Nueva objetividad: de la naturaleza a la industria

 

 

 

© Albert Renger-Patzsch

 

 

Renger-Patzsch (1897-1966) se acerca a la fotografía por influencia de su padre, fotógrafo aficionado. Estudió humanidades y, después del servicio militar obligatorio (donde colaboró como ayudante científico), comenzó química en la Universidad de Dresde, carrera que abandonó para dedicarse profesionalmente a la fotografía. Siente además inclinación hacia la escritura, a lo largo de su vida escribió más de treinta libros sobre fotografía. Entre ellos, destaca “Die Welt ist schön” (El mundo es bello), de 1928, que se convierte en un clásico sobre la fotografía moderna. 

 

 

© Albert Renger-Patzsch

 

 

La exposición se estructura en distintas secciones que ofrecen un panorama de su trayectoria artística, en la que combina sus proyectos personales con prácticas de carácter comercial. Renger-Patzsch fue una figura clave en la Nueva Objetividad alemana, desarrollada durante las décadas de los 20 y 30. Esta tendencia surge como reacción al expresionismo previo y persigue una representación del mundo lo más objetiva posible en una Europa atravesada por múltiples transformaciones. Renger-Patzsch consideraba la fotografía como un invento técnico y por tanto perteneciente al mundo de la ciencia.

 

 

© Albert Renger-Patzsch

 

 

En una primera etapa trabajó para una editorial, realizando fotografías de plantas y flores con mucho rigor técnico. Los fondos neutros, oscuros o desenfocados permitían centrar la atención en el detalle. Desarrolla un trabajo lento y muy meditado que le lleva a representar una realidad fiel y absolutamente objetiva. Los trabajos de sus primeros años culminan en su libro “Die Welt ist schön”, que recoge 100 imágenes que representan tanto la naturaleza como el mundo construido por el ser humano: plantas, paisajes, objetos, la arquitectura, la ciudad, las máquinas, etc. Sus fotografías muestran su interés por la serialidad y la industria. En ellas destacan las acentuadas perspectivas y los contrastes de luces y sombras.

 

 

© Albert Renger-Patzsch

 

 

Se observa cómo el artista presta atención a la ciudad como territorio por excelencia de la modernidad. Esta se convierte en el lugar donde converge de manera violenta lo antiguo con lo nuevo. Utiliza encuadres difíciles, haciendo uso de la geometría. Posteriormente, se centra en el sentimiento de quietud que ofrece la naturaleza; a lo largo de grandes paseos trataba de encontrar las condiciones más apropiadas para sus tomas fotográficas. En este momento, presta atención a las formas orgánicas y a las diferentes texturas que contrastan con aquellas superficies pulidas de las formas de la industria.

 

 

© Albert Renger-Patzsch

 

 

Renger-Patszch propone en sus fotografías una mirada que se dirige a los nuevos tiempos. Podrán visitarse durante los meses de verano y hasta el 10 de septiembre en la sede de Recoletos de la Fundación Mapfre, donde se expone de manera simultánea otra muestra que plantea un recorrido por el retrato fotográfico del s.XX.

 

 

© Albert Renger-Patzsch

 

 

Hablar de fractales nos remite comúnmente a patrones geométricos relacionados con la proporción áurea que la naturaleza nos ofrece en su inmensa variedad. Descubrir algo que ya estaba ahí y ponerle nombre es, aunque resulte sorprendente, algo muy reciente. Así, el concepto fractal no es nuevo para las matemáticas, que ya lo estudió en detalle a principios del siglo pasado dentro de la teoría de las medidas; sin embargo, el término específico no se acuñó hasta 1975 por el matemático Benoît Mandelbrot, quien distinguió varios tipos de fractales en función de su mayor o menor exactitud en la copia y la posibilidad o no de reproducción infinita.

Pero ¿qué entendemos por fractal? La palabra comenzó a utilizarse para designar los patrones de formas que no encajaban en las descripciones geométricas tradicionales a pesar de guardar una estructura ordenada. Un análisis de proximidad revelaba que estos patrones se componían de pequeños elementos iguales entre sí, componiendo dibujos que se repetían a mayor escala guardado la misma distribución. La naturaleza está repleta de ejemplos de este tipo, como los copos de nieve o las semillas de los girasoles.

Diseño 3D aplicando fractales

El estudio de este concepto tuvo una aplicación práctica inmediata en el campo del diseño gráfico. El uso de estructuras fractales en las nubes, las montañas o el mar dotaba a los gráficos de un mayor realismo que mejoraba notablemente el resultado final. Igualmente, la música está repleta de fractales y muchas obras clásicas de Beethoven, Bach y Mozart trabajan con este concepto en sus composiciones. Con la presencia constante de estos patrones en nuestro entorno, aunque desapercibida durante largo tiempo, muy pronto este interés hizo acto de presencia en el arte. La transposición plástica de esta idea abría un mundo de posibilidades expresivas aún por explorar, y más en las obras de carácter abstracto, donde el juego de geometrías parecía empezar a agotarse.

M. C. Escher, “Smaller & Smaller”, 1956

Entre los primeros artistas que trabajaron con este concepto debemos mencionar a Escher. El conjunto de su producción es difícil de clasificar, aunque puede señalarse una clara inclinación por el dibujo y el grabado, con los que daba cabida a sus inquietudes intelectuales y planteamientos sobre términos opuestos, como lo infinito frente a lo limitado, el blanco y negro, los equívocos, las simetrías de doble lectura... Si bien las obras más conocidas de este autor son las que plantean juegos ópticos y paradojas visuales, también indagó sobre los fractales con obras que sintetizan a la perfección este concepto, aun cuando todavía no había sido acuñado.

Jackson Pollock, “Number one”, 1950

También se ha dicho de la pintura de Jackson Pollock que contiene infinidad de estructuras fractales. La fascinación que siempre ha despertado este artista, con una vida tan breve y una producción tan prolija, llevó a los científicos australianos Richard P. Taylor, Adam P. Micolich y David Jonas a acometer un estudio pormenorizado de su obra en 1999. El trabajo de este representante del expresionismo abstracto se basaba en la técnica “drip and splash”, trazando líneas y manchas por goteo y proyección sobre el lienzo. La conclusión es que la proporción fractal de su pintura aumenta con los años y se perfecciona, y así, se mantiene la misma sensación caótica de patrón disperso si observamos un detalle de una de sus obras o la pieza en su totalidad.

Kerry Mitchell, “Jungle”, 1998

Más allá de estos ejemplos de arte más tradicional, muchos creadores contemporáneos abordan sus trabajos a partir de composiciones hechas por ordenador donde la presencia de algoritmos fractales combinados con los cambios de color originan imágenes impactantes. Por este motivo, el arte fractal aparece íntimamente conectado con el arte computacional, una nueva corriente en la que despuntan creadores que habitualmente tienen un bagaje previo en el mundo de las ciencias o de la informática. Podemos citar como ejemplos a Scott Draves, William Latham, Greg Sams o Kerry Mitchell.