Paula Rego: espacios de desobediencia

 

 

 

Serie Jane Eyre. "Inspección", 2001

 

 

 

Paula Rego nació en Lisboa en 1935 pero se afincó en Londres a partir de los 50, lo que no hizo que se desligase de sus raíces portuguesas ni de las preocupaciones políticas que conmovían  su país. Su primeras obras se acercaron a la abstracción, pero poco a poco fue definiendo su reconocible estilo y personal imaginario, atravesado por influencias artísticas (Bacon, Freud, Solana, Hogarth, Goya, etc.) y literarias (Charlotte Brontë, Pérez Galdós y Martin McDonagh).

 

 

 

Serie Abortos, "Sin título 4", 1998

 

 

 

El trabajo de Paula Rego se expresa a modo de fábula de la conducta humana, donde no existe moraleja esperanzadora. A través de sus personajes, muchas veces hibridizados (mujer-pájaro, mujer-perro) crea escenas que reflexionan sobre la herencia cultural del heteropatriarcado y denuncian aquellas agresiones que provienen de las jerarquías del poder.

 

 

 

"El hombre almohada", 2004

 

 

 

La exposición se estructura en quince salas, en las que se van sucediendo sus distintas reflexiones. Se posiciona contra la hipocresía de la decencia burguesa; contra la discriminación de la mujer, representándola indócil, que es capaz de tomar la palabra y de ignorar la aprobación/desaprobación masculina; contra los cuentos tradicionales, resignificándolos; contra los abusos de poder de cualquier categoría, que dan lugar a sometimientos y alienaciones; contra los conflictos íntimos y sociales, a través de historias grotescas de humor negro influenciadas por distintas fuentes literarias; contra las opresiones ejercidas por figuras políticas en la historia de Portugal, etc.

 

 

 

"Blancanieves jugando con los trofeos de su padre", 1995

 

 

 

Todo ello, ofrece una idea del mensaje crítico sociopolítico que pretende comunicar el trabajo de Paula Rego. A través de sus pinturas, dibujos y grabados invita al visitante a reflexionar con ella. Destacan sus series dedicadas al aborto (que realizó tras un referéndum por su despenalización celebrado en Portugal en 1998), y a Jane Eyre (de Charlotte Brontë); y obras como El hombre almohada, El espantapájaros o La vieja república, todas con su persistente intención de denuncia y de lucha con las injusticias sociales.

 

 

 

"El despacho de Shakespeare", 2006

 

 

Hablar de fractales nos remite comúnmente a patrones geométricos relacionados con la proporción áurea que la naturaleza nos ofrece en su inmensa variedad. Descubrir algo que ya estaba ahí y ponerle nombre es, aunque resulte sorprendente, algo muy reciente. Así, el concepto fractal no es nuevo para las matemáticas, que ya lo estudió en detalle a principios del siglo pasado dentro de la teoría de las medidas; sin embargo, el término específico no se acuñó hasta 1975 por el matemático Benoît Mandelbrot, quien distinguió varios tipos de fractales en función de su mayor o menor exactitud en la copia y la posibilidad o no de reproducción infinita.

Pero ¿qué entendemos por fractal? La palabra comenzó a utilizarse para designar los patrones de formas que no encajaban en las descripciones geométricas tradicionales a pesar de guardar una estructura ordenada. Un análisis de proximidad revelaba que estos patrones se componían de pequeños elementos iguales entre sí, componiendo dibujos que se repetían a mayor escala guardado la misma distribución. La naturaleza está repleta de ejemplos de este tipo, como los copos de nieve o las semillas de los girasoles.

Diseño 3D aplicando fractales

El estudio de este concepto tuvo una aplicación práctica inmediata en el campo del diseño gráfico. El uso de estructuras fractales en las nubes, las montañas o el mar dotaba a los gráficos de un mayor realismo que mejoraba notablemente el resultado final. Igualmente, la música está repleta de fractales y muchas obras clásicas de Beethoven, Bach y Mozart trabajan con este concepto en sus composiciones. Con la presencia constante de estos patrones en nuestro entorno, aunque desapercibida durante largo tiempo, muy pronto este interés hizo acto de presencia en el arte. La transposición plástica de esta idea abría un mundo de posibilidades expresivas aún por explorar, y más en las obras de carácter abstracto, donde el juego de geometrías parecía empezar a agotarse.

M. C. Escher, “Smaller & Smaller”, 1956

Entre los primeros artistas que trabajaron con este concepto debemos mencionar a Escher. El conjunto de su producción es difícil de clasificar, aunque puede señalarse una clara inclinación por el dibujo y el grabado, con los que daba cabida a sus inquietudes intelectuales y planteamientos sobre términos opuestos, como lo infinito frente a lo limitado, el blanco y negro, los equívocos, las simetrías de doble lectura... Si bien las obras más conocidas de este autor son las que plantean juegos ópticos y paradojas visuales, también indagó sobre los fractales con obras que sintetizan a la perfección este concepto, aun cuando todavía no había sido acuñado.

Jackson Pollock, “Number one”, 1950

También se ha dicho de la pintura de Jackson Pollock que contiene infinidad de estructuras fractales. La fascinación que siempre ha despertado este artista, con una vida tan breve y una producción tan prolija, llevó a los científicos australianos Richard P. Taylor, Adam P. Micolich y David Jonas a acometer un estudio pormenorizado de su obra en 1999. El trabajo de este representante del expresionismo abstracto se basaba en la técnica “drip and splash”, trazando líneas y manchas por goteo y proyección sobre el lienzo. La conclusión es que la proporción fractal de su pintura aumenta con los años y se perfecciona, y así, se mantiene la misma sensación caótica de patrón disperso si observamos un detalle de una de sus obras o la pieza en su totalidad.

Kerry Mitchell, “Jungle”, 1998

Más allá de estos ejemplos de arte más tradicional, muchos creadores contemporáneos abordan sus trabajos a partir de composiciones hechas por ordenador donde la presencia de algoritmos fractales combinados con los cambios de color originan imágenes impactantes. Por este motivo, el arte fractal aparece íntimamente conectado con el arte computacional, una nueva corriente en la que despuntan creadores que habitualmente tienen un bagaje previo en el mundo de las ciencias o de la informática. Podemos citar como ejemplos a Scott Draves, William Latham, Greg Sams o Kerry Mitchell.