Art Madrid'26 – NUESTRAS VECINAS LAS GALERÍAS PORTUGUESAS DE ART MADRID’17

Mientras que Art Lounge repite en Art Madrid, Nuno Sacramento y Arte Periférica se estrenan en esta edición con artistas nuevos y otros de reconocida trayectoria. Una oportunidad para acercarnos más al mercado artístico portugués.

 

 

Papartus. Sin título - Técnica mixta sobre lienzo - 200 x 200 cm - 2014

 


La galería Nuno Sacramento se funda en la ciudad de Aveiro (Portugal) en 2003. En 2009 la galería cambia su sede a Ílhavo, donde cuenta con un espacio especialmente diseñado para ser galería de arte contemporáneo. Nuno Sacramento realiza cada año unas seis exposiciones individuales y colectivas y edita catálogos sobre sus artistas. Además, participa activamente en museos y centros culturales de numerosas ciudades portuguesas y de todo el mundo, destacando las realizadas en el Museo de Artes Decorativas de la Habana y las del Museo CEART en Madrid.

 

Nuno Sacramento apuesta en Art Madrid’17 por un monográfico del artista Papartus, quien vuelve a la escena cultural madrileña con obras recientes de gran formato. Algunas de las piezas del artista se encuentran en colecciones públicas como el Museo Huarte de Navarra, en el Colegio de Arquitectos de Málaga y en el Ayuntamiento de Pamplona, entre otras.

 

 

Joâo Noutel. Sin título - Técnica mixta sobre MDF - 130 x 68 cm - 2016

 


Art Lounge Gallery, una de las galerías extranjeras veteranas en Art Madrid, selecciona artistas de muy diferentes orìgenes, defendiendo en la galería la importancia del intercambio cultural y dando a conocer el trabajo de artistas poco conocidos en Portugal. Su intención es fomentar la internacionalización de las artes plásticas contemporáneas.

 

La galería expondrá en su stand obra de artistas con líneas muy diferentes, como son Fabio Camarotta, Ana Michaelis, Joâo Noutel, la española Carmen Calvo, Angela Bassano y Felix Farfán.

 

La obra de Farfán (Brasil, 1960), por ejemplo, ha gozado de gran reconocimiento en sudamérica, sobretodo en su Brasil natal, en la década de las 80 del pasado siglo. Su obra ha participado de numerosas exposiciones colectivas e individuales en Brasil, Brasilia, Recife, Olinda y Sao Paulo. En ella, muy al estilo Carmen Calvo, el artista mezcla el dibujo con el ensamblaje y el collage, los símbolos tradicionales y la cultura popular en coloridas técnicas mixtas sobre las que borda, rasga y colorea para crear su particular universo.

 

 

Camilo Alves. Zé Povinho segundo Vetrúvio. Óleo sobre tela. 100x100 cm. 2014

 

 

La Galería Arte Periférica fue fundada en 1991 por Anabela Antunes y Pedro Reigadas y, desde 1994 ocupa un lugar especial en el fantástico y popular Centro Cultural de Belem, a las afueras de Lisboa, donde también tiene una tienda de productos de Bellas Artes. Durante 25 años de actividad ha destacado por promover el trabajo de jóvenes artistas de dentro y fuera de Portugal, con especial dedicación a los artistas españoles y asiáticos. Arte Periférica se ha impuesto una ambiciosa agenda con 12 exposiciones anuales.

 

Su propuesta para Art Madrid incluye la obra de Angela Sanchez, Eva Navarro, Eva Armisén, Camilo Alves e Isabel Sabino.

 

Isabel Sabino (Lisboa, 1955) ha expuesto individualmente en Lisboa en numerosas ocasiones, con Galería Arte Periférica pero también con la Galería Novo Século y en la Casa Museo Jorge Vieira. Ha participado en exposiciones colectivas como la Bienal de Lagos o la Bienal de Vila Nova de Cerveira. Su trabajo, eminentemente sobre papel, se expresa en técnicas mixtas, aguadas y dibujo y remite a una figuración casi surrealista en la que las escenas -ilusiones, alegorías y sueños- aparecen cuajadas de manchas de color, estructuras geométricas y elementos aparentemente deslocalizados en una pintura llena de energía.
 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Cedric Le Corf (Bühl, Alemania, 1985) se sitúa en un territorio de fricción donde el impulso arcaico de lo sagrado convive con una actitud crítica propia de la contemporaneidad. Su práctica parte de una comprensión antropológica del origen del arte como gesto fundacional: la huella, la marca, la necesidad de inscribir la vida frente a la conciencia de la muerte.

