Art Madrid'26 – PERFORMANCE ‘COPYING CLAUDIA’ DE PACHI SANTIAGO EN ART MADRID’19

¿Claudia Schiffer, Pachi Santiago o Claudio? El viernes 1 de marzo a las 19 h. se podrá disfrutar en Art Madrid’19 de la performance “Copying Claudia” de la mano del artista Pachi Santiago. Los asistentes podrán adentrarse de primera mano en el mundo de un artista que juega irónicamente con los estereotipos y reflexiona sobre cuestiones de género, así como sobre la llamada fake fame y la moda.

Pachi Santiago, "Cerca desde lo masculino", 2012. Galería Zielinsky.

Pachi Santiago, artista representado en esta edición por la Galería Zielinsky, es un creador multidisciplinar cuya línea principal de trabajo se sitúa en los códigos de representación, con todo lo que esto implica. Identidad, género, formas de retratarse, formas de proyectar nuestra imagen así como aquellos modos en los que somos vistos, son algunas de las cuestiones que definen su obra. En realidad, como él mismo afirma, se trata de ver la vida “bajo otro prisma”, investigar esas dobleces que tanto caracterizan a la vida y en las que,en la mayoría de las ocasiones, suceden las cosas más importantes.

Por eso, su trabajo se mueve en “una delgada línea entre el enigma, el absurdo, lo estético, el surrealismo, el drama, la soledad y el humor, creando imágenes simbólicas y personajes misteriosos, situados en una especie de instante paralelo que en realidad representan emociones de nuestra propia vida”. Los lenguajes y estrategias formales que emplea son muy variados, trabajando desde la fotografía, el vídeo, la ilustración y la creación más híbrida, y configurando un imaginario muy personal y de carácter fantástico. Tras el éxito de proyectos como “Ausentes”, “Hybrids”, “Sonÿ la musa”, ”Fábula project” o “Utopia House”, el artista presentará una performance de otra de sus series más celebradas: “Copying Claudia”.

Pachi Santiago, "Scarface", 2016. Galería Zielinsky.

La top model alemana Claudia Schiffer, especialmente aquella versión retratada por el maestro, recientemente fallecido, Karl Lagerfeld, es una de las grandes obsesiones de este artista. Su admiración por el trabajo de ambos, sublimado por ese proceso de mitificación y adoración tan propio de nuestro tiempo, lleva al artista en esta serie a una simbiosis casi total. Santiago juega con la identidad de Schiffer y con la suya, repite sus fotografías o vídeos comerciales, entra de lleno en su universo pero sin llegar a perder su propia personalidad. El artista nos propone repensar los iconos estéticos y mediáticos, el poder de la moda y nuestras aspiraciones individuales, tantas veces frustradas por no parecernos lo suficiente a nuestro ídolo.

Mascaradas, engaños y desengaños, juegos de admirados y admiradores, crítica, humor y cierta magia, para reflexionar sobre cuestiones tan pertinentes en la actualidad como los estereotipos de género, la moda y la llamada fake fame. “El hombre asumiendo un rol que supuestamente se atribuye a la mujer; la relación estereotipada entre artista y musa vista desde otro punto de vista, tratando a la musa como algo global independientemente de su género; el hombre también cosificado; o el poder de ser diferente en un universo en el que siempre aspiramos a ser o alcanzar algo lejano a nosotros”. Grandes problemáticas como el género y la diferencia para desvirtuar tantos y tantos clichés que inundan nuestro quehacer diario y nuestros sueños más íntimos.

Pachi Santiago, "Disfraz", 2016. Galería Zielinsky.

Tan solo por un tiempo concreto, un espacio de Art Madrid se convertirá en un set fotográfico muy singular. En ese shooting de moda en vivo, un cámara grabará las acciones y poses de Pachi Santiago y esto se verá en directo en una pantalla instalada al lado del set. Otro televisor mostrará las imágenes de Claudia Schiffer en las que el artista se inspira para posar, intentando hacerlo como su musa en las fotos originales, reflejando sus expresiones, jugando a ser otro personaje: ese “Yo Claudio”, el alter ego entre Schiffer y él mismo bajo una mirada irónica.

A Santiago no le importa el hecho de parecerse a ella, sino el querer jugar a serlo aunque no lo consiga. Este factor romántico, freak y melancólico tiene mucho que ver con la esencia del proyecto, algo que podréis disfrutar en vivo en la nueva edición de Art Madrid, donde además, Santiago os explicará este trabajo en persona ¡No os lo perdáis!

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.