Art Madrid'26 – ¿POR QUÉ HAY QUE EDUCAR EN ARTE Y CULTURA?

Aun a día de hoy, encarando el final de la segunda década del siglo XXI, la necesidad de educar en arte y cultura sigue siendo un tema de debate que está sobre la mesa. Comúnmente se piensa que la cultura, a cuya creación contribuimos todos, surge por generación espontánea y no necesita de mantenimiento o atención. Pero muy al contrario, la cultura como fenómeno social, y el arte, como una de sus manifestaciones tangibles más concretas, requiere de la aportación de todos. Solo cobra verdadero sentido cuando se produce un intercambio consciente entre el legado histórico e identitario que la cultura transmite y los nuevos usos y significados de valor que las modernas sociedades le atribuyen. Bien entendida, la cultura no necesita muchos recursos para que se desarrolle, ya que, como fenómeno social que es, surgirá y crecerá allí donde haya individuos. Pero lo que sí es necesario hacer es “educar” en la importancia y puesta en valor que la cultura tiene per se, porque sin esta labor educativa se produce un destrozo del pasado, una depreciación del acervo creado durante siglos y una pérdida de los referentes inmediatos que dotan de sentido a nuestras propia sociedad contemporánea.

Imagen de Educathyssen

Lejos de lo que pudiera pensarse, educar en arte y cultura es mucho más que instruir en historia y técnicas artísticas. El arte es una manifestación expresiva que surge en un contexto concreto, y, como tal, transmite gran parte de los elementos que determinan la cultura de ese tiempo y ese lugar. Difícil sería pensar que los creadores renacentistas reflejasen en sus obras la preocupación por el cambio climático, como sí sucede en la actualidad, o que los autores de nueva generación plasmen con el mismo afán las escenas religiosas que fueron el leit motiv por excelencia de la pintura de antaño. Por eso mismo, dar cabida al arte y la cultura en las aulas es canalizar un conocimiento colectivo labrado a lo largo de los siglos y que constituye el mejor vestigio de nuestra identidad como individuos pertenecientes a un contexto particular.

La Unesco ha señalado que el dominio de la cultura y las artes es fundamental para el desarrollo de las personas. Por este mismo motivo, incentiva a diseñar programas educativos que incorporen estas ramas del conocimiento. Los beneficios son diversos: la educación en arte propicia el pensamiento alternativo y la búsqueda de soluciones creativas a los problemas, favorece cualidades como la tolerancia y la sensibilidad, ayuda a que se aprecie la diversidad y se abra un diálogo intercultural, además de desarrollar otras habilidades intelectuales y creativas del individuo.

«Cada niño es un artista. El problema es cómo seguir siendo un artista una vez que hemos crecido»

Pablo Picasso

¿Por qué el arte se sigue viendo como algo reservado para unos pocos? Del mismo modo que otras disciplinas igualmente necesarias para el desarrollo, como las actividades deportivas, asociadas a valores colaborativos y a la psicomotricidad, el arte y la cultura requieren la misma atención. En los últimos años varias voces han puesto de manifiesto los beneficios asociados a la formación en arte desde edades tempranas. Más que una cuestión de convenciencia, es, en realidad, un contenido esencial para el desarrollo que acompañará al individuo en las distintas etapas de la vida. Conceptos de absoluta actualidad y tan demandados en el mundo empresarial moderno como la creatividad, la imaginación o la innovación tienen su base en los estímulos inculcados desde pequeños. Hoy día, la inteligencia y el aprovechamiento de las cualidades no se ciñe exclusivamente a ser hábil con el lenguaje y las matemáticas. El fomento del pensamiento alternativo y la solución de problemas ingeniosas, con sus conocidas aplicaciones en el mundo del emprendimiento, están intimamente asociadas a la formación en arte.

Imagen de educathyssen

Numerosos estudios plantean un cambio de enfoque al incorporar las artes en la educación. Los beneficios son innumerables y alteran los esquemas preconcebidos y heredados aún hoy sobre la permanente búsqueda de la exactitud en los resultados, propia de materias como las matemáticas. La naturaleza impredecible de la creación artística ayuda a desarrollar el pensamiento crítico y a generar vías alternativas de raciocinio. Las nociones de correcto e incorrecto se difuminan y se da cabida a vías de expresión que favorecen nuevas estructuras de discurso lógico. No existe una forma única de inteligencia, y es evidente que la integración del arte y la cultura en el proceso de aprendizaje es necesaria. Esperemos que esta paulatina toma de conciencia se traduzca en la incorporación de nuevas herramientas y recursos educativos desde la infancia. Solo es posible amar y entender aquello que se conoce.

 

Daniel Barrio. Artista invitado a la tercera edición de OPEN BOOTH. Cortesía del artista.


DESPIECE. PROTOCOLO DE MUTACIÓN


Como parte del Programa Paralelo de Art Madrid’26, presentamos la tercera edición de Open Booth, un espacio concebido como plataforma para la creación artística y la experimentación contemporánea. La iniciativa pone el foco en artistas que aún no cuentan con representación en el circuito galerístico, ofreciendo un contexto profesional de alta visibilidad en el que nuevas voces pueden desplegar su práctica, ensayar formas de relación con el público y consolidar su proyección en el panorama artístico actual. En esta ocasión, el proyecto está protagonizado por el artista Daniel Barrio (Cuba, 1988), quien presenta el site specific Despiece. Protocolo de mutación.

La práctica de Daniel Barrio se centra en la pintura como un espacio de experimentación desde el que analiza la mercantilización de lo social y la tiranía de la aprobación mediática. Para ello, trabaja con imágenes procedentes de la prensa y otros medios, que interviene pictóricamente con el objetivo de desactivar su significado original. Mediante este proceso, el artista propone nuevas lecturas y cuestiona los mecanismos de producción de sentido, concibiendo la pintura como un lugar de realización, terapia y catarsis.

Despiece. Protocolo de mutación se construye a partir de restos urbanos, materiales industriales y fragmentos de historia para interrogarnos sobre qué memorias heredamos, cuáles consumimos y cuáles somos capaces de construir. Suelo, paredes y volúmenes conforman un paisaje en tensión donde lo sagrado convive con lo cotidiano, y donde las grietas importan más que la perfección.

La evolución constante del arte exige un intercambio continuo entre artistas, instituciones y públicos. En esta 21ª edición, Art Madrid reafirma su voluntad de actuar como catalizador de ese diálogo, ampliando los límites tradicionales del contexto ferial y abriendo nuevas posibilidades de visibilidad para prácticas emergentes.



Este site specific surge de un impulso crítico y afectivo por desarmar, examinar y recomponer aquello que nos constituye cultural y personalmente. La obra se concibe como un todo indisoluble: un paisaje interior que opera como dispositivo de sospecha, donde suelo, paredes y volúmenes configuran un ecosistema de restos. Se propone una lectura de la historia no como una continuidad lineal, sino como un sistema de fuerzas en fricción permanente, articulando el espacio como un archivo adulterado; una superficie que se presenta como definitiva, pero que permanece en constante transformación.



La obra se configura como un paisaje construido a partir de residuos urbanos, donde suelo, paredes y objetos conforman un cuerpo unitario elaborado con mortero de cal, PVC de cartelería teatral, espuma industrial y cera de ofrendas. El núcleo del proyecto es una estructura en forma de “L” de 5 × 3 metros que reinterpreta la técnica del fresco sobre soporte industrial recuperado, aplicando el mortero en húmedo durante jornadas continuas, sin búsqueda de perfección, permitiendo que la materia evidencie su propio carácter. En torno a esta estructura gravitan fragmentos arquitectónicos: bloques de espuma que simulan hormigón, un torso del Belvedere impreso en 3D y deformado, y un elemento escultórico de cera en el que se incrustan lijas utilizadas por obreros y artistas anónimos, preservando el esfuerzo de esos cuerpos ajenos.

Un elemento escultórico de cera blanca funciona dentro del conjunto instalativo como un punto de concentración sensorial que desafía la mirada. En su interior confluyen la fe acumulada de las velas de ofrenda y los residuos industriales del taller, recordando que la pureza y la devoción conviven con la materialidad del mundo cotidiano. La experiencia del espectador trasciende así lo visual: inclinarse, oler y aproximarse a la vulnerabilidad transforma la percepción en un acto íntimo y corporal. En su densidad quedan incrustados tacos de lija usados por artistas, artesanos y obreros, recuperados de contextos ajenos, donde la lija actúa como huella del esfuerzo de otros cuerpos, respondiendo a un protocolo de registro sin intención autobiográfica.

Despiece. Protocolo de mutación nos interpela: ¿qué memoria valoramos?, ¿la que consumimos o la que construimos con rigor? El público abandona la posición contemplativa para integrarse en el sistema, y el esfuerzo de desplazar la materia, el rigor documental y la materialidad envolvente configuran un cuerpo de resistencia frente a una realidad mediada. El proyecto se consolida así como un paisaje interior donde suelo, superficie y volumen articulan una anatomía de residuos. La adulteración opera como metodología analítica aplicada a los estratos de la realidad urbana, interviniendo la historia a través de publicidades teatrales y callejeras, residuos arquitectónicos y protocolos administrativos, proponiendo que el arte puede restituir la capacidad de construir una memoria propia, aunque inevitablemente fragmentada.



SOBRE EL ARTISTA

DANIEL BARRIO. Cuba, 1988.

Daniel Barrio (Cienfuegos, Cuba, 1988) es un artista visual cuya práctica articula el espacio desde la pintura, entendiendo el entorno como un archivo adulterado susceptible de intervención crítica. Formado en la Academia de Bellas Artes de Cienfuegos (2004-2008) con especialidad en pintura, y posteriormente en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid - ECAM (2012-2015) en Dirección de Arte, su metodología integra el pensamiento plástico con la narrativa escenográfica. Su origen cubano constituye el fundamento analítico de su trabajo: la experiencia de observar cómo los monumentos y los ideales se revelan frágiles al tacto le ha dotado de una sensibilidad particular para detectar las fisuras en aquello que se presenta como definitivo, estableciendo la realidad como superficie bajo permanente interrogación.

Su trayectoria incluye exposiciones individuales como "La levedad en lo cotidiano" (Galería María Porto, Madrid, 2023), "Interiores ajenos" (PlusArtis, Madrid, 2022) y "Tribud" (Navel Art, Madrid, 2019), así como participaciones colectivas relevantes en "Space is the Landscape" (Estudio Show, Madrid, 2024), "Winterlinch" (Espacio Valverde Gallery, Madrid, 2024), "Hiberia" (Galería María Porto, Lisboa, 2023) y la itinerancia de la Exposición de Arte Joven de La Rioja (2022). Miembro del Colectivo Resiliencia, su obra no persigue la producción de objetos sino la articulación de dispositivos pictóricos que generan protocolos de resistencia frente al flujo de imágenes descartables. En un contexto saturado de datos inmediatos, su práctica produce huellas y archiva aquello que debe permanecer, cuestionando no el significado de la obra sino la memoria que el espectador construye al interactuar con ella, recuperando así la soberanía sobre la mirada y habitando las ruinas como método de comprensión del presente.