Le Corf establece un diálogo complejo con la tradición barroca española, no desde la mímesis estilística, sino desde la intensidad afectiva y material que atraviesa aquella estética. La teatralidad de la luz, la encarnación de la tragedia y la hibridez entre lo espiritual y lo carnal se traducen en su obra en una exploración formal donde la geometría subyacente y la materia incrustada tensionan la percepción.

En el trabajo de Le Corf, el umbral entre abstracción y figuración no es una oposición, sino un campo de desplazamiento. La construcción espacial y el color funcionan como dispositivos emocionales que desestabilizan lo reconocible. Este proceso se ve atravesado por una metodología abierta, donde la planificación convive con la pérdida deliberada de control, permitiendo que la obra emerja como un espacio de silencio, retirada y retorno, en el que el artista se confronta con su propia interioridad.


La caída. 2025. Óleo sobre lienzo. 195 × 150 cm.


En tu trabajo se percibe una tensión entre la devoción y la disidencia. ¿Cómo negocias el límite entre lo sagrado y lo profano?

En mi trabajo siento la necesidad de remitirme al arte rupestre, a las imágenes que llevo presentes. Desde que el hombre prehistórico tomó conciencia de la muerte, sintió la necesidad de dejar una huella, marcando con una plantilla en la pared una mano roja, símbolo de la sangre vital. El hombre paleolítico, cazador-recolector, experimenta un sentimiento místico frente al animal, una forma de magia espiritual y de ritos vinculados a la creación. De este modo, sacraliza la caverna mediante la representación abstracta de la muerte y la vida, la procreación, las Venus… Así, nace el arte. En mi interpretación, el arte es sagrado por esencia, porque revela al hombre como creador.


Entre perro y lobo II. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


Se observan trazos de la tradición barroca española en tu trabajo. ¿Qué encuentras en ella que siga siendo contemporáneo?

Sí, se observan rasgos de la tradición barroca española en mi trabajo. En la historia del arte, por ejemplo, pienso en los mosaicos árabe-andalusíes, en los que para mí se encuentra una geometría de diseños profundamente contemporánea. Y en la pintura y la escultura barroca española, el tema que aparece con mucha frecuencia es la tragedia: la muerte y lo sagrado están intensamente encarnados, ya sea en temas religiosos o profanos, en Zurbarán, Ribera, El Greco, pero también en Velázquez. Pienso, por ejemplo, en la notable pintura ecuestre de Isabel de Francia, por su geometría y por un retrato cuya luz recuerda a la de un Matisse.

Cuando pienso en la escultura, vienen a mi mente las maravillosas esculturas policromadas de Alonso Cano, Juan de Juni o Pedro de Mena, donde los ojos verdes están incrustados, junto con dientes de marfil, uñas de cuerno y pestañas de cabello. Todo ello ha influido sin duda en mi trabajo escultórico, tanto morfológico como ecuestre. Personalmente, en mi obra incrusto elementos de porcelana en madera tallada o pintada.


Entre perro y lobo I. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


¿Qué te interesa de ese umbral entre lo reconocible y lo abstracto?

Por mi parte, toda representación en pintura o en escultura es abstracta. Lo que la impone es la construcción arquitectónica del espacio, su geometría secreta, y la emoción que provoca el color. Es, en cierto modo, un desplazamiento de lo real para alcanzar esa sensación.


El ángel anatómico. 2013. Madera de fresno y porcelana. 90 × 15 × 160 cm.


Tu obra parece moverse entre el silencio, el abandono y el retorno. ¿Qué te llama hacia esos espacios intermedios?

Creo que es al renunciar a imitar la verdad exterior, a copiarla, como alcanzo la verdad, ya sea en la pintura o en la escultura. Es como si me mirara en mi propio sujeto para descubrir mejor mi secreto, quizá.


Justa. 2019. Madera de roble policromada. 240 × 190 × 140 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Es cierto que, en ocasiones, olvido por completo la idea principal en mi pintura y en mi escultura. Aunque comienzo una obra con ideas muy claras —dibujos y bocetos previos, grabados preparatorios y una intención bien definida—, me doy cuenta de que, a veces, esa idea inicial se pierde. Y no se trata de un accidente. En algunos casos tiene que ver con dificultades técnicas, pero hoy en día también acepto partir de una idea muy concreta y, al enfrentarme a la escultura, a la madera o a la cerámica, tener que trabajar de otra manera. Y eso lo acepto.