EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO DE ESPAÑA SE MERECE UN HOMENAJE

 

 

 

Fundado en 1867 por Isabel II, la institución seguía la tendencia compartida por el resto de países europeos de fundar museos destinados a mostrar los tesoros más representativos de la riqueza cultural y artística del país. Coincidía, además, que la arqueología era un disciplina de estudio en auge por aquel entonces, de modo que este museo venía como anillo al dedo para reunir el conocimiento y los saberes en desarrollo en la época en torno a un espacio expositivo que servía claramente a sus fines de difusión ilustrada y académica.

 

 

 

Lauda sepulcral de Sancho III de Navarra, Museo de León.

 

 

 

En el momento de su inauguración, el museo tenía su sede en el Casino de la Reina, en un entorno decimonónico donde se exhibía una reducida colección de piezas desde la Prehistoria hasta la Edad Media y Moderna, y con una amplia sección de numismática y etnografía. Posteriormente el museo se trasladó a su sede definitiva actual, el Palacio de Biblioteca y Museos en 1895. Desde entonces, la colección solo se movió durante la guerra civil, cuando fue desmontada y almacenada para proteger su integridad.

 

 

 

Tesoro de la Neápolis de Ampurias, Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona.

 

 

 

El museo cerró desde 2008 a 2013 para acometer una reforma integral del edificio, con un cambio de estructura, distribución y creación de espacios que hiciera más accesible al público los recorridos por las salas y aligerase el volumen de piezas expuesta. Con su reapertura en 2014 se ha modernizado además su nombre, ahora conocido con las siglas MAN.

 

 

 

Arqueta de Hisham II, Museo-tesoro de la Catedral de Girona.

 

 

 

Para esta exposición conmemorativa se han reunido 150 piezas, una por cada año, procedentes de 70 instituciones diferentes repartidas por lo largo y ancho del territorio español. El comisario de la muestra, Gonzalo Ruiz Zapatero, es catedrático de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid. Con esta muestra se ofrece un recorrido por la evolución de la ciencia arqueológica en nuestro país y su conexión con la museografía, ya que hace 150 años no solo se fundó el MAN, sino también la red de museos arqueológicos españoles que están igualmente de celebración.

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.