POÉTICAS DE LA MIRADA Y LA IDENTIDAD

Galería BAT Alberto Cornejo, Moret Art, Zielinsky y Jorge Alcolea

 

Si hay algo especialmente cautivador en el género del retrato, es la mirada. Hace tiempo que la importancia de los personajes retratados no reside exclusivamente en los símbolos de poder, sino en el grado de captación psicológica que logra el retratista, siendo precisamente la mirada la que dota a los retratados de mayor profundidad psíquica. Cuando además, los ojos de la figura retratada miran directamente al espectador, se produce una tensión asombrosa, una especie de inquietud que exige diálogo, que exhibe provocación. El poder de la mirada parece eterno, como si tuviera una consistencia mayor capaz de exponer las intimidades contenidas.

José Ramón Lozano

Sin Título (VI), 2019

Acrílico sobre tela

170 x 190cm

Sin embargo, si la mirada puede reflejar el estado anímico de una persona de una forma excepcional, también puede esconderlo, hacerlo confuso e inaccesible a los ojos externos que la intentan penetrar. Identificarse o no identificarse, la mirada expresa a la vez seres únicos para algunos, parecidos para otros, trascendentales o insignificantes. Tanto desde el punto de vista moral como estético, esos retratados que nos miran, que nos miran en realidad desde nuestra contemplación del presente, crean una tensión directa con el pasado y la identidad. Siempre con un aire fúnebre, pues el retrato evidencia lo ya que nunca seremos, lo que somos en el momento que se tomó la fotografía o se pintó el retrato, ese “esto ha sido” barthiano, estas imágenes están vaticinando nuestro fin.

Lantomo

Dim light-dark sea 1, 2019

Grafito y pastel sobre papel encolado a madera

100 x 73cm

Dentro de la gran propuesta de la Galería BAT Alberto Cornejo (Madrid) destaca justamente el género del retrato. Las mujeres que retrata José Ramón Lozano nos suelen mirar muy conscientemente, casi exigiendo que las contemplemos y terminemos así el relato que ellas mismas han abierto. Tienen algo memorable, de punto de inflexión en una posible historia de soledad interiorizada tantas veces acompañada de dolor. Muy diferentes son los retratos de Lantomo (Antonella Montes), más intimistas, más reservados. Si bien el empleo del grafito, la acuarela y el pastel es una de las razones que explica que las figuras adquieran esas características, también lo es el hecho de que sus personajes no siempre nos miran, sino que están absortos en sus pensamientos y no requieren la empatía del observador.

Mária Švarbová

No Diving, Smykacka, 2016

Fotografía

70 x 70cm

Marta Sánchez Luengo

Llegará, 2016

Bronce y hierro

102 x 121cm

Otra de las retratistas más destacadas de la actualidad es Mária Švarbová, fotógrafa de la que la galería BAT presentará una selección de sus retratos individuales y colectivos. Asistimos al retrato de la niñez y el inicio de la adolescencia en escenarios de meticulosa armonía, de cuerpos tan perfectos y similares que rozan la ficción onírica. En cambio, las figuras que incluye Marta Sánchez Luengo en sus esculturas son mucho más naturales y cercanas, son realistas. De hecho, su manera naturalista de modelar y las actitudes de sus personajes, tan cotidianas como leer un libro, esperar a que llegue el metro o simplemente caminar dando vueltas a un pensamiento, sin duda pueden recordar a los realistas madrileños y en especial a algunas de las piezas del gran Julio López Hernández. También se podrían relacionar con los realistas las obras de Leticia Felgueroso, pues comparten la pasión por retratar la ciudad de Madrid, aunque en el caso de Felgueroso sea por medio de la fotografía y el cromatismo intervenido.

Gustavo Díaz Sosa

De la serie de Revelaciones y Encrucijadas, 2019

Técnica mixta sobre madera. Cara A

200 x 140cm

En ese quehacer diario propio de las grandes metrópolis, también se expone muy bien la sociedad contemporánea: multitudes de personas que avanzan llenas de preocupaciones y ansiedades, entre prisas, atascos y “deadlines”. Esa masa dirigida es un tema sobre el que suele reflexionar Gustavo Díaz Sosa en series como “Burócratas y Padrinos”, “Huérfanos de Babel” o la más reciente "Revelaciones y Encrucijadas". Los comportamientos sociales impuestos y alejados de los impulsos naturales, es un tema que asimismo preocupa a Rubén Martín de Lucas, de quien se presenta una selección de la serie “El jardín de Fukuoka”, trabajo en el que el Artista Invitado de esta edición confronta los procesos industriales y naturales.

La propuesta de BAT se cierra con las formas rotundas de las esculturas de Carlos Albert y Carlos Iglesias, madrileños continuadores de la Escuela Vasca de Escultura; las más fluidas y sensuales piezas en aluminio de Rafael Amarós; y las abstracciones matéricas y líricas de Fernando Palacios.

Lino Lago

Fake Abstract (F. Boucher), 2019

Óleo sobre tela

160 x 150cm

Daniel Sueiras

Sir Kristoff Tar Toffen the 3rd, 2019

Óleo sobre tabla

93 x 80cm

Velar y desvelar, jugar con lo que se esconde y lo que se muestra, es un rasgo muy particular de los retratos de Lino Lago, artista que participa en Art Madrid con la galería Moret Art (A Coruña). Esta galería también expondrá algunos de los últimos trabajos de Daniel Sueiras, como la pintura “Sir Kristoff Tar Toffen the 3rd” (2019), donde el autor nos presenta la nueva incorporación a su ingeniosa y amplia galería de retratos, reseñable por su componente humorístico y por su control magistral de la técnica del óleo sobre tabla. Junto con el trabajo de Sueiras, se presenta una selección de la obra escultórica de Iván Prieto: piezas realizadas desde su característica técnica -cerámica después pintada con acrílicos- en las que los cuerpos contemporáneos, siempre defectuosos, sin dejar de ansiar una perfección imposible e impuesta, son exageradamente distorsionados hasta alcanzar formas surrealistas, extravagantes, más bellas.

Xurxo Gómez-Chao

Magnolia y calavera (Tempus fugit), 2018

Fotografía. Pigmentos minerales sobre papel Ilford Prestige 270 g

100 x 100cm

Moret Art también incluirá en su propuesta las piezas de Miguel Piñeiro, bodegones contemporáneos de los iconos de la cultura de nuestro tiempo, especialmente sorprendentes por el alto grado de hiperrealismo; y las fotografías de Xurxo Gómez-Chao, de quien se presentan dos de sus líneas de trabajo: por un lado, un conjunto de las bellas vanitas escenificadas, y por otro, sus más mistéricas imágenes de habitaciones, en las que una especie de neblina parece haber evaporado la presencia anterior.

Pachi Santiago

Cerca desde lo masculino, 2012

Caja de luz

42.5 x 32.5cm

Juan Fielitz

Desnudo III, 2018

Papel Hahnemühle

120 x 74cm

Dentro de la propuesta de la Galería Zielinsky (Barcelona) cabe destacar el trabajo de Pachi Santiago, artista que ofrece el más explícito juego en torno a la identidad, la mirada, los códigos de representación y el apropiacionismo, como vemos en el amplio proyecto “Copying Claudia”, en el que el espectador puede participar de sus mismos sentimientos. La apropiación, la manipulación y el interés por las formas de representar el cuerpo humano, es algo que comparte con el artista Juan Fielitz quien, por el contrario, oculta los rostros o aquellas partes del cuerpo que más nos gustaría ver de los retratados. Así, en estas imágenes recolectadas en archivos, el artista despoja a los retratados de su identidad, ofreciéndonos en sus fotomontajes finales un conjunto poético de fragmentos enigmáticos.

Yamandú Canosa

Vértice, 2016

Óleo sobre madera

47.2 x 40cm

Zielinsky asimismo expondrá las fotografías de Eduardo Marco, en las que una mirada atenta y contemplativa nos permite reparar en la belleza que tantas veces pasa desapercibida en la gran ciudad; los mundos surrealistas y pop, repletos de guiños en los que reconocernos, de Joaquín Lalanne; y las cartografías de Yamandú Canosa, metáforas de nuestro ser, de nuestra forma de habitar: retratos al fin y al cabo de las emociones que explican nuestros desplazamientos.

Eloy Morales

Figure 1, 2018

Óleo sobre lienzo

100 x 100cm

Algunas miradas son irrepetibles, como las que logra Eloy Morales en sus grandes retratos y autorretratos, y que mostrará la galería Jorge Alcolea (Madrid). Como explica el artista, para él “lo importante es mostrar a través de la obra tu manera de ver las cosas y de qué forma las muestras al espectador” manteniendo siempre una profunda inquietud por “el tremendo poder de la imagen y sus inagotables posibilidades”. Otras miradas, igualmente interesantes y quizá más insondables, son las procedentes del mundo animal, algunas como las de los osos que protagonizan las últimas obras de Miguel Macalla.

Isidre Tolosa

Diarios, carpeta y libros, 2018

Mármol de calatorao y hierro

11 x 30cm

La propuesta de Jorge Alcolea se completa con los retratos urbanos y nocturnos de Carlos Azañedo, esos en los que la ciudad posmoderna nunca para, nunca duerme y en los que cada uno de nosotros solo somos “uno más”. También en su stand se podrán ver las esculturas realistas de Isidre Tolosa, objetos personales como libros o diarios que, igualmente, pueden ser los mejores retratos de nosotros mismos por todo aquello tan personal que revelan; y las pinturas de Isabel Ramoneda, abstracciones libres y despreocupadas sobre papel acompañadas de pensamientos manuscritos.

Múltiples miradas para múltiples identidades; obras siempre abiertas, eternamente expectantes ante la posible mirada del espectador: así son son algunas de las obras que se podrán disfrutar en la nueva edición de Art Madrid.

 

La fama de este lugar, crisol de creatividad y refugio del arte desarraigado y poco ortodoxo, sigue representando a día de hoy el espíritu bohemio de antaño, cuando fue cuna de algunos de los movimientos pictóricos más relevantes del siglo XIX. ¿Pero qué factores se dieron es este barrio para llegar a ser lo que fue?

Jules Grün. La canción de Motmartre, 1900 Prueba lotográfica para cubierta © Colección particular (imagen vía caixaforum.es)

Montmartre era una población independiente, que en 1860 fue incorporada a la ciudad de París para convertirse en su distrito XVIII. La proliferación de burdeles, cabarets y salas de espectáculos de escasa reputación hicieron del barrio una zona muy mal considerada que, sin embargo, generó una fuerte atracción en algunos artistas. Los motivos eran diversos, pero por encima de todos ellos destacaba el fenómeno de la gentrificación. Napoleón III, de la mano de su principal diseñador urbanístico Barón Haussmann, quisieron hacer de París la ciudad más bella de Europa. En consecuencia, se produjo una ordenación del centro urbano y el desplazamiento de grupos de ciudadanos que fueron realojados en poblaciones de los alrededores, como sucedió en Montmartre.

Maxime Dethomas, “Cartel Montmartre”, 1897 (imagen vía nataliamartinlago.com)

Esta colina fue también escenario principal de la guerra franco-prusiana, que tuvo lugar entre 1870 y 1871, y del levantamiento del movimiento revolucionario “la Comuna de París”. Convertida en un campo de batalla, la casualidad hizo que su nombre, “monte de mártires” ganase sentido tras las numerosas bajas producidas en el ejército francés. Al final del conflicto, en 1873, la Asamblea Nacional acordó construir la basílica de Sacré-Cœur en homenage a los caídos. Hoy este templo es un emblema del barrio que brilla sobre el cerro ilunimado por el sol y visible desde el casco antiguo de la ciudad.

Pierre Marie Louis Vidal, Cubierta de “La Vie à Montmartre” (detalle), 1897. Litografía © Colección particular / Fotógrafo: Elsevier Stokmans Fotografie (imagen vía caixaforum.es)

Podemos imaginarnos que un ambiente cargado de significado como el que reinaba a finales del XIX, en un barrio marginal, castigado por la guerra, decadente, indecente y orgulloso era un refugio natural para quienes querían vivir al margen del sistema, liberados del enconsertamiento del liberalismo aburguesado, las formalidades de la alta sociedad, los artificios de la pomposidad parisina y la vida alejada del verdadero pulso vital que conecta las pasiones humanas, buenas y malas, en un entorno donde pueden discurrir libremente. A todo este contexto ideológico se une, claro está, el dinero, porque la supervivencia es más fácil y económica en un barrio de mala fama.

Vista de sala de la exposición en CaixaForum (imagen vía caixaforum.es)

Este conjunto de elementos constituían el caldo de cultivo de un florecimiento cultural sin precedentes. Los artistas se reunían y compartían experiencias en torno al Bateau-Lavoir, un edificio que sirvió de centro de acogida para muchos creadores y donde estuvieron en sus inicios Picasso y Modigliani. Montmartre y, en la orilla opuesta del Sena, Montparnasse, fueron cuna de un interés creativo que se retroalimentaba. Pissarro y Johan Jongkind, y luego Renoir, Van Gogh, Degas, Matisse, Toulouse-Lautrec, Gen Paul, Villon y muchos otros crearon en aquel entonces varias asociaciones de artistas y consolidaron una vinculación hoy indisociable entre el barrio y el arte. Con su determinación y su deseo de estar por encima de los cánones establecidos, lograron escribir un capítulo propio en la historia del arte mundial.

Os recomendamos que aprovechéis los últimos días de la exposición “Toulouse-Lautrec y el espíritu de Montmartre” en CaixaForum Madrid, para revivir parte de aquella época y sumergiros en un episodio de la historia que reúne 350 obras venidas de todo el mundo (hasta el 19 de mayo).