OKUDA SAN MIGUEL, ARTISTA INVITADO EN ART MADRID\'18

Okuda San Miguel.

 

 

De repente, al girar aquella esquina de aquella calle de Oporto una figura imponente te asalta la mirada. Parece crecer de la calzada, parece brotar del hormigón como si de una criatura procedente de otra dimensión se tratase. Decenas de facetas de colores, un organismo geométrico se alza ante tus ojos y, de repente también, te das cuenta de que estás viendo una cabina telefónica. Es un Okuda San Miguel, su firma, sus formas se aparecen en muros, callejones, edificios y ladrillos de las principales capitales del mundo, India, Malí, Mozambique, Estados Unidos, Japón, Chile, Brasil, Perú, Sudáfrica, México y casi toda Europa…

 

 

 

Okuda San Miguel. The International Church of Cannabis. Denver. 2017

 

 

Su esencia callejera se ha ido enriqueciendo con el tiempo con filosofía oriental, con cuestiones metafísicas sobre lo infinito, lo universal, borrando las fronteras entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el arte, para crear una iconografía única que nos habla de las contradicciones entre modernidad y tradición, entre el homo capitalismus y el homo ludens, entre el yo y el yo mismo en continua transformación.

 

“Mi arte refleja mi amor por la metamorfosis. Jugando con las formas resalto esta yuxtaposición dentro de mis personajes, mezclando sus perfiles y personalidades. Pinto mis caras con patrones geométricos para mostrar la igualdad entre las diferentes razas, colocando todos los tipos de piel en el mismo nivel; este multi-colorismo simboliza el multiculturalismo”, asegura Okuda San Miguel.

 

 

Okuda San Miguel. Refugee Goddess. 2017

 

 

 

El salto de las calles a las galerías, al trabajo de estudio, ha sido inevitable, una nueva generación de coleccionistas y amantes del arte pedían aire fresco en el mercado y este artista les ha traído un huracán de color. “Utilizo los colores como un símbolo de la vida y del mundo natural, mientras que la escala de grises en mis pinturas representa el cemento, la muerte, el polvo y el material de las esculturas clásicas”, explica Okuda.

 

Ahora, Art Madrid, para celebrar su 13ª edición y, por qué no decirlo, luchar contra las supersticiones, le ha pedido a Okuda un poco de su magia y será el Artista Invitado en Art Madrid’18, sumándose así a la lista de invitados de ediciones pasadas junto a Ouka Leele, Carmen Calvo o Riera i Aragó, todos ellos buscadores de formas nuevas y experimentadores de la imagen.

 

 

 

Okuda San Miguel. Lion. Arcugnano. Italia. 2016

 

 

Con Okuda San Miguel, y en colaboración con Ink and Movement, desarrollaremos una obra exclusiva para Art Madrid y muchas otras acciones que os iremos contando. ¡Bienvenido Okuda!

 

Sobre el artista:
Okuda San Miguel. Santander, 1980. Reside en Madrid, donde también tiene su estudio. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. Su singular lenguaje iconográfico de estructuras geométricas y patrones multicolores en las calles de ciudades de todo el mundo lo han convertido en uno de los artistas urbanos más reconocidos de la actualidad. Pretendido por sus proyectos a gran escala, Okuda es reconocido por la conversión que realizó a finales de 2015 de una iglesia asturiana: un Kaos Temple, como pasó a llamarse, que se ha convertido en un nuevo icono del arte contemporáneo. En paralelo a su trabajo en el espacio público, en 2009 Okuda comenzó su propia práctica de estudio habiendo sido su obra desde entonces expuesta en lugares tan diversos como India, Malí, Mozambique, Estados Unidos, Japón, Chile, Brasil, Perú, Sudáfrica o México, además de casi todo el continente europeo.

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.