Art Madrid'26 – NOS PREPARAMOS PARA LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES… CON ARTE

La fiesta de Halloween se ha convertido en una celebración internacional donde las calabazas, las brujas y las calaveras son parte de nuestra cotidianidad. Todos sabemos que en este día se conmemora el fin de la época de estío y desde antiguo se festeja como la última noche de excesos antes de dar paso a la sobriedad y recogimiento del invierno. Esto es así en la tradición celta, una festividad pagana que en Galicia siempre se conoció como Samaín y que se celebra desde tiempo inmemorial. La influencia del cristianismo vino a redefinir muchos de estos festivales para darles un significado acorde con los postulados católicos, y de ahí nació el día de Todos los Santos o día de Difuntos, ampliamente celebrado en todo el mundo. De hecho, la propia palabra Halloween es una evolución de “All Hallow’s Eve”, que significa “Víspera de Todos los Muertos” ¿Pero qué tiene esta fecha para ser celebrada en tantos lugares del mundo por distintas tradiciones culturales?

Gustav Klimt, “Morte e Vita”, 1905 (vía wikipedia)

Para muchos, ciertos días señalados del año dan lugar a un cúmulo de energías que abren portales a nuevas dimensiones. La noche del 31 de octubre es una de esas fechas, y en numerosas creencias existe el convencimiento de que se produce una unión entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Esa conexión permitiría la circulación bidireccional entre estas realidades y la convivencia a través de experiencias multisensoriales. Por este motivo, la muerte está tan presente en Halloween y se habla de que los muertos vuelven a la vida en la media noche de hoy. Queremos prepararnos para esta celebración haciendo un recorrido por las referencias a la muerte, las calaveras y el mundo de ultratumba que algunos artistas han hecho a lo largo de su carrera.

Marina Abramovic, “Nude with the Skeleton”, 2002/2013 (vía moma.org)

Más allá de la pintura más costumbrista y clásica, que muchas veces representa la muerte para plasmar algún acontecimiento histórico relevante, habitualmente relacionado con enfrentamientos armados o conectado con relatos mitológicos, y superando también el recurso moralista de las representaciones medievales de la muerte como el gran igualador de clases sociales, lo cierto es que el uso de elementos relacionados con el fin de la vida se emplea en numerosas ocasiones como referente de contraste, en oposición a valores asociados a la alegría, la energía o la juventud. Podemos decir que, incluso a día de hoy, los autores reflexionan sobre el miedo que este momento vital puede suponer, o ironizan, al igual que se hacía en el siglo XV, sobre un hecho inevitable al que todos estamos abocados con independencia de nuestra posición o estatus. Otros, en cambio, lidian con esta temática como una forma de abordar una etapa dolorosa, una suerte de duelo que, a través del arte, se convierte en terapéutica.

Damien Hirst, “For the Love of God”, 2007 (vía wikipedia)

Entre los autores que emplean estos recursos como un ingrediente para ironizar sobre los excesos de nuestra sociedad, debemos incluir a Damien Hirst, con su célebre “For the Love of God”, una pieza que representa una calavera humana cubierta de 8.601 diamantes. Para ello, Hirst hizo un molde en titanio de una calavera real del s. XVIII y dejó la dentadura original. Esta pieza de 2007 supuso toda una revolución para el mundo del arte y se vendió finalmente por 50 millones de libras.

Maurizio Cattelan, “Bidibidobidiboo”, 2012, cortesía de Collezione Sandretto Re Rebaudengo (vía 20minutos.es).

Otros artistas como Cattelan proponen obras como “Bidibidobidiboo”, en la que una ardilla suicida aparece en un escenario en miniatura, con una pistola a los pies. Según el autor, esta pieza representa el fin de la inocencia y la angustia adolescente que se vive en etapas de transición, cuando es difícil adaptarse.

Okuda San Miguel

Grey Skull, 2018

17 tintas estampadas a mano por inkvisibleprints sobre papel fabriano rosaespina 220gr

70 x 50cm

La muerte es también un referente para plantear un contraste de elementos con otros valores positivos de nuestra vida. A modo de recordatorio y reflexión sobre la capacidad de resiliencia del ser humano, algunos artistas incorporan motivos como calaveras a sus obras con el fin de ensalzar nuestro espíritu de superación y destacar los aspectos positivos que la vida puede depararnos, algo que a veces solo llega a apreciarse tomando consciencia de los aspectos negativos. Así sucede con Okuda, por ejemplo, que emplea de forma recurrente, en multitud de facetas y contextos su ya icónica calavera.

Michael Zavros, “Phoebe is Dead/McQueen”, 2010 (vía skullsproject.wordpress.com)

Podríamos meter en esta categoría alguna de las piezas más célebres de Marina Abramovic, como “Nude with skeleton”, en la que la artista propone una danza serena con con esqueleto en un abierto contraste entre la vida y la muerte.

En esta misma línea trabajan otros autores, que se atreven a representar la muerte como una forma de enfrentarse a ciertos miedos, como la pérdida de un ser querido, y esto permite constatar la fortuna y felicidad presentes.

Ron Mueck, “Dead Dad”, 1996 (vía qmayor.com)

Annie Leibovitz, “Susan Sontag”, 2004 (vía tembusu.nus.edu.sg)

Igualmente, hay artistas que abordan esta cuestión desde el deseo de superar algunos traumas personales y dar curso a un proceso de duelo en el que se afronta directamente el dolor en vez de rehuirlo. Es el caso de Ron Mueck, quien ha llegado a representar a su padre fallecido para encarar la tristeza de su ausencia. La obra de este autor siempre sorprende por su gran impacto y el hiperrealismo de su ejecución. Para esta pieza en concreto, llegó a usar cabello real de su padre.

Por su parte, la fotógrafa Annie Leibovitz hizo un extenso reportaje de la muerte de su pareja, Susan Sontag, algo que le ayudó a transitar por este proceso largo y sentimental.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica artística de Chamo San (Barcelona, 1987) se articula en torno a una poética de la atención, donde lo aparentemente insignificante adquiere una intensidad reflexiva singular. Sus obras se construyen desde una observación persistente de la vida cotidiana, entendida no como repertorio narrativo, sino como campo de experiencia compartida. En este marco, el gesto mínimo se convierte en una forma de conocimiento sensible que sitúa al espectador ante escenas reconocibles y, a la vez, extrañadas por su suspensión temporal.

El desplazamiento progresivo hacia una pintura más atmosférica ha permitido que el entorno deje de ser un mero soporte para convertirse en un agente activo de sentido. Las gamas cromáticas contenidas y los espacios cuidadosamente construidos generan una sensación de quietud que remite a una tradición pictórica interesada en la duración y la espera. La figura humana, núcleo constante de su trabajo, se presenta así inmersa en contextos que amplifican su dimensión afectiva y existencial.

El silencio que atraviesa estas imágenes no es ausencia, sino condición; un espacio de resonancia donde convergen el tiempo del hacer y el tiempo de la mirada. Entre el control compositivo y la apertura a lo contingente, la obra de Chamo San afirma la pintura como un territorio donde coexisten la planificación y el accidente.


Bañera. 2018. Bolígrafo sobre libreta. 14 x 18 cm.


En muchas de tus obras aparece una atención minuciosa al gesto mínimo y al momento aparentemente trivial. ¿Qué te interesa de esas micro-coreografías de la vida cotidiana?

El germen de mis obras, siempre viene de los apuntes al natural que realizo en pequeñas libretas que puedo llevar siempre conmigo y que luego, o bien transfiero a un formato diferente en el que poder trabajar de manera más relajada, o bien son la propia obra final.

La composición, la puesta en escena y, quizá, esas micro-coreografías son aquello que me permito aportar como artista. Estas escenas cotidianas para mí suponen la manera más directa y más honesta de conectar con el público ya que, pese a ser escenas íntimas, representan experiencias universales.


Peus. 2023. Pastel al óleo sobre papel encolado en tabla. 30 x 30 cm.


En tus piezas, la presencia de tonos sobrios parece generar un tipo particular de atmósfera. ¿Cómo describirías el modo en que esa atmósfera emerge durante el trabajo, y qué papel juega en la construcción global de la imagen?

La atmósfera y el color es algo muy reciente en mi obra. Anteriormente me centraba únicamente en los personajes como el elemento principal y muchas veces incluso quedaban flotando en el vacío. Es en el momento en el que vi que era necesario contextualizar y, sobre todo, cuando empecé a trabajar más a partir de los apuntes que tomaba en mis libretas, que entendí la importancia del entorno para el personaje.

Los personajes para mí serán siempre el elemento principal, ya que creo que es en la representación de la figura humana donde disfruto más. Pero poco a poco me gusta investigar aquello que les rodea. Veo necesario darles un entorno y una atmósfera para poder ubicarlos en una escena mucho más completa.


Mamant. 2025. Lápices de colores sobre libreta. 14 x 18 cm.


¿Los silencios en tus obras son heredados de experiencias reales o emergen durante el proceso pictórico?

Los silencios en mis obras son heredados de experiencias reales, ya que en el momento de capturar esos pequeños instantes de las escenas cotidianas - es necesario-, suelo estar concentrado y en silencio. Por otro lado, también creo que la contemplación de las obras artísticas casa muy bien con ese momento de calma y que, por un instante, tanto el artista en todo el proceso de creación como el espectador cuando mira la obra, pueden coincidir en ese mismo estado de tranquilidad y de silencio.


El Beso. 2024. Pastel al óleo sobre libreta. 14 x 18 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Hay algunas de mis obras que están muy planificadas, incluso excesivamente, con muchísimos bocetos. Por otro lado siempre tengo ese punto de partida que aparece en los apuntes de los cuadernos, y dejo la experimentación y lo inesperado para el final. Aunque también es cierto que cuando me he lanzado desde el principio a la improvisación, han ocurrido cosas maravillosas, por lo que ahora intento que esos dos mundos se combinen de la forma más orgánica posible.


Cine. 2025. Bolígrafo y pastel al óleo sobre libreta. 14 x 18 cm.


Aunque tu obra se ha desplazado hacia lo pictórico –con una estética muy vinculada a lo cinematográfico-, aún se perciben ecos de la ilustración en tu lenguaje visual. ¿Qué elementos dirías que permanecen y cuáles se han transformado radicalmente?

Para mí, la ilustración ha sido un campo de aprendizaje brutal. Me encantan esos artistas que han combinado los encargos de ilustración con el trabajo de estudio para galerías como Ramón Casas o James Jean. Creo que estos dos mundos pueden conectar en lo técnico, pero el lenguaje y la finalidad son muy distintos.

El hecho de que exista una obra única y original, hace que puedan aparecer accidentes que en la ilustración difícilmente pueden aparecer. Por lo tanto, esa esencia del objeto único y, sobre todo, esa intencionalidad lo hacen absolutamente diferente.