Cada una de sus propuestas es una pregunta que interpela al espectador, para que se replantee los esquemas heredados de nuestra sociedad y nuestro mercado capitalista.

PALMA DE MALLORCA

El universo de Plessi se adueña de Es Baluards este verano. Fabrizio Plessi, artista que llegó a Palma en 1989 para quedarse, hizo de la isla su lugar de trabajo, en donde echó raíces y construyó una trama de relaciones entretejidas con su obra y su fascinación por las nuevas disciplinas. Cautivado por el videoarte desde sus inicios, su paso por Palma en la cúspide de su carrera supuso un impulso creativo de gran calado donde mezclar el barroco heredado de Italia con un minimalismo espiritualizado que le aportaba la serenidad del lugar. Su obra recurre constantemente a algunos temas fundamentales, que plantean la vida desde la perspectiva humanista. Cuestiones esenciales como el tiempo y el espacio, la luz y el objeto, la consciencia de la sostenibilidad, la visión del Mediterráneo como un nexo cultural… La exposición recoge gran parte de sus libros de autor y vídeos relacionados con sus relatos, para generar una experiencia multisensorial en el visitante. Hasta el 1 de septiembre.

Fabrizio Plessi, Digital Wall (Acqua 6), 2018

BURGOS

El CAB de Burgos alberga dos interesantes muestras con una clara vocación sensorial. Empezamos con “PERturbacións”, de Christian Villamide (Lugo, 1966). Con piezas de pintura, escultura y fotografía, este proyecto trata sobre el desapego que vive actualmente el ser humano con respecto a su entorno natural. Los espacios ocupados antes por los ecosistemas naturales se ven sepultados por el avance urbano. La distancia creada con respecto a un contexto que debería ser el más próximo y orgánico da lugar a una progresiva mecanización de las interacciones, una parcelación de los espacios, con intervenciones humanas que muchas veces quedan olvidadas tras el paso del tiempo.

Kitazu&Gomez, "Anchovy Freak", 2007-2015

Por otro lado, destacamos la exposición ‘Haggish Flash’, del colectivo formado por Jesús Gómez (Burgos, 1962) y Megumi Kitazu (Tokushima, 1975). Ambos artistas se conocieron en Berlín en 2001 y desde entonces han compartido líneas de trabajo en torno a aspectos de la cotinianidad contemporánea sobre la bases de sus propias vivencias. Usando como pretexto una marca de helados ficticia, Kitazu&Gomez abordan cuestiones como la identidad sexual, la multiculturalidad, la relación entre marketing y arte… La colección reúne pinturas e instalaciones para las que emplean materiales de todo tipo e incorporan técnicas digitales